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Un par de pendientes y la perdida {Tokuro}

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Un par de pendientes y la perdida {Tokuro}

Mensaje por Yahiro Kanzato el Mar Sep 03, 2013 11:04 pm

Todo se había hecho un poco complicado, un primer día de reconocimiento y de saber como y donde estaba cada cosa, no era que se planteara ver o hacer parecer demasiadas trivialidades, simplemente se daban y ya.

Como por ejemplo su llegada desde Francia hacía apenas dos días, sí, de parte de su trabajo se habían ocupado de acomodar su casa, pero habían olvidado un pequeño detalle, esas eran sus grandiosas mascotas, lo simple, debía reacomodarse un poco con ellos y, por azares y cosas del destino, no había podido traer sus cosas a la ciudad porque, al final jamás había vuelto a Escocia para ser él mismo quien recogiera lo que muchos considerarían como innecesario.

Y por eso andaba por acá, un hombre de tantos años a plenas cinco de la tarde luego de su trabajo, apenas había ido a pisar terreno, recalcaba, a ver como estaba todo. Conoció la sala de profesores, su cubículo, las aulas, historias de fraternidades, clubes, grupos y otras cosas de las que debía saber si iba a ser profesor en esta universidad.

Seguía una leve guía que había recibido de parte de uno de sus compañeros de trabajo nuevos, buscaba una tienda de mascotas para comprar un “lote nuevo”, es decir, compraría collares, arneses, tazas, camas, comida y recompensas, todo para sus queridos Minato y Naoki, esos gatos gemelos que le habían hecho compañía el último par de años.

A ver… debería cruzar en esta cuadra—, susurraba para sí mismo el de cabellos naranjas, a día de hoy vestía como casi siempre cuando no estaba trabajando, es decir, un tanto casual y un poco informal.

Meneó su cabeza para caer en cuenta de donde estaba y se quejó consigo mismo como si de un gran regaño se tratara, debía comenzar a darse cuenta de que era pésimo para orientarse. Cerró los ojos un momento y comenzó a mirar alrededor, había personas por allí, pero, si acá eran como las novatadas universitarias, bueno lo mejor era ni siquiera intentar preguntar algo. Se mordió el dedo pulgar un poco al detenerse en una esquina, cómo podía perderse para ir a una simple tienda de mascotas.

Sus gatos valían la pena, o algo así, lo más probable era que si no llevaba nada ellos terminarían, de alguna manera, entrando a su cuarto, subiendo a su cama, rasgando las sabanas, sus piernas y todo su cuerpo.

Y sí, eso ya había pasado antes.

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Última edición por Yahiro Kanzato el Jue Sep 26, 2013 11:20 pm, editado 1 vez
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Re: Un par de pendientes y la perdida {Tokuro}

Mensaje por Tokuro Yaminara el Miér Sep 25, 2013 10:34 pm

Un día agotador si lo había sido; se había levantado muy temprano y de madrugada para cumplir una pequeña encomienda que le había sido encargada por sus padres y luego de eso las clases. Normales como cualquier clase, pero en ellas se sentía cómodo y las teorías y técnicas que allí aprendían le ayudaban a alejar su mente al menos en esas horas de todo lo que a su trabajo estuviese relacionado. Claro, a no ser que le llegase una nueva misión en plena clase, cosa que de momento no había sucedido y esperaba no llegase a suceder.

Al volver a su habitación no había encontrado a nadie en ella, su único compañero no se encontraba y es que parecía tener una vida bastante activa; quizás tanto como la propia, quizás más… de su segundo compañero, al que nunca había visto, ya nada se sabía, y sus cosas ya no estaban en la habitación. Se había marchado o había sido trasladado; no era algo que le afectase en realidad, pero ahora quedaba un espacio libre para que alguien más pudiese llegar.

