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Delta - 47 {Elizabeth}

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Delta - 47 {Elizabeth}

Mensaje por Minato Hamilton el Mar Ago 05, 2014 10:55 am

Martes; 11:22 am // Clima despejado, ligeramente templado // Vuelo Delta - 47 // Uniforme de Minato

Vuelo Delta 47, ese era el nombre del vuelo que había tomado, y no, no era ningún placer, no viajaba a Europa por placer, al contrario. El vuelo se dirigía a Suiza y sin escalas, algo perfecto para lo que se suponía que haría el día de hoy. Acomodó su corbata y carraspeó para tomar su cabeza con algo de decepción y acariciar sus cabellos... sin sombrero, siendo burlado por esto por uno de sus compañeros de asiento. Hoy era un hermoso y guapo azafato.

Las cosas eran tan simples; hacía un par de semanas había recibido un encargo, una misión, en la cual le indicaban el traslado de un testigo importante en un caso de orden internacional desde Alki Strait hasta Zúrich, para presentarse en una audiencia en una Corte Internacional ubicada en la ciudad. El nombre del sujeto era Dylan e iba protegido por un agente del FBI designado visiblemente a su cuidado y, además, escoltado secretamente por dos agentes de Shinobi.

Sí, eran dos.

A esta misión su mejor amiga también había sido llamada, claro, Elizabeth era una piloto certificada y muy buena, sus referencias lo daban por hecho, ella pilotaría la aeronave comercial y estaría también como un boleto de salida por si se llegase a presentar una situación de extremo irregular, nunca había que perder la calma. Se había redoblado la seguridad del aeropuerto y también las revisiones al equipaje y a los pasajeros, trasladar al testigo en un vuelo privado era demasiado peligroso, entonces… solo quedaba un avión comercial. Y apoyo, mucho apoyo, el Departamento de Estado lo sabía y por eso pidieron el apoyo de la Shinobi.

Era simple, debían llevarlo a suelo suizo, donde lo estaría esperando una escolta especial que le trasladaría a donde debía ir.

Pero, mientras tanto, el rubio tan solo intentaba recordar toda la información que había memorizado la última semana al entrar por “traslado” desde Los Ángeles en la misma aerolínea, en realidad no había mucho por hacer, aquí era el chico nuevo, así que debía aprender como se manejaban las cosas con una tripulación que estaba acostumbrada a estar junta.

Entonces, debemos esperar que los mayores terminen su ronda y luego nosotros tendremos que atender a los pasajeros—, escuchaba departe de un compañero, su nombre era Andrew, de él sabía que era auxiliar desde hacía dos meses y tenía veinticuatro años, —será divertido Erick, ya lo verás… doce horas enteras de paz y tranquilidad en el aire—, le nombró y sonrió.

Sí, Erick Spencer, esa era la identidad que estaba usando por ahora, una de las tantas que tenía para distintas ocasiones especiales. Sonrió y recibió el aviso para ir a inspeccionar los vagones desde la clase turista hasta la primera clase, cosa de que las personas estuvieran en las suyas y sin ningún sobresalto.

Así lo hizo, abandonando el pequeño espacio que existía entre el vagón de primera clase y la cabina de los pilotos. Recorriendo ida y vuelta todo, siendo observado por varias personas, y también observando ligeramente al testigo, este estaba en clase turista, fila B, asiento número ocho, su guardia estaba en la fila B, asiento número siete, alrededor no parecía haber nada raro, pero las cosas no eran seguras, debía estar alerta.

Terminó la revisión y abrió la puerta de la cabina de los pilotos, asomando ligeramente la cabeza.

Señores, todo está bien con los pasajeros—, informó, aquello sería su trabajo cada dos horas, es decir, le quedaban cerca de seis turnos más. Abandonó la cabina y regresó a su asiento; su compañero estaba haciendo revisiones en otras partes del avión, ese que se había tomado la molestia de recorrer  y revisar un par de horas antes, solo por curiosidad.


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Re: Delta - 47 {Elizabeth}

Mensaje por Invitado el Miér Ago 13, 2014 4:42 pm

Delta – 47
Martes; 12:30 pm +  Clima despejado, ligeramente templado + Vestimenta

El despegue del vuelo Delta se llevó a cabo a las ocho con veinte minutos de la mañana, hasta el momento había trascurrido cuatro horas del vuelo y con respecto a los datos que tenía cada dos horas los pasajeros seguían en orden, no había nada fuera de lo normal.

Cosa que tranquilizaba a Elizabeth, que en encubriendo su identidad se hacía llamar Isabelle Belcher, piloto del vuelo comercial y llamada a sustituir el piloto al último momento. A su lado tenía una conversación con su compañero de vuelo. El copiloto con cinco años de experiencia llamado Darren Monroe, con quien en esos momentos mantenía una charla amena.
 
