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The story of Us ─ priv. Nathair

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The story of Us ─ priv. Nathair

Mensaje por Kiah O. Kandel el Jue Mar 12, 2015 12:32 am




The story of us
Alky Strait •• Parque central •• Domingo