Dejó sus cosas en el sitio en el que ya se le había hecho costumbre guardarlas y cambiándose de muda se colocó un traje deportivo, el único que había traído consigo; se le antojaba salir a correr un rato, para despejarse y para recorrer el resto de la ciudad que aún no había podido visitar. A su traje deportivo, el cual costaba de un pantalón negro, y una camiseta sin mangas con bordes y decorados en amarillo. Sumo una pequeña riñonera negra, casi invisible, en la que colocó solo algunas cosas esenciales más su móvil del cuál extraería la música que pensaba escuchar en el camino. Una vez vestido se sentó en la cama para colocarse un par de zapatillas deportivas y cómodas; no llevaría nada para beber pero si dinero para adquirir por el camino lo que necesitase. Una vez listo salió de su habitación, en un caminar tranquilo iniciaría el pre-calentamiento; si hacía tiempo que estaba necesitando ejercitarse, distenderse un poco… y ya que sus prácticas marciales resultarían quizás demasiado llamativas, hasta hallar un buen sitio en donde entrenar, prefería salir a correr como cualquier joven de su edad.

Una vez hubo cruzado las grandes rejas de la universidad, se acomodo los lentes moviendo un poco su flequillo para dejar al descubierto ambos ojos e inició camino. No tardó mucho en llegar a los inicios de la ciudad, y desde sus zonas más alejadas pensaba llegar al centro, ida y vuelta, ir y volver, no le importaba cuanto tiempo le tomase; si algo tenía él era una buena condición física, a pesar de lo que muchos pudiesen llegara creer guiándose por su aspecto intelectual y su actitud seria.

En sus oídos sonaba una canción tranquila que le llenaba de calma, era casi como transportarse a otro sitio… las imágenes del mundo que iba atravesando con cada paso que daba no parecían concordar con la tranquilidad de aquella melodía, suave… envolvente. Se detuvo en un semáforo y exhaló suavemente mientras la brisa vespertina sacudía un poco su oscura cabellera. Observo un niño a su lado, esperaba para cruzar la calle de la mano de su madre, una escena tan clásica, tan común… nada fuera del otro mundo; sin embargo las pequeñas cosas de la vida a veces solían ser las más importantes. ¿Y por qué pensaba eso en aquel momento?

Alzó la mirada sin centrar en realidad su atención a lo que sus ojos estaban viendo, pero de pronto una cabellera anaranjada le llamó la atención por alguna razón… naranja. Sin saber porqué presto atención a la persona portadora de tal curiosa cabellera y en el rostro de un joven al otro lado de la calle, descubrió a un antiguo compañero; japonés, de unos 24 años…

-Yahiro…-murmuró el nombre del otro, su rostro le resultaba inconfundible, siempre había pensado que de alguna curiosa forma se parecían bastante sin ser parientes realmente. Yahiro Kanzato, el médico del grupo… un viejo conocido al que curiosamente aún le faltaba conocer. Cruzó la calle con un pequeño trote, el pelinaranja parecía absorto en sus pensamientos, se mordía un dedo mirando hacia todos lados ¿acaso estaba perdido? ¿Cuándo había llegado?

-¿Te has perdido? –le preguntó entonces en inglés, idioma que sabía que entendería, mientras le hablaba desde su espalda, sonriendo suavemente; aunque con él fuese tan fácil y común poder entablar una conversación en su idioma natal, tanto como con su gemelo.



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Re: Un par de pendientes y la perdida {Tokuro}

Mensaje por Yahiro Kanzato el Jue Sep 26, 2013 11:42 pm

¿Esto estaba siendo el dichoso pan de cada día?, no era que estuviera perdido, para nada, cómo podría perderse mientras buscaba una tienda de mascotas, eso se lo preguntaba mil veces mientras daba un par de pasos para recostarse de la pared en esa esquina. Según recordaba había dado vueltas los últimos treinta minutos, si tenía suerte podía recordar fácilmente donde estaba su departamento, quizás al este, o al oeste, llegados a este punto no le quedaba demasiado que decir o hacer, tan siquiera refutar del asunto.

Pero no estaba dispuesto a retroceder, él no era de esos sujetos que se rendían por algo tan trivial como olvidar una dirección, para nada, si fuera así ni siquiera habría llegado hasta el lugar en el que se ubicaba hoy, ese que le había costado tanta sangre, sudor y lágrimas y que, en un principio, ni siquiera se sentía dispuesto a aceptar. ¿Quién le iba a decir que quince años después estaría en estas?

