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Hey Invitado sé bienvenido/a a la SNA, una universidad famosa por su educación, el campus más grande del mundo, y a Alki Strait City, famosa por su gente; por sus parajes y paisajes, pero sobre todo por su imponente presencia. Innumerables cosas, misterios, verdades, pueden sucederse en este lugar, ¿se siente bien?, ¿quieres experimentar el desenfreno de una ciudad que no descansa, de una universidad que es más que eso? Entonces... ¡Deja de observar y entra de una buena vez a este mundo!
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| Chinatown | Priv: Kiah |

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| Chinatown | Priv: Kiah |

Mensaje por Invitado el Lun Mar 17, 2014 3:43 pm

Chinatown}
Alki Strait City | Chinatown | 6:47 pm

Trabajar ocho horas al día cinco días a la semana y otras dos de papeleo los sábados era una gilipollez, demonios, cuando me había aventurado en venir a este sitio, a esta ciudad, no me pasmaba eso de saber que viviría muriendo y desaprovechando mis noches caminando por pasillos, canchas, edificios y dormitorios cuidando que nadie se metiera ni saliera sin permisos respectivos de la facultad.

Pero claro, tampoco es que me fuera la madre del aburrimiento. Encontrar a una buena chica para calmar las ansias no era problema, tampoco era que matara por acostarme con alguien, pero a veces estaba medio urgido y, por lo que tenía de experiencia, las chicas de este lugar tenían el trasero caliente y amaban a tipos como yo para satisfacerlas. Ni me sobraba ni me moría por eso, después de todo solo era sexo casual.

Hoy, por ejemplo, era el primer sábado de todo el mes que tenía libre, al diablo con eso de que la gente trabajaba solo cuarenta horas a la semana, el jefe me cargaba de las malas solo porque descubrió que una chava, que al parecer era su hija, me andaba “pelando el diente”, es decir, la chica coqueteaba y me paseaba sus piernas a diestra y siniestra cada que me veía. Ya, el tío era su padre, pero de allí a penalizarme por ser hombre, era una exageración, así que pedí por mis derechos y, después de decirle mil veces que no me acostaría con la mujer aquella, me dejó en libertad el fin de semana, y el siguiente, para compensar mis trabajos extra.

Me había pasado la mitad de la mañana durmiendo y la otra mitad jugando baloncesto en una de las tantas canchas que tenía esa universidad, después un baño y a caminar por toda la ciudad. Unos chicos me habían hablado del Chinatown que había en este distrito, no me había aventurado a visitarlo, porque aún debía ganarme mi puesto fijo como guardia de seguridad, ¡claro!, uno podía ser muy licenciado en seguridad, tener certificado de escolta profesional y haber pasado todas las pasantías para entrar a este sitio, pero si a los jefes no les agradaba lo que enseñabas, si no tenías dedicación y te aguantabas todo por tres meses, entonces te ibas derechito a casa. Era así de jodidamente molesto y real.

Terminé entonces por vestirme y salir de los cuartos, las residencias donde los tipos como yo, que no podíamos gastarnos ni un duro en alquilar un departamento, y que éramos empleados o profesores de la dichosa SNA, pernotábamos. Al menos tenía un cuarto para mí solo, con cocina, alcoba y una mini sala, además de un baño, era la independencia pura en escasos metros cuadrados, espectacularmente grande para ser yo solo.

Tomé el bus hasta el centro de la ciudad y desde allí seguí solo indicaciones para llegar a las cuadras que formaban el barrio chino. Para mí era casi como pasar de una atmósfera a otra, el ambiente de allí era completamente diferente de lo que ya se me había hecho hábito. Habían muchas personas y, ¿cómo no? Era sábado en la noche, después de las seis, casi siete, y la gente curiosa rondaba todo, incluso yo, que siendo originalmente chino, me aventuraba a caminar, leyendo letrero por letrero y alegrándome de aún recordar el chino mandarín. Hasta que encontré una vidriera que me gusto, era un restaurante.

