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This empty Castle {priv. Nathair}

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This empty Castle {priv. Nathair}

Mensaje por Kiah O. Kandel el Jue Feb 13, 2014 10:19 pm



This empty Castle

Security Northwest Academy
Auditorio, 22: 55 PM


Vestimenta


Finos y largos dedos se deslizaban por las blancas teclas de aquel elegante piano de cola; hermoso y añorado instrumento, capaz de por sí mismo dar a luz un sinfín de hermosas melodías… aquellos dedos presionaban las teclas con firmeza y agilidad, con el énfasis que necesitaba cada nota, aquella suave melodía invadía aquel enorme auditorio transmitiendo desde su origen un ligero sentimiento de melancolía. Adoraba tocar el piano, sabía que podía hacerlo por horas… minuto tras minuto, hasta que sus dedos llegasen a doler.

Sus ojos se mantenían cerrados, sus largas y curvilíneas pestañeas pegadas mientras que el cuerpo de aquella joven de larga cabellera blanquecina, se movía al compás que marcaba aquella suave melodía; su larga y sedosa cabellera ondeaba ligeramente brillando bajo la luz del astro. No había podido evitarlo… esa necesidad de volver a sentir el mármol bajo sus dedos, tal y como si ese fuese el único medio que tuviese para ser ella misma, para olvidarse, de todo, de todos… incluso de su propio ser. Fundirse con el piano, con la música, con una canción.

En el auditorio de la academia, cuando ya nadie quedaba por los largos pasillos más que aquellos que solían llevar vidas más nocturnas… cuando todo estaba en silencio, cuando la soledad envolvía aquellas paredes; bajo la pálida luz de la luna que iluminaba la mitad de aquel amplio escenario casi como si quisiese resaltar la belleza de la única persona allí presente, siendo iluminada solo por aquella silenciosa compañía… interpretaba una de sus melodías favoritas, una que había aprendido tocar muchos años atrás. Y sin embargo no se cansaba de aprender nuevas melodías, de llenar su mente de suaves canciones, tiernas, tristes, melancólicas, románticas; de todo tipo. Y solía tocarlas en silencio, en soledad, mezclándose con el sonido, perdiéndose en el eco que aquella canción dejaba dentro de aquella enorme sala donde muchas otras personas seguramente habían tocado ese mismo piano.

¿Qué hacia una muchacha de profundos ojos grises sola con un piano? Tocar, nada más que eso. Le había nacido, a pesar de la hora que fuese, producto quizás de no poder conciliar el sueño, producto quizás de que su habitación era tan grande y se sentía tan sola… dos camas vacías, así de vacía se sentía ella tantas veces, así de vacía se sentía su alma; sin vida.

¿Hallaría acaso un día su sonrisa perdida, su historia perdida? una parte de si, no sabía porque pero por alguna forma así lo sentía, que en alguna parte, en algún sitio, tan lejano quizás… en alguna parte del mundo estaba su verdad, en alguna parte del mundo lograría reencontrarse con ella misma, arar su propio rompecabezas ¿Por qué no era capaz de sonreír? ¿Porque se sentía tan vacía? ¿Por qué sentía que todo ese tiempo había estado añorando algo? ¿… a alguien?

Quizás su alma no estuviese dentro de su cuerpo, quizás aquella parte de sí misma era la que añoraba tanto. Mientras aquella melodía llegaba a su fin y en su mente se dibujaban los pasillos de un castillo vacío, como el titulo de aquella canción, quizás ella misma estuviese vacía de esa forma... sin vida, con solo unos viejos y fuertes muros que le permitían aun, a pesar de todo, seguir en pie, sin saber que le depararía la vida… y quería continuar… y si, quería verlo.




Quizás ella fuese también… un castillo vacío…

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Re: This empty Castle {priv. Nathair}

Mensaje por Nathair Blaikovsky el Vie Feb 14, 2014 3:35 pm


La vida no podía ser simplemente tan prolija, tenía sus idas y vueltas sus lugares de recuerdo y esos recuerdos que dejaban un permanente lugar ocupado en tus memorias. Memorias que solo alimentaban un creciente dolor que se negaba a dar marcha atrás. Era un inclemente y torturante círculo vicioso, aquel con el que convivía más a menudo de lo que agradecería en sus reservas admitir.

Recientemente regresaba de un pequeño compromiso social al cual debía asistir como fiel representante de su padre que era; un hombre justo y algo torpe en su actuar, pero sincero y respetable a más no poder, así era su progenitor, así le gustaría a él llegar a sentirse algún día. Pero esta vida no estaba precisamente hecha para que los caprichos de un simple individuo como él se cumplieran. De ser así Anya jamás se hubiera ido.

Sus pasos eran tan lentos, tan tranquilos que no reflejaban para nada el pequeño ardor contemplado en su cerebro; el cansancio pasaba factura a todo mundo, pero justo ahora lo menos que deseaba era llegar a esa habitación, a ese aposento que le reinaba en los dormitorios de esta academia a la cual había llegado hacía poco más de dos semanas. Aún no se acostumbraba, eso era cierto, pero tan solo necesitaba algo más… tiempo quizás, o un “algo” que le dijera que aquella punzante sensación que cada día crecía más y más en su pecho no era otra cosa sino un sueño. Que despertaría y todo volvería la normalidad.

Guiado por aquel sentimiento se encontró caminando entre pasillos y jardines, con más ansias de dar vueltas que de descansar un rato, siendo cautivado por la enorme tranquilidad reflejada en el paisaje nocturno y la ligera corriente fría que rara vez podría recordarle el enorme frío de su natal Siberia, la que le había visto nacer y se había llevado su vida una mañana tan brillante como de oscuro había sido su acontecer.

Una suave melodía logró colarse entre su activa mente y llevó su atención a un señalado lugar, el auditorio de aquella prestigiosa institución de la cual tantas historias había escuchado, aquí uno de sus grandes amigos había perdido parte de su alma, tal vez no sería lo único, ni el único, que reflejaba sus pesares en la deidad del silencio, de la paz, de la música. De la soledad.

La inclemente curiosidad que por desgracia caracterizaba a todo humano no se deshizo de él y logró que abriera la puerta y cruzase aquello con cuidado, allí estaba, rodeado de butacas, pero acompasado por una melodía que grácilmente le resultaba más que conocida.

Larsson—, susurraron torpe y bajamente sus labios.

Se adentró solo unos segundos más y allí contempló algo que le impidió otra clase de movimientos, para ese entonces ya estaba más al centro y a unas seis filas del escenario, pero no podía dejar de mirar aquello. Una figura tan pálida como la misma luna ante los ojos de un pensador se imponía siendo la creadora de tan hermosa melodía, sin embargo no era todo eso; era su cuerpo acompasado al todo, sus párpados cerrados y una concentración que le invitaron a quedarse allí, tan pensativo que ni siquiera cayó en cuenta de cuando sus lágrimas comenzaron a caer y cuando sintió aquel tremendo nudo entre su estómago y su garganta.

¿Por qué lloraba?

Tal vez él también podía ser partícipe de aquel vacío castillo.

Mas no pudo hacer mucho más, no cuando el clímax le llevó a él mismo a explorar sus sentimientos, los de esa dama que en forma de diosa blanca parecían descubrirlo todo, como un espíritu que había llegado, al que él había llegado, en un momento justo, ese en el que sus finos dedos tocaba el mármol y los sonidos inundaban el gran teatro de tantos sentimientos y una tristeza, un vacío que se permitía solo ser manifestado en estas circunstancias.

Ella… ¿era real?, ¿esto era real?


Y el silencio invadió todo, como un cruel final de la verdad.

Prosto... tol'ko—.

«Simplemente… maravilloso», abandonó en sereno susurro algo alto su boca, estaba en cierta manera impactado, seducido, extasiado por lo que acababa de ver, de sentir, de experimentar.

Sus grises ojos siguieron la blancura del retrato sobre el escenario y tan solo abordó dando unos pasos más, ¿sería real?, si no lo sabía solo había una manera de comprobarlo, de adivinar si ese mito que le había robado el aliento por un segundo era o no algo más que la imaginación de un dejado solitario como él.

