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Our melody and a violin {Tokuro}

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Our melody and a violin {Tokuro}

Mensaje por Minato Hamilton el Dom Nov 17, 2013 3:14 pm

Ah… de acá hasta allá había tantas cosas. Había tenido una semana agitada con eso de la obra de teatro, ensayos y más ensayos para ultimar detalles no solo de eso, sino también con el violín, aprender partituras a parte de su antiguo y, supuestamente, más importante trabajo, ¡desastre!, ya, pues no era tanto, pero a eso iba terminar si seguía como iba, y vaya que le quedaba.

Hoy el tiempo no estaba como para salir corriendo, estaban en otoño siempre había sido lluvioso en Alki, luego de eso vendría una blanca navidad en el Atlántico, una buena para irse a bañar a la playa. Su mano se aferró al mango del estuche de su instrumento y rió sacudiéndose al detectar alguna que otra gota cayendo desde el firmamento.

¿Me mojo, no me mojo?—, jugó con la cabeza para decir eso y reír, entonces comenzaron a caer más gotas, lo que le llevó a detenerse, sí, el estuche era lo suficientemente bueno como para que su violín no se mojara, pero su cuerpo no y ya había recibido una advertencia de su doctor la última semana.

Debes cuidarte más”, su mente le jugó el cambio de voz y armó un puchero, ¡quería mojarse!, ¿era eso tan malo de entender?, no lo hacía, como tantas cosas, desde hacía un rato. Finalmente chascó la lengua y declinó buscando por sus alrededores un lugar donde estar hasta que bajara la lluvia que, para sus penas, comenzaba a ser más fuerte.

Eran como las cuatro de la tarde del primer día de fin de semana, temprano, mientras sus azules focos veían a la derecha, al frente y, finalmente, a la izquierda, allí estaba, imponente y erguida aún tras el paso del tiempo, ese lugar que alguna vez pudo llamar su hogar.

Como te odio lluvia—, refunfuñó por lo bajo, no había árbol o cosa natural que le protegiera y de antemano sabía que ese lugar no tenía filtraciones ni nada más que un terrible recuerdo. Rió tras llegar al portal y tomar el pomo de la puerta para abrirla.

Y allí estaba, un olor a quemado que jamás saldría del ambiente, paredes negras, muebles cubiertos por unas sábanas blancas, debajo también debía estar quemados, y mucho polvo, había pasado mucho tiempo desde la última vez que se le había ocurrido llegar y pisar este lugar, prácticamente desde siempre.

Dejó el estuche con el instrumento en una mesita del fondo que probó antes en firmeza. En la pared había cuadros quemados, era lo típico para una escena de película de terror. A un lado estaban las escaleras, en ellas había un rastro oxidado y negro que era fácilmente reconocible como sangre bastante seca y pasada en las inclemencias de los años.

Esta era la típica imagen de una mansión de época pasada por la tragedia.

Ojala que esta lluvia baje rápido, no quiero quedarme mucho aquí—, se dijo a sí mismo pero en voz alta el rubio sacándose el sombrero y dejándolo sobre el forro del instrumento que traía, acababa de salir de sus ensayos y andaba de estas.

Se sentó sobre una de las sillas envueltas en sábanas y contempló el terrible silencio, lo odiaba, estar aquí, ahora, preferiría mil veces mojarse antes de entrar, pero hasta Minato sabía que esa cara de su doctor no era nada para jugar y, sinceramente, no estaba con los placeres de querer quedarse lelo tan pronto.

Cerró los ojos y allí estaba, una imagen y una sonrisa de esas que amaba, su madre, su padre y su gemelo mayor… todo era tan bueno cuando tenía seis años, todo lo que un niño podía pedir. Tal vez por eso se lo había quitado tan de repente.

Se paró en seco y caminó hasta la mesa donde estaba el estuche negro, lo abrió y estaba el instrumento estático. Sus blancas manos lo tomaron bajo los sonidos de los truenos y el agua chocando con el antiguo techo. El arco en la derecha y su mentón en el lugar indicado, inhaló y exhaló.

No me gusta el silencio—, en tono claro afloró y, tan simple como eso, comenzó a escucharse una hermosa sonata.

De esas que ella precisamente amaba.


PD: No es tema deprimente, solo algo "diferente".
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Re: Our melody and a violin {Tokuro}

Mensaje por Tokuro Yaminara el Jue Nov 28, 2013 12:35 pm

Cuatro de la tarde del segundo sábado del mes, estaban ya a mitad del mismo y podía decir que al menos para él, las cosas se habían tranquilizado un poco, se habían apaciguado; aquella marea de trabajos e informes que le había tenido tan agotado había quedado atrás, al menos por un tiempo, dejándole ahora la oportunidad de descansar, distenderse y ocuparse un poco más de sus estudios. Podría decirse que eran en vano, el ya tenía un doctorado y toda la cosa, pero a Tokuro no le molestaba estudiar sino que todo lo contrario, le agradaba y aún más le gustaba hacerlo; quizás se debiese a esa enorme facilidad nata de memorizar las cosas. Y es que no cualquiera tenía esa curiosa capacidad de aprenderse algo con solo leerlo una vez; aún así el mayor de los Yaminara no consideraba esta habilidad como la gran cosa.

Caminaba por las calles de la ciudad ingresando ya a la zona residencial, había ido hasta le centro por algunos ingredientes que le estaban faltando ¿ingredientes para qué? En esos días que había tenido un tiempo libre que pocas veces solía tener, había decidido poner en práctica una nueva receta que había hallado por ahí, una receta bastante complicada de comida rusa, pero de la cual sabía que su amigo Nath le daría el visto bueno; aunque ciertamente hacia un tiempo ya que no tenía contacto alguno con él.

Alzó la vista al cielo mientras caminaba por una calle un tanto desierta, solo algunas personas veía pasar cada unos tantos minutos, había decidido ir a pie puesto que así tomaba el aire que había deseado tomar y se ejercitaba en algo diferente que no fuese la actividad de espionaje o el entrenamiento regular. Después de todo, recorrer largas distancias a pie no le suponía problema alguno; claro a no ser que el clima terminase volviéndosele en contra. Observó los nubarrones en el cielo, si es que cuando había salido incluso el sol brillaba en lo alto, ahora una pequeña gota de lluvia caía sobre su nariz para acariciarla y luego rodar al suelo.

-Debería darme prisa…-comentó para sí mismo, sin embargo fue demasiado tarde; enseguida pudo sentir muchas más gotitas cayendo sobre su persona y a aquella fresca lluvia comenzando a humedecer su largo flequillo azabache. Debía encontrar un sitio donde resguardarse del agua pronto, sobre todo porque no quería que ésta dañase los cristales de sus lentes. Fue entonces que casi corriendo el resto de la cuadra en la que se encontraba, se detuvo frente a lo que parecía ser una vieja y abandonada mansión, nunca antes había estado ahí pero confiaba en que pudiese servir de refugio al menos mientras hasta que a lluvia cesase.

Cruzó la calle velozmente con una mano sobre su frente, para detenerse bajo el techo de la entrada y sacudir un poco su cabeza, observando luego la vieja puerta y las paredes de la mansión; parecía que había sido abandonada hacía muchos años ya y el tiempo había hecho de las suyas en la apariencia de aquellas paredes.
Dejo escapar un suave suspiro para acercar su mano al picaporte ¿estaría abierta acaso? No pudo ocultar su ligera sorpresa al notar como girando el picaporte la puerta se habría sin más, empujándola entonces de forma suave para encontrarse en primera instancia con el recibidor y un fuerte olor a quemado, observo los alrededores entonces mientras sacudía un poco su ropa con una mano.

-Acaso es…-saco entonces su móvil de uno de los bolsillos de su pantalón y buscó la aplicación de GPS, tal y como lo había sospechado, se trataba de la vieja mansión Hamilton; ésa que había sido el hogar de Minato antes de que toda aquella tragedia cambiase su vida para siempre. Volvió a guardar su móvil en el lugar de donde lo había sacado y entonces una suave melodía naciendo de las cuerdas de un violín, llegó hasta sus oídos para advertirle que al parecer no estaba solo en aquel sitio-… ahh… Nocturne, de Chopin…-susurró para sí mismo, reconocía perfectamente aquella melodía.

Caminó entonces siguiendo las suaves notas hasta que en una gran sala halló una figura no familiar, sino que muy conocida ya ¿Quién diría que lo encontraría precisamente a él en aquel sitio? No tenía idea de que Minato soliese visitar aquel lugar ¿o acaso había sido mera casualidad como con él mismo? No quería pensar demasiado en aquello, no de momento. Cruzando ligeramente los brazos se recostó en una de aquellas viejas paredes para cerrar los ojos y disfrutar de la sonata que su amigo ofrecía, sólo él sabría a quién; a sí mismo, al pasado… a alguien que ya no estaba… pero lo hacía de maravilla.

Cuando estuvo a punto de concluir volvió a abrir los ojos y le observo, el rubio no había notado su presencia aún, estaba ciertamente concentrado o quizás perdido en sus recuerdos, podía suponerlo. Y cuando el silencio reino de nuevo en aquella habitación, el japonés alzo sus manos y le dejo escuchar al otro un suave aplauso.

-Has mejorado mucho, Minato…-se despegó de la pared entonces con una suave sonrisa-… creo que… te pediré que me dejes escucharte más seguido. –agregó acercándose a él, dejando la bolsita con la pequeña compra que había hecho sobre una de aquellas viejas sillas- Nunca espere encontrarte en un sitio como éste…-le palmeo la espalda entonces, observándole, miraba sus ojos azules, siempre tan brillantes; el lúgubre ambiente que les rodeaba desentonaba con su apariencia y con su persona… y podía saber que se alegraba de ello.

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Re: Our melody and a violin {Tokuro}

Mensaje por Minato Hamilton el Dom Dic 01, 2013 2:07 pm

Ir y venir de su mano derecha en la perfecta inclinación del arco, el movimiento entre rápido y lento de los dedos de la mano izquierda pulsando cada cuerda en una nota distinta, un timbre distinto… y todo aquello creando una de esas tantas armonías que tanto le gustaban, que le relajaban cuando sentía que se abrumaba en un vaso de agua. Aunque claro, para él esto era como un gran océano ante un pequeñín que nada sabía sobre nadar.

¿Era común recordar la suave sonrisa de una mujer castaña sentada en una silla con sus párpados cerrados disfrutando de la suave melodía de la música clásica?, bien, no tanto, pero justo ahora era inevitable que ese recuerdo invadiera sus memorias.

No se quejaba de lo que tenía ahora, para nada, él era un hombre medianamente feliz con una familia, sí, porque sus compañeros de trabajo, sus amigos, era lo más cercano que tenía a una familia ahora mismo. Y Yahiro, pero esto de que tengas un tío apenas cuatro años mayor que tú es un poco raro.

Hitomi—, susurró, era el nombre de su madre a quien dedicaba esa soata.

Una que, al pasar de los segundos y, finalmente, los minutos, llegó a su final con una franca cortesía, una que le hizo bajar el arco y exhalar fuertemente para quedarse allí, ojos cerrados y un semblante muy poco parecido a lo que le gustaba alardear de él mismo. Qué cosas.

Sus párpados se abrieron abruptamente tras un salto en la sorpresa generada por unas palmas, alzó el mirar y encontró a un pelinegro ya bastante conocido allí, más bien caminando hacia su persona y con unas elegantes palabras que le llevaron a sacudirse la cabeza y soltar una risa.

Afuera lo malo, venga lo bueno.