Volar acompañada siempre le gustaba, mantener una conversación con el copiloto mientras mantenía un avión sobre el aire era relajante. Pero a quien engañaba por más misión que fuera, Eliza estaba disfrutando aquello. Aunque mantenía sus instintos en alerta, estaba en riesgo la vida de los inocentes del vuelo Delta – 47, además del testigo de importancia para resolver uno de los casos importantes de la fiscalía de Suiza.
 
Ahora mismo llevaban alrededor de la mitad del vuelo, por lo que debía escuchar a Anthony dándole la señal que todo iba en orden, ya habían pasado dos horas desde la última señal. Observo la hora y le dio un plazo de cinco minutos para escucharlo, si no lo hacía antes significaba que había complicaciones y estaba preparada para poder actuar rápido.
 
Sin embargo, sentía algo en el estómago; siempre le pasaba cuando hacia misiones junto sus compañeros. Presiono un poco sus dedos al manubrio y observo de reojo a su compañero. — Darren — llamo por el nombre a su compañero — Erick, no nos ha avisado — puso al tanto — levántate y sin salir de la cabina del piloto, revisa que todo marche en orden — comento.
 
El hombre de cabellos rojos, de nacionalidad suiza, sin preguntar el motivo de la preocupación de su compañera hizo caso a la orden. En el momento que abrió la cabina de pilotos no noto a los azafatos, cosa que extraño y noto cierta anomalía en los pasajeros. — Tenemos un problema — fueron las palabras que alertaron a Elizabeth quien había revisado su arma que llevaba dentro de su saco. — No veo rastro ni de Andrew ni de Erick — comento Darren volviendo a su lugar y función.
 
— Darren, quédate al mando durante unos minutos — comento Elizabeth, recibiendo una cara de confusión por parte del mayor. — Solo haz lo que digo — comento, sin darle tiempo a reprochar. Se levantó una vez que el mayor tomo el control del avión, salió de la cabina del piloto acercándose a su objetivo principal, se acercó al testigo y al lado noto al mismo hombre escolta que estaba al lado, vivo y eso era de importancia para Eliza.
 
Él problema y la pregunta principal era ¿dónde estaba Anthony? Recorrió el pasillo hasta llegar a la zona de turistas, sin verlo. Inquieta, regreso a la zona de clase alta notando como el testigo se levantaba y detrás de él una cara que no le era familiar con la del escolta.
 
— ¿Disculpen? ¿Dónde van? — comento, observando la cara del testigo que parecía nervioso, alzo un poco la mirada al notar un sujeto que había visto unos asientos detrás de Dylan y el agente. Se hizo un lado, notando que el agente estaba contra la ventana, ¿dormido? No lo creía en esos momentos.
 
El hombre de traje azul respondió a la pregunta diciendo que irían al baño, y de los labios de Eliza salió una sonrisa tenue. — Para ir al baño, no necesitan dos — poniendo sus manos contra la espalda, buscando su arma a la cintura de su falda, pero el tipo fue más rápido al sacar su navaja y ponerla contra el cuello de Dylan.
 
— Déjenos pasar, señorita — menciono el sujeto, y al tiempo Elizabeth saco el arma anunciando en forma alta — ¡Todos al suelo! — dio la alerta y escuchando los gritos de alerta maldiciendo por dentro al no encontrar a Thony.
 
— Baja el cuchillo, lentamente. Si das un movimiento en falso; disparo — comento apenas, extiendo la mano hacia Dylan — ¿Dónde está Erick y Andrew? — interrogo a lo que solo escucho una risa. — Andrew, se encarga de Erick.

Aquella respuesta hizo sudar a Eliza, aquello iba mal, muy mal. 
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Re: Delta - 47 {Elizabeth}

Mensaje por Minato Hamilton el Sáb Ago 16, 2014 10:26 pm

Había escuchado de parte de los mayores que debían ir a inspeccionar algunas cosas en la cabina trasera de los miembros de la tripulación, en ese lugar solían prepararse las cosas que, más tarde, les serían dadas a los pasajeros, como sus comidas y otros, esta estaba especialmente dedicada al vagón de clase turista y semi-turista, mientras que, la extensión de la delantera, se dedicaba en expreso a la primera clase. Minato pensaba para sus adentros que aquello era curioso, siempre se aprendía algo nuevo trabajando para la Shinobi y, entre esas cosas casi siempre había puntos negros, bastante anchos y profundos en la mente, como por ejemplo, ahora.