Quería que fuera real… algo dentro de su ser lo añoraba.



↨Vestimenta


Última edición por Nathair Blaikovsky el Lun Mar 24, 2014 2:53 pm, editado 1 vez

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Re: This empty Castle {priv. Nathair}

Mensaje por Kiah O. Kandel el Lun Mar 10, 2014 12:58 pm

Un castillo vacío, un cuerpo sin alma… había perdido ya la cuenta de las veces en que se había sentido tan vacía, esperando algo que no llegaba; esperando algo que quizás jamás llegaría. Sus dedos viajaban por aquellas blancas teclas, acariciaban el frio mármol dando vida a una melancólica melodía; una de sus favoritas sin embargo. Su cuerpo acompañaba el movimiento de sus dedos y su larga cabellera hondeaba grácilmente brillando bajo la tenue luz de la luna; muchas veces la música era la única forma en la que podía expresarse, en la que sus emociones podían llegar a mezclarse con el ambiente.

Un suave suspiro escapo de entre sus pálidos labios cuando la última nota moría en el silencio inclemente de la noche; entonces una voz resonó en un susurro, en unas palabras que le resultaron familiares… en un idioma que no sabía por qué lograba entender. Sus ojos grises fueron atraídos por el blanco de un traje, la figura de un hombre, recorrió su vestimenta elegante en silencio; subiendo hasta su pecho, su cuello, sus labios semiabiertos, sus mejillas… ¿ligeramente húmedas?… sus ojos… y allí se detuvo, en ellos, en esos ojos. Se puso de pie lentamente sin siquiera ser capaz de notar que pequeñas y saladas lágrimas habían comenzado a brotar de sus propios ojos; lo miraba, en silencio, bajo el tenue resplandor de la luna… lo miraba y sus labios se despegaron aún más, una palabra parecía formarse en su boca.

-Na… thair…-apenas murmuró en un suave susurro que murió rápidamente en el silencio de la noche; del hombre que estaba de pie frente a ella nada sabía, solo unos pocos metros los separaban, unos pocos metros la separaban de aquellos ojos. Sin saber cuándo, había comenzado a acercarse a él. Esos ojos, esos hermosos ojos grises; verlos dolía, dolía pero a la vez se sentía tan viva… viva como nunca recordaba haberse sentido.

Sus manos se alzaron hacia aquel rostro ¿Cómo era que había logrado llegar tan cerca de él? como, si su cuerpo parecía temblar de forma intermitente, y ahí estaba; sujetando aquellas mejillas con sus manos ¿Qué veía en esos ojos? ¿Qué veía que no podía ver nada más? ¿Qué veía que la hipnotizaban? Esos ojos, ya los había visto, antes, en algún sitio, esos ojos… sentía había estado anhelándolos tanto tiempo.

En ese mismo momento parecía no ser dueña de sus propios actos, en ese mismo momento su puro instinto actuaba en su nombre… en ese momento se alzó en puntitas de pie y llegando al rostro ajeno sello sus labios con un cálido y delicado roce, entrecerrando los ojos mientras más lágrimas caían ¿Por qué sentía que había deseado aquello tantos años?... ¿Quién era él? ¿Quién era ella? ¿Quién era esa que estaba en ese mismo momento besando al dueño de aquellos tristes ojos grises?... sus ojos se cerraron, y sus labios disfrutaron del cálido contacto ajeno.

Suaves y delicados roces, sintió como su respiración se fundía con la ajena, la experiencia más dulce que jamás hubiese podido tener, con él, con él… ¿y quién era él? ¿Quién era? ¿Por qué su corazón parecía haberle estado extrañando tanto? ¿De quién eran esos ojos? ¿De quién era esa voz?... sus ojos comenzaban a llorar a mares, su cuerpo finalmente no fue capaz de soportar tantas emociones, sus piernas parecieron perder las pocas fuerzas que aún la mantenían en pie. Cuando la sonrisa alegre de un niño de unos 13 años se dibujo en su mente, cuando vio aquellos ojos en estos ojos, cuando supo que había habido un más allá, su mente se apagó de forma casi abrupta… tal y como si no pudiese saber aquello, tal y como si aun no fuese tiempo… ¿y que debía saber?... con aquella cálida sensación en sus labios se desvaneció en el pecho ajeno, perdiendo totalmente la conciencia de sí misma.

¿Podría algún día acaso llegar? ¿Llegar a donde? ¿A dónde quería llegar? Allá… con él, con ellos ¿ellos? ¿Dónde? ¿Dónde debía ir? ¿Qué debía hallar? ¿A quién debía hallar?... mientras se alejaba más y más de la claridad de la conciencia, mientras se sumía en una abrazante oscuridad, mientras sus sentidos se desconectaban del mundo… aquel nombre permaneció dibujado en su mente, hasta el último segundo…




… Nathair…

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Re: This empty Castle {priv. Nathair}

Mensaje por Nathair Blaikovsky el Lun Mar 10, 2014 3:30 pm


Ensimismado se sentía en ese momento, en el cual le vio, cuando esa diosa de blanca piel y tenue aspecto volteó y captó su presencia. Le recorrió, eso pudo sentirlo aún estando a varios metros de distancia, pero, cuando se detuvo en sus ojos hubo algo, algo dentro de su cuerpo latió, latió de una forma tan dolorosa como familiar.

Tal vez su cuerpo estaba anunciando algo que su mente no comprendía todavía.

Con esas orbes grises siguió la delgada figura embalsamada en blanco mientras se movía, en silencio, solo con el cantar de los ligeros soplidos en el ambiente, pero nada más, nada más que ese mar de pensamientos que no dejaba de atosigarle en la consciencia. Poco a poco fue bajando y él pudo notar la breve abertura de sus labios, y la formación de una palabra, una que, a pesar de no poder escuchar, leyó fielmente en su boca.

Y un golpe le asestó al pensamiento. ¿Cómo era que ella sabía su nombre?, ¿le había visto en algún lugar?, para nada, de ser así le recordaría, él recordaba todo en cuanto a rostros, a personas, se refería. Pero de ella, de esa mujer que ahora mismo caminaba lentamente hacia su persona, no tenía registros, al menos no imágenes. Mas algo dolía, y lo hacía mucho.

Aunque bien podía ser una especie de ambiente armado en las sensaciones que, desde un principio, le llevaron a caminar como idiota y a divagar entre los pasillos; tal vez esto era solo su imaginación jugando cruelmente a hacerle sentir peor de lo que ya lo hacía. Así era cada noche, cada tortuosa noche en la que se hacía el fuerte, el que no recordaba nada, pero los puntos, el tiempo, todo estaba llegando a un momento crítico.

Y esas manos tan delicadas tocaron su rostro, sus mejillas y, de forma inconsciente, un quejido abandonó su boca en tenue volumen. Tragó entero y sintió como el control de sus músculos desvariaba un poco, pero regresaba al siguiente segundo. Sin embargo, a pesar de ser testigo de ese ligero temblor en el cuerpo femenino de frente, de sentir su respiración y, quizás, caer en cuenta que este cuerpo, esta presencia, podía ser real, no se alejó, no cuando tenía esos ojos tan claros como los suyos propios allí, examinando su consciencia, sus pensamientos, metiéndose tan profundo que hasta no le importaba ser allanado en estas circunstancias.

Las manos se afirmaron un poco más y, para su sorpresa, sintió unos labios posarse sobre los suyos. En ese momento, ¡Dios!, en ese momento sintió como si un gran balde de agua fría le cayera encima, y después viniera un inclemente granizo. Ella no se detuvo y su cuerpo solo reaccionó con algo que no entendía. Cerró también sus ojos aún con ese fuerte deseo de abrazarla, de corresponderle,  y así lo hizo.

Se agachó un poco para compensar la diferencia de altura y los roces se hicieron un poco más profundos; sus respiraciones tan unidas como si siempre hubiera sido así, ¿por qué sentía que conocía ese aire, esa cintura que abrazaba como si fuera el tesoro más importante de su vida?, ¡rayos!