Eh… ¿En serio Oscu-chan?—, preguntó en ese tono medio chillón y emocionado que era solo suyo, con los ojos brillantes en emoción, como un niño, básicamente, —si quieres puedes ir al musical que harán antes de navidad en el auditorio, estaré allí—, sonrió, realmente se estaba preparando bastante con eso y la obra, era lo que más le gustaba, si se quiere.

Luego miró a un lado y al otro, algo saltó cuando resopló sobre el lugar y sintió la palmada en su espalda, bien, no todo era perfecto. Llevó una mano a su cabeza y movió ligeramente sus cabellos.

Realmente no me gusta estar aquí, pero me gustará menos ser regañado por mi doctor si los exámenes vuelven a salir mal—, sus hombros encogidos y una resoplido infundado en el humor personal, —estoy grandecito para ser regañado—, colocó una pose de pensador, —y el médico da miedo—, tiritó siguiendo el juego y llevó sus pies un paso atrás, para mover el instrumento y colocarlo de nuevo en el estuche, contemplando finalmente la figura de quien no era otro sino Tokuro.

¿Qué haría por aquí?, bueno, estaban en territorios de la Academia así que aquello no era del todo raro, y agradecía haberlo encontrado, así tal vez podría evitar eso que no le gustaba, entre las pocas cosas con las que realmente se sentía incómodo en su totalidad. Entrecerró los ojos, como escudriñando, y finalmente preguntó:

¿Y tú que haces por acá?—, en breve volumen, —este lugar es como “el último lugar al que alguien querría entrar en una tarde lluviosa y nublada de sábado”, tipo película de terror—, completó con nada más que su franca opinión.

A resumidas cuentas el lugar seguí allí por ganas del gobernador de atraer personas en la “atracción” que eso generaba, no lo culpaba, por allí había leyendas de fantasmas, espíritus rondando la Academia que salían de esta mansión abandonada, eso sumado a la historia que el lugar cargaba encima. Era como un negocio redondo.

Pero finalmente no había nada que hacer, sobre el hecho de encontrar a su compañero acá no era raro, sabía que Tokuro llevaba su tiempo en SNA y por unas u otras razones no habían coincidido de esta manera, tan solo esperaba que a todos sus amigos, su familia, les saliera todo bien y regresaran sanos y salvos a casa. No se perdonaría si algo malo les llegase a suceder.


PD: Este... la mansión está en territorios de la universidad, eso. En la descripción sale.


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Re: Our melody and a violin {Tokuro}

Mensaje por Tokuro Yaminara el Dom Dic 29, 2013 1:59 pm

Quizás después de todo, a quién menos esperase encontrarse en aquel lugar era al mismísimo Minato; parecía tal y como si el destino le jugase algún tipo de broma de mal gusto, el tener que refugiarse por la lluvia sin más remedio alguno que volver a pisar el suelo de aquella mansión que seguramente tan malos recuerdos le traía… no había debido ser agradable para él. Sin embargo el rubio se veía entero, era un hombre hecho y derecho después de todo, aunque tantas veces se viese como un niño pequeño a causa de esa actitud tan alegre e inocentona que solía tener la mayor parte del tiempo. Pero Minato sabía ponerse serio cuando la situación lo ameritaba, eso lo sabía muy bien.

-Iré, por supuesto, como sabes… la música clásica es de mi sumo agrado…-comento tranquilamente mientras dejaba la última palmada en la espalda del rubio; los ojos azules del otro brillaban como solían brillar, podía decir que se alegraba de ello, que a pesar de todo, a pesar de encontrarse en aquel lugar ¿no sería acaso la primera vez que volvía a pisar la vieja mansión Hamilton luego de tantos años? Sonrió suavemente entonces, su joven líder tenía sus propios recuerdos tormentosos, y él lo entendía muy bien, así mismo, de la misma forma en que debían cuidar ambos su salud, y en caso de Tokuro depender de unas pastillas que debería tomar de por vida para no quedarse a oscuras. Aunque ciertamente lo que padecía el otro no se comparaba, podía pensar.

-No lo hagas porque el médico de miedo…-sonrió entonces, subiendo una mano a deslizarla por su cabellera azabache con intención de retirar las gotitas de lluvia que sobre ésta aún pudiesen permanecer-… hazlo por ti mismo y por las personas que te aprecian. –casi la misma edad y eran tan diferentes en realidad, pero eso era lo que hacía entretenidas las cosas ¿no? no le costaba trabajo alguno entender porque era el mejor amigo de su gemelo.

-Por la misma razón que tu, querido amigo… la lluvia me ha sorprendido a medio camino…-miro entonces hacia un viejo ventanal cuyos vidrios rotos y empolvados dejaban ver a través de los cortes en el cristal, la lluvia incesante caer sin aparente final aún-… cuando volvía de comprar algunas cosas que había necesitado…-comento girándose ligeramente para dejar ver detrás de si la bolsita que había dejado descansando en una silla- El club de cocina está bastante activo últimamente…-comento sacando de unos de sus bolsillos un pequeño pañuelito, quitándose los lentes luego para limpiarlos con cuidado, usando mas el tacto que el detalle que sus ojos pudiesen darle para dejarlos como nuevos.

-¿Cómo te ha estado tratando Norteamérica? –pregunto entonces mientras levantaba sus lentes a la altura de su rostro, viendo el rostro ajeno enmarcado dentro de uno de los marcos- Aún me resulta curioso esto de volver a estar en la universidad, pero agradezco que aún no he olvidado en qué consiste ser un alumno más…-comento colocándose luego los lentes y guardando el pañuelito en el mismo bolsillo del cual lo había sacado.

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Re: Our melody and a violin {Tokuro}

Mensaje por Minato Hamilton el Dom Dic 29, 2013 7:19 pm

Miró el arco a un lado de su violín y sonrió escuchando la respuesta de Tokuro, realmente le gustaba que sus amigos se divirtieran y que compartieran ciertas cosas que a él también le gustaban. Después de todo ellos eran su familia, él los tenía a ellos y nada más.

Pero entonces habló del doctor, bien, las cosas no siempre le iban bien y, por más que lo intentara, no mejoraban.

Es que… ¡él da miedo Oscu-chan!—, su tono subió un poco entre la lluvia y se dio la vuelta para quedar de frente con su compañero, —solo dice “tienes que dejar de hacer esto, y esto; no comas esto, ni esto—, dijo imitando una fanfarrona y tosca voz mucho más masculina que su ligero timbre infantil, lo que le hacía verse un poco gracioso si se consideraba que ya era un hombre.

Dio un par de pasos al lado haciendo ademanes, parecía que, de momento, se le había olvidado el lugar donde estaba.

Me gustaba mi otro doctor… este disfruta mi cara cada vez que va a inyectarme—, sus ojos se pusieron llorosos de solo escucharse a sí mismo e imaginar toda esa escena, entonces subió el brazo, sacó las gafas y, con la manga de su camisa, secó las lágrimas que eran tan reales como él de cobarde era en esos casos. —Pero… creo que si estoy aquí es porque le hago caso—, se serenó repentinamente, tenía esa capacidad de cambiar su estado de ánimo principal de forma bastante rápida, inhaló y luego tosió porque se ahogó un poco con eso.

Por mera curiosidad le escuchó hablar con cierta calma y un poco de esas líneas que recordaba con algo de orden antiguo, Tokuro era genial con eso, lo sabía a sobremanera. Le vio acomodar sus lentes y, por instinto, subió las manos a su cabeza para acomodar sus cabellos. Oscu estaba en el club de cocina y Minato sabía que era bastante bueno en eso, se le daba, a diferencia de él, que podría quemar hasta una cacerola con nada más que agua al fuego.

Great—, se le salió en ligera impresión aquella palabra, —iré a fastidiarte un día de estos para explotar tu cocina—, alzó las cejas armando toda una parafernalia pose de ganador. La verdad era que no le gustaría tocar una cocina nunca más, no después de explotar la suya en su departamento de Escocia.

Se movió dando algunos pasos mirando a su alrededor. Las paredes estaban tan oscuras que incluso se preguntaba si las cosas estaban como las recordaba. Las telas de los muebles estaban algo empolvadas, pero caminó hasta un gran sofá y sacudió un poco para tumbarse sin contemplación. Mientras aún cayera una gota desde el cielo debía quedarse bajo techo.

Eh… creo que es genial volver a casa y todo eso—, se sacudió un poco tomando el sombrero que estaba a un lado, en la mesita, y dándole algunas vueltas, —y ser un estudiante más también es muy divertido, pienso que todos aún estamos en esta etapa, así que, ya sabes… es mejor acariciarla y saborearla toda antes de que se nos escape—, su tono era claro y algo más calmado que antes, un tipo normal y corriente con aires sarcásticos.

A lo que se refería el rubio era que, por estar en Shinobi, de una sola vez las etapas de su vida, como primaria, secundaria, preparatoria e incluso la universidad, llegaban y se iban demasiado rápido porque así, para salir antes de tiempo, era como se les entrenaba. Una decepción desde su punto de vista, pero tampoco se quejaba. Para bastante le había servido estar donde estaba.

Y tú… vamos, ¿me puedes decir que ya tengo cuñada?—, le preguntó sin más con una gran sonrisa. Sabía que Tokuro podía tomar eso de dos maneras, lo normal, o sorprenderlo y decirle que sí.

Realmente esperaba que, al menos estando aquí, él pudiera encontrar un camino para comenzar a dejar atrás eso que lo cambió cuando apenas era un niño. Esa era otra de las razones por las que le había gustado venir hasta acá, ya saben, no todo es trabajo en esta vida, ni comida. Haha…


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Re: Our melody and a violin {Tokuro}

Mensaje por Tokuro Yaminara el Dom Ene 19, 2014 7:24 pm

Aún podía recordar la primera vez que había limpiado aquellos lentes, bueno, no habían sido esos mismos lentes en realidad, pero si los mismos cristales; unos que estaban echo especialmente para él, especialmente para la patología que sus ojos padecían. Con 12 años de edad y habiendo experimentado ya la dureza de la que la vida era capaz, había tenido que adaptarse a llevar siempre aquellas almohadillas sobre el puente de su nariz y aquellas patillas rodeando sus orejas, podía decir que al principio le cosquilleaban, le molestaban… pero luego de un tiempo se había adaptado tanto a ellos que se habían convertido en una parte más de él mismo, en un repuesto para sus ojos; en una ventana al mundo.

Los limpiaba con sumo cuidado, con delicadeza, les dedicaba el tiempo necesario mientras escuchaba a su querido amigo hablar, esa voz alegre y ligeramente infantil que le era tan inconfundible, la reconocería donde fuese, a pesar de que intentase ocultarla en un tono más normal; la voz de su querido amigo Minato que tantas veces había escuchado dentro de su cabeza en las diferentes misiones en las que la comunicación radial había sido la única forma de mantenerse al tanto de lo que al otro le sucediese. Podía decir que lo miraba con cariño, con sumo aprecio, como a un hermano, así mismo, como familia; sus queridos amigos del escuadrón eran su otra familia.

-¿Cómo puede darte miedo tu doctor? Si eres todo un hombre…-comenzó a reír sin poder evitarlo, Minato tenía ese algo que le sacaba siempre una sonrisa de forma irremediable, podría decir quizás que tanto él como Shiro habían sido una parte muy importante en lo que a recuperar su sonrisa se hubo tratado, esa que tiempo atrás parecía haber perdido para siempre-… aun así, si quieres…-subió una mano y apoyándola sobre la cabeza rubia la masajeo con cuidado, despeinándolo apenas a pesar de que el otro le ganase en unos cuantos centímetros de altura-… puedo acompañarte la próxima vez que tengas que ir, cuidaré de ti como un buen sempai…-se seco una pequeña lagrimita de un ojo entonces- Quizás así tu doctor no se atreva a torturarte tanto. -finalizó ya con una pequeña sonrisa, justo antes de que un fuerte refusilo iluminase la sala casi dejándola en blanco durante unos segundos.