Andrew le había llevado para que le sirviera de ayuda al repartir los primeros alimentos a los pasajeros, al pasar por la fila donde estaba el testigo pudo notarle algo exasperado y, también notó que su escolta parecía estar dormido, eso no estaba bien, era un comportamiento anormal y completamente indebido, solo por eso se detuvo, quería preguntarle si yodo estaba bien, pero Andrew, hombre castaño, tan solo le apresuraba diciendo que los pasajeros se molestarían al más mínimo retraso.

Ya lo revisaría al regreso, aunque bien sabía que aquel sobresalto no se iba a marchar así de fácil.

Al llegar al vagón trasero encontró todo vacío, cosa rara, normalmente –según había leído- en este lugar debían haber al menos un par de personas preparando todo para los pasajeros y la tripulación de cabina, mas no había nadie. Entró a la cabina con sus dudas, su cuerpo estaba ligeramente tenso y notó el incómodo silencio que no se iba a molestar en romper.

Erick… ¿no te paree curiosa la forma en la que los aviones vuelan y vuelan por el cielo?—, escuchó de parte de Andrew, quien ahora sacaba algunos vasos y comenzaba a servirlos con té.

¿Eh?, ¿qué clase de pregunta es esa Andrew?, supongo que es porque la ingeniería se desarrolló para que “el hombre pudiera volar”, ya sabes, todo eso es famoso—, alzó ligeramente los hombros y rió, escuchando al otro reír y afirmar a la par.

El rubio comenzó entonces a acomodar algunos sándwiches en sus bandejas y atravesó la cortina para llegar a la parte trasera de esa especie de compartimento, allí encontró algo que no le gustó: sangre.

Sus ojos se abrieron rápidamente, pero, justo antes de que pudiese hacer algo, sintió algo posarse detrás de su cuerpo, fácilmente se distinguía la forma del cañón de una pistola siendo presionada contra su espalda, exhaló y se quedó quieto, sí, había bajado la guardia.

¿Andrew?, ¿qu-qué estás haciendo?—, preguntó fingiendo un tono sorprendido, haciendo que su voz y su cuerpo temblasen ligeramente, pero, al mismo tiempo, pensando cómo rayos salir de esta.

Bueno… me caes bien Erick, así que, ¿no es obvio?—, fue la respuesta que le dieron, siendo forzado a alcanzar hasta la puerta del refrigerador de carnes y legumbres que existía, —abre la puerta—, le fue pedido.

A regañadientes obedeció, debía ser prudente ya que, a pesar de todo, estaba siendo apuntado con un arma, supuestamente él estaba en desventaja. Respiró hondo y, al abrir la puerta, encontró dos cuerpos entre la carne, esas eran las dos personas que debían estar a cargo. Fingió un rostro impresionado, mucho más de lo que realmente debía estar y tragó entero, notando como el otro parecía reírse y aflojar un poco su agarre.

Erick… me caes bien, pero… lamento decirte que este será tu primer y último vuelo, el de todos—, soltó una risa y pudo entenderlo.

Esto era algo así como un acto suicida, eso o simplemente amenazarían con el fin de obtener algo más grande, algo más que un simple testigo de un caso importante. Cerró sus ojos y calmó su agitada mente, no podía zafarse de estas cosas si no pensaba con serenidad. Sintió una mano moverse para darle vuelta, de seguro quería meterle allí y luego dispararle, pero, antes de que el tipo castaño pudiera hacerlo, el varón rubio se giró con la suficiente fuerza para sorprenderlo y hacer con un tirón de mano que la pistola cayera a un lado, quedando hora en un enfrentamiento a puños.

El tipo parecía fuerte, incluso logro conectar un derechazo que le laceró levemente el labio a la derecha, pero, Minato estaba acostumbrado a estas cosas, no debería ser un desafío y, en efecto, con todo el dolor de su alma, tomó la cabeza del sujeto y la estrelló repetidamente contra la pared del refrigerador, hasta que este no se movió. No era solo él, no, en este avión habían más de doscientas cincuenta personas… y ella, egoístamente, para él, eso era lo más importante.

Se deshizo del hombre, tomó la pistola y cerró el refrigerador, ya después tendría que registrar aquello, pero, lo que más le molestaba era ese murmullo de temor que venia desde afuera. Se limpió la boca aunque sabía que aún sangraba, que su traje se había ido al demonio, no, al salir de la cabina notó como todos los pasajeros parecían correr hacia el vagón de la clase turista y, al preguntar a alguno que pasaba, solo le dijeron que alguien en primera clase había sacado una navaja y que la piloto apuntaba con una pistola.

Maldición.