Recordó la anterior noche, las pasadas dos noches es decir, donde sus gatos habían arañado la puerta por horas y horas sin dejarle dormir y, a la siguiente, cuando se subieron a su cama y se durmieron, literalmente, con las garras enterradas en sus pies, ¿es qué esos animales no tenían sentido de la fidelidad?, bien, los gatos no conocían concretamente algo como eso, era el factor que los hacía diferir de los perros que, de alguna manera, tenían eso de ser leales a la persona que les daba de comer.

Tal vez dado a eso los gatos vivían más que los perros.

Su imagen rebotó en su cerebro como una pelota de advertencias, no, si pasaba otra noche pensando en ser asesinado por dos felinos siameses simplemente terminaría quedando como un torpe loco sin razón.

Ah… solo un poco más, vendré el fin de semana y memorizaré cada local de esta ciudad—, se dijo para recriminar el hecho de su novatada, sí, le había costado algo más de un año adaptarse a las calles de Escocia y mucho más cuando se trasladó directamente a Londres llegado su tiempo de ir a la universidad. No siempre se podía ser un as en todo, sus cicatrices lo rememoraban fácilmente.

Y fue cuando decidió que era el momento propicio para regresar al ruedo, no se iba a dejar vencer por una simple calle de la cual no recordaba ni el nombre, ni que esa fuera la única tienda de mascotas en toda la ciudad, ¿no es así? Exhaló y avanzó los dos pasos que había retrocedido, se metió entre las personas y miró a su alrededor, algunos edificios de pequeña envergadura y localidades sencillas como sitios para comer o tomarse un café, sí, pero nada que aparecía una tienda para mascotas.

Apretó levemente su mandíbula al detenerse de nuevo a la orilla de la cera y alejar al gentío para evitar ser arrollado sin intención. Llevó su dedo pulgar a la comisura de los labios y luego a sus dientes para morderlo leve y ligeramente, si seguía así iba a terminar fumando antes del tiempo.

Fue cuando en expreso caso su mente se permitió escuchar una pregunta formulada en perfecto inglés, sí, pero con una voz que, según sus recuerdos, conocía bastante bien. Entrecerró el mirar dudoso, pero finalmente se dignó a voltear luego de un par de segundos, y entonces lo vio, ¿podría decir que estaba sorprendido?, para nada, de igual forma casi todos los miembros de su escuadrón preferido estaban o habían pisado esta tierra en algún momento, su deber era mantenerles el ojo encima y ayudarles de manera externa, sin ser detectado. Así de simple.

Pero, quien estaba aquí ahora, frente a él, era un joven de cabellos color carbón, ojos de un violeta muy parecido al suyo, de hecho, jamás había podido negar que él y este pelinegro, así como el gemelo menor, tenían un cierto parecido en sus facciones, no solo el color de ojos, pero eso sería una cosa extraña, azares del destino, si le permitían describirlo. Sin embargo, entrando en materia, este joven de gafas vestía un traje deportivo, eso y el menudo brillo detectado en su piel le llevaba a pensar que se ejercitaba.

Entonces, ¿qué decir?, estaba perdido. Eh allí el dilema.

Creo que…. lo estoy—, contestó finalmente igual en inglés y bufó por lo bajo removiendo un poco sus naranjas cabellos, —aunque, lo más raro es encontrarte precisamente a ti aquí, Tokuro-chan—, comentó

Si bien él estaba enterado de quienes estaban en esta universidad actualmente, eso no significaba que los menores supieran de su presencia, de hecho, a veces era mejor si ni siquiera la coincidencia se daba, al menos por eso había sido advertido, pero… el mundo y una ciudad no eran suficientes cuando te tenías que topar con alguien.

Eso o sabía por amplia experiencia.
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Re: Un par de pendientes y la perdida {Tokuro}

Mensaje por Tokuro Yaminara el Sáb Oct 05, 2013 8:37 pm

El bullicio alrededor de ambos se hizo más presente cuando un grupo de adolescentes se detuvo en espera de que diese la luz verde a los peatones, el pelinegro observo la nuca del otro y su mirada amatista cuando éste finalmente se giró hacia él; muy seguramente reconociéndolo de inmediato, si, no había forma de confundirlo con alguien más. Le vio pasar los dedos por entre sus mechones anaranjados y distinguió inmediatamente ese gesto tan suyo; si, lo reconocería entre muchas personas, al igual que cualquiera de los integrantes de su escuadrón, sus compañeros y amigos.