-En realidad no estarías explotando mi cocina sino la del club…-comento mientras se acomodaba los lentes para que quedasen en el sitio justo-… y a eso, te arreglas con el capitán del club. –sonrió serenamente; lo cierto era que por estar ahora viviendo en la habitación que la academia le había asignado, no tenía un departamento propio en el cual hallar una buena y agradable tranquilidad; aunque aún así, podía decir que de vez en cuando su compañero Shi, su compañero, y demás quehaceres, le daban lugar a eso- Pero supongo que no te dejaría frente a una hornalla, eres un peligro para la humanidad y para ti mismo. –culmino asegurando aquella verdad sabida y corroborada.

Le vio caminar por el centro de la sala hasta llegar a un viejo sofá, sacudiéndolo y dejándose caer sobre él mientras comentaba, o más bien respondía la pregunta que el japonés le había hecho, el cómo le tratase Norteamérica implicaba quizás un ¿Cómo te ha estado yendo? Y quizás un poco más, el cómo había sido regresar a una ciudad que tan traumáticos recuerdos podría traerle… si él sabía de traumas, lo sabía bien. Aún así ambos eran hombres hechos y derechos, o eso suponía… aunque a decir verdad, al menos para él, aún resultaba difícil superar cierto tipo de cosas.

-Bueno si de cosas que se escapan hablamos… puedes estar seguro de que todos nosotros hemos dejado pasar muchas cosas…-comento caminando por la sala también, atravesándola para acercarse a uno de los ventanales, deteniéndose frente a este mientras observaba el exterior, de pie, casi como si tomase la postura de un joven mayordomo; Tokuro nunca había andado por la vida desalineado, ni de fiestas, no más que las necesarias o las familiares, nunca se había saltado una regla, nunca había sido rebelde; nunca había contradicho a sus padres. No se quejaba de ello en realidad, era su vida y la había aceptado de esa forma, así era su ser, su esencia después de todo-… quizás unos más que otros…-agrego muy bajito en realidad, mientras su mirada se perdía en el horizonte borroso que apenas podía divisar a través del polvo acumulado en los cristales de la ventana y el manto de la intensa e incesante lluvia.

-¿Cuñada? –pregunto girándose hacia el rubio, observándolo con una ligera sorpresa dibujada en las facciones de su rostro, sin saberlo y sin poder evitarlo en realidad, un ligero sonrojo se había apoderado de sus mejillas- ¿Qué dices?... tú me conoces bien…-sonrió algo incomodo, subiendo una mano a rascarse la nuca suavemente; en ese momento la imagen de aquella pelinaranja se cruzo por su mente de forma irremediable, ella siempre estaba tan apegada a él, y en realidad en los últimos tiempos había tenido la sensación de encontrársela a donde sea que fuese. No pudo evitar que su corazón se acelerase ligeramente sin que supiese el real motivo de tal reflejo fisiológico… ¿o sí? -… solo… está ella…-murmuró apenas, quedándose viendo el suelo como si su mente estuviese en otro mundo, reaccionando segundos después para llevarse una mano frente a la boca mientras aclaraba su garganta- Debería yo preguntar eso mismo…-agregó entonces, acercándose al rubio, limpiando otro poco del sillón con sus manos para sentarse en compañía de su amigo, esperando que el viejo mueble fuese capaz de soportar el peso de ambos- Opino que un traje blanco te quedaría muy bien ¿verdad? –pregunto mirándolo fijamente- Quizás preguntarle a Elizabeth estaría bien… ¿no crees? –dejo aquella pregunta en el aire mientras sus ojos se clavaban en los ajenos, no sabía porque, pero siempre había tenido un curioso presentimiento, una sensación, una especie de algo que le decía que algo había, un algo indefinido, un algo que solo el otro sabría, muy seguramente, un algo, que de cierta forma seguía provocándole ligera curiosidad.

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Re: Our melody and a violin {Tokuro}

Mensaje por Minato Hamilton el Miér Ene 22, 2014 9:10 pm

¡Los hombres también tenemos sentimientos Oscu-chan!—, soltó cuando le escuchó hablar luego de que Tokuro limpiara sus anteojos, —los míos son de un cobarde que parece colador—, subió los hombros hundiendo en algo su cabeza y armando un puchero.

Sí… en su vida había pasado por dos doctores, uno de ellos era quien le atendió desde su nacimiento y que luego fue enviado a Escocia cuando él fue llevado allá. El otro era un discípulo de este, el cual había sido entrenado para suplirle en caso de que le sucediera algo o, como había pasado, llegara el momento de su jubilación; pero no lo había visto, hasta que llegó a Estados Unidos.

Se sacudió dejando salir el calosfrío que le recorrió la espina y miró a la nada un segundo, quizás algo esperanzado por lo que acababa de escuchar.

¿Harías eso por mí?—, cuestionó, ojos abiertos y esperanzados, entonces se levantó y le cayó encima al pelinegro— ¡te quiero Oscu-chan!—, dijo al envolver a este con sus brazos y darle un cariñoso “abrazo de oso”, luego de eso, por cosas de gravedad, nuevamente se dejó caer con mucho estilo en el sofá, pero teniendo cuidado porque este era realmente viejo.

Entonces vio una gran luz marcarse en el cielo y una centella chocar con la tierra, fue cuando algo dentro de su rubio cuerpo tembló, pero permaneció sereno. Más bien, solo miraba ese semblante tan vivo del Yaminara, le gustaba verlo así, con una sonrisa aunque fuera leve marcada e n su rostro. Amaba ver a su familia feliz.

¡Oh cocina que lo odiaba desde la eternidad!, ya estaba, uno no podía ser bueno en todo en la vida y, por más cursos que hiciera, por más necesidad real que tuviera de aprender a cocinar para poder preparar sus comidas según la dieta, simplemente no se le daba. Marcó una sonrisa en su rostro y llevó su mano derecha para comenzar a rizar sus cabellos. No podía hacer nada, hasta él sabía que si lo dejaban frente alguna hornilla no pasarían cosas realmente buenas ni muchos menos todos terminarían por probar algo sabroso.

Exhaló, de alguna manera, cuando siguió el cuerpo del azabache hasta el ventanal y le perdió de vista, cuando escuchó ese tono sereno, pero lleno de muchas cosas, todo le dijo que el ambiente se había tensado un poco lo que era precisamente algo que no quería, que no le gustaba, y mucho menos en este lugar, entre estas cuatro paredes centrales.

Tragó entero y cerró los ojos, por fin se sintió bien al saber que estaba tocando “ese” tema que tanto quería resaltar algún día con él. Fueron dirigidos esos violetas ojos hacia el rubio y, ¿lo que veía era sorpresa, un sonrojo?, ¿acaso había dado en el clavo?

Por alguna razón su cuerpo soltó una carga de adrenalina enorme, que le llevó a recuperar algo de la viveza que se había ido segundos atrás. Lo mejor era olvidar las cosas malas y concentrarse en lo bueno. Entonces le miró titubear cuando afirmaba que él –Minato- le conocía. ¡Oh sí!, claro que lo conocía, y podía saber claramente cuando sus pensamientos estaban a mil kilómetros de esa conversación.

Su boca se abrió por completo y su mente se quedó en blanco cuando sus oídos captaron una frase que, sinceramente, estaba esperando escuchar los últimos nueve años de su vida. ¿”Solo… está ella”?

Le siguió con la vista y luego, como si de nada se tratara, le cambiaron el tema con uno un tanto más… delicado. Sí, no le gustaba hablar de “eso” en cuanto a “ella” se trataba.

¡Ya va, ya va, ya va!—, sentenció echando su cuerpo a un lado, Tokuro ya estaba en el mismo mueve, —usted señor no va a venir a cambiar el tema cuando me hiciste escuchar algo como “solo… está ella—, sus ojos brillaron enormemente alegres cuando -en realidad acababa de hacer lo mismo que replicaba- imitó aquella frase dicha antes por el de ojos violetas, — ¡dime, dime!—, tomó con sus manos los hombros del pelinegro sin importar nada.

Al diablo, ¿cuándo en su vida podría escuchar esas palabras de nuevo?, Oscu no era muy comunicativo de sentimientos, cuando lo hacía era como… ¡cómo si realmente estuviera desbordando de eso!

¿Cómo se llama?—, preguntó sin rodeos, no tenía por qué.

De alguna manera, a pesar de no saber nada, se sentía feliz. Shiro era… Shiro; Ya-chan tenía a sus gatos y Nath… bueno, de él sabía que andaba por allí y no vendría aún, pero Tokuro había pasado por cosas muy malas, cosas que llevaron a que su sonrisa se apagara, a que perdiera por un tiempo su vida, todo eso por tantas cosas que no sabía, de esas que todos guardaban como su pasado.

Cómo desearía que eso jamás hubiera pasado, pero allí estaba, y admiraba mucho a su “senpai” porque había luchado y, de alguna manera, había ganado la pelea contra ese trauma. Al menos en parte.


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Re: Our melody and a violin {Tokuro}

Mensaje por Tokuro Yaminara el Dom Feb 02, 2014 10:00 pm

Acariciando la cabeza ajena había ejercido una ligera pero agradable presión sobre aquella suave mata de cabellera rubia, no era la primera vez que le hacía una caricia como aquella y podía estar seguro que no sería la última; Minato era casi como un hermano menor para el japonés, uno que apreciaba tanto como a su propia familia… estaba más que seguro que daría la vida por todos y cada uno de ellos.

Reía observando sus gestos y escuchando sus quejas, si es que cuando actuaba de esa forma le recordaba a un adolescente de 16 años quejándose de simplezas de la vida que no eran de su agrado ¿Cómo podía quejarse de la simple aguja de una jeringa? cuando había visto cosas tan crueles que pocas personas lograrían superar manteniéndose enteras… Minato era así, era un ejemplo de vida. Por esto además de quererlo tanto lo admiraba, como hombre y como persona.

-Claro que haría eso y más por ti, Mi-kun…-sonrió suavemente al recibir el repentino abrazo del rubio, alzando un poco la cabeza a causa de la diferencia de estaturas, rodeándolo y estrujándolo un poco también- Es el deber de los sempais cuidar de sus queridos kōhais, ¿verdad? –palmeó ligeramente la espalda ajena- Aunque sean coladores cobardes.

Quizás hubiesen ciertas cosas que después de todo resultase imposible olvidar, Tokuro lo sabía bien; por más que se esforzase en ello, por más que intentase dejarlas a un lado… de alguna forma siempre lograban volver, convirtiéndose en tormentos momentáneos, pero con una raíz más permanente. Un largo silencio se siguió luego de que el ambiente pareciese ponerse ligeramente más acorde al lúgubre paisaje que les rodeaba… sin embargo el rumbo de aquella inesperada conversación había cambiado hacia un tema más inesperado aún, y quizás ligeramente incómodo para el de cabellos azabaches. Miro a su amigo con un ligero sonrojo y un leve nerviosismo se apoderó de su persona ¿Qué decir? No es que tuviese una pareja ni nada por el estilo, pero ella…. Si ella siempre estaba ahí, siempre estaba cerca; había probado sus labios.