Trató de esquivar a todo el mundo como pudo y corrió hasta llegar a la cortina, quedándose allí por un segundo, toando aire entre el revuelo de los vagones vacíos. Tomó el arma, esta tenía sus municiones completas, supuso que Andrew la había recargado luego de asesinar a los otros dos tripulantes, entonces se metió ligeramente a un costado, escudándose con el marco de la cortina, a la derecha, y allí pudo ver la escena con más claridad. Elizabeth apuntaba al sujeto, el cual estaba a un ángulo de, aproximadamente, unos cuarenta grados a su posición, sosteniendo al testigo y amenazando su cuello con una navaja, justo como lo descrito. Solo entonces buscó la mejor solución.

No había tiempo, no podía haber solo dos sujetos así en este avión tan grande. Chascó con la lengua y apuntó con la pistola, sosteniendo su muñeca derecha con la mano izquierda para mantener el equilibrio, haciendo salir el cañón mínimamente entre la negra cortina, solo en ese momento cerró un ojo y disparo, y le sintió caer, abriendo entonces la cortina rápidamente y, sin mediar palabras, tomó al sujeto sabiendo que sería seguido, corriendo hasta pasar a la cabina ya vacía del personal de vuelo. Cerró la puerta y respiró hondo, fijando sus ojos en la puerta abierta a la cabina de los pilotos, allí solo estaba el copiloto, presumía que Eli lo había dejado a cargo, él parecía estar curioso por todo, pero jamás dejaría su lugar.

Se dejó caer ligeramente sobre el respaldo y, por primera vez, aguardó en silencio siendo observado por un asustado testigo.

¿Estás bien?—, preguntó, el testigo asintió, pero la pregunta no iba dirigida a él, — ¿estás bien?—, volvió a preguntar, esta vez fijando sus azules ojos en el rostro de la pelirroja. Se quitó el sacó y lo dejó a un lado, aquello no era más que ciertamente incómodo.

Alborotó sus cabellos y razonó.

Tenemos aproximadamente un minuto antes de que vengan y caigan esta cabina a disparos, o nos vuelen a todos. Andrew está muerto, junto a dos personas más de la tripulación. Cuando Andrew me llevó a la cola del avión mencionó algo sobre que “todos moriríamos” así que puede que todo termine a peor si no se cumplen sus demandas—, razonó rápidamente, como hablaba cuando su cuerpo entraba en “modo trabajo”, —el agente está muerto, los pasajeros deben estar siendo puestos al tanto de algún secuestro justo ahora, así que… solo tenemos este espacio, las comunicaciones deben funcionar, así que sería conveniente avisar a tierra sobre esta situación, ya que los pasajeros van primero—, terminó, revisando el arma de fuego, solo había gastado una bala. Los pasajeros iban primero y, a pesar de ser su deber rescatar a ese tipo con vida, sentía la extrema pesadez de decenas de vidas inocenetes amenazadas sin sentido.

Por supuesto, Minato solía usar muchas armas distintas para estos casos, su navaja y la pistola que estaban por allí, así como otros equipos que debía buscar a lo largo de un par de asientos en el lugar, pues, aunque prefería el cuerpo a cuerpo y la estrategia, bien sabía que eso no funcionaba para siempre.

Como por ejemplo ahora, cuando se escuchaban los pasos más fuertes venir hacia ellos. Solo había una solución sin saber cuantos eran, debían echar al testigo a la cabina del piloto y ver qué sucedía. Era una cosa decirlo, y otra hacerlo.


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Re: Delta - 47 {Elizabeth}

Mensaje por Invitado el Dom Ago 31, 2014 2:53 am

No planeaba alertar a todos los pasajeros con un disparo, sin embargo los planes de Minato iban a ser diferentes, y de pronto se vio llevada hasta la cabina de vuelo. Tanto que tuvo que acomodar su armar, y ponerla en el ligero al interior de su falda con el seguro puesto, hasta tomarse un respiro observando al testigo, y luego a Minato; no pudo evitar reír apenas al escucharlo preguntar aquello y como el testigo parecía darse más importancia de la debía.
 
— Estamos bien — musito y se acercó hasta su copiloto, pendiente del raciocinio de Minato. — Darren, tenemos una situación de emergencia — le comento, mirándolo — te vas a hacer caso del avión mientras que nosotros lo solucionamos, ¿entendido? No puedes dejar el comando del avión y avisa a la torre de la situación de emergencia — agrego, recibiendo un si dudoso del hombre mayor. Seguramente estaba confundido, pero no podía ponerle a explicarle la situación.
 
Camino de vuelta hasta donde estaban el testigo Anthony, para tomar de la mano a Dylan — escúchame claro, vas a ir al asiento del piloto y no tocaras absolutamente nada — ordeno, mientras cedía su sombrero, dejando caer sus cabellos rojos como cascada por su espalda, una vez dicho las indicaciones observo a su amigo.
 