¿Por qué había perdido el control de su cuerpo?

Pero, de un segundo a otro, sintió esa figura desfallecer, separarse de su presencia, pero no caer, sino afirmarse en su cuerpo. Le abrazó hundiendo su cabeza en el varonil pecho y su mano derecha acarició sus cabellos. No veía a ninguna parte, no sentía nada.

No era él mismo.

Solo fue segundos después que cayó en firme cuenta de lo que había sucedido, de lo que había hecho, de lo que estaba haciendo. Le separó de su cuerpo, contemplando las levemente sonrosadas mejillas de una pequeña dama desmayada, ¿por qué se había desmayado?, ¿estaría enferma tal vez?, sus pensamientos le llevaron a ignorar todo por un segundo, todas esas sensaciones que aún inundaban todo su ser, y le llevó a una de las bancas, donde le sentó y contempló sin poder resistirse.

¿Por qué había correspondido a ese beso?

A veces ni yo mismo me entiendo—, susurró cual cruel ironía, bufando al final.

Él no era así, no era de esas personas que tan siquiera pensarían corresponder a alguien, ni siquiera por trabajo, y mucho menos ahora, ¿tal vez había pensado otra cosa cuando sintió esa calidez?, para nada, Nathair solo había sentido una familiaridad increíble, una bella claridad escabullirse por todo su ser como si aquel pequeño gesto fuera la magia más poderosa.

Y lo más temible era que… él no conocía  a esta dama.

Pero al mismo tiempo lo sentía, sentía en todo su ser que ahora mismo palpitaba inclemente que debía recordarle de alguna parte.

Sin pensarlo mucho se agachó frente a ella, estaban en la primera fila, así que había mucho espacio. Sus ojos grises miraron ese cuerpo envuelto en vestimenta blanca y su mano izquierda se alzó para tomar un mechón de sus cabellos. Ella era tan pálida, parecía estar enferma, pero para salir a estas horas eso no debía ser cierto. Con el dorso de la misma mano que aún tenía cabellos entre ella acarició su rostro, en un gesto paternal e, ignorando como iba todo, una sonrisa se acomodó entre sus facciones.

Sonreír así… eso no tenía ningún sentido.

{OFF: Fue algo rápido, pero en lo que leí tu post no pude resistirme}

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Re: This empty Castle {priv. Nathair}

Mensaje por Kiah O. Kandel el Miér Abr 09, 2014 8:27 am

Esos ojos ¿que tenían esos ojos? ¿Qué tenían?... bajo la luz de la luna se iluminaban como pequeños faros al final de un camino oscuro, un camino de penas y de suplicio, dolor, tristeza, angustia, desesperación… desesperanza. Pero ahí estaba él, ahí estaba, sus cálidas mejillas húmedas con un gotear ligeramente salado… como el mar; aquellos ojos parecían poder ser tan calmos y a la vez tan bravíos como el mar. Y en ellos sentía paz, y en ellos se sentía entera, en ellos parecía sostenerse, en ellos parecía verse a ella misma… si en realidad lo estaba haciendo. Al tomar ese rostro, al besar esos labios… fue como sentir que al fin había llegado, hacia un sitio que había anhelado siempre, hacia una paz que solo podría obtener en aquella presencia. Y sus ojos se cerraron cuando sintió la cálida respiración ajena entibiar sus frescas mejillas; en un acto tan hermoso, en un gesto tan tierno; besó aquellos labios con ternura, con tenue pasión, con entrega, con devoción, con dulzura… tal y como si sus labios hubiesen estado esperando tanto tiempo aquellos labios, como si enmarcar las letras de ese nombre fuesen su único motivo para seguir con vida.

Y su corazón aceleró su ritmo, y latió de forma desenfrenada cuando sintió aquellos labios moverse suavemente, corresponder aquel beso mientras los cálidos brazos ajenos rodeaban su cuerpo… sentía que en ellos podría dejarse ser, sentía que en ellos podría morir, como si aquellos brazos… como si aquellos labios fuesen su meta final. Y se inclino ligeramente, y le sintió tan alto frente suyo, y se sintió tan segura como nunca antes se había sentido, como no recordaba haberse sentido, como si el llenase su castillo vacío. Nathair… anhelaba aquel nombre, anhelaba aquella respiración sobre su rostro, anhelaba aquellos ojos… anhelaba aquellos labios. Había llegado, hasta allí, hasta él, había llegado, después de tanto sufrimiento, después de que su alma pareciese estar desgarrándose en si misma por tantos años… ahí estaba, había llegado y en sus brazos moriría, en sus brazos podría dormir tranquila. Por primera vez.

Su conciencia se alejaba de forma rápida, inclemente, la oscuridad rodeaba su mente, pero aún así no se sentía desfallecer; no con el calor de aquellos brazos rodeando su cuerpo… sosteniéndola de forma firme. Su peso, su pequeño peso se dejó acomodarse en aquel cálido pecho masculino, y nada más importaba. ¿Podría ser acaso que sobre las telas blancas de aquel traje y contra su cuerpo sus labios se arqueasen ligeramente? podría ser acaso que cuando todo fue más que silencio… que cuando sus lágrimas rodaron una última vez… en sus pálidos labios una sonrisa se dibujaba… sin saber cómo, sin saber porqué. “No me dejes… no me abandones… Nathair, al fin… al fin te he encontrado” su mente divagó en un último segundo; se sentía completa tan de pronto, como si su alegría perdida regresase en un solo y simple pestañeo. Y entonces todo se desvaneció y entonces todo fue oscuridad… una cálida y agradable oscuridad. Y todo fue silencio.
 
…Nathair…

…Nathair…

…No te vayas… quédate aquí…

…A mi lado…

…quédate…



Cuando sus párpados volvían a despegarse pudo sentirlos ligeramente húmedos ¿había estado llorando en sueños acaso? ¿Había estado soñando? No lo recordaba; no sabía porque sentía como su pecho se estrujaba, como su aliento parecía entrecortarse de forma dolorosa. Al abrir sus ojos solo pudo observar un escenario vacío, un tenue rayo de luna iluminando las viejas teclas de un piano… y entonces una caricia en su rostro la trajo nuevamente a la realidad. Y en aquel silencio le observó. Era un hombre, joven, de cabellera azabache, de ojos grises… permaneció perdida en aquellos ojos durante unos cuantos segundos más hasta que su mente por fin pareció ponerse en marcha, y en sus labios descifró una tenue sonrisa… y resultaba tan abrumadoramente familiar. Pero no sabía quién era, no lo conocía.

-¿Que… que pasó? ¿Quién… eres? –con aquellas sencillas palabras su pecho dolía sin razón aparente, tal y como si su corazón gritase una verdad que su mente no era capaz de descifrar. Si, en verdad tantas veces había sentido como si ella misma fuese un rompecabezas, como si su mente y su corazón estuviesen desconectados, aislados, incomunicados. Se removió un poco en aquella butaca intentando incorporarse, a pesar de todo, a pesar de estar con un hombre extraño acariciando su mejilla, aun así no parecía temer. Subió una mano a rodar sus largos dedos por su otra mejilla y sentir la humedad, sus lágrimas… seguían cayendo, de forma incontrolable. Si, su corazón gritaba, en silencio, en soledad, incontenible.

-Yo… estaba... tocando el piano…-murmuró débilmente, tal y como si respirase con cierta dificultad, y bajo su mirada hacia su propia mano, temblaba ligeramente; todo su cuerpo parecía tan revolucionado como no había estado en mucho tiempo. Pero aquella revolución, aquel cálido sentir no era para nada desagradable. Curioso, indescriptible, arremolinaba su alma en una marea de sentimientos de la que ahora no era consciente. Mente y corazón separados, ahora solo podían arder en su pecho.