Había intentado en, un cobarde intento quizás, de desviar la conversación en un asunto para nada zanjado en el área sentimental del rubio al lado del cual ahora se encontraba sentado. Observaba sus ojos en busca de algún tipo de cambio en ellos que le dejase alguna pista de algo… ohh si, había visto como sus pupilas se habían achicado de forma violenta aún a pesar de que la luz de las centellas no diesen directamente en ellas. Y Minato volvía a desviar el tema, ¿Qué podía decir? De repente se veía acorralado con aquellas palabras que habían escapado de su boca sin que las hubiesen pensado y sin que hubiese podido notarlo antes de que fuese demasiado tarde.

-¿Quien se queja de desviar el tema elegantemente? –pregunto mientras aquellas manos se posaban sobre sus hombros para sacudirle con cariñosa amabilidad-… ¿por qué…. estás tan seguro de que hay un nombre? –preguntó luego, acomodándose los lentes que el sacudón había desacomodado, dejando escapar un pequeño suspiro mientras se sonrojaba un poco más, bajando la cabeza mientras terminaba jugando de forma un poco nerviosa- No es que haya nada realmente, solo… solo que ella siempre está… Eireen… es un tanto extraña…-comentó casi en un susurro, el volumen de su voz había bajado tanto que apenas era audible por debajo del fuerte ruido de la lluvia y los truenos.

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Re: Our melody and a violin {Tokuro}

Mensaje por Minato Hamilton el Miér Feb 05, 2014 8:57 pm

No podía reprimirse, y allí estaba todo, por alguna razón todo aquello que aún estaba en su mente y removía sus recuerdos había pasado a un segundo plano tan solo con escuchar a Tokuro hablar y decir lo que decía. Ver sus expresiones, su rostro sonrosado y todos esos pequeños gestos medianamente nerviosos que detallaba al milímetro. Tanto como el de cabellos negros le conocía a él, Minato sentía lo mismo, tal vez por tantos años juntos, tantas cosas, o simplemente porque el varón formaba una parte fundamental en sus razones, en su vida, en su familia

El brillo fue visto en sus azules ojos y tenía mucha curiosidad, aunque eso ya debía estar bien claro, sin embargo, escuchar los breves titubeos de parte de Yaminara solo daban algo más de… ¿esperanza quizás?, sí, podía ser algo así o que su pequeño y medio infantil cerebro no acababa de comprender que eso era algo realmente importante.

Le escuchó hablar y arqueó una ceja dejando de lado un pequeño gesto de vergüenza, algún día de su vida, tal vez cuando estuviera a punto de morir, pensaría en eso, después de todo tampoco es como si le quedaran diez o veinte años de vida.

Um…—, dudó por un momento llevando el índice a su boca, tipo pensador con mueca ridícula. Achinó los ojos y arrugó los labios, luego se deshizo de eso y sonrió, — ¿te enamoraste de una pared?, podría creer de todo menos eso… claro que tiene nombre—, le refutó con una elegancia que rayaba entre la risilla y el “te atrapé”.

Dejó ir sus brazos cuando escuchó un nombre… un nombre que, realmente, era bien conocido para su persona. Sus ojos, su boca y todo su “él” se quedaron perplejos.

Le vio bajar el mirar… ¡espera un momento!, ¡esto era mucho!, realmente lo era, muchas emociones para un solo momento, muchas cosas que solo podían pasar una vez a la cuaresma y… ¿Eireen?

Ladeó la cabeza como intentando que sus neuronas hicieran sinapsis y le permitiesen hablar, pero solo pudo formar una sonrisa tan brillante como é mismo y, no dijo nada. Se movió un poco para rodear al otro con sus brazos y, sin importar si esto era incómodo o no, pues le abrazó fuertemente contra su pecho.

No sabes lo feliz que me hace escuchar esas palabras salir de tu boca—, dijo sin cuidado, sin pensarlo, pero sintiéndolo todo. Rayos…. Hasta sentía su corazón acelerado como si estuviera a punto de confesársele a una chica.

Pff… ni loco, eso no podría pasar ni aunque quisiera. Entonces, luego de unos segundos de sentir una emoción rara y de apachurrar a Tokuro contra si, se dio cuenta de todo y le soltó.

¡Oh!, lo siento, lo siento… no quería este… bueno—, llevó su cabeza a otra parte con un silbido y de forma rápida, arregló las ropas del azabache. Inhaló y exhaló.

De alguna manera el solo escuchar eso le había alegrado la estancia en esta clase de lugar tan… lúgubre. No es que odiara esta casa, era su casa, aquí había nacido, se había caído por las escaleras, quedado encerrado en muchas partes, corrido por sus jardines y otras cosas, pero raramente los seres humanos siempre tienden a juzgar las cosas por su última experiencia, y la suya no fue un pan de fresa ni nada menos. Sin embargo sonreía... ¿Cuándo podría ir a fastidiar a la pelirroja?, claro que le conocía, habían estado en la misma obra y todo.

Eres un picarón—, sonrió de forma maliciosa sin poder evitarlo y dando un leve golpecito con el codo al costado de Oscu, como insinuación. Esto era genial y muy divertido también. —Eh… ¿y ya le dijiste lo que sientes?, ¿ella siente lo mismo?—, se atrevió, como todo curioso, a preguntar. Ya que, lo hecho ya lo estaba y no se podía modificar.


OFF: Me siento como una mujer indiscreta xD


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Re: Our melody and a violin {Tokuro}

Mensaje por Tokuro Yaminara el Jue Mar 27, 2014 2:16 pm

A decir verdad aquello no es algo que le hubiese contado a nadie más que a su hermano gemelo, quizás porque él sabía reconocerle tan bien los pensamientos como si fuesen propios; porque después de todo eran casi el mismo ser ¿verdad? aunque en realidad fuesen tan diferentes, Tokuro siempre lo había sentido tan parte de si como para poder saber sin demasiada dificultad los sentimientos ajenos.

Eireen era un tema delicado y que nunca hubiese siquiera intentado sacar en una charla tan casual como aquella; se había dado, y ahora se arrepentía levemente de darle esas pequeñas pistas a Minato. Pero a fin de cuentas era esperable; un día cualquiera terminarían sabiendo todos de aquello… de que él tenía ya un cierto compromiso con alguien. Aquella muchachita había llegado a su vida para ponerla patas arriba, al menos en lo que a cosas sentimentales se refiriese, sin pedir nada, sin esperar nada más que solo estar a su lado. No quería herirla, por nada del mundo, no se lo merecía… no ella.

-B-Bueno tanto como enamorarse… no… n-no es…-no sabía siquiera como abordar el tema, pero el interés estaba claramente dibujado en las facciones ajenas; sus ojos habían comenzado a brillar incluso en la más envolvente oscuridad y aun así lo miraba como un pequeño gatito que ve algo curioso, un mirar atento, ligeramente afilado. Entonces antes de que pudiese decir, o intentar decir más, el rubio volvió a abrazarle, y lo estrujo contra su pecho, tanto que pudo sentir la calidez ajena envolverle ligeramente y sentir como su corazón parecía haberse acelerado. Tamaña sorpresa se había llevado el otro, tamaña sorpresa se llevaba él con sus reacciones; nunca hubiese pensado que el hecho de que hubiese una mujer en su vida pudiese ponerlo tan feliz.

-Minato…-murmuró apenas el nombre ajeno alzando sus manos para corresponder el nuevo abrazo, sonriendo aun a pesar de sentirse tan nervioso; sonreía de forma sincera, Minato tenía ese poder, aún en una situación como esa. Froto suavemente la espalda ajena con sus manos y negó suavemente con la cabeza una vez se hubiesen separado- Me hace bien que te preocupes así por mi… Mi-kun, pero… creo que exageras un poco…-sonrió de forma algo nerviosa, bajando ligeramente las cejas mientras llevaba una mano a rascarse la nuca de forma suave; sintiéndose bastante ridículo mientras el otro acomodaba sus ropas con aquella curiosa sonrisilla pintada en sus labios.

-E-Emh… bueno… en realidad…-volvía a mirar el piso, se sentía ridículamente tenso con aquel interrogatorio, pero si ya estaba en ello, y conociendo a Minato, no tendría forma de escapar de sus preguntas, así que, que más que aceptarlo y darlo por enterado-… fue ella la que se acerco a mi…-comento mirando el piso, jugando con sus dedos de forma nerviosa mientras sus mejillas se sonrojaban un poco más aún-… y pasaron varias cosas… demasiadas…-comento sintiendo como la boca se le secaba de pronto, tan ridículo se sentía igual de nervioso como si fuese un adolescente con su primer amor ¿y es que acaso había tenido uno? Su vida sentimental siempre parecía ser un caos indescifrable hasta por él mismo-… y le pedí… que f-fuésemos novios…-murmuro de forma apenas audible, dejando aquello en el aire, dándose cuenta que ahora el latir acelerado de su propio corazón parecía difuminar casi totalmente el fuerte fragor producido por los truenos.

Aclaraciones:
Bueno, que sepas que te estoy revelando partecita de la trama que tenemos planeada y que aun no llegamos a rolear xD pero es que este post es más a futuro y esto ya debería haber pasado. Aún asi gracias a ésto es que nos vimos en la necesidad de pensar más a futuro, por lo que si habra incoherencias con el post anterior a este, lo siento uwuU

PD: Lo eres(?)

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Re: Our melody and a violin {Tokuro}

Mensaje por Minato Hamilton el Vie Mar 28, 2014 7:28 pm

Negó fervientemente con la cabeza tras ese abrazo, cuando Tokuro le dijo que estaba exagerando y todo eso, ¡nada!, para Minato esto era muy importante, en su mente se traducía en el hecho de que un hermano suyo, alguien que había sufrido bastante tiempo atrás, y que tal vez era exigido de forma ruda, acababa de encontrar a una persona que vería como su luz, sí, le veía como su luz, muchas cosas lo decían bien clarito.

No, no, no—, negó tanto con la cabeza de nuevo como con su voz, —pero si Oscu-chan, mírate, estás todo nervioso, sonrosado… ¿y yo estoy exagerando?—,  arqueó una ceja apuntando con el dedo, como enumerando.

Acto seguido se levantó del mueble y se plantó frente a él, justo antes de recibir el “boom” la mega noticia que, supuso, hasta ahora solo sabía Shiro-chan, ya que ellos eran como un radar, a uno le pasaba algo y el otro ya estaba corriendo a buscarle. Eso a veces era bueno, podía entender un poco de la relación que llevaban y como podrían sentirse uno con respecto al otro, era hasta divertido imaginarse a Shiro haciendo toda clase de preguntas, pero, también imaginó alguna otra reacción, no sabía por qué, pero se le había venido a la mente algo más o menos tosco.

Sus ojos e abrieron con una sonrisa forrada en su cara.

Este era uno de esos días donde su cuerpo intentaba sentirse feliz, alegre, incluso estando donde estaba. Al menos agradecía que el pelinegro estuviera aquí para alegrar su estancia, de lo contrario… bueno, tal vez hubiera pasado algo que necesitaba, quizás recordar o rebuscar por la desolada casona, pero Tokuro estaba aquí y, de alguna forma, había sacado un brillo entre tanta penumbra y trueno de la especie de tormenta que había afuera.

Así que… tengo cuñada—, razonó tan fácil como la nada mordiéndose el lugar como un juego.

Dio un par de vueltitas por la estancia y luego mirándole fijo, incluso inclinando su cuerpo, para quedar muy cerca del rostro de Yaminara.

Tu corazón está acelerado, también tu ritmo respiratorio—, dijo, como rebuscando a propósito para que, de alguna forma, Tokuro no siguiera diciendo que exageraba al sentir felicidad, —la circulación acelerada te lleva a estar sonrojado y tus sentimientos a estar ansioso—, ladeó la cabeza, alejándose, pero igual de sonriente.