Y yo… tenía hambre, una de perros.

Al entrar a restaurante me di cuenta de que estaba completamente lleno, rayos, demonios… ¡solo había dos lugares en la barra!, cómodamente situados uno a l lado del otro, así que no me daba chance de escoger en que parte quería quedarme el resto de la hora que estaría allí.

Troné con la lengua y simplemente caminé para sentarme en uno, tomé el menú y comencé a ver que me caería mejor. Lo bueno de estos sitios es que la comida la preparaban chinos de verdad verdad, no de esos que eran mestizos ni nada, que no sabían ni que rayos era un “mein”. Luego de unos segundos me decidí y pedí un clásico: chow mein.

Era algo así como el yakisoba o la paella de fideos con mariscos que preparaba mi madre en España, pero estos sabían mejor, al menos a mi paladar mala costumbre.

References-:
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Re: | Chinatown | Priv: Kiah |

Mensaje por Kiah O. Kandel el Miér Mar 26, 2014 10:36 pm

Delgados y largos dedos sostenía entre sus pequeñas manos; los blancos y fríos dedos de su querida madre. Veía con sumo amor los pocos mechones de cabello castaño que escapaban de aquella coleta ligeramente despeinada, danzando con el viento, cosquilleando de forma caprichosa un rostro inexpresivo. Ella miraba el vacío, la nada, como si no estuviese allí… como si no perteneciese a este mundo.

Kiah beso suavemente la sien de la apagada mujer cuando con sus manos deslizo suavemente su largo flequillo, en aquella pálida piel planto un cariñoso roce y la observó una vez más; ambas habían estado sentadas en silencio en aquella banca de madera, bajo aquel enorme duraznero, solo escuchando el cantar de pequeños pajarillos hasta que la tarde había comenzado a caer. Era hora de marcharse, una vez más, regresar a la realidad de la cual ella parecía ausentarse voluntariamente ¿sería feliz así acaso? Esperaba la albina que al menos en su mundo… ella pudiese estar en paz.

Tras abandonar los terrenos de aquel sanatorio mental, observo las grandes rejas cerrarse frente a ella, un suave suspiro se entremezclo en la brisa vespertina que arremolinaba su larga cabellera y sus pequeños pies comenzaron a caminar. Caminar, solo eso quería hacer; le servía para pensar, para recordar… para despejarse en fin. ¿A dónde ir? no había planeado nada en realidad; sin embargo, cuando sin saber cómo, se había detenido frente a la entrada de lo que parecía ser un “Chinatown” sus ojos se maravillaron con el colorido de los adornos y con las luces que iluminaban los letreros de aquellos negocios orientales. Sus pies parecían haber llegado solos hasta aquel lugar en el momento en que el sol había terminado de ocultarse en el horizonte.

Poco dudo en internarse en aquel sitio, caminando por largas calles pobladas de todo tipo de personas, desde turistas de brillante cabellera rubia hasta asiáticas reales; observaba la decoración, la vestimenta… escuchaba los distintos dialectos, la melodiosa tonada en la voz de algún que otro vendedor que le hacía publicidad a sus productos. En una tienda de adornos decidió adquirir un pequeño recuerdo, quizás no tan pequeño; un abanico rojo que parecía hecho a mano y de forma muy cuidadosa, la agraciada forma de un dragón chino se extendía en toda la tela, con algunas pequeñas decoraciones doradas.

Fue tras cruzar la calle que el delicioso olor que dejaba colar las puertas de un restaurante le hizo recordar que una vez se había jurado a si misma que probaría el tan afamado Chowfan del que tanto había oído y visto, siempre le había parecido un plato bastante vistoso y que prometía una buena combinación de sabores. Ahora que su estómago parecía clamar por algo de comida, aquella promesa propia resultaba una buena opción,

Ingresando al lugar no pudo evitar asombrarse ligeramente al ver lo lleno que estaba, no parecía haber ni un sitio libre más que un solo y único asiento en la barra, justo al lado de un alto joven de cabellera rojiza y aspecto un tanto intimidante; pero a Kiah no le preocupaba eso, simplemente se acerco al lugar y tras dejar en el suelo su pequeña carterita roja justo al lado de la bolsita que llevaba el abanico que acababa de adquirir, observó al hombre trabajar arduamente en la cocina para después fijar su mirada en el menú que sus manos sujetaban con firmeza; allí estaba.