-¿Es extraño acaso? –pregunto alzando ambas manos para quitarse la pequeña gorrita de su cabeza y sacudir un poco su largo flequillo azabache algo humedecido por el propio sudor-… dudo mucho que no supiese nada acerca de la ubicación actual del escuadrón…-comentó acomodándose un poco los lentes, desviando su mirada unos segundos para observar como el grupo de ruidosos adolescentes finalmente cruzaba la calle, volviendo a mirar los ojos de igual color del otro- ¿He de suponer que estas aquí de encubierto? –preguntó entonces de forma ligeramente filosa-… porque no se nos ha informado nada acerca de tu llegada… al menos ni yo ni mi hermano hemos sabido nada.-comento subiendo nuevamente sus manos para quitarse los auriculares de las orejas, dejándolos solo colgar sobre sus hombros.

-¿Buscas algo en especial? Ya he hecho el reconocimiento de la zona… podría llevarte a donde necesites…-comento dando unos pasos para pasar al otro lado, girándose nuevamente hacia él- ¿Cómo ha estado este tiempo? –sonrió suavemente- ¿Cómo están ellos? –como olvidar los traviesos mininos con lso que aquel hombre convivían, si sabía de ellos que eran dos bestias, muy diferentes a su querida Sumi que en realidad era muy tranquila, nunca había recibido agresión alguna de su parte y en realidad era muy apegada a él; solo esperaba que con su nueva estadía en América, ella no se sintiese abandonada o algo por el estilo, esperaba que su madre pudiese cuidarla bien.

-Sería mejor buscar un sitio más tranquilo para conversar…-comento al sentir como una señora lo empujaba al intentar la calle presurosamente-… claro, si tienes tiempo, por mi parte he terminado ya mi horario… lectivo…-si lectivo, porque a decir verdad su horario laboral no era fijo ni mucho menos; nunca sabía cuándo podría surgir alguna misión de forma repentina o incluso cuando pudiesen llegar a llamarle para viajar hacia otro destino. Aunque por lo que tenía entendido y esperado, la estadía en aquella universidad llevaría un tiempo relativamente considerable.

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Re: Un par de pendientes y la perdida {Tokuro}

Mensaje por Yahiro Kanzato el Jue Oct 10, 2013 12:58 pm

Miró a un lado al momento en el que un grupo de chicas y chicos adolescentes que esperaban, tanto como él, que la luz de los peatones cambiara para cruzar a salvo. Sus violáceos ojos cruzaron nuevamente al momento en el que la pregunta salió sin par de la boca del de cabellos cenizo. Había sido descubierto, ¿en serio?, no era como si en principio necesitase ocultarse de nadie, mucho menos de él, de ellos.

Pues… no es sorpresa—, bajó la mano a su mentón con una ligereza completa, —y tampoco estoy “encubierto”—, formó unas comillas con sus dedos para resaltar el punto, entonces la luz cambió y, sin pensarlo dos veces, saltó al pavimento creyendo ser seguido por el mayor de los gemelos Yaminara.

Este tipo de ciudades le recordaban un poco a Shibuya, a veces era nostálgico no poder regresar a su país de origen, pero eran los sacrificios propios del oficio, uno de tantos de los que ya prefería no sacar cuentas por falta de paciencia.

Zancadas largas n un breve silencio hasta que llegó al otro lado, en principio, ¿a dónde iba?, sí… quería encontrar una tienda de mascotas, la cosa era que las direcciones siempre se le habían dado mal cuando era nuevo en un lugar, por eso casi siempre debía dedicar bastante tiempo para aprender todo, planos, calles y veredas, recorridos para memorizar los negocios y la distribución. Así de metódico había resultado, pero es que nunca se sabe.