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Re: This empty Castle {priv. Nathair}

Mensaje por Nathair Blaikovsky el Jue Abr 17, 2014 10:30 pm


Y cuan cruel empleado estaba embelesado en la ironía de su sonrisa, de una calidez que había experimentado antes, si, lo había hecho, esa especie de felicidad que le hacía saber que estaba vivo, pero, ¿desde cuando no lo veía?, ¿cuándo había sido la última vez que aquella sensación se extendió por todo su cuerpo?

Aunque hubiera amado admitir que no lo recordaba, hacerse el imbécil aparentando cosas que no eran, no pudo, para nada, porque el castaño lo recordaba perfectamente: el final de aquello fue uno de esos instantes donde debía sentirse feliz, donde estaba con ella, a salvo, cansado, pero vivo, con esa damita a su lado, su hermana, su familia y, al segundo siguiente, todo se había desvanecido ante sus ojos.

El destino era cruel, o eso pensaría cualquier sujeto que amase creer en tan paradójico mensaje, el ruso pensaba que las cosas ocurrían sin un sentido claro, pero no era sino una terrible consecuencia de lo que hacía el humano, el individuo, la sociedad, el colectivo la mente… el conductor de toda esta terrible tragedia encerrada en la profundidad de su oscuridad, de sus sentimientos ocultos cruelmente debajo de una desaparecida sonrisa.

Y el frío… el frío estaba tan presente como de ausente se sentía la verdad.

Sus orbes grises observando el pálido rostro, ensimismado en algo que no comprendía, divisando esas facciones finas y delicadas de una muchacha de tez pálida, nívea, de contextura delgada y aspecto angelical. Pero era real… o eso intentaba hacerse creer.

Necesitaba creerlo.

Le vio en un movimiento simple, sus párpados deseaban darse una pausa y abrirse, por alguna razón el varón se fijo estrechamente en eso, en ese gesto que bien podía derretir el corazón del más tirano. Algunas lágrimas se dejaban secar en sus mejillas mientras el dorso de su mano acariciaba la suavidad de un rostro fino, homogéneo y liso, y esos ojos que, si tuviera que adivinar, descifraría como una perfecta copia de los suyos, fijados en él, como intentando descubrir que era lo que estaba pasando.

Y la pregunta se lo dijo todo, su tono, su removida en aquella butaca y la forma en la que era observado, como si fuera conocido, pero al mismo tiempo no. Lo detectaba, lo conocía,  lo añoraba, pero no lo tenía.

Yo…—, susurro por un momento haciendo una pausa sin saber por qué, separó la mano de  esa mejilla, guardando el espacio personal que, quien sabe razones, había violado indiscriminadamente, —soy Nathair—, optó por decir, extrañado sin dudas, curioso, dudoso.

Tantas cosas, tantas cosas que estaba sintiendo en ese momento.

Un par de centímetros más atrás contempló su cuerpo, ligeramente delirante, temblando un poco, dejado llevar por algo que quizás ella tampoco conocía, parecía que estaba sorprendida de su situación.

Tocabas el piano, pero… te desmayaste—, habló, conservando la cordura de su tono en volumen medio, con un susurro, pero si algo cómodo, —tocabas una hermosa y dolorosa pieza—, murmuró apenas audible, pero con algo de ilusión, fijando sus ojos en un vacío palpable.

Sí, el sonido de ese piano siendo presa de esos dedos, de esas falanges dando su toque, se había sentido tan irreal como todo lo que había ocurrido apenas hacía minutos. Tan fuera de este mundo, de lo ideal, de lo correcto, de lo normal… ¿lo establecido?, no, pero era de verdad, sus ojos, sus oídos, su olfato y su tacto se habían encargado de decirle que no estaba loco, que esto no era otra alucinación que exaltaba su profunda soledad.

Porque se sentía vacío, desde ese momento lo había sentido y ahora, ahora cuando su consciencia llegaba a un determinado instante de la vida, ahora se sentía como un ser único en el planeta, que a veces se movía por hacerlo, que no tenía nadie a quien mostrarle una alegría. Vacío… tan solitario como sus pensamientos de culpa le habían perseguido los últimos años.

Anya… ¿dónde estará ella?, ¿seguiría viva?, ¿pensaría en él?, ¿Anya realmente había existido?

Sí… a veces era presa de realizarse tan torpe  pregunta, ¿cómo podía hacerlo?, porque realmente no le recordaba, no, él solo recordaba el dolor de sus días en aquel cuarto, la impotencia de saber que entrenar, que prometer y esforzarse no habían servido para nada. El dolor   y el olor de la sangre le recorrían, el ardor de la nieve quemando su espalda mientras era arrastrado contra un árbol donde, finalmente, pereció en inconsciencia.

Y le perdió… él le perdió, le dejó ir y no pudo hacer nada, no pudo decirle nada, no pudo hacerla volver a casa a pesar de todas esas veces en las que, falsamente, le prometió que todo iba a estar bien.

Sus ojos se cerraron y, en apenas un segundo, se levantó y miró a otra parte.

¿Por qué pensaba esto ahora?, porque esa dama de aspecto impecable y divino ocasionaba en su desconocimiento todo eso, porque la calidez de un beso olvidado le había recordar que existía una razón para sentirse muerto… y la vida no era necesaria mientras no la cumpliera.

Pero… ¿quién era ella?, ¿quién era esa especie de ángel que bien podría resultar en el fantasma de su culpa?, un sueño…

¿Un sueño?




Última edición por Nathair Blaikovsky el Dom Jun 22, 2014 9:25 pm, editado 1 vez

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Re: This empty Castle {priv. Nathair}

Mensaje por Kiah O. Kandel el Dom Jun 15, 2014 12:49 am

Un beso… un cálido roce, aún parecía sentirse tan presente sobre sus labios aún cuando su mente no fuese capaz de recordarlo; o más bien, aún cuando su propia mente parecía insistir en bloquearlo, bloquear aquello que podría otorgarle a aquel marchito corazón la felicidad y el dolor más grandes que pudiese llegar a imaginar. ¿Acaso estaba en lo correcto¿ ¿Acaso era ese el camino correcto? Si es que a pesar de que sus ojos no reconociesen ese rostro, si es que a pesar de que sus oídos no reconociesen esa voz… su pequeño corazón, dentro de su pecho latía con fuerza, con desenfreno, latía de forma dolorosa, por el, por sus ojos, por su voz, por sus labios; latía por tanto que dolía, dolía demasiado, y por eso las lágrimas no dejaban de brotar, y por eso su cuerpo temblaba marcadamente. Quizás estuviesen su mente y su corazón en un duelo a muerte por el dominio de aquel enterrado querer, de aquellas enterradas memorias y de aquella enterrada vida.

-Nathair…-susurró suavemente aquel nombre cuando el otro se hubo presentado en una actitud ligeramente dubitativa; aquel sencillo nombre, aquellas pocas palabras; escapando de sus labios parecían tan cargadas de emociones en una forma en que no era capaz de entender ¿Por qué de solo pensarlo se erizaba su piel? Y ver sus manos temblorosas mientras la figura ajena se desdibujaba ligeramente al descentrar su vista de ella, y sentir que aún así necesitaba verle, verle más, verle mucho tiempo para grabarse las líneas de su rostro en la mente ¿podría acaso esa dañada parte de su ser guardar con recelo el color que portaban aquellos ojos? Esos que la miraban de esa forma que parecía tan dolorosa, confundida ¿Quién era él? ¿Quién? ¿Por qué deseaba con todas sus fuerzas correr hacia sus brazos? para ya jamás dejarle ir.

-El castillo vacío… es una de mis favoritas…-susurro cuando sus delicados dedos se posaban sobre el apoyabrazos de aquella butaca e intentaba incorporarse apenas, observando a quien frente a su persona desviaba la mirada viéndose tan perdido como ella misma-… esa melodía… a veces siento que refleja mi interior…-susurró suavemente cuando un largo mechón de cabello se deslizaba por su hombro para posarse sobre su pecho, llevando una mano a este para dejar escapar un pequeño suspiro; se sentía conmocionada sin entender la razón de esto, se sentía temblar completamente sin entender el porqué de tales reacciones en su cuerpo ¿sería acaso que estaba a punto de enfermar? Y sin embargo, a pesar de no entenderlo, a pesar de no recordar lo que había sucedido escasos minutos atrás; aún así, muy dentro de su ser parecía saber que había algo más… y ese algo más estaba relacionado a él… a él, ese que permanecía de pie como un niño perdido, asustado, herido. ¿Y cómo era ella capaz de saber tal cosa? No era más que un curioso presentimiento.