-Un Chowfan por favor…-pidió en un tono suave y cordial al hombre vestido de blanco, acomodando su cabellera mientras esperaba; ese día la llevaba suelta totalmente con un pequeño y delicado moño colorado adornando su cabeza. La estiraba y la enrollaba ligeramente en pequeños mechones, entreteniéndose en esto mientras observaba los alrededores y a las personas comer mientras hablaban tranquilamente; un ambiente agradable ciertamente, inundado del delicioso aroma de los platillos que muy cerca de allí los empleados preparaban a toda prisa.



Apariencia
Chowfan

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Re: | Chinatown | Priv: Kiah |

Mensaje por Invitado el Lun Abr 07, 2014 9:25 pm

Poco a poco se me daba esto de volver a pernotar en una gran ciudad y confirmaba muchos rumores de lo que Alki era para los citadinos y los niños ricos, este lugar estaba lleno de gente como esa, más que todo porque tenían una tremenda y gigante universidad, “el campus más grande del mundo”, era de las primeras líneas que había leído en el folleto de la oferta para empleados y lo que de seguro había seducido a medio mundo, a mí no… yo me iba más por eso de proteger a lo niños y toda la honra de lo que había estudiado, nada de brutalidades.

Pero, nadie se podía creer que yo era un santo, para nada, mientras esperaba mi amado chow mein, los aromas de este sitio daban para pensar en que el sabor me iba a producir hacerlo mi restaurante preferido, tal vez hasta estaría bueno para cenar cuando no quería ni ver la cocina, pero eso estaba fuera de mis límites porque, irónicamente, trabajaba en el turno nocturno, el cual comenzaba a las nueve o diez de la noche y terminaba a las seis de la mañana, desde allí a la rutina, a dormir y todo más.

A un lado mío se sentó entonces una muchachita, voltee el mirar porque algo en ella me dio curiosidad, y me di cuenta de que era; sus cabellos eran muy brillantes, casi como si fueran blancos, pero podía distinguir un rubio excesivamente pálido, eso hasta le daba una apariencia enferma, la cual era acompañado por un cuerpo menudo, una piel nívea y un vestido colorido.

Vaya contraste.

Ella pidió un chow fan y en seguida se me vino a la mente eso de las dietas, solté un bufido sin querer y me volteé para seguir en lo mío, es decir, a la espera de que el dichoso camarero me trajera el pedido, porque vaya que tenía hambre, era algo así como que la tripa se me reventaría antes de darme cuenta por la falta de alimentos. Bien… no tanto, pero sí una de esas gilipolleces.

Los tíos en el lugar hacían buen ambiente, no había exceso de ruido, y eso tal vez radicaba en que había muchos chicos. Chicas y adultos de ascendencia asiática y, por los murmullos, parecían haber sido criados a la vieja escuela, además de que este sitio estaba algo grandecito y tenía su parte para todos. Tal vez la barra había sido predilecta para mí porque… era un burdo solitario, que pena pensarme en semejantes fachas pues.

Al recibir mi plato tuve que echare a un lado para tomar los palillos, siempre era emocionante volver a tenerlos entre las manos a pesar de que, estando en España, solo comíamos con ellos en casa. Los separé y miré a la muchachita de al lado, me daba curiosidad, parecía tan pacífica, pero al mismo tiempo tan perturbada que hasta podría ser algo así como una manifestación espiritual, como una muerta o algo así.