Nadie sabe realmente que estoy aquí… solo Minato, él firmó el papel—, sonrió un poco, lo normal cuando estaba con una persona por la que realmente confiaba, —pero el jefe le advirtió que se mantuviera así, cosas de precaución supongo… tampoco es que venga para nada malo—, una viveza se apresuró a su claro mirar y luego dio una vuelta para intentar darse cuenta de dónde estaba. Esto era como una feria, podías perderte si dejabas de ver al frente por un segundo, en su caso, ni mirando se ubicaría.

Repasó en su mente al momento de dirigirse a Tokuro, tal vez no era tan malo dejar el anonimato de lado y encontrarse con una persona que afirmaba conocer ya de media manera la ciudad, porque esto de ser nuevo solía sacarle de quicio. Tal cual en Escocia o cuando se fue a estudiar a Londres, incluso cuando viajaba a cualquier parte vivía con ese calvario de las direcciones. Un gran defecto en una buena mente, quizás.

Respiró hondo y calmó su agitada mente, no era momento de darle tantas vueltas a un asunto tan simple como encontrar una tienda de mascotas, que la necesitaba.

Busco una tienda de mascotas, necesito comprar todo para Minato y Naoki—, revisó sus pensamientos y recordó eso de que no tuvo tiempo para nada, —ya que ni siquiera llegué a la casa antes de venir aquí—, cerró sus ojos y se los restregó un poco poniendo toda su atención en el muchacho de cabellera azabache, ladeó la cabeza y se dejó llevar por una corta brisa que azotó el lugar.

Si no tuviera tan malas referencias de este lugar… bueno, realmente lo consideraría un paraíso urbano.

Mi turno en el trabajo terminó hace un rato, pero si llego a casa sin nada… lo más seguro es que no pueda dormir nada en la noche—, soltó un bufido medio torpe, así de simple, sus mininos eran gratamente especiales, cariñosos con todos, pero con él era especial, a veces estaban de buenas y los demostraban mordiéndolo, rasguñándolo y jugándole malas pasadas.

El mundo, para él, era contradictorio en lo que a mascotas se refería.
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Re: Un par de pendientes y la perdida {Tokuro}

Mensaje por Tokuro Yaminara el Miér Oct 30, 2013 12:48 pm

Observó el gesto del pelinaranja, lo cierto era que Yahiro en realidad muchas veces trabajaba desde afuera, como lo que podría ser llamado un miembro externo, como una especie de apoyo; por esto mismo algunas veces había trabajado encubierto, y en otras simplemente se había “omitido” su presencia. Sin embargo el pelinaranja japonés resultaba tan fácilmente identificable para él, aun entre muchas personas… suponía, que para el resto el equipo sería igual, con cualquier otro miembro; y es que eran pocos y se conocían tanto. Aunque claro para Tokuro siempre habría algunos que conozca más que otros y resultaba factible suponer que para todos fuese así.

-Entonces solo se ha obviado esa información…-comentó en respuesta a la breve explicación del otro joven de mirada amatista, no era para nada extraño que Minato fuese el único en saberlo, después de todo así solían funcionar las cosas muchas veces; así como también información acerca de otros agentes que pudiesen encontrarse cercanos a ellos y de los cuáles nada sabían. Pero todos tenían algo por hacer, todo tenía una razón de ser-… entiendo.

Cruzó la calle justo detrás del mayor, le vio observar los alrededores, parecía estar bastante desorientado en verdad, en una forma en que el pelinegro terminaba sintiendo esa necesidad de ayudarle como pudiese; aunque ya estuviese dispuesto a eso desde antes. Se detuvo a su lado entonces.

-Mmm esas pequeñas bestias…-había visto la suave sonrisa en el rostro del otro japonés, sonrisa que bien sabia el pelinegro que solo los más allegados al pelinaranja serían dignos de presenciar- Minato en verdad se parece… a Minato…-comento de forma ligeramente redundante, pero era curioso, y del otro gemelo nada sabía, del gemelo muerto de su jefe y amigo; pero seguro hubiese sido una muy buena persona como él. Digna de aprecio y respeto.