-¿Estas… bien? –pregunto suavemente, justo antes de hacer un mayor esfuerzo para ponerse de pie de forma ligeramente dificultosa, sintiendo el helado suelo bajo las plantas desnudas de sus pies, dando un par de temblorosos pasos para acercarse a él y observarle de cerca ¿Por qué seguía tan embelesada con su rostro, con sus ojos? Con esa figura masculina frente a sí. Y una de sus manos se alzó por encima de su rostro con el afán de tocar la piel ajena, más se detuvo a mitad de camino, sintiéndose tan insegura de su propio accionar. Sin saber porque, de pronto comenzaba a nacer un pequeño deseo en su ser, el deseo de saber quién era él, quien era Nathair.

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Re: This empty Castle {priv. Nathair}

Mensaje por Nathair Blaikovsky el Dom Jun 22, 2014 9:51 pm


El susurro de su mente era tan delirante, tan irreal como solo verle allí, a ese cuerpo tan delicado en apariencia, tan blanco y fino que rezaba un simple mensaje que, fácilmente, podría capturar todo su sentir, todo su dolor en una simple y torpe melodía llena de un tempo lento, inhalado y exhalado en la simplicidad de la desesperación, de ver algo que ya o estaba, de sentir al lado a una persona que, a veces, le hacía preguntarse cual era su realidad y si todo esto que había vivido no era más que un sueño, pura ficción.

Soñar… era algo que necesitaba de vez en cuando en la ironía de su arduo laborar.

Tragó entero asintiendo ligeramente con la cabeza, quizás afirmando en un regaño sus palabras, él también sentía que algo no encajaba, algo estaba mal, ¿o demasiado bien?, ciertamente no era lo suficientemente diestro como para comprenderlo, para entender la profundidad de un mensaje envuelto en miradas, en gestos encriptados y sin una firme contraseña.

Nuestro interior es simplemente un cuarto forrado por un cascaron agonizante—, susurró más para él, entendiendo como se sentía ella, ¿lo entendía?

Podía ser de esa forma, sí, ¿cuántas veces se había preguntado por qué seguía con vida?, pasaba día tras días convenciéndose que debía encontrar a su hermana, que ella le necesitaba, que era su culpa el que Anya se perdiera, porque él era su hermano mayor, e responsable, el que tenía que haberse sacrificado por ella y, aún si su padre repetía una y mil veces que el menor Blaikovsky no tenía culpa alguna, no importaba. En lo profundo siempre había un niño allí, aguardando en un columpio y con una expresión tan triste en su rostro como el vacío que reflejaba su mirar justo ahora.

Todavía sentía una necesidad de algo que no comprendía, que no llegaba a captar en su totalidad. Tragó lento, sintiendo un nudo cernirse en su garganta, tanto como esa terrible presión que le acogía y exhaló al escuchar una simple cuestión que tal vez intentaba sacarlo de su cruel letargo. Volteó su rostro y le miró, allí, tan frágil hasta en su gesto para levantarse y dar simples pasos hacia su persona.

Sus mandíbulas chocaron con tensión, ¿por qué repentinamente su cuerpo se cernía nervioso cuando vio esa mano acercarse y parar?, ¿qué era ese rápido latir en el fondo de su pecho?, jadeó, había dejado de respirar por varios segundos y ahora recuperaba el aliento, fijando sus iris grises en las calcadas de la fémina. Dio un paso hacia adelante y levantó ambas manos para tomar la de ella, estaba fría, nerviosa, ¿tanto como él?

Acercó esa mano a su rostro, a la parte más baja de su mejilla, lo más alto que podía, y sintió ese tacto, entrecerrando ligeramente los ojos.

Estoy bien—, murmuró bajo, tal y como sentía aquel ambiente, dando otro paso para tenerle allí, tan cerca como la poca distancia entre sus manos al roce, —solo…—, inhaló, por un momento ese nudo se hizo más grande.

¿Cómo era que estaba perdiendo la compostura de esa manera?, ¿qué clase de persona era esta mujer para su cerebro?, esa era una pregunta general en medio de tantas, porque lo sentía, era como un manto que se lanzaba sobre su cuerpo y le hacia sentir pesado, irreal, aletargado y lento, torpe y sucio, herido y débil… solo, muy solo.

… me duele—, un susurro escapó ahogando un breve quejido y tragó, bajó con su mano la de la dama hasta terminar ligeramente a la izquierda del centro de su pecho, su corazón latía a intervalos regulares aún con los nervios y eso no era más por el tiempo que había pasado entrenando tan simple tontería, —aquí—, finalizó y exhaló.

Colocó su mano derecha sobre el dorso de la nívea piel femenina y se quedó allí por lo que le parecieron eternos segundos… esos donde solo le miró sin poder atinar a nada más.

Tú… por alguna razón—, se interrumpió en la serenidad, —cada segundo… me hace sentir extraño—, soltó ese par de inconcluencias y botó el aire por su boca, decepcionado de su propia forma de ordenar las ideas, pero era lo que sentía, sí.

Ella inspiraba ese dolor en su pecho, un recuerdo que jamás se iría, tal y como la divinidad de una blancura quizás enfermiza. Su rostro, sus facciones, su cabello, todo se mostraba tan inmaculado ante su presencia, ante esos ojos que solo recordaban una cruenta tristeza, dolor, culpa, opresión, ¿quién era ella?

¿Cómo te… llamas?—, intentó preguntar, lento, tan lento como bajo en su volumen, por un segundo el hipnotismo de su mirar le invadió y le carcomió hasta la profundidad, extendiendo una relajación insana que, inmediatamente, fue transformada en pesadez.

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Re: This empty Castle {priv. Nathair}

Mensaje por Kiah O. Kandel el Jue Jul 17, 2014 12:37 pm

Como un castillo vacío, silencioso, solitario, sin vida… así se sentía tantas veces su interior, así se sentía tantas veces ese pequeño motorcito en su pecho que latía solo de forma automática; como un deber que no era capaz de evadir, como un algo que debía ser. Sólo porque sí. Así se había sentido tantas veces desde que tenía memoria, memorias de una vida triste, memorias que envolvían una tristeza aún mayor… un cascarón vacío; si quizás eso era ella en realidad, un reluciente cascarón vacío que seguía permaneciendo en el mundo por caprichos de un destino que no lograba comprender.

Agonizante…─solo repitió aquella última palabra, la que calaba más hondo, la que le identificaba en su ser, en su esencia; agonizante, de vida, de muerte, tal y como si cada día todo su ser se debatiese entre ello, entre seguir con vida, entre dejar el mundo; no era que tuviese un real propósito para seguir adelante, pero tampoco tenía uno para dejar el mundo. Sólo seguía allí, mientras los días pasaban incansablemente, uno tras otro.

¿Encontraría acaso alguna vez la razón de su existir? ¿Encontraría acaso alguna vez el motivo por el cual estaba en el mundo, el motivo por el cual seguía en él? ¿Y es que acaso se vive con un propósito? Debía haberlo, debía haber un porqué, debía haber una razón… ¿habría alguien? Alguien por quien ella pudiese vivir… de alguna forma seguía teniendo las suficientes fuerzas, de alguna forma seguía permaneciendo en pie, a pesar de que la vida le hubiese golpeado tanto; tanto… más de lo que era capaz de recordar en realidad.