Hey tú— le dije chascando un dedo para atraer su atención, ella se meneaba los mechones — ¿vienes sola?— le pregunté derechito, no parecía haber nadie mirándole y no podía ser un muerto, de lo contrario el camarero no la habría notado.

A menos que él estuviera loco, y eso podría significar que yo también estaba loco. Nada… pensar en semejantes cosas me dejaban dolor en la parte más alta de la coronilla, y no andaba de buenos augurios para someterme a eso.
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Re: | Chinatown | Priv: Kiah |

Mensaje por Kiah O. Kandel el Lun Abr 21, 2014 10:10 am

De forma pacífica y silenciosa pasaba lentamente sus finos dedos entre los largos mechones casi cenizos que componían su pálida cabellera, solía estar tan cuidada por ella misma que incluso parecían tener un brillo especial, ese que solo tiene el cabello sano; pero por alguna razón, en ella solo lograba resaltar un poco más la casi excesiva claridad de su cabellera y de su piel misma. Una apariencia un tanto espectral, si la tenía, no había faltado la pequeña oportunidad en que alguien se hubiese espantado al verla toda vestida de blanco deambular por los largos pasillos de la academia. ¿Cómo explicarles que era real? Si en realidad parecía tan obvio… ella estaba acostumbrada a verse de esa forma, sin embargo a veces parecía tener la ligera y curiosa sensación de que alguna vez sus cabellos habían sido de un vivo color chocolate. Tiempos demasiado lejanos de los cuales no parecía tener registro alguno.

Tras unos pocos segundos de solo embriagarse con el delicioso aroma que inundaba todo el sitio, pudo sentir una cierta mirada sobre sí misma; ligeramente penetrante si, parecía que el joven que estaba sentado a su lado había sentido cierta curiosidad con algo que sus ojos carmesís pudieron haber hallado interesante en su pequeña persona… o eso parecía. Sin embargo no había durado lo suficiente como para que llegase a sentirse realmente incómoda, tras hacer su sano pedido le había escuchado bufar de forma curiosa y entonces aquella aguda mirada se había posado sobre algo más. Rodó sus ojos de forma lenta entonces, observándole casi de reojo; tras pequeños segundos que sus orbes grises dedicaron a estudiar aquel rostro supo que sentía haberle visto en algún sitio con anterioridad, pero donde… era algo que no lograba recordar. Sin embargo volvió a centrar la mirada sobre el espacio de mesa que le correspondía cuando el hombre vestido de blanco se acercó a entregarle su plato al extraño de cabellos carmesí. Le sintió inclinarse para tomar los palillos y entonces suspiró ligeramente, su mirada no demasiado familiarizada con el ambiente oriental aún le dejaba bastante que explorar en aquel solo y sencillo establecimiento de comida; los adornos en las paredes, la decoración, incluso la forma en que las personas se comportaban dentro de aquel sitio… era tal y como si fuese un pedacito de otro mundo, uno que ella no conocía.

Fue tras un repentino chasquido de dedos y una voz masculina hablándole, que su mirada grisácea se desvió hacia los ojos carmesí que anteriormente le habían estado observando, su rostro permaneció inexpresivo durante los segundos en que el joven tardaba en formularle aquella pregunta… ¿y qué quería lograr sabiendo eso? ¿Sería acaso que era raro estar sola en un sitio como ése? Pero si él mismo se encontraba solo. Mirando hacia los alrededores había notado que la mayoría de las personas se encontraban acompañadas por alguien más, pero suponía que solo fuese casualidad; después de todo ir a ese tipo de sitios acompañado siempre se suponía ser mejor.