Volvió a morderse el dedo, como por dos segundos.

¿Y así me dices que exagero?, no, no… Oscu-chan está enamorado de Eiri, y veo que Eiri de Oscu-chan—, jugó con sus manos, recalcando el aspecto tal vez para creerlo por completo de una buena vez, —es lógico que esté feliz por ti—, se encogió de hombros, soltando una carcajada sin cohibirse al notar de nuevo el estado de pelinegro.

Si fuera pertinente le tomaría una foto, pero no, no podía capturar tanta felicidad en este ambiente.

Se acercó y depósito un beso en la coronilla del pelinegro, era algo así como un gesto paternal, pero para él era importante dando cuenta de cómo creía que funcionaban las cosas en ellos, en sus amigos, como grupo: Tokuro y Nathair eran los padres responsables, Elizabeth era la hija regañona, pero hija al fin; Toshiro era el hijo rebelde y él “pan de fresa” que se la pasaba con el rebelde y la mandona siempre que podía. Y Yahiro, bueno… Yahiro era como el abuelo senil que te decía que lo que hacías estaba bien o mal, pero que también tenía sus problemas.

Amaba a esa “familia”, chiquita, disfuncional y complicada, tal vez hasta podría perderla en cualquier momento, pero los amaba a todos, y se los hacía saber con gestos como esos siempre que podía. A pesar de lo que muchos pensasen, para el rubio era muy importante saber de ellos, que estuvieran bien y que fueran felices aún con esta clase de trabajos.

Si eso lo hacía raro, bienvenida sea la rareza, la sentaría junto a sus otras abstractas cualidades que estaban al mando de su fetiche por los sombreros y su desdén por el sol.


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Re: Our melody and a violin {Tokuro}

Mensaje por Tokuro Yaminara el Dom Jun 15, 2014 10:24 pm

Si se pusiese en ese mismo instante a recordar el orden en que se habían dado los hechos, la naturaleza de estos y las consecuencias que habían resultado tener… incluso parecía un tanto increíble casi como si de la historia de un libro pudiese tratarse, su extraña y curiosa realidad; esa que a fin de cuentas había dejado de ser normal hacía tantos años atrás. Cuando siendo solo un niño de 4 años había conocido a Shinobi, a sus compañeros y a su destino.

Confesar aquello no era para nada fácil, no para alguien como Tokuro, alguien que a fin de cuentas solo había tenido una pareja estable en su vida y que siempre se había considerado muy ocupado para cosas como esas; pero tal pareciera que la vida quisiese mover algunas fichas por su cuenta… ¿o acaso ella? Eireen… desde el primer encuentro en aquella piscina donde la había salvado de una muerte segura, había ido desarrollando por él un sentimiento que se apenaba en no poder corresponder. Y aún así, tras lo sucedido en aquel yate no le había quedado más opción… o quizás en realidad hubiesen sido más sus principios los que habían actuado por encima de su voluntad.

-Solo es que no creo que fuese la gran cosa…-comento subiendo un par de dedos a acomodar sus lentes de forma algo nerviosa, pasando luego los dedos de aquella mano por su largo mechón de flequillo azabache mientras le veía sonreír alegremente, y parecía casi un niño hablando de forma emocionada sobre algo que le llamaba demasiado la atención; y si, eso quizás terminarse cohibiéndole un poco más respecto al asunto. Pero era Minato ¿Qué tan tímido podía ser con él? se suponía que lo mismo que con todos, o al menos sabía él y sabía su gemelo, que solo con Shiro tenía ciertas actitudes que quizás nadie más conocería jamás de él.

-¿Cuñada? –preguntó alzando las cejas apenas, para quedársele viendo y notar que se acercaba a él, viéndole fijamente, enumerando una serie de cosas que solo provocaron que su sonrojo se hiciese más visible aún-… n-no es que esté ansioso exactamente… solo estoy… algo preocupado supongo…-confeso mientras mantenía la mirada fija en la ajena hasta que éste se hubo retirado nuevamente; le veía dar vueltas por toda la sala como si hubiese olvidado momentáneamente el lugar en el cual ambos se encontraban- No es exactamente así en realidad… Mi-kun…-realmente el rubio parecía tan acelerado en sus conclusiones que no le daba demasiado tiempo a aclarar las cosas o planteárselas como él las veía en realidad; pronto sintió un suave beso sobre su coronilla y ante tal gesto paterna dejo escapar un suave suspiro, relajándose ligeramente.

-Verás… la realidad es que ella se enamoró de mi, o es lo que me ha repetido incansablemente, no era algo que yo pudiese aceptar así de fácil…-comentó algo afligido con el asunto, caminando luego hasta la ventana frente a la cual se detuvo para perder la mirada en el borroso paisaje que la lluvia dejaba ver-… pero desde ese momento ella no se ha despegado de mi… hasta el punto en que se vio implicada en una de mis misiones… -volvió a suspirar suavemente entonces-… lo que menos quiero es que salga herida por mi causa, tú lo sabes Minato…-bajo la cabeza entonces, escondiendo su mirada bajo el largo mechón de su flequillo- Pero soy una persona responsable, lo sabes… no podía solo dejar las cosas así, no luego de… eso… así que sencillamente hice lo que creí correcto, por ella…-de repente se veía más angustiado que antes y subió una mano a cubrir parte de su rostro-… solo espero haber hecho lo correcto… solo espero que ella… no sufra por esto…-aquellas últimas palabras habían escapado de sus labios en un suave susurro, entremezclándose con el constante ruido de la lluvia. Realmente no quería que aquello volviese a repetirse, le temía, a la situación, a ella, a él mismo… temía al pasado, a Nimue.

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Re: Our melody and a violin {Tokuro}

Mensaje por Minato Hamilton el Dom Jun 22, 2014 3:17 pm

La curiosidad inicial fue transformada en un profundo sentimiento de comprensión. Minato miró el rostro de su pelinegro compañero y su visión le llevó a seguir hasta esa ventana algo grande, todo en este lugar era medianamente así, grande, ostentoso, pero humilde, tal y como lo recordaba. Amaba su hogar, pero su hogar estaba lejos ahora, esto era simplemente una casa con un incesante aroma a sangre que él sentiría aún si de verdad nadie más lo percibiera, a quemado, a olvidado.

Rascó su cabeza un poco, removiendo sus cabellos rubios, vaya… allí si era verdad que alguien como él no podría meterse, es decir, Minato era un tremendo cobarde para esto, para decidir sobre su implicación con alguien más… pero, quizás por eso también podía comprender un poco de cómo se sentía Oscu-chan. Estaba presionado entre dos cosas importantes: sus sentimientos hacia alguien y el bienestar de esa misma persona. Lo comprendía, este era el momento al que alguna vez todos ellos deberían llegar, ese donde simplemente algo les daba tanta felicidad y al mismo tiempo les preocupaba tanto que dolia.

Dejó pasar su saliva por la garganta un par de veces siendo un simple escucha y su cejo se frunció un poco, se mostraba algo dudoso, pero, lejos de parecer que era eso en lo que estaba su cuerpo y mente, parecía un puchero, cosas de tener “cara de bebe” como varios de sus compañeros de proyecto le decían. Finalmente soltó el aire que mantenía guardado entre pensar y maquinar y dio un par de pasitos hacia adelante.

Todo estará bien Oscu-chan, tú has decidido dar algo de ti a Eiri, eso es suficiente para que estés tranquilo, porque no pasa nada raro— le dijo metiendo ambas manos en sus bolsillos, —además, ten fe, nuestros padres, de alguna manera, consiguieron a una persona especial, nunca debes perder la esperanza entonces, solo disfrútalo, te lo mereces—, habló ya un poquito más bajo, pero eso fue cosa involuntaria.

Luego desdibujo esa especie de mueca solitaria que se había formado en su rostro y miro al frente con una sonrisa, caminó y lo abrazó fuertemente, podía ser algunos centímetros más alto que él a pesar que de lejos pareciera otra cosa.

Estar preocupado está bien, siempre debes estarlo… pero, déjate llevar— continuó, —a veces eso también funciona-.

Sonrió al decir aquello un poco bajito, suficiente para ser escuchado, y con una elocuencia que le recordaba mucho a su padre cuando él era un niño y este le hablaba sobre lo que haría cuando fuera grande.

Claro, su padre hablaba de que podría hacer cualquier cosa, y era cierto, después de todo, el heredero de su progenitor debía ser su hermano Naoki, el mayor, pero las cosas no fueron así. Acarició poquito a poco el cabello de Oscu y, al escuchar una fuerte centella cruzarse y explotar como la nada, sintió como todo su cuerpo se estremecía de la sorpresa, y se separó riendo nerviosamente.

Fail, había matado el momento con eso, pero afuera no parecía como si la lluvia fuera a dar alguna tregua. Volteó a mirar por las escaleras, tenía curiosidad, ¿se estaría mojando algo arriba?, ¿cómo sería todo arriba?, este lugar era extraño, tan espacioso e imponente, casa de tantos niños huérfanos como su padre había podido traer y cuidar, como él mismo había visto y jugado con ellos en su tiempo, impresionado por el montón de gente que estaba en esa universidad que manejaba Anthony Hamilton.

Una especie de presión se formó en su cuerpo y se sacudió todo con un deje de gracia, despu´s de todo siempre podía ser un payaso frente a las personas que eran importantes para él, ellas no le verían feo, tan solo pensarían que actuaba como un niño, y eso no estaba del todo equivocado. Y Tokuro era de esos importantes para él, por eso quería verlo sonreír y, quizás no por su mano, pero le gustaría estar presente en el momento en el que alguien arrancara ese feo recuerdo de su mente y lo reemplazara con uno mucho mejor.

Minato se peguntaba si el tiempo le alcanzaría para eso.


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Re: Our melody and a violin {Tokuro}

Mensaje por Tokuro Yaminara el Sáb Ago 02, 2014 10:01 pm

Tal y como si de negarse tanto a algo, la vida terminarse imponiéndoselo a fuerza de espada; de acorralarle en una forma en la que ya no fuese capaz de negarse, por entereza, por principios… porque simplemente así era él. Tan distinto a su hermano en esas cosas. Uno de los puntos que les había llevado a discutir de vez en cuando, aunque a pesar de todo… aún así él intentaba entenderle.

No podía negar que se sintiese bonito el ser querido por alguien de esa forma, no podía negar que su corazón se aceleraba con cada roce de sus labios, no podía negar que comenzaba a acostumbrarse a tenerla cerca… y que quizás si llegase a faltar algún día, en ese mismo instante resentiría su ausencia. ¿Acaso estaba eso bien? Quizás muchas veces se hubiese auto reprochado el no haber sido capaz de mantener el control sobre sí mismo, el haberse dejado llevar por su cuerpo y por su naturaleza humana. Pero de nada servía mayor reproche, ya no había vuelta atrás; ya no había retorno.

¿En verdad crees que no es raro? Simplemente dejarme llevar de esa forma… ─ parecía como si su pensamiento y el de Minato estuviesen en distintas sintonías, él se sentía culpable por aceptar como pareja a alguien que no amaba en realidad y Minato creía que todo aquello sería algo bueno, ¿lo sería acaso? ¿Para él? ¿Para ella? ─… quizás tengas razón… ─murmuró apenas retirando la mano de su rostro para observar las líneas que se dibujaban en su palma, viendo como su blanca piel se iluminaba escasamente en cada refusilo─… ¿podría ser ella esa persona especial?... en realidad nunca pensé… en tal cosa…─comentaba con resignación, si, de alguna forma su vida solía mantenerle lo suficientemente ocupado como para no ponerse a pensar si en verdad había en el mundo alguien con quien pudiese compartir esa vida. En su momento quizás había llegado a pensar que esa persona era Roy, sin embargo las cosas no se habían dado del todo bien entre ellos.