Se acercó a él, a ese cautivante mirar que parecía tan perdido como el propio, a esos ojos que parecían esconder una profunda tristeza, trasluciéndose ésta de forma inevitable en el claro gris de sus iris; aquello ojos eran hermosos, los más hermosos que hubiese visto jamás. Sin embargo su mano se detuvo en el deseo de querer sentirlo ¿Cómo podría ella cometer tal osadía? Frente a una presencia masculina que la cautivaba como no lo había sabido hacer nadie más, frente a un latir acelerado de su corazón que no comprendía… frente aquel dolor que la dividía, que la dejaba aturdida. Y sin embargo le sintió tomar su mano, y su piel se estremeció ante tan cálido contacto, estaba cerca, tan cerca como para captar el aroma que le envolvía, como para captar el suave sentir de un cálido aliento desconocido… ¿desconocido era?

Dejó que llevase su mano hacia el rostro que había anhelado sentir, tal y como si el pudiese leer sus pensamientos, tal y como si tuviese una conexión a la cual no parecía temer en realidad; ella que era tan recelosa con todo su ser, ella que solía preferir la soledad, y sin embargo en presencia de aquellos ojos grises habría deseado quedarse allí… solo con él, para siempre. Sus finos dedos acariciaron lentamente el blanco tegumento, cálido, agradable… emanaba un aroma peculiar.

¿Solo? ─apenas preguntó tras las palabra ajenas, tras sentirle tan cerca sin temor alguno, embelesada con el color de sus ojos, con el tono de su voz; hipnotizada con su esencia como una pequeña mariposilla enceguecida con la luz de un foco, no podía apartar la vista de su persona, y no se cansaba de recorrer su ser. Contuvo la respiración escasos segundos cuando le oyó casi susurrar aquello, bajando las cejas suavemente, entreabriendo un poco más sus labios; pareciese como si todo su interior clamase en ese momento por un abrazo suyo… abrazarle y calmar aquel dolor, abrazarle y solo quedarse allí, en la calidez de aquellos brazos desconocidos ¿y es que acaso lo eran? Su mano presiono levemente aquel pecho, y el latir del corazón ajeno volvió a inundar las apagadas ventanas de su alma, sin saber porque, solo verle, solo sentirle, dolía, en su pecho, en todo su ser.

Nathair… siento como si… te conociese de otra vida…─respondió ante la pequeña confesión ajena─… una demasiado lejana… para recordarla…─vidas pasadas sumergidas en la profunda oscuridad del desconocimiento, del olvido; ella se sentía incompleta de esta forma, tal y como si ese trozo de memoria ausente se hubiese llevado al olvido la verdadera razón por la cual sus pies seguían sobre este mundo. Le oyó preguntar y sus labios volvieron a separarse nuevamente, sin emitir sonido alguno hasta segundos después en que lentamente delineo las letras que componían su nombre─ Kiah… ─susurró apenas─… Kiah… es mi nombre…─y aquellas palabras se hicieron eco en el silencioso salón, permanecería ella absorta en la belleza de los ojos ajenos; en su atrapante mirada. Tal y como si se hubiese enamorado de él, en esa primera vista. Pequeñas y cálidas lágrimas volvieron a deslizarse por sus mejillas para morir sobre los blancos mechones de cabello que decoraban su pecho.

¿Es esto real? ¿En verdad existes? ─preguntó de pronto─… o quizás seas… un producto de mi mente…─agregó, y subiendo su otra mano tomo la ajena para llevarla ahora hacia su propio rostro, dejando que sus largos dedos rozasen la pálida piel de su rostro, sintiendo el agradable tacto, la calidez de la mano ajena; de pronto parecía desear envolverse con aquel calor, allí donde se sintiese segura.

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Re: This empty Castle {priv. Nathair}

Mensaje por Nathair Blaikovsky el Sáb Jul 19, 2014 9:13 pm


¿Qué ansiaba escuchar al tan solo preguntar por su nombre?, tal vez, muy en lo profundo de su ser, él deseaba escuchar el nombre de su hermana, de su amada hermana perdida, pero no… este mundo de cruentos destinos no regalaban tales apreciaciones a protervos inmundos y manchados de sangre ajena como él, no… este mundo le tiraba soledad a borbotones aún si estaba rodeado de seres preciados.

Y siempre faltaba lo más importante.

Kiah… aquel nombre resonó como un tambor violento en su interior, como una onda de algo desconocido, pero agradable, acompañando a ese infinito dolor que convivía con el diario palpitar de su corazón, de su mente, sus sentimientos y todas esas culpas que se daba a sí mismo a cada rato, a cada segundo, con cada una de las miradas que le aba a este plano al que llamaban mundo.

Su mirar se apaciguó lento, amable, cuando se sintió llevado en su mano a rozar el rostro ajeno. Era tan suave, tan liso y un poco frío, tal y como la piel de sus manos, con unas leves marcas de que había llorado. Y esas lágrimas cerniéndose nuevamente sobre esa piel tan inmaculada, intocable ante nada, ¿cómo era que le estaba tocando?, no lo sabía, pero, en su estómago, pudo sentir un cierto vacío que se siguió de todas esas ideas desapareciendo, de una mente como la suya dejada en blanco ante tal confesión, ante tal recuerdo.

¿Recuerdo?

Sus yemas tocando la piel femenina subieron delicadamente para quitar todo rastro de lágrimas, no quería ver eso, por alguna razón le dolía hasta el fono de sí mismo ver esas lágrimas en los ojos de la dama, no por la causa, no, tal vez era algo más, algo que aún no entendía.

Dio un paso al frente para acercarse mucho más, pero solo hasta allí, bajando un poco la cabeza para sentir algo de ese aroma tan enceguecedor que, de alguna forma, había comenzado a percibir, bajó la mano hasta su mentón y, con ligereza, alzó su rostro, quería que le mirase directamente, ¿por qué?, acaso… ¿debía existir una razón para eso?, quizás cuando recién conocías a alguien sí, pero, realmente eso no le importaba para nada.

Otra vida… eso suena, cautivante—, susurró muy bajo, sintiendo como el aliento de sus palabras golpeaba el rostro ajeno.

Su mano libre subió hasta tomar el hombro de la dama y se quedó allí, tan solo posada. Su mirar grisáceo se afinó al escucharle declarar sus pensamientos tan solo hacía momentos, un producto de su imaginación, por alguna razón él le parecía eso, una razón que le parecía tan atrayente, tan deseada en descubrir, en escudriñar y comprender.

Yo… soy real—, murmuró lentamente, muy, muy bajo, se había metido en esos ojos tan parecidos a los suyos.

Estaba hipnotizado, lo estaba, su cerebro lo declaraba al momento, pero, no quería marcharse de allí, quería quedarse en esa hipnosis que le carcomía hasta el fondo, que despedía una sensación tan agradable, tan relajante. Tragó entero con una paciencia irrefutable y bajó ligeramente su mirar, su rostro, hasta acercarse más y más al de ella.

Hasta que a distancia se rompió tras el suave contacto de sus labios ejerciendo una leve presión sobre los femeninos, acariciando ligeramente la parte alta del cuello de ella y, tras un par de segundos, separarse.

¿Qué era lo que había hecho?, la había besado, había tirado todo su razonamiento y años de control por la borda y había besado a esa dama guiado por nada más que sus sentimientos.

Somos reales… ¿lo ves?—, musitó casi como un toque final para convencerse él mismo de que así lo era.

Porque no… su consciencia, todo le decía que, este sentimiento doloroso siendo reprimido, pero al mismo tiempo abordándole más y más, no era real, no podía ser real por razones extrañas por fundamentos tan vagos como el hecho de lo que acababa de hacer.

Nada, todo, ¿acaso la razón tenía importancia?

Quien sabe.


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Re: This empty Castle {priv. Nathair}

Mensaje por Kiah O. Kandel el Vie Ago 01, 2014 8:36 pm

Tal como si de un sueño se tratase, como si no fuese algo de este mundo; el estaba allí frente a ella, aunque pudiese parecer tan irreal… sentía su mirada, le escuchaba hablar y sentía su cálido aliento acariciarle la fresca piel del rostro; tal como si tomando aquellas manos, como si solo sintiéndolo cerca el frio pudiese desvanecerse, y la tristeza que la habitaba se pudiese hacer tan lejana… casi imperceptible. Allí estaban los dos, en una especie de ensueño creado por ellos mismos, perteneciente a un mundo en el cual solo parecían existir ellos dos ¿Cómo era eso posible? ¿Cómo era posible que a pesar de que su alma doliese, aquel dolor resultase tan agradable… tan sanador?