-Eso parece. –fue todo lo que respondió, desviando su mirada luego hacia el hombre que se acercaba con su plato de Chow Fan, y tras agradecerle con un suave movimiento de cabeza lo colocó frente a ella con sumo cuidado, estirando luego su brazo para tomar también un par de palillos. Los observo siendo sujetados por ambas manos, los palillos estaban pegados de forma aparentemente segura y separarlos le provocaba una pequeña inseguridad ¿y si los rompía? Frunció ligeramente el ceño y comenzó a tirar de ellos con suavidad sin obtener resultado alguno, apretando suavemente sus labios, si lo pensaba, era la primera vez que intentaba usar palillos como esos para comer… ¿lo era en verdad? ¿Era la primera vez? Siempre había parecido algo bastante sencillo en realidad, pero lo que es tan sencillo para uno puede resultar un tanto más complejo para otros… o eso podía llegar a pensar en ese momento. Pero en realidad no era más que solo acostumbrarse a ello, a algo nuevo y a una forma no tradicional, al menos para ella, de ingerir sus alimentos. Tenía toda la voluntad en ello.

Tirando un poco más los palillos finalmente logró separarlos sanos y salvos, y sin siquiera darse cuenta suspiró con un ligero alivio; el plato que a sus ojos deleitaba con los coloridos colores de las verduras y el blanco del arroz cocido parecía invitarle a dejarse llevar y embelesar por el seguramente agradable, pero hasta ahora desconocido sabor del Chow Fan.

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Re: | Chinatown | Priv: Kiah |

Mensaje por Invitado el Sáb Mayo 03, 2014 1:52 pm

Hey, vaya, vaya, estas cositas eran realmente relajantes, el ambiente de este lugar sin dudas me recordaba tantas cosas de mi país, del lugar donde nací, no todas necesariamente buenas, porque claro, quién iba a querer recordar algo bonito de un montón de tíos que solo andaban destrozando su vida de crío desde que le vieron el color de los cabellos y de los ojos. Parda de malnacidos esos.

Moví algo los palillos para tomar algo de comida y llevarla a mí boca, en seguida pude sentir un sabor tan clásico y delicioso, tanto que no pude evitar mostrar esa cara de gusto que pocas veces se me daba enseñar. Bien, bien, tenía que reconocer que al primer bocado esta comida estaba realmente sabrosa, le daría mis felicitaciones al chef al terminar con esto.

Miré a la muchachita responderme, ella hablaba lento, se movía lento y desarrollaba cada cosa suya como si estuviera pensada al milímetro, era demasiado pensado para mi gusto, demasiado técnico y también muy llevado a lo simple, a lo delicado. Exhalé y solté un bufido algo malhumorado luego de eso, le miraba batallar con los palillos, lo hacía tan técnico que hasta me recordaba a un anime donde la chica tímida y refinada se comportaba tan sereno para evitar llamar la atención, pero, ¿qué decir?, la tenía al lado, fuera de eso no había demasiado que se pudiera hacer.

Eres muy poco conversadora— le dije, ella contemplaba el plato con esos cabellos y ese semblante tan pálido, entonces se me ocurrió algo, algo raro viniendo de mí, pero tenía que sacarme la curiosidad de encima.

Me dio algo la vuelta y estiré la mano derecha hasta que mi dedo índice pokeó su brazo izquierdo, la había tocado, lo había hecho…

Vaya, creí que eras un fantasma, pero veo que no— razoné, juro que lo hice como si de un crío enano se tratara, pero es que no pude evitarlo, esa chica resultaba tan rara y tan llamativa al mismo tiempo, como todas las personas raras del planeta.

No evité reír, pero vi algunos ojos raros de las personas alrededor, nada que me interesase de verdad, así que regresé a mi plato y, con los palillos, tomé otro poco de preciado alimento, ese que le hacía tanta falta a mi estómago, tenía mucha hambre, pero me daba mis pausas, especialmente cuando alguien tan peculiar estaba a mi derecha, cosas como esa no se veían todos los días, especialmente cuando no tenía un día libre realmente para nada seguido.

¿Sabes usar los palillos?— pregunté entonces luego de un rato.