— Anthony — chasqueo los dedos para que prestara atención, — toma — extendiendo su arma sacándola del ligero donde antes la había puesto, — yo no la necesito — comento de forma segura, y sonrió apenas. — Ahora escúchame, quedan aproximadamente cuarenta segundos para que nos golpeen la puerta de cabina — explico mirándolo.
 
— Esto es lo que haremos, Thony — comento, buscando en una gaveta de la cabina hasta encontrar uno de los paracaídas el cual desarmo para cortar parte de la tela lo suficientemente grande para empezar a tapar la puerta de la cabina de vuelo sosteniéndola cada esquina superior con cuchillos; luego observando a su amigo.
 
— Me deslizare cuando abran por la puerta, la tela dará tiempo para que le disparares a la cabeza. Mientras tanto yo puedo ocuparme de algunos fuera de la cabina — comento, y no había tiempo para reclamos; era bastante arriesgado pero ahora no importaba.
 
— Thony, cuídate — fue lo que susurro, y al escuchar como abrían la puerta de la cabina corrió hasta deslizarse por el suelo aprovechando para botar como si fuera una chuza de bolos a uno de los sujetos, encontrándose dos tipos que la miraron de mala forma, de un salto hacia adelante pudo esquivar uno de los golpes, mientras se las ingeniaba para desarmarlos y ayudándose con su chuchilla que parecía ser como un complemento de la mano propia de Elizabeth.
 
Provocando de esa forma heridas en los brazos que los obligaban a soltar las armas, y consecuentemente a quejarse y maldecir a la pelirroja. En una oportunidad pudo dejar noqueado a uno de los sujetos, para luego observar al rubio sin embargo es ese preciso momento de distracción escucho un disparo de uno de los sujetos que logro alcanzar la pistola y la bala se instaló en el costado derecho de Elizabeth.
 
La cual no fue capaz de soltar un grito de dolor, ocasionando un desbalance en el equilibrio de la pelirroja terminando por recostarse en una de las paredes del avión. — Maldición — gruño, jadeando de dolor y sintiendo como la sangre empezaba fluir hasta dejar una mancha roja en su blusa.
 
Al azar la vista pudo notar como el tipo que le disparo se acercaba, sin embargo en las fuerzas y adrenalina que a Elizabeth le quedaba pudo lanzar el chuchillo que mantenía en su mano derecha, en un certero puñal al hombro derecho debido a que el pulso le tembló al lanzar el arma blanca.

Maldiciendo mil veces en su mente, al sentir como le dolía al tratar de moverse. — ¡Thony! — tuvo que gritar, aquel tipo la iba a matar y ella no podía moverse.
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Re: Delta - 47 {Elizabeth}

Mensaje por Minato Hamilton el Dom Ago 31, 2014 10:27 pm

Exhaló pesadamente, al menos estaba bien, sí, eso era lo más importante para él y nada ni nadie podría cambiar el hecho. Fue cuando tuvo que escuchar la estrategia de Eli; el testigo, que se llamaba Dylan, parecía estar muy nervioso, y no era para menos, ¿qué podía hacer aquel sujeto?, era solo una persona que había estado en el lugar menos indicado, en el momento menos indicado,  aunque para todos pudiera parecer lo contrario. Pero estar involucrado en estos asuntos era una porquería completamente detestable.

Asintió ligeramente, a un lado de las dobles identidades todo se había hecho a un solo canal, a su mano recibiendo otra pistola y guardándola en la parte trasera entre su piel y la trabilla del pantalón, a Elizabeth poniendo en marcha su peculiar estrategia y él, en las suyas, apuntando ligeramente y, en un abrir y cerrar de ojos, el espectáculo comenzaba.

Cuídate… rayos, como si no le doliera a los mil demonios verla ponerse en tal peligro, exponerse, no, si fuera por Minato ella se quedaría en una casa de cristal, pero él no era nadie, no era nada más que un amigo,  y así debía seguir siendo.

Y la puerta se abrió. Sus sagaces ojos captaron al artífice de aquello y, con dos limpios disparos le vio tirado en el suelo y escuchó un grito de parte del copiloto, no parecía entender demasiado, pero las respuestas estaban para después. Dio un par de pasos recibiendo a un sujeto que Eli se encargaba de distraer y le disparó, ¿cuándo se había hecho con el derecho de acabar vidas así de fácil?, sencillo, se sentía con el derecho porque ella estaba allí, arriesgándose por un tipo, por un caso, una misión y una estúpida organización.

Otro disparo, no… ese no había venido de su pistola.