Tus ojos… son cautivantes… ─respondió a las palabras ajenas, ¿Cómo negarlo? Si no podía dejar de verlos, si no podía apartar la vista de ese ser que tenía en frente; fuese fantasía, fuese realidad, la tenía tan hipnotizada, como dentro de un agradable ensueño. No haría falta aquella mano bajo su mentón levantando su mirada hacia él, no, estaba perdida en el claro color de sus ojos, en el profundo color negro de aquellas pupilas. Sentirlo acercarse aun más a ella le robo un suave suspiro, ese mismo que había contenido cuando aquellos cálidos dedos habían rodado por su mejilla. Y sintió la mano ajena subir por su brazo hasta posicionarse sobre uno de sus hombros, y su piel se erizó ligeramente solo con ese suave tacto─ ¿lo eres? ¿En verdad? ─no sabía si había una razón para dudar aquello, pero quizás la sola situación, quizás la sola forma en que le hacía sentir, en que su cuerpo reaccionaba a su sola cercanía, nunca antes le había pasado tal cosa con nadie más… y jamás hubiese esperado que pudiese llegar a pasar.

Le vio bajar la mirada, le vio acercarse y simplemente permaneció allí. Y cuando sintió aquella cálida respiración cada vez más cerca simplemente cerró sus ojos, de forma suave y lenta, sin oponerse a aquellos labios que se posaban sobre los propios ejerciendo apenas una delicada presión… tan cálidos, tan suaves… tan dulces si podía decirlo. Dejó escapar un suave suspiro y sus mejillas se tiñeron suavemente de un agradable carmesí cuando le sintió acariciar de forma tenue la parte alta de su cuello y entonces sus pequeñas manos viajaron por el pecho ajeno dejando un camino de tiernas caricias en esos segundos en que sus labios permanecían unidos. Apenas podía creerlo, apenas podía creer que fuese real el suave cosquilleo que se había instalado en su vientre en ese momento y la forma curiosa en que se había acelerado su corazón.

Lo somos… en verdad lo somos… ─ susurró apenas con los ojos entrecerrados mientras una de sus manos viajaba hasta le rostro ajeno, recorriendo su mejilla, su cálida piel, hundiéndose suavemente en sus oscuros mechones mientras mantenía los labios semi abiertos; de pronto quería sentirlo más, mucho más, impregnarse de él, de su aroma, de su calor─ Nathair… ─susurro el nombre ajeno cuando sus dedos pasaron por esos labios que la habían besado apenas hacía escasos segundos, y los recorrió suavemente, con delicadeza, con un pequeño deseo─… quiero más… mucho más de ti…─agregó siendo tan sincera, porque a fin de cuentas solía serlo siempre, pero en ese peculiar estado en que se encontraba en ese momento no parecía sentir vergüenza, no parecía sentir nada más que un profundo deseo de tocarlo, sentirlo…

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Re: This empty Castle {priv. Nathair}

Mensaje por Nathair Blaikovsky el Dom Ago 03, 2014 8:56 pm


Lo somos—, pudo apenas susurrar a sus tenues afirmaciones…

¿Qué era ese sentimiento que le estaba consumiendo justo ahora?, ¿qué representaba ese calor que se extendía desde el fondo y por todo su cuerpo?, era algo tan conocido, sí, podía entenderlo, pero, al mismo tiempo, se mostraba tan lejano, tan dejado en el olvido de una mente como la suya, esa que solo había cosechado frutos secos las últimas primaveras. Inhaló con suavidad sintiendo sus caricias, cerrando ligeramente los párpados. Su tacto, su tacto se sentía tan bien, tan íntimo, pero al mismo tiempo profundo, como si le quemase, ¿cómo rayos estaba sintiendo esta clase de cosas?

No lo entendía, Dios, estaba intentando entender como es que su control, las barreras como era que todo eso se había caído al primer contacto con esta chica, como era que él se había rendido, literalmente, a los pies de una desconocida, porque eso era, lo era aunque todo su cuerpo rezara lo contrario y, al oírle susurrar su nombre, todo aquello se volvió más personal, más de ambos.

Un paso más lejos a lo inentendible.

Sus dedos tocando sus labios y el no poder dejar de mirarla, no, estaba ensimismado en esos ojos mientras todo su cuerpo sentía de todo al mismo tiempo y, al escucharle pedir aquello, no como nada más que lo que era, esas orbes se abrieron ligeramente con sorpresa y un tenue sonroso se asomó por sus mejillas.

Lo sintió, sí, el pequeño pero brutal sobresalto de su pecho. Inhaló, exhaló con una calma majestuosa considerando todos esos pensamientos revoltosos desde el fondo de su ser y el ligero escozor que recorría torpemente su garganta. Sonrió, ¿por qué lo hacía?, ¿debía existir una razón para eso? Entrecerró el mirar y tragó de forma media un par de veces, acomodando su postura, bajando sus manos, o al menos una de ellas, hasta la cintura de la dama, deteniéndose allí, sin nada más.

Se acercó, parecía ser presa de un baile traicionero y brutalmente lento, sí, tan calmado como todos sus movimientos comunes lo eran. Bajó la vista hacia el suelo y, un par de segundos después, la regresó a ella; suave, pero decidido.

Yo… ¿puedo dártelo?—, le preguntó.

Sí, lo preguntó, pero, él tenía una cierta mañana por ser terco cuando se lo proponía y, ¡sorpresa!, hoy todo en su ser estaba mal, todo era lo contrario a lo normal y su terquedad parecía estar tan serena, tan calmada nadando entre todas esas cosas que le agobiaban plácidamente al momento. Se acercó ligeramente, sintiendo el breve roce de sus narices, su postura permanecía algo encorvada, lo normal, y su mano apretó ligeramente el agarre que mantenía en la cintura.

Subió la mano hasta el mentón de ella, subiendo su visión hasta que le alcanzara, hasta que sus labios le alcanzaran con una profundidad algo más marcada que antes.

Sintió su respiración cortarse, era extraño que eso pasase, pero lo entendía, hoy todo estaba de cabeza. Bajó la mano hasta rozar el hombro de ella, apretándolo solo un poco y separándose ligeramente luego de eso. Su aliento, había dejado de lado la lógica y se dejaba llevar por un sentimiento mundano, tonto e ilógico. ¿Tonto?, eso aún no lo sabía, jamás había experimentado esa calidez, mucho menos con alguien que recién acababa de conocer.

¿No te… importa?—, susurró, pero, antes de poder dejarle responder, nuevamente, no pudo resistir la tentación de haber recibido un permiso y le besó.

Sí, Nathair Danilla Blaikovsky acababa de perder la cabeza y, lo peor de todo, es que ni siquiera entendía las razones de aquello.

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Re: This empty Castle {priv. Nathair}

Mensaje por Kiah O. Kandel el Dom Ago 10, 2014 1:30 am

Tales sentimientos, tales sensaciones… tal dulzura, no era algo que hubiese podido sentir con anterioridad, no era algo que su frágil cuerpo hubiese experimentado jamás. Un suave beso, entregado con la mayor delicadeza posible, delicadeza que no conocía y que quizás no había pensado conocer algún día. Un suave camino de caricias en el pecho ajeno, perderse en sus claros y profundos ojos, la triste belleza que se hacía presente en ellos de una forma tan atrapante, tan embriagante. Era real, lo era, aquello era real… a pesar de que se sintiese tan extraño… a pesar de que fuese tan extraño ese curioso burbujeo que se hacía presente en su vientre, a pesar de que fuese tan desconocido el ritmo que ahora tomaba su corazón dentro de su pecho.

Sus finos dedos recorrieron el contorno del rostro ajeno de forma suave y pausada, enmarcando sus facciones, sintiendo el cosquilleo de sus pequeños mechones oscuros; viajando hasta sus labios, sus suaves labios, esos que habían dejado sobre los propios delicados y cálidos roces que le había robado el aliento, que habían logrado encender sus tan siempre pálidas mejillas.