Bueno, si tuvo problemas para separarlos, no me quería imaginar como rayos le iba a ser para comer con ellos, y los tíos de alrededor e miraban como esperando que metiera la pata hasta el fondo y así servírsela en risas quizás el mesero o algo así andaba aguardado por ella.
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Re: | Chinatown | Priv: Kiah |

Mensaje por Kiah O. Kandel el Dom Jun 15, 2014 1:52 am

Había podido ver en el rostro ajeno la suave expresión de complacencia que se había apoderado de sus facciones al momento de saborear lo que sea que hubiese pedido antes de que ella abordase su sitio actual; lo cierto era que no conocía mucho de comida china, por no decir nada en realidad, si, estaba ella adentrándose en el mundo de la gastronomía oriental y le había parecido que lo mejor sería empezar por algo básico y reconocido. Aquel saludable y aparentemente delicioso Chow fan.

Si, no había podido evitar mirarle de reojo al momento en que el pelirrojo se llevase la comida a la boca, pero no por ver sus expresiones completamente, sino más bien porque aún le quedaba la pequeña dificultad que le suponía el aventurarse a comer con los palillos y la pequeña destreza que esto pudiese requerir.

Y sin embargo luego de que sus ojos volviesen a posarse sobre el colorido plato de comida que tenía en frente, tras ver el vapor escapar de aquellos pequeños granos de arroz blanco, se dispuso a separar aquellos palillos con tanto cuidado que no estaba obteniendo resultado alguno en realidad ¿debería acaso tirar de ellos con mayor énfasis? ¿Habría alguna forma especial con la cual pudiese separarlos fácilmente? Parecía tan detenida y concentrada en este pequeño pensamiento que el bufido que expulsaba de pronto el grandote a su lado provocaba que pegase un pequeño saltito en sí misma y terminase separando esos benditos palillos de un solo tirón. Quizás ella en esa situación se viese un tanto cómica a los ojos de alguien más que pudiese estar observando su hazaña.

Y se disponía ahora la a tarea de intentar sostener algo de comida con los palillos, nunca antes lo había pensado, pero ¿cómo se suponía que sujetaría el arroz con ellos? la respuesta más obvia sería que entre ellos debería tomar pequeños montoncitos de arroz para así formar pequeñas bolitas de comida que pudiese llevarse a la boca, procurando claro, que éstas no terminasen cayendo sobre su impecable vestimenta.

Parecía haberse propuesto ignorar las palabras ajenas que la acusaban de poco conversadora, se encontraba ahora en ese pequeño dilema de lograr alimentarse sin parecer demasiado caótica en la tarea, y no tenía intenciones de verse demasiado fuera de lugar como alguien totalmente inexperto, aunque ni ella misma sabía porque terminaba preocupándose tanto por detalles como esos. Sin embargo, apenas lograba tomar entre los palillos un poco de alimento de forma ligeramente dificultosa, sentir un dedo posándose sobre la piel de su brazo provocaba que lo dejase caer a causa del pequeño sobresalto que esto le ocasionaba, y aquel pelirrojo volvía a hablarle y la albina le dirigía ahora una mirada ligeramente filosa, nacida mayormente de esa pequeña frustración que la había atacado en ese mismo instante.

-No soy un fantasma, que grosero. –se quejo, frunciendo el ceño al verle reír ¿acaso aquel joven la había tomado como una especie de entretenimiento? No, era más, había estado todo ese tiempo pensando que estaba sentado al lado de un fantasma… uno al cual se le dificultaba comer con palillos. El pelirrojo a su lado lo hacía con tal naturalidad que quizás solo por eso ella terminarse viéndose más torpe aún. Solo teniéndolo cerca, o quizás solo estando en un sitio donde la mayoría eran realmente orientales. Y la pregunta hecha finalmente no parecía tan descabellada en aquella situación, ni aunque fuese sido pronunciada por un completo extraño.

-Es mi primera vez… en un sitio como este…-confesó finalmente, luego de que el suspenso se apoderase de los alrededores tras a pregunta bien fundada del otro; y si, con eso decía todo-… pero parece fácil, solo es… tomar un poco de comida…-comentó frunciendo el ceño, bajando los palillos nuevamente al plato, intentando acomodarlo entre sus dedos y viendo que no obtenía mayor resultado que la incomodidad que le provocaba el fracasar en tomar los alimentos de esa forma. Dejó escapar un largo suspiro entonces.