Sus ojos se abrieron a sobre manera cuando escuchó aquello y le vio, uno de esos malnacidos se había dignado a dispararle a ella, no… esto era como, la nada. Sintió como sus mandíbulas chocaban y como su corazón se aceleraba en una milésima de segundo, su grito, su ayuda. Otro de los sujetos se le acercaba y tan solo le dio un codazo, apuntando directamente a quien amenazaba a la dama  y disparando sin chistar justo al centro de la parte trasera de su cráneo, siendo consciente de cómo la sangre y el cerebro del tipo se desparramaron alrededor e incluso en su ropa al verle caer.

¡Elizabeth!—, gritó fuertemente, desviando su atención por un instante a ella, corriendo y notando como otros sujetos venían desde el fondo del otro vagón, chascó con la lengua, —maldición—, musitó viendo esa blusa impregnada en sangre y su rostro, su rostro claramente mancillado en una mueca dolorosa. La bala, la maldita bala de los malditos sujetos… ellos habían osado importunarla.

La alzó en brazos en cuestión de nada y corrió a la cabina del piloto, siendo consciente de que solo tenía segundos, siendo consciente de que quería destruirlos, quería aplastarlos, quería acabar con ellos. Su cerebro procesaba cosas tan rápido, lo que haría, la forma en como se daría la vuelta apenas dejarla allí, porque debía dejarla, sí, ¿tenía que hacerlo?

Se deshizo de su corbata al dejarle en el piso de aquel lugar.

¡Tú, ven aquí!—, exigió, en ese momento no importaba nada, al testigo, quien temeroso se acercó, —quiero que aprietes su herida sin importar lo mucho que se queje—, dijo para sacarse la corbata y dársela al otro tipo, —y que no se levante—, exigió, esta vez mirándole.

Pero, ¿qué había en su mirada?

El afinado mirar que lanzó podría ser suficiente para denotar lo que sentía en ese preciso instante. Ira, mucha ira, estaba furioso, habían lastimado a su familia, su preciada familia, sí, estaba avergonzado, no había podido evitarlo; pero, sobre todo eso… había equilibrio. El maldito equilibrio.

Tragó entero tomando su pistola y sintió aquel paso y el brazo alzándose para apuntar u arma en su contra. Bajó la postura y le tacleó, llevándose a dos con él y tomando la pistola para dar uno, dos, tres golpes con la cacha del arma en el rostro del otro, suficiente para que se entretenga en la nada. Fue tomado por el otro, pero, ¿acaso este tipo –de rasgos asiáticos muy meridionales- era un idiota?, no, ellos osaron dañarle, entonces ya no había nada, ellos ya no eran nada y él se encargaría de hacérselos saber.

Ustedes… morirán hoy—, susurró muy bajo, casi como si en aquello se escondiera una plegaria de disfrute, —me encargaré de eso—, sonrió, unos ojos afilados adornaban la mueca sádica que precedía ese anterior angelical rostro.

Y su cuerpo se movió con una agilidad mostrada tan contadas veces,  disparando al varón en el cuello, en el pecho, en el abdomen; repitiendo el proceso con aquel que parecía recuperarse de los cachazos, su cabeza, no, no le bastó con la cabeza, también las piernas, y tiró la pistola, para sacar aquella que la pelirroja le había dado y soltar el seguro, para disparar a la distancia a uno de los que se acercaban y correr hasta allá.

Solo un poco más…

Un codazo en la boca del estómago de otro y los gritos de los pasajeros al fondo de ese vagón, al inicio del siguiente, ¿Cuántos iban?, su mente pensaba en aquello justo cuando daba otro disparo limpio al pecho, más de seis, ¿cuántos eran?, quien sabe.

Entrecerró el mirar ya muy mínimo cuando, entre vestigios de locura y responsabilidad, su arma se vació y, tragando tan solo una vez, dejó ver una patada en el rostro  de un tipo medianamente común, esa era su postura, la de todos en ese pequeño pasillo donde yacían. Miró a un lado y tocó el asiento para sacar una daga. Sonrió. De nuevo esa sádica mueca que tanto le dio y pasó sobre una fila de asientos al verse acorralado por uno que gritaba en claro árabe, ¿acaso estaban relacionados con ellos?, eso era una pérdida de tiempo. Saltó sobre otra fila de asientos y le tuvo de frente, su mirar podía captar claramente a la dama allí, en la cabina, pero su aparente alegría era otra cosa.

Inhaló y, al verse encimado, simplemente se movió y cortó desde la ingle hasta arriba, ¿de dónde sacó la fuerza para semejante corte?, quien sabe, pero la sangre no tardó en sumarse a su colección, a esa que manchaba toda su ropa, sus manos y la parte inferior de su rostro y frente.