Le sintió abrazarle y entonces solo se dejo recostar en el hombro ajeno, si, aquellos cálidos brazos quizás fuesen todo lo que necesitaba en ese momento, y Minato podía parecer un niño, pero quizás resultase comportándose más adulto que cualquiera de los demás en determinadas situaciones… o quizás solo fuese por conocerse tanto, durante tantos años. Esbozó una ligera sonrisa en sus labios cuando le sintió apartarse de golpe y llevo dos de sus dedos a empujar suavemente el marco de sus lentes, observando al contrario y su aparente curiosidad por la estructura de lo que, a fin de cuentas, alguna vez había sido su hogar.

¿Tu estas bien aquí?... me imagine que estando en Alki… tarde o temprano acabarías aquí… ─comento entonces dando unos pasos por la sala, olvidándose del tema, claro, era conveniente para él, o eso creía… o eso quería creer. Le vio sacudirse de forma graciosa y palmeó su hombro en un gesto fraternal como solían tener entre ellos, quizás incluso más con Minato que con nadie, quizás por el carácter de ambos. Tokuro amaba a cada uno del grupo a su forma, de distinta forma y por cómo eran ellos, con cada uno tenía una relación distinta, y aún así ninguno de ellos dejaba de ser especial─ ¿Quieres ir a recorrer un poco? ─pregunto, no sería para nada extraño que tras tanto tiempo el rubio desease ver que había quedado de lo que alguna vez había sido su hogar, que parte de él se había mantenido aún en pie.

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Re: Our melody and a violin {Tokuro}

Mensaje por Minato Hamilton el Sáb Ago 16, 2014 9:04 pm

Y lo tenía allí, diciendo varias cosas que podían resultarle tan tiernas, pero, al mismo tiempo, tan peligrosas. Y es que, ¿cómo no pensar con precaución en momentos como este?, ¿cómo no temer por aquello que se ama cuando las cosas no parecen mejorar?, el rubio quizás no era el mejor idiota del mundo entendiendo esa clase de cosas, pero si podía comprender la profundidad de su confusión… aunque al menos Oscu había tenido la valentía de decirlo, de afrontarlo.

Um…—, murmuró como un sabio pensador, escabulléndose en su propia mente para pensar cualquier tontería, —no lo sé—, aclaró, realmente no podía saber si lo que haría estaba bien o no, no estaba en él decidir eso, —pero… pienso que es mejor intentarlo a quedarte con el “qué hubiera pasado sí—, opinó, moviéndose un poco, seguía allí, y la lluvia también estaba en el mismo lugar.

Miró el techo por un momento; según tenía entendido algunas partes de este lugar se habían quemado; como, por ejemplo, la habitación de sus padres, algunas partes de la sala y el vestíbulo, así como partes de las escaleras y el sótano, pero, aún así este lugar estaba tan entero, parecía perfectamente conservado para que personas como él recordaran, para que con ese olor terrible a sangre, a ceniza, todas las imágenes volvieran, y él no sabía como reaccionar.

Por eso solo sonreía.

Se estrujó a sí mismo otro poco y miró al pelinegro.

No te rías de mi miedo Oscu-chan… puede ser cualquier cosa—, armó una especie de puchero, nuevamente, abandonando toda clase de pensamientos confusos y dejando caer su cabeza entre sus hombros.

Al escucharle hablar se movió ligeramente hasta donde había colocado su sombrero y lo tomó dándole un par de vueltas y colocándolo sobre su cabeza, allí estaba mejor y, particularmente, Minato se sentía más concentrado y completo con ese accesorio bien colocado sobre su cabecita rubia y pálida. Entrecerró el mirar entonces al sentir la palmadita y no pudo evitar tragar, chascando la lengua de por medio.

Siempre había querido venir—, soltó repentinamente.

Claro, detrás de esas palabras había un mar de pensamientos e ideas regadas, difusas y esperanzadas en algo que no podía existir. Minato se sentía peculiarmente atraído hacia el hecho de que este era su hogar, pero, al mismo tiempo, siempre se había preguntado para qué era necesario venir a un sitio que ya no era nada… porque esta casa solo eran un montón de cosas malas, esas que superaron con creces a las buenas.

Dio un par de pasitos y escuchó el crujir de la madera, no podía seguir así, para nada, tenía que hacer algo y, la pregunta de Oscu le pareció particularmente tentadora. Entonces colocó el índice derecho debajo de su mentón, pensando en algo o en nada tal vez y, luego de unos siete segundos, la idea llegó a su mente, armando una traviesa sonrisa, capaz de ocultar muchas cosas con ese mirar chispeante.

¡Ya sé!—, soltó de repente, dejando escuchar un chasquido con los dedos, —te enseñaré mi vieja habitación, es algo que no se quemó hace tiempo y, según sé, no fue tocado por la policía ni nadie solo por eso—, sonrió, de algún modo eso le daba mucha curiosidad.

Fue cuando tomó la mano de su compañero y le llevó de guindada para comenzar a subir las escaleras sin ningún cuido, al parecer, sin importarle como el olor a ceniza se había más pesado, porque en ese mismo momento ya lo había neutralizado todo.

Pero… no le digas a Shiro que viste mi cuarto, comenzará a decir que no soy su mejor amigo porque no lo traje primero y me armará un lío—, bajó los brazos, fingiendo desanimo luego de decir aquello bastante rápido. La realidad era que tenía curiosidad, sí, pero no quería hacerlo solo, y esperaba que su compañero se diera cuenta de eso aún si él no era lo suficientemente valiente para admitirlo. —Y aún me debe una—, lo recordó con ironía, sí… ese idiota era su mejor amigo por una y muchas razones, pero algún día le sacaría canas azules.

Terminó de subir las escaleras y un amplio pasillo se dejó ver. Las escaleras de la casa estaban situadas algo más al centro de lo normal, ya que en la primera planta habían dos alas, a la derecha estaba el área más quemada, el cuarto de sus padres, la biblioteca, el estudio y otras partes y, a la izquierda, estaba su habitación y otras habitaciones que, en su momento, ocuparon otros niños a quienes su padre brindaba apoyo. Miró hacia ambos pasillos y, finalmente, se decidió por el de la izquierda, era lo justo y necesario.

Aún tomaba la mano de Tokuro, más que todo porque no quería sentirse solo, no quería soltarlo, y podía insinuar aquello fácilmente con un “de seguro te irás” pero sabía que Oscu no era así, quizás por eso el pelinegro y Nath-chan se llevaban tan bien. Cada loco con su cuento, o algo así.

Entonces iremos por a-.

Sus palabras fueron cortadas repentinamente cuando escuchó un fuerte crujir que, literalmente, le hizo quedarse paralizado. El frío e le subió a todas partes y miró a su compañero, abrazándose a la espalda de este por instinto, con un temor extraño, como un niño pequeño temeroso por un fantasma, sí, precisamente eso era.

¡¿Qué rayos es eso Oscu-chan?!—, gritó en pregunta cuando el crujido se repitió y, por instinto, se encogió aun aferrándose a la parte trasera de la ropa de Yaminara. Cerró sus ojos y afirmó el sombrero… enano cobarde que era.


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Re: Our melody and a violin {Tokuro}

Mensaje por Tokuro Yaminara el Sáb Sep 27, 2014 4:37 pm

Intentarlo, si, quizás solo debiese hacerlo… solo dejarse llevar, sabía que daría lo mejor de sí para que ella no resultase herida por su culpa, para que ella siendo tan inocente no saliera perjudicada en una relación que a su punto de vista parecía no tener ni pies ni cabeza; algo que se había dado solo así… algo que había nacido de un descuido personal que a fin de cuentas ella había dejado que ocurriese. Si, no podía negárselo, si es que había decidido dejar tanto atrás solo por estar a su lado, ella se merecía esa oportunidad.

Le vio tomar el sombrero y girarlo en sus dedos, le vio calzarlo en aquella rubia cabeza que parecía guardarle ya un sitio único y especial al objeto; el de mirada color cielo dio unos cuantos pasos, sus orbes brillaban de forma intensa de la misma forma en que le cielo real se veía desvaído en aquella ocasión. Él, Minato, solía exagerar sus expresiones incontable cantidad de veces, era parte de su carácter de su persona, de su forma de ser, y entre tantas otras cosas la ternura que al japonés pudiese ocasionarle ciertas actitudes ajenas, resultaba ser la razón por la cual solía cuidarlo y consentirlo casi como si de un hijo se tratase… en más de una ocasión.

─ ¿No lo fue? ─preguntó ligeramente incrédulo de aquello, le observaba con cierta sorpresa pues lo sabía, era esperable que aunque tuviese reales deseos de ver lo que había quedado de aquello que alguna vez había sido su hogar… todo aquello había sido una tragedia, una que le había marcado hondo. Le sintió tomar su mano y sin mayor remedio corrió detrás de el por aquellas viejas y quemadas escaleras, escuchando el rechinar de la madera bajo cada paso─ Ese es Toshiro…─comentó finalmente con una pequeña sonrisa cuando le vio suspirar largamente con la idea de las quejas que el más joven de los Yaminara pudiese imponer─ ¿te debe? ─pregunto alzando las cejas con ligera curiosidad─… solo… no se metan en muchos problemas. ─recalcaba luego como si fuese un padre regañando a sus hijos, y miró al que tenía en frente, él posiblemente estuviese allí con deseos de ver, de recordar, de adentrarse en el pasado… pero posiblemente le estuviese temiendo a eso también.

Negó levemente con la cabeza como esfumando pensamientos propios que estuviesen de más, tras haber llegado a la cima de aquella escalera observó el gran pasillo que se abría en dos caminos frente a ellos, hacia la derecha las paredes se veían más negras, desgastadas, agrietadas… el paso de la tragedia había dejado allí su marca. Una blanca centella iluminaba los rincones oscuros un ve más, de forma efímera, dibujando sombras irregulares en la paredes; dándole a toda la edificación un clásico ambiente tétrico.

─ Es increíble como aún así… pueda mantenerse en pie…─comentó quizás más para sí mismo, guiando su mirada hacia la dirección en que el rubio parecía haber decidido caminar, y justo en el momento en que volvía a escuchar su voz nuevamente, un fuerte crujir muy cerca provocó que detuviese su paso justo en el momento en que vio como la piel ajena parecía erizarse completamente; pocos segundos después le tenía detrás de su espalda, sujetándose a sus hombros de forma graciosa pues Tokuro era más bajo en realidad. Y el crujido volvió a repetirse, y cerró un ojo al escucharle preguntar aquello en una exclamación que en realidad había sido hecha muy cerca de su oído─ Un crujido… las casas viejas crujen Mi-kun…─comento con una leve sonrisa, llevando una mano a palmear suavemente uno de los costados ajenos, sin embargo lo que parecía ser el contorno de algo oscuro moviéndose entre las sombras llamó su atención, obligándole a mantener la vista fija en aquella dirección de forma instintiva.