-¿Te reirás de mi o vas a ayudarme? –preguntó seguidamente de forma quizás un tanto repentina para el extraño, mirándolo fijamente, con el ceño fruncido y una expresión tan seria que quizás en aquella ocasión no ocasionaba otra cosa que gracia, por el sencillo contexto de las cosas.


Última edición por Kiah O. Kandel el Vie Ago 08, 2014 12:49 am, editado 1 vez

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Re: | Chinatown | Priv: Kiah |

Mensaje por Invitado el Sáb Jul 12, 2014 2:40 pm

Estaba comiendo otro poco, esto de ser diplomático no iba conmigo, para nada, ¿quién carajos dijo que a mi me gustaba esto de ocultar cosas?, no sé, todo el que me conocía debía adaptarse a las circunstancias, pero claro, esta tía de aquí no tenía la mínima idea de quien era yo, ¿tenía que comprenderla?, tampoco andaba para eso.

Jugó con los palillo, esa mujer estaba bastante perdida con esto de comer de forma tradicional la comida chica, al ser encarado me encogí de hombros, ¡en fin!, a quien bien pueda.

Está bien, no eres un fantasma, lo siento— solté, ¿qué podía esperar ella al tener semejante porte?, en serio lo parecía, una chica enferma y todo eso, pero, estaba claro que no debía serlo, si fuera una mujer enfermiza estaría internada o siendo cuidada por alguien y, además, no podría estar comiendo en un sitio como este.

Eso zanjaba ciertas de mis dudas.

Le vi hacer el intento de comer con los palillos de nuevo, incluso cuando fruncía el ceño se veía tan… fantasmagórica, y no pude evitar reírme, me hacía gracia después de todo, pero era normal, las personas que no tenía costumbre de comer de forma tradicional solían tener esta clase de problemas y mostrar esas escenas que bien podían hacer reír a un diestro en el asunto, por ejemplo, a mí, ahora, a un lado.

Le miré más curioso cuando me pidió ayuda y tragué todo para exhalar y enseriarme un poco, sí, no todo eran risas y alcohol en el mundo. Dejé mi comida a un lado por un momento y limpie los palillo para mostrarle la forma en como se acomodaban los dedos de mi mano derecha a la estructura.

No es tan difícil— le dije — el palillo inferior es como un apoyo, así que lo descansas entre el pulgar y el índice, y el superior lo tomas como si tomaras un lápiz— sentencié, en realidad era la forma de describir el uso de estas cosas— y lo mueves como una pinza— finalicé.

Luego usé eso para tomar algo de mi comida y llevarla hasta mi boca, para masticar y tragar con la mayor simpleza del mundo, anteriormente ella había dicho que no era de este lugar, eso estaba claro, pero, de China a Estados Unidos es mucha honra.

La gracia de los lugares es descubrir nuevas cosas— me encogí de hombros tras decir aquello porque, la verdad, me pasó algo parecido por el cambio de aires cuando era niño.

Claro, ir de China a España y encontrarme con que a los críos les caía bien, cuando en mi tierra me trataban como un fenómeno, era genial, mucho, me sirvió de mucho, tal vez esta chica pasaba por algo parecido, pero, como bien dice solo éramos compañeros de barra momentánea y ni me importaba el como o el por qué ella andaba en el Barrio Chino, curiosidad, si, ese era el motor del mundo, por eso muchos gatos morían anualmente, y muchas personas, así que…

Calladito me veía más bonito, aunque, bonito es para maricas, soy guapo y lo demás es cuento.