Y no vino nadie más… ¿estaba hecho?

Lo estaba, sí, Minato, ya no había nada que temer.

Sus ojos se cerraron al sentir un ligero mareo cuando toda la adrenalina cayó y sintió que se quedaba sin fuerzas, en medio del pasillo dio un par de pasos entre cuerpos, de repente estaba desorientado, ¿cómo había llegado hasta allí?, un par de pasos más, para quedar casi a la puerta de los sobrecargos, y sintió como sus rodillas tocaban el suelo, exhaló, con mucha fuerza.

¿Qué había pasado?

Miró al frente, a Elizabeth, ella estaba herida, pero, entre esquivar los cuerpos, se dio cuenta que aquel que le había disparado ahora estaba muerto, de hecho, todos estaban muertos. ¿Él había hecho eso?

Sacudió su cabeza, no, se levantó y fue hacia ella, no era tiempo de eso, no cuando el testigo tan solo intentaba contener la hemorragia. Presumía que la torre de control autorizaría un aterrizaje de emergencia, Elizabeth estaba herida, necesitaba atención médica, y eso era algo que él no podía darle.

¿Estás bien?—, preguntó, sentía su voz tan lejana.

Caminó y se acercó a ella, sus ojos estaban algo agrandados, aún no comprendía todo, pero se arrodillo y, rápidamente, palpó sus mejillas, la temperatura aún era normal, eso estaba bien y, sin embargo, tan solo se acercó y le besó.

Espera un momento… ¿le besó?

Al tan solo darse cuenta de aquello sus ojos se abrieron enormemente, su respiración ya acelerada se cortó varias veces y su garganta se cerró. No había que decir, no, tanto tiempo, tantos años de contenerse y ahora… ahora metía la pata.

Yo… —murmuró—.

Pero no pudo hacer más, miró a otro lado y se levantó. Justo en ese momento, en esos segundos, todo en su cabeza le hacía parecer que iba a explotar. Maldición, maldición… ¿qué había hecho?


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Re: Delta - 47 {Elizabeth}

Mensaje por Invitado el Jue Oct 02, 2014 4:39 pm

Se sentía furiosa con ella misma, ¿cómo es que no pudo percatar que aquel tipo le iba a disparar?, ¿Cómo es que dejo que eso sucediera? Un error así podría haberle costado la vida si no fuera que ahí estaba Anthony. Pidió su ayuda, a él, a ese hombre que parecía querer matarlos todos cuando se dio cuenta que estaba pegada a la pared del avión sosteniendo su costado sangrante. La bala un permanecía en su interior, y el dolor era insoportable. Sostenía la mirada al tipo que estaba a segundo de presionar el gatillo pero disparo que nunca llego cuando vio que la bala le traspasaba el cráneo de lado a lado, y lo vio caer. Si fuera una chica normal, tendría pesadillas posteriores a ese momento.
 
Su mirada busco a Anthony Hamilton, lo escucho nombrarla. Escucho su voz cargada de furia, era bastante impresionante ver la sensación que trasmitía Thony en aquel momento, pero sus las sensaciones de dolor que tuvo cuando el rubio la tomo en brazos hizo que Elizabeth gimiera de dolor; refugiándose momentáneamente en el cuello ajeno, aferrándose a sus ropas hasta que la descendió que en el piso en la cabina del piloto.
 
— Thony, estaré bien — comento, mirándolo. Algo en él parecía haber cambiado, algo en él parecía ser diferente. — Me sacaran la bala, y estaré bien — dijo de una forma segura, aunque su rostro reflejaba el dolor que sentía. Pero pareciera que sus palabras no eran escuchadas, o ¿él estaba demasiado fuera de sí mismo?
 
Sintió como el torpe del testigo le hizo caso a las advertencias de Minato, y en el momento que presiono la herida un dio quejido de Elizabeth hizo centrarse en su propia herida y no en él. — ¡No, así no! — exclamo furiosa, quitándole las manos al chico y frunciendo el ceño. Para ella misma con la corbata ajena y parte de su pañoleta haciéndose un tabique para mantener la sangre controlada. — Ve y busca en el pequeño refrigerador, alguna bebida alcohólica — exigió y fue atacada su orden.  
 
El testigo, fue y trajo consigo una botella pequeña de vodka. — Debo sacarme la bala — murmuro para sí misma. Pero su atención fue dirigida hacia afuera de la cabina cuando vio como empezaba a Minato a enfrentar todos los tipos que se le venían encima.
 