Le vio sorprenderse ligeramente con aquella curiosa petición, esa de la cual ni ella misma sabía que podría ser capaz, pero que a fin de cuentas parecía desear tanto en ese momento… desear sus labios, desear un poco más de aquellos dulces roces; de él. Y su sonrisa le erizó la piel, tan suave, tan hermosa, en alguna forma teñida con la misma tristeza que cargaban aquellos ojos; y una mano se posó en su cintura cuando volvió a sentirle tan cerca, y su mano bajo por el pecho ajeno para posicionarse en el centro de éste… y sentir la tibieza que emanaba de aquella piel desconocida, cubierta por ropajes de agraciado gusto.

Simplemente se dejó llevar, por aquella mano en su cintura, por el cosquilleo de aquella nariz contra la propia, por el cálido aliento que acariciaba sus labios, tan cercano, tan agradable; por aquellos dedos que se posaban bajo su barbilla… y cuando toda distancia fue eliminada, volvió a cerrar sus ojos lentamente. El agradable roce de los labios ajenos le robo un ligero suspiro, nuevamente, y correspondió a aquel beso un tanto más profundo que el anterior mientras aquella mano se deslizaba hasta su hombro. Se animo entonces a subir ambas manos por aquel pecho, a recorrerlo suavemente para observar efímeramente aquellos ojos cuando éstas hubieron llegado a los hombros, entreabriendo los propios con las mejillas aun encendidas… no había necesidad de respuesta alguna, no. Él lo deseaba, ella lo deseaba ¿y por qué no? ¿Por qué no solo dejarlo ser?

Con un suave roce inicial de su parte volvieron a unir sus labios mientras la albina estiraba un poco más sus brazos, rodeando con ellos el cuello ajeno, apegándose un poquito más a él, levantando incluso los talones del suelo para llegar de forma un poco más cómoda a su altura. Suaves roces ligeramente más marcados, ligeramente más profundos, tanto como para poder comenzar a conocer la textura de los labios ajenos, su forma y hasta quizás… un poquito de su sabor.

Cálidas lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos entonces ¿Por qué? ¿Por qué besar aquellos labios dolía tanto? dolía en una forma asfixiante y a la vez placentera, ardía dentro de su pecho, estremecía todo su cuerpo; no pudo evitar aferrarse a él con todas sus fuerzas, no pudo evitar hundir los dedos de su mano en la oscura cabellera del hombre que ahora abrazaba casi con desespero… Nathair, sentía amar ese nombre, de forma tan profunda, confusa, inentendible, indescifrable. Y lo besó, un poco más, casi con desespero, casi como si aquella boca fuese el único medio que tuviese para seguir con vida. Y fue en ese mismo instante que un grito pareció hacerse eco en aquel vacío salón, en la voz adolorida de alguien que clamaba un nombre. Anya, llamaba.

Pero todo aquello en su mente estaba, no había más. Se separó de aquellos labios y se alejo por su cuenta, volviendo a sentir completamente el frio suelo bajo las plantas de sus pies y le miro, con desconcierto con lagrimas desbordando de sus ojos y llevo una mano a tocar aquellos labios que habían sido besados por un desconocido… y sin saberlo, y sin sospecharlo, las comisuras de sus labios se arquearon apenas, levemente, escasamente… una tierna sonrisa se dibujaba en los labios de alguien que creía haber olvidado como sonreír. Y aquello la asustó, más no la paralizo, no, pudo mover trabajosamente sus piernas para retroceder unos pasos más, y conteniendo el aliento durante unos segundos… simplemente huir. Huir de él, de aquella fantasía, de esos labios, de aquellos ojos y aquella voz que parecían haber sido capaces de iluminar los oscuros cimientos de su castillo vacío, aquel que se había llenado de tanta vida en esos efímeros segundos.

Corrió, sin mirar atrás, sobre el suelo frio, corrió hasta que la oscuridad la hubo tragado, hasta que hubo desaparecido de su vista, corrió con una sonrisa en sus labios… corrió con lágrimas desbordando de sus ojos; corrió con una felicidad que no recordaba haber sentido jamás.

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Re: This empty Castle {priv. Nathair}

Mensaje por Nathair Blaikovsky el Dom Ago 17, 2014 4:34 pm


¿Por qué se había dejado caer de esta manera?

Su mente intentaba hacer esa pregunta aún en medio de eso, de la suave caricia de las manos níveas de una dama contra su pecho, de su calor compartido aún si todo aquello parecía ser otra cosa y, por supuesto, de la duda plantada aún cuando no deseaba detenerse. Todo era extraño, lo era porque había bajado tremendamente su guardia, porque besaba de esta forma a una dama, pero, más que todo, era porque todo esto sucedía con una mujer que apenas acababa de conocer, pero que, de alguna manera, le había cautivado.

Sí, aquellos ojos sumidos en la tristeza, la piel de porcelana recibiendo la suave caricia de sus yemas trabajadas… todo eso se sentía tan bien, tan perfecto, casi como si del más profundo y deseable sueño se tratase; en efecto, de eso se trataba.

No se detuvo cuando sintió el leve acariciar de las manos ajenas en su pecho, al contrario, aquello parecía enmarcar de mucha mejor forma aquel extraño momento que ambos estaban viviendo, que él, personalmente, disfrutaba sin entender aún. Uno de sus ojos se abrió mínimamente mientras le besaba y contempló aquel inmaculado rostro, al verle sintió como una pesadez placentera se extendía por todo su cuerpo, y continuó, lo hizo porque sabiamente no podía detenerse, porque, por alguna razón, su cuerpo le quería allí, a ella, a ella…

Sentirse envuelto, el solo ser rodeado por los brazos de ella lo hacía sentir una protección tan rara y al mismo tiempo completamente conocida, tan cálida, tan amable, tan perfecta, tal y como la caricia de un ser amado después de mucho tiempo de no verse, mucho más fuerte, quizás, de lo que hubiera imaginado al encontrar a su amada hermana.

Por alguna razón, al contacto, se sumó una húmeda sensación mucho más lejana que el simple roce y el sabor de sus besos, no, esto eran… ¿lágrimas?, entreabrió el mirar y lo confirmó, ¿por qué estaba llorando?, ¿acaso estaba mal?, no… eso lo supo cuando se sintió más presionado al cuerpo ajeno, él lo deseaba, saber más, saber por qué las cosas eran así, ¿por qué su cuerpo estaba tan débil?, ¿por qué al mismo tiempo sentía que no podría vivir más tan solo a su contacto’, dolía… dolía tanto que era la cosa más placentera que alguna vez hubiera podido sentir…

Entonces dejó caer ambas manos por su cintura y la pegó completamente a s cuerpo, así estaba, hundido, ensimismado en aquel acto que le hacía sentir tantas cosas, que hacía parecer a su muerto cuerpo algo más, que le devolvía la vida, sí… aquello lo había hecho entirse tan vivo otra vez.

Y, tal como comenzó, terminó.

Sintió el femenino cuerpo alejarse de él como la nada y le miró con suma sorpresa, ¿estaba sorprendida quizás?, sí, pero también complacida, ¿era eso?, esa hermosa sonrisa que contempló en un rostro aparentemente triste representaba su felicidad, ¿lo hacía?, cuando le vio correr, cuando le vio marcharse, simplemente no pudo moverse, no, sus pies nuevamente se habían quedado tan prendidos al suelo, tan clavados en esa mueca sonriente que había visto, en la paz que la curvatura de aquellos pálidos labios le habían dado, en el sabor de sus besos, la textura de sus comisuras, la intensidad de su aliento…

Pasó una mano por su rostro luego de varios minutos de estar solo, pudo caminar, y se alborotó los cabellos, ¿qué acababa de pasar?, él acababa de besar, de desear, a una hermosa dama que bien podría ser un fantasma, pero no lo era… no, su alma pedía a gritos que no lo fuera.

No deseaba que esta felicidad fuera una mentira.


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