Devolví mi presencia hasta el plato, aún tenía algo de hambre la verdad.
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Re: | Chinatown | Priv: Kiah |

Mensaje por Kiah O. Kandel el Vie Ago 08, 2014 1:33 am

Quizás fuese divertido, quizás resultase entretenido para aquel joven de cabellera cobriza el verle fracasar en tan insignificante hazaña; ciertamente, Kiah no podría jactarse de ser lo suficientemente diestra como para lograrlo a la primera, pero por allí alguien había dicho alguna vez “La práctica hace al maestro” debía suponer, no esperaba ser la primera ni la última a la que se le dificultase comer con los palillos. Aunque claro, el hecho de ver una mujer fantasma, como parecía estarle viendo aquel sujeto, pelearse con un par de sencillos palillos quizás resultase naturalmente cómico a ojos de él y de cualquiera. No pudo evitar quejarse de aquello con cierta molestia sumada a la molestia que comenzaba a sentir con el pequeño fracaso momentáneo… y las carcajadas que dejaba escapar el que estaba sentado a su lado, no ayudaban en absoluto.

Tus disculpas no me ayudan en nada… ─argumentó seguidamente─… menos si lo único que haces es reírte de mí. ─con toda razón, ella no obtenía ganancia alguna de ser la payasa de turno que abogase por entretener la cena de aquel pelirrojo, pero al parecer después de todo el universo era lo suficientemente caprichoso como para ponerla en tal sitio sin aviso alguno. Y si ya le había alegrado la tarde al hombre ahora correspondía que éste le brindase a menos un poco de ayuda ¿no? eso y porque prefería preguntar a quedársele viendo mientras comía a riesgo de verse más extraña aún de lo que al parecer ya se veía.

Le vio enseriarse entonces y aunque pudiese parecer extraño, en verdad limpio sus palillos para acomodarlos en su mano y explicar la forma correcta en que debían ser sostenidos entre los dedos; la australiana observó con detenimiento sus movimientos y la forma en que posicionaba cada palillo, no parecía tan difícil, no debía serlo.

Así que… como una pinza… ─repitió en un suave susurro mientras fruncía el ceño ligeramente, observando los palillos ajenos, observando el movimiento que hacía con ellos para tomar la comida, viendo como se la llevaba a la boca, para después desviar la mirada hacia su propio platillo, observándole con decisión como si le declarase la guerra al Chow Fan─… pinza …─repitió una vez más de forma casi inaudible mientras acomodaba los palillos entre sus dedos de la forma en que el sujeto le había indicado, maniobrando un poco con ellos hasta que logró sentir que los sujetaba con la suficiente firmeza, y acercarlos entonces a la comida. Con algo de inseguridad pero con bastante decisión tomo un poco de comida con los palillos, de forma lenta y pausada la acomodó hasta que por fin pudo llevarla a su boca, y fue glorioso el momento en que al fin lograba probar el sabor de la comida. Particularmente estaba deliciosa.

Eso mismo, por eso me gusta aventurarme a probar comidas de distintos países… aunque corra el riesgo de que grandotes de cabello colorado se rían de mi…─y ahí estaba, su pequeña queja ante la pasada actitud ajena─… siempre es entretenido probar cosas nuevas. ─finalizó, volviendo a centrar su atención en el plato, tomando otro poco de comida ya con mayor facilidad para llevarla hasta su boca, ahora sí podría disfrutar la comida como se debía.

Gracias… por la ayuda… ─dijo después de un par de minutos, justo antes de tomar el vaso en su mano y beber un largo sorbo de jugo, el que hacer después de terminar la comida, quizás diese alguna que otra vuelta más, o quizás solo regresar a la academia; lo cierto era que caminar en la noche era algo que le resultaba de agrado, pero bien sabía ella que no resultaría seguro la vuelta a su dormitorio si se le hiciese demasiado tarde. Y era con ese pensamiento en mente que tras observar de reojo al que tenía al lado el efímero pensamiento de haberle visto antes se cruzaba por su mente ¿estaría en lo correcto? De alguna forma sentía haber visto ya en algún lado esa llamativa cabellera suya.

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