Y lo que vio, le dejo casi sin respiración, se olvidó hasta que Dylan le estaba presionando la herida de forma brusca y poco profesional. Esa faceta de Anthony, nunca la había visto. Era otro, era un asesino a sangre fría, y entendió su puesto de jefe en la organización. Se mordió el labio cuando vio los cuerpos de los hombres en el suelo del avión muertos y los pasajeros con miedo, ellos si tendrían pesadillas en la noche.
 
Pero volvió a la realidad cuando escucho como se acercaba a ella y le preguntaba que si estaba bien. Parpadeo un par de veces, y se tocó la herida, seguía sangrando; miro a Dylan y apenas hizo un movimiento donde se sintió mareada, estaba perdiendo mucha sangre. Pero fijo su mirada de nuevo en Anthony — estoy bien — mentira, mentira pero no quería preocuparlo, no quería que volviera a desatar su furia.
 
Y sus pensamientos quedaron en el aire cuando, lo vio acercarse más a ella. En un momento tanto como nunca lo había hecho. Tanto que las mejillas de la francesa adquirieron un tono rojizo, sus labios se cerraron y sucedió. Sus labios tocaron los ajenos, tan suave, tan… ¿deseado? Movió sus labios para besarlo suavemente, sus alarmas sonaron, no obstante las ignoro. Al menos un poco más fue lo que pensaba hasta que sintió frio en sus labios cuando Anthony se separó.
 
¿Por qué? ¿Por qué se separaba? ¿Por qué? ¿Por qué no quería que lo hiciera? — No te preocupes — murmuro, al verlo levantarse. — Anthony — llamo, mordiéndose el labio y haciendo el intento de ir tras él.

Se levantó, y se quejó por debajo, le dio una mirada filosa al testigo que se interponía — ¡Minato Anthony Hamilton, regresa aquí! — dijo de pronto molesta con él, sin poder seguir la oración, sin poder continuar las palabras porque lo último que vio fue la espalda de aquel rubio. Ya que sin planearlo, Elizabeth perdió el conocimiento y fue el propio Dylan que se encargó que ella no se diera contra el piso.
 
Después de ahí, no había nada. Nada hasta que medio abrió los ojos encontrándose en la camilla de emergencias ya en tierra firme. 

Off: ¿Contestas y cierras?
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Re: Delta - 47 {Elizabeth}

Mensaje por Minato Hamilton el Sáb Oct 04, 2014 10:15 pm

No, no, ¡no!, ¿qué rayos había hecho?, le había besado, sí, era algo que había deseado desde lo profundo de su ser, pero el punto era que no podía hacerlo, no, no podía palearse a sí mismo con esas falsas esperanzas, ni mucho menos a ella, esa que le había correspondido en un momento.

Sí, ahora podría morir en paz al sentir la calidez de sus labios al corresponderle, pero, como todo lo que debía ser ahora, y presa de un mareo terrible, se volteó y le ignoró incluso cuando fue llamado casi por su nombre completo, tal y como lo haría una madre molesta. Exhaló y escuchó un golpe sordo, per no pudo hacer nada, no cuando cayó sentado en aquella silla y cerró sus ojos, tenía un terrible dolor de cabeza y ni siquiera entendía el por qué.

Por supuesto, allí estaban esos cuerpos, estaban muertos de alguna forma y presumía que era por su causa; pero también había mucha sangre, él estaba cubierto de sangre incluso en el rostro, entonces… ¿Minato había hecho todo eso?

Se hundió en su asiento cuando sintió que el mareo se hacía lo suficientemente fuerte como para evitar que tan siquiera moviera un músculo, allí pasó el aterrizaje de emergencia y, justo cuando todo se detuvo y notó que todos bajaban apresurados y entraba un agente del FBI, lo conocía, era la persona de la foto, todos bajaban del avió e incluso vio cuando bajaban a Elizabeth en una camilla, pero no podía moverse.

Maldición…—, murmuró, en ese momento alguien se detuvo frente a él, su cabeza dolía, pero vio como aquel sujeto pasaba sus brazos detrás de su cuerpo para levantarlo; no podía ni siquiera mover las piernas con total libertad.

También te llevaremos al hospital—, le escuchó murmurar.

Fue bajado del avión sin apenas darse cuenta y puesto en una ambulancia, la misma donde trasladaban a su compañera, pero estaba muy mareado y solo escuchaba como ellos inspeccionaban sus signos vitales, hacían reconocimiento y ubicaban la bala, todo eso hasta llegar al dichoso hospital, donde le separaron de ella. Donde todo tan solo parecía causarle más dolor.

Solo esperaba, realmente esperaba, que nada malo le sucediese, no, no podría perdonárselo si algo malo le sucedía a Elizabeth bajo su supervisión.


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Re: Delta - 47 {Elizabeth}

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