─ Mi-kun… ¿alguien más vino contigo? ─pregunto en un tono bajo, ligeramente grave, pero que no demostraba temor alguno; quizás más bien extrañeza ante aquello de figura desconocida que se movía de forma errante en la oscuridad; aparecía y desaparecía a lo lejos, con cada estruendo, con cada centella─ Creo que no somos los únicos que estamos aquí…─agregó lo que a ese punto parecía más que obvio en realidad; y un extraño ruido se hacía presente en los alrededores, uno que no podría describir con certeza, parecía mezclarse con el sonido de la lluvia y el silbar del viento golpeteando las viejas ventanas de aquella mansión…

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Re: Our melody and a violin {Tokuro}

Mensaje por Minato Hamilton el Sáb Oct 25, 2014 12:52 pm

No, porque todos estábamos en el cuarto de madre cuando llegaron los de afuera—, le dijo a Tokuro justo antes de que todo aquello se diera, claro, por supuesto, ¿cómo olvidarlo?, él había estado con su amado hermano todo el rato en ese ropero, pero para nada había servido.

Arriba pudo ver el ala derecha, desde allí comenzaba un ambiente más oscuro, casi como si todo se pudriese más allá de a madera que tenían en frente.

“La casa de un hombre es su castillo”, eso decía mi padre, por eso hizo esta casa muy, ero muy fuerte, y muy grande, para que muchas personas estuvieran en ella—, sonrió grandemente, esas cosas, de su viejo, realmente le podían, le impulsaban hacia adelante y le daban tantos ánimos. Él quería ser así, —hace varios años… alguien vino por mí aquí, a buscar algunas cosas—, le explicó, debía tener algún modo de saber cómo se daban las cosas en esta ciudad que le vio nacer.

Afuera los árboles parecían ir de lado a lado y, a través de las grandes ventanas, las centellas estallaban sin piedad, adornando terroríficamente ese paisaje de césped largo del jardín trasero. Pero allí estuvo, el miedo al ponerse detrás de Oscu-chan, de ocultarse a pesar de que, con ironías, Minato era más alto, y escuchó sus palabras. No, él veía algo allí de frente, la sombra y más sombras. Eso era… horrible.

Y-yo… vine solo—, susurró bajo, encogiendo su cuerpo con cierto temor, escuchaba ruidos raros, —cr-creo…—murmuraba dubitativamente, pero, al escuchar como todo se detenía, por un segundo, como si el silencio tan solo fuera perturbado por el ir y venir del viento y la lluvia.

Entonces se enderezó y miró al pelinegro, y luego al frente, tomando su mano nuevamente para comenzar a caminar. Su palma estaba fría, lo sabía, pero no importaba, caminó lentamente, hasta llegar a la primera puerta, en silencio y, de repente, como un boom, se escucharon una seguidilla de centellas y un maullido-.

¡Ahh~!— gritó sonoramente pegando un salto y apretando por reflejo fuertemente la mano de Oscu, tragó y tembló, si, sintió el escalofrío extenderse por todas partes de su cuerpo, justo cuando vio a un gato pasearse libremente a su lado, con mucho pelaje, como si estuviera en su casa, como si nada.

Se le subió todo, y luego de unos segundos, sintió como todo le regresaba a su lugar, soltando la mano de Tokuro y recargándose por reflejo en una de las paredes, respiraba algo rápido, ¿se había asustado?, sí, por muchos años escuchó a todo el mundo decir que cosas raras aparecían en esta casa, su palidez actual, el frío de su sudor, lo delataban.

No… nada raro Minato… los fantasmas no existen—, murmuraba para él mismo mientras intentaba calmar su respiración y se quitaba el sombrero para echarse algo de aire. Inhaló, exhaló y miró al pelinegro, —los fantasmas no existen, ¿verdad?—, le preguntó, con una terrible inocencia marcada en su mirar y gestos, temible, casi como si fuera un pequeño niño de seis años preguntando a su padre si no debía temer por un monstruo que saliera de debajo de su cama.

Así, al instante, esa conducta tan suya, tan de un niño, se le plasmó de una sola vez.


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Re: Our melody and a violin {Tokuro}

Mensaje por Tokuro Yaminara el Dom Nov 09, 2014 12:39 am

Tokuro no había vivido cosa como esa, él tenía, después de todo, la suerte de tener a toda su familia aún con vida, a pesar de los pleitos y desacuerdos que más de una vez hubiese podido tener entre sí, de alguna forma lograban mantenerse unidos… de alguna forma; aunque el mayor de los gemelos no dejaba de sentir que con el paso del tiempo esa unión se iba desintegrando más y más… sin embargo podía entender, podía imaginarse al menos en una mínima parte todo el dolor que su preciado amigo Minato había tenido que pasar. Quizás fuese esa otra de las razones por las cuales solía consentirlo tanto; Minato era especial, en muchas formas distintas.

─ Tu padre… hombre sabio y de grandes ideales… ─comentó ante las palabras ajenas, así lo creía, y no dudaba que el muchacho allí presente hubiese heredado muchas cosas de su progenitor. Un vistazo rápido a los alrededores le dejaba armarse la representación mental de cómo se habían sucedido los hechos… y del dolor que seguramente quedó impregnado en las paredes luego de aquel terrible suceso.

Sin embargo la tormenta en el exterior, el ambiente tétrico en el que ambos se encontraban y el miedo paralizante que exhibía su rubio amigo, le dejaron desconectarse rápidamente de aquellas ideas para terminar presentado mayor atención a una curiosa sombra que a lo lejos se movía entre la oscuridad y envuelta en curiosos gorjeos entrecortados. Resultaba hasta graciosa en ese momento, la forma en que el rubio se apegaba a sus hombros como un niño temeroso de la oscuridad; podría decir que tuviese razón en ello… era de público conocimiento las historias que en la ciudad rondaban acerca de los supuestos fantasmas que habitaban aquella antigua mansión sede de tanta tragedia, y es que conociendo los hechos y como se habían dado, no parecía tan descabellado que restos de ese dolor se hubiesen impregnado en aquellas paredes y se hubiesen materializado en forma de lamentos.

Sin embargo el rubio parecía tomar un poco de valentía en el momento en que le sintió tomar su mano para seguir con su recorrido a pesar del todo, a pesar de que aquello pareciese volverse curiosamente más perturbante ¿o sería acaso que el japonés se estaba dejando compenetrar con el miedo de su amigo? Su mano, un poco más grande que la propia, se sentía tan fría como si hubiese estado manipulando la nieve por largo rato. Y fue en ese instante en que repentinamente los relámpagos se intensificaban, que le sintió apretar su mano con fuerza y el mismo Tokuro termino estremeciéndose ligeramente a causa del susto ajeno… hasta que una presencia felina se paso por al lado de sus pies como dueño de su caso, incluso frotándose ligeramente en los pies del japonés que buena química tenía con los mininos.

─ Un gato. ─comentó apenas viendo como el animal se marchaba hacia otra zona oscura de la casa, sintiendo luego como su mano era liberada y tras ello podía observar a un Minato totalmente espantado, podría jurar incluso que hiperventilaba un tanto─ No se si los fantasmas existan o no…─respondió con seriedad para después mirarle y sonreír levemente─… pero debes saber esto Mi-kun… sea cual sea la presencia que se encuentre en esta casa si es que realmente hay una…─comentó apoyando una mano en el pecho ajeno, palmeándolo suavemente─… lo que menos querrá es hacerte daño, eso tenlo por seguro. Nadie más que tu estaría tan seguro en esta casa, porque fue y sigue siendo tu hogar… o uno de ellos. ─finalizo con una sonrisa un poco más amplia, subiendo la mano a acariciar ligeramente la mejilla ajena, tomando después el sombrero de sus manos para echarle aire durante largos segundos─ Si no te molesta, me gustaría conocer el que fue el hogar de unos de mis mejores amigos…─agregó luego de unos escasos dos minutos de silencio en que le dejó tranquilizarse.

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Re: Our melody and a violin {Tokuro}

Mensaje por Minato Hamilton el Jue Nov 27, 2014 9:50 pm

¿Minato Hamilton era crédulo?, pues… habían ciertos detalles que podían afirmar eso, simplemente porque su comportamiento delataba, quizá, un afán por recordar algo que simplemente se le escapaba de los recuerdos, algo que ya no estaba ahí y que, tal vez, solía medio entender por el mero hecho de que se miraba en el espejo: “si es mi hermano gemelo, entonces ahora se vería como yo”, ese era su pensamiento una y otra vez para no olvidar como era él, su amado Naoki, pero, ¿y los demás?, ellos eran otra historia.

Escuchó a Oscu-chan con atención, él tenía razón, este había sido su hogar pero… habían pasado tantas cosas, cosas que no permitía le cubrieran ahora, porque no… ninguno de los miembros de su familia le había visto llorar, sinceramente no quería comenzar ahora con eso, no, era mejor tener una gran sonrisa en el rostro y enseñar lo prometido, después de todo, hasta el rubio tenía una completa curiosidad sobre lo que podía encontrar en ese cuarto, ¿realmente estaría todo intacto como le habían dicho?

Se levantó de suelo y sonrió al pelinegro.

Está bien—, se repuso de inmediato, tomando el sombrero que antes Oscu había agarrado para echarle aire, lo giró un poco y se lo colocó, una gran sonrisa en su rostro y una pose escueta y payasa señalando el frente para tomar nuevamente la mano de Yaminara y caminar hasta pasar la segunda puerta.

Se detuvieron frente a una puerta blanca manchada por la suciesa, cenizas y algo pelada, ella tenía una M grande en cyan y una N en magenta, era su puerta, claro está. Sonrió de medio lado, recordando por un momento que tenía quince años sin pisar ese lugar, pero, ¿y qué?, las cosas debían enfrentarse, ¡no?, y el jamás había querido enfrentar esto, dudaba incluso que o hiciera ahora.

A ver…—, murmuró posando las manos en la puerta y girando el pomo, para un lado nada, para el otro, luego de algunos segundos, abrió finalmente, —yatta!—chilló algo emocionado, —tararara, tantaaan~!—, coreó una marcha medio rara, tipo revelación estrella, —Oscu-chan, te presento el hermoso cuarto de los gemelos Hamilton a los seis años, ¡chan!—, chilló cada vez más alto y abrió la puerta.

Allí estaba, paredes en un azul claro y gastado con el techo de platabanda blanco, una ventana de fondo tapada por las cortinas, pero algo de luz se dejaba ir entre ellas, le permitía, al menos, ver en breve una descripción base de su cuarto: el ropero a la izquierda de la puerta y muy cerca dos camas de mediano tamaño separadas por una mesa de noche, estaban tendidas aún y, sobre cada una de ellas, había un oso y un conejo de peluche que, en sus tiempos, eran blancos, ahora parecían entre el gris y el beige cochino.

En el piso de madera había un par de alfombras, una entre las camas y otra debajo de una mesita donde habían algunos libros viejos de colorear y, a los lados, algunos juguetes tirados entre ellas y el baúl a la derecha de la habitación.

Esto era… tan nostálgico.

Sus ojos se fijaron en eso y la mano cayó del pomo a un lado de su cuerpo, tragó entero un par de veces y dio un paso al frente. El olor… aún si el fuego no había llegado a esta parte aún así olía indudablemente a cenizas, era un poco triste pensar en eso a estas alturas.

Pues… creo que cuando vuelvas a venir limpiare un poco, pero no me esperaba que esto estuviera tan…—, dejó sus palabras al aire, dejando de lado sus emociones, claro, ¿qué le decía su cuerpo?, que quería ir y tomar ese oso que una vez perteneció a su hermano, abrazarlo y recordarle, pero no, no era el momento, —conservado—, se detuvo un instante dando dos pasos más, dando una vuelta alrededor suyo para mirar todo el entorno, —genial… bienvenido, Oscu-chan—, murmuró casi sin querer, miró a Tokuro y sonrió.

Era un pedacito de él que nadie jamás había visto, y allí estaba.