-Sé de que hablas…-comento acomodando un poco su flequillo pues tendía a correrse sobre sus lentes interfiriendo un tanto con su visión, solo a causa de estar ligeramente humedecido por la sudoración de su propio cuerpo-… aunque Sumi siempre fue muy tranquila…-bajo la mirada entonces recordando a su querida gata negra ¿Qué estaría haciendo en aquellos momentos? En verdad estaban muy lejos ahora, pero la recordaba con cariño.

-Si no recuerdo mal hay una veterinaria no muy lejos de aquí…-comento girándose para analizar los alrededores-… a unas 20 cuadras quizás…-miro los ojos del otro- Sígueme.-comenzó a caminar entonces repasando el camino en su mente; no lo recordaba a la perfección pero estaba casi cien por ciento seguro de que había tomado la ruta correcta. Unas cuantas cuadras y parecía que estarían cerca ya, el sol había comenzado a bajar pues la tarde se pronunciaba un poco más anunciando la pronta llegada de la noche; las calles por las que caminaban no estaban tan concurridas ya.

-¿Qué te parece esos dos?-preguntaba la voz un tanto ronca de un sujeto mientras que al lado de otros dos, observaban a ambos japoneses desde el interior de una furgoneta negra; quien sabe que negras intenciones tendrían para con dos jóvenes que por su fisionomía podrían pasar por extranjeros… aunque fuese en realidad tan común ver orientales en las zonas aledañas a la academia- Se miran interesantes ¿eh?

-Probemos suerte con ese par de amarillos entonces…-respondió otro, enseguida los tres hombres se bajaron de la furgoneta y como leones sobre la presa se lanzaron sobre aquellos que inocentemente buscaban una veterinaria; no hubiesen podido imaginar a quienes terminarían secuestrando; no hubiesen podido los otros dos imaginar que jamás hallarían la veterinaria, al menos no de momento. Fue de casualidad que el pelinegro notó que algo no estaba bien, llámenlo sexto sentido, pero deteniendo su paso sin poder predecir si esto sería bueno o malo, termino desviando la mirada de su naranja compañero para centrarla fugazmente en un bulto que se venía sobre ellos. Alcanzó a esquivarle haciendo uso de su agilidad, literalmente se le había escapado de las manos.

-¿Pero qué…? –el más alto de los delincuentes se veía sorprendido de la velocidad con la que su “presa” había reaccionado, pero en ese mismísimo instante los otros dos se encargaban de sujetar al pelinaranja. ¿Qué querrían aquellos sujetos? ¿Podría ser acaso un simple secuestro exprés? ¿Podría haber algo más? Tokuro permaneció inmóvil al ver como uno de los otros dos tipos acercaba un cuchillo al cuello de su compañero, maldita suerte.


[Off: Bueno decidid darle un giro dramático al tema, espero no te moleste~ cualquier cosa hablamos por MP x3]

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Re: Un par de pendientes y la perdida {Tokuro}

Mensaje por Yahiro Kanzato el Dom Nov 03, 2013 3:26 pm

Trató de no tomar demasiada atención a los gestos iniciales de Yaminara, después de todo todos estaban tan acostumbrados como él a esta clase de asuntos, era simple, alguien como él no estaba bajo la directa jurisdicción de su sobrino –cosa que, si le preguntan, sería rara-, sino que actuaba en beneficio de “su escuadrón favorito” bajo las ordenes del presidente de la organización, aunque claro, no dedicaba todo su tiempo a ellos, ni quien tan bueno fuera. De allí el hecho de haber tenido que entrenar y guiarse por un régimen que no solo identificaba sus estudios y su apoyo intelectual como prioridad.

Principalmente se había decidido por la medicina, recordaba mientras daba sus pasos en medio del pavimento, porque el bienestar humano era una cosa tan frágil como lo había visto en su familia, incluso en este pelinegro que usaba gafas y tomaba medicinas para poder tener algo de la luz del mundo por un buen rato más. Era triste, sí, pero siempre se podía hacer algo, eso era lo que él deseaba y, en breves partes, por lo que estaba trabajando desde que tuvo ese papel llamado “titularidad” entre las manos.

No pudo evitar reír al escuchar la comparación entre su sobrino y uno de sus gatos de nombre homónimo, era algo raro.