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Re: Our melody and a violin {Tokuro}

Mensaje por Tokuro Yaminara el Mar Dic 16, 2014 11:12 pm

Observó aquella sonrisa, esa que a fin de cuentas intentaba ocultar el dolor, ponerle barrera ¿mitigarlo? No, sabía muy bien que borrar el dolor de una pérdida era prácticamente imposible; no se borraba, solo se aprendía a vivir con él. Y Minato quizás aún seguía aprendiendo a seguir adelante a pesar de esa gran pérdida; con una sonrisa, con esa actitud animada de siempre, por eso y por tantas otras cosas es que Tokuro le admiraba, porque su fortaleza era digna de admirar, porque a pesar de todo… él aún era capaz de seguir adelante, él aún era capaz de sonreír de esa forma. Y tras el gracioso episodio y tras el susto del que parecía haberse recuperado medianamente rápido, le dejó volver a tomar su mano para dedicarse a seguir sus pasos hasta que ambos se hubieron detenido frente a una vieja puerta blanca que tenía dos letras grabadas en ella; M y N, claramente deducible para Minato y Naoki respectivamente.

Aquella puerta que tenía en frente le dejaría ver posiblemente un mundo muy distinto, una parte de Minato Hamilton que él no conocía, pero no dudaba que en aquellos años el rubio fuese dueño ya de esa tan característica personalidad suya que tantas veces le dejaba ver como alguien jovial y despreocupado, pero claro, Tokuro así como todos los demás, sabían muy bien que eso no era así.

Una vuelta, otra vuelta, y tras un par de intentos la puerta finalmente cedía, la escuchó rechinar al abrirse lentamente y el improvisado cántico con el que el rubio presento sus antiguos aposentos, contrastaba curiosamente con el tétrico ambiente invadido por el olor a ceniza y el estruendo de los truenos lejanos y cercanos; el cielo seguía iluminándose cada cierto tiempo a causa de las potentes centellas, y era en esos escasos segundos que parecía ver todo con mayor claridad. Un cuarto solitario que aún parecía mantener tan intacta esa esencia infantil… tal y como las risas que seguramente inundaron aquellas paredes tiempo atrás; risas que se esfumaron con el tiempo y la tragedia… ¿o es que acaso era posible oírlas aún? En las paredes, en los muebles, en los juguetes acumulados; en aquel par de peluches que descansaba sobre cada cama. Le vio permanecer allí de pie, y decidió quedarse en silencio dándole el tiempo que necesitase, hasta que finalmente el rubio dio un par de pasos ingresando en aquella habitación.

─ Ciertamente lo está… casi como si el tiempo se hubiese detenido…─comentó dando un par de pasos también, observando los alrededores detenidamente─… si no fuera por el polvo y el olor a ceniza…─ese mismo olor que a fin de cuentas parecía conservarse en cada pared, en cada estancia─ Con permiso. ─agregó tardíamente, dando algunos pasos más, dibujando una pequeña sonrisa nostálgica en sus labios─ Alguna vez… Toshiro y yo tuvimos una habitación como esta…─tras aquellas palabras llevaba una mano a deslizar suavemente los largos mechones de flequillo azabache que solían cubrir su ojo izquierdo para poder tener una visión más clara aún─ Aunque claro… aquí pareciese decir “Minato” en cada rincón…─y rio un poco tras sus propias palabras, observando después la pequeña sonrisa que su rubio amigo le dedicaba─ ¿Necesitas… un tiempo? ─pregunto tras una breve pausa de silencio─… por ser la primera vez que regresas aquí, entiendo que puedas querer unos minutos solo con tu pasado; puedo esperar abajo si lo deseas. ─comento justo en el momento en que la fuerte lluvia parecía ceder al menos un poco─ A simple vista puedo ver… que en verdad hubo… mucho amor entre estas paredes…─agregó algo que en alguna forma se percibía tan claramente sin saber muy bien porque.

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Re: Our melody and a violin {Tokuro}

Mensaje por Minato Hamilton el Vie Ene 09, 2015 6:51 pm

Y allí estaba, después de quince años por fin se atrevía a dar un vistazo a mucho más que la fachada, como la primera vez que había venido. Contemplar esto era tan… doloroso, sí, siempre se había preguntado cual sería su reacción al estar en este lugar después de que el tiempo no pareciera curar las heridas y ahora lo sabía: estaba trancado.

Tragó un par de veces al punto en el que su medianamente visible manzana de Adán subió y bajó a su lugar el mismo número. Exhaló con ligereza y luego inhaló enteramente por la nariz. Su cuerpo, su mente, no sabían demasiado que hacer, cómo desenvolverse o qué decir para matar ese silencio que no le gustaba, mucho menos ahora, que se sentía tan abordado y lleno de tantas cosas que, finalmente, convergían en la nada.

No… bueno—, murmuró por un instante, sus ojos se detenían inevitablemente en cada rincón del cuarto, grabándolo todo, porque sí, en su mente ya nada se conservaba tan fresco, ni siquiera la imagen de su madre o su padre, ya no les recordaba. Pero bien sabía que habían existido. —Cuando era niño era mucho más debilucho que ahora… así que Naoki me gobernaba a su antojo y ambos nos metíamos en muchos problemas por eso—, soltó una risa algo sorba y se dio la vuelta para mirar a su amigo, negando ligeramente con la cabeza, dirigiendo entonces la mirada al piso, —solo… ¿podrías, por favor, darme un abrazo?—, pidió de forma tímida, su cuerpo estaba frío, lo sabía, y ese ligero temblorcillo de sus piernas quería volverse más pronunciado.

Lo necesitaba sí, lo necesitaba para sacarse todo eso de encima, quería sacarlo y quería irse de allí, quería marcharse aunque fuera bajo la lluvia y a pesar de lo que su doctor pudiera decirle. Eso y no volver a esta casa en un buen tiempo, cuando estuviera preparado… porque hoy no, hoy se sentía como aquel niño pequeño al que acababan de quemarle el pecho y dolía… comenzaba a doler mucho.

No me gusta… estar solo—, susurró un poquito bajo, mucho la verdad, haciendo un ligero puchero que no se visualizaba completamente tras esa expresión que intentaba ocultar el malestar.


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Re: Our melody and a violin {Tokuro}

Mensaje por Tokuro Yaminara el Miér Ene 14, 2015 1:05 am

Pequeña sonrisa que se hacía más pequeña, se desvanecía… en la tristeza. Un extenuado silencio se hizo presente en lo que su rubio amigo parecía perder la mirada en cada rincón de aquel cuarto; respetando él ese preciado silencio que a fin de cuentas pudiese estar necesitando. Nostálgico, aquello lo era con toda seguridad, recordase o no todos los detalles de su pasado; sabía que para Minato no era cualquier cosa estar pisando ese cuarto ahora mismo; ese suelo, esa casa.

Podría el japonés sentirse afortunado de que su familia seguía a su lado; a pesar de todas las cosas por las que la vida le había hecho pasar, nunca había sido tan cruel como para arrebatarle un ser querido… o al menos no uno tan cercano; a veces la recordaba, a ella… Nimue. Pero sabía muy bien que ese dolor no era comparable, en ningún punto, al dolor que su rubio amigo había tenido que pasar y que posiblemente aún intentase superar. Un tiempo, quizás lo necesitase; con sus recuerdos, o lo que quedase de ellos… con su pasado.

─ Puedo creer eso…─sonrió apenas levemente, porque si, parecía natural en alguna forma; en su caso había sido Toshiro quién desde pequeño había sido tan activo, tan inquieto, corriendo de aquí para allá mientras el permanecía impasible en un mismo sitio. Verlos debería haber sido bastante gracioso en realidad; pero el paso del tiempo había cambiado tantas cosas, demasiadas. Negó con un leve movimiento de cabeza, ahora era el tiempo de pensar sólo en Mi-kun, solo en su querido amigo; verle allí, frente a él, bajando la mirada y temblando ligeramente, pidiéndole aquello… parecía un pollito mojado; de alguna forma sintió su corazón estrujarse en ese mismo instante en que tras aquel murmullo no se contuvo en acercarse a él y rodearle tanto cuanto pudo con sus brazos, incluso llevando una mano a la cabeza ajena para obligarle a bajar y recostarse en su hombro. Le estrujó, le acompañó en el sentimiento, todo lo que podía hacer.

─ No estás solo, tienes una familia que te ama. ─susurró muy cerca de su oído mientras le recorría suavemente la espalda con las manos, apoyando incluso su cabeza en un costado de la ajena; sentirle tan frío, helado, quizás sería bueno sacarlo de allí por ahora. Y al parecer el clima comenzaba a cooperar en esa misión─ Mi-kun, ¿Por qué no vienes conmigo a la cocina de la fraternidad? … te prepararé unos platillos muy buenos que encontré por ahí, los estuve investigando y adaptándolos a tu dieta. Así que puedes comer cuanto quieras…─anotició mientras acariciaba tiernamente los pequeños mechoncitos de cabello rubio que descansaban sobre la nuca ajena─ ¿Quieres? son especiales, solo para ti. ─y lo había hecho ciertamente, aunque aún quedasen cosas por probar, quería cocinar para él, todo lo más rico que su organismo fuese capaz de tolerar… tan sencillo como eso, aunque no pudiese hacer tanto como quisiese por su persona.

[Off: Tu cierras x33]

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Re: Our melody and a violin {Tokuro}

Mensaje por Minato Hamilton el Lun Ene 26, 2015 4:16 pm

Le abrazó y… quería hacer mucho, en serio, algo en su mente hasta le había dicho que llorar estaba bien, que dejar escapar sus lágrimas con alguien a quien consideraba como un miembro de su familia peculiar era aceptable, que era necesario y, sin embargo, tan solo apretó su agarre y se quedó allí por un momento, sintiendo los movimientos de Oscu-chan sobre su espalda y sus cabellos, y se dejó relajar por un momento, solo un pequeñito, llevándose por eso y nada más.

Era como una mamá…

Sonrió ligeramente hundiendo su nariz en la parte superior del hombro del pelinegro y aguardó un instante, solo hasta que le escuchó hablar y sonrió. Era muy claro, Oscu-chan quería animarle, y él no era nadie para impedírselo.

Entonces separó su postura y le miró con una sonrisa, abrazándole de nuevo y tomando su mano, inhalando y quitando la expresión sombría de su rostro. Tenía presente que debería volver a este lugar, que era necesario él viniera para pasar esto, afrontarlo y enfrentarlo para salir adelante. Porque sabía que lo tenía, sí, tenía ese sentimiento en el fondo de su pecho.

¿¡En serio!?—, chilló en forma de pregunta, sintiendo una especie de fogonazo real y sincero al instante, —si quiero—, sonrió.

En cierta forma… tenía que pedir cursos o… no, eso ya no era suficiente. Estaba acostumbrado a no poder comer muchísimas cosas, a estar restringido en varios aspectos de su vida, pero el hecho de no poder cocinar, de que se le quemase hasta un pan en la parrilla, realmente no ayudaba demasiado y, por más cursos, lecciones, ganas y todo lo que tuviera… simplemente no tenía mano para la cocina. Esa conclusión se había hecho obvia cuando quemó la cocina de su departamento al intentar cocinar un filete al vino. Resopló.

Tomó la mano de Tokuro y lo jaló para salir del cuarto, sin olvidarse de despedirse con una sonrisa de aquellos peluches. Necesitaba salir. Tomaría su violín y se marcharía, sí, al menos por hoy escaparía, sería un cobarde y huiría, como los últimos quince años, de enfrentar y pasar aquello. Así era todo.


— T E M A — F I N A L I Z A D O —


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