Sí… aunque Minato no me araña ni me muerde cuando se siente mal o aburrido—, encogió sus hombros, esa era la verdad, de hecho… hasta le parecía que el rubio a quien se referían era un poco mentiroso con sus propias emociones, pero esas eran cosas suyas. —Alguna vez deberíamos intentar juntarlos, quizás les “entre el espíritu” y por gracia divina entiendan que no soy un poste para arañar—, bajó algo la cabeza tomando todo aquello con gracia.

No hacía falta destacar demasiado que él tenía buena relación con todos los del escuadrón más joven de Shinobi, les había conocido de niños y evolucionaba junto a ellos. Entonces, si le brindas a alguien como él, un tipo de apariencia recia y carácter terco, algo de confianza, tenía a un chico común y corriente. Así de simple.

Se llevó la mano a los cabellos echándolos algo hacia atrás. “Cabellos de zanahoria” como había sido llamado muchas veces por su natural color nacido, al igual que sus ojos, de una mutación genética propia de su concepción. Rió al darse cuenta de que e cabello simplemente volvió a caer sobre su frente y anotó mentalmente que debería ir a una barbería pronto. El clima de Alki era un poco caluroso por las mañanas y las tardes en comparación con el de Europa, eso era palpable por el simple hecho de que, en esta parte del mundo, el Sol parecía brillar más. Bendita América y su concepción del acabose.

Hai—, se escapó la afirmación de su boca en su lengua nativa al escuchar lo que el mayor Yaminara tenía para decir. Más tarde rezaría a Kami-sama porque entendió el suplicio que para él representaban las direcciones.

Sonrió y caminó sin muchas prisas, tenía zancada grande después de todo.

Un segundo después de armar la felicidad mental de que por fin podría dormir en paz, algo atrajo su atención, fue como un zumbido en su mente que le hacía sentirse observado, al menos más de lo normal o, corrección, de una manera distinta a lo normal. Muy tarde, tan tarde como pesado ese cuerpo que le cayó directamente en la espalda.

Fue como si una rodilla presionara directamente su columna, eso le dolió, como a cualquiera, pero, con la misma que sintió aquello su cuerpo reaccionó por reflejo, llevando esa pesada carga y tirándola a un lado, claro, ¿quién iba a tener los ojos en la espalda para aventurar que eran dos y que, además, el otro tendría un cuchillo?, se regañó mentalmente al encontrar el filo de ese metal contra su garganta.

Su mente comenzó a maquinar cosas certeras, recordaba algo así de su última proeza salvajista, y no le había ido nada bien. Tiró los ojos al frente y se encontró con que otro tipo había tomado a su acompañante en un momento de desvarío, estaba inmóvil, como cualquiera cuando algo como esto se sucede.

Si se mueven te cortamos el cuello—, pudo escuchar en tono altruista, uno sostenía su cuello con el cuchillo y el otro, según pudo sentir, estaba atándole las manos. Chascó con la lengua, algo que al parecer también estaban haciendo con Tokuro.

Las personas alrededor salieron corriendo al ver la escena armada y ellos rieron, código de silencio, se repitió en la mente. No sabía las intenciones de estas personas, ¿pertenecerían a la Baker´s Brotherhood o eran miembros de la Quinta?, no lo sabía, para nada, pero las conjeturas simplemente existían.

Fueron arrastrados a un furgón negro, una camioneta de esas que fácilmente podrían recordarle las películas de acción que rara vez se permitía ver en televisión, es decir, esas personas eran estúpidas. Pero, plantearse en una situación así era extraño.

A ver par de pollos, ¿cuánto valen sus vidas?—, escuchó la pregunta de uno de los tipos, que, a su parecer, era más palabras que fuerza. Fueron tirados dentro de la parte trasera de la camioneta y las puertas fueron cerradas. Sintió el motor encenderse y a dos sujetos frente con frente. Aún algo oscuro pudo ver a Tokuro, sereno como siempre, como todos.

No es que le diera risa algo como esto, pero, si se ponían a ver, a veces para encontrar lo que buscabas debías comenzar a indagar donde menos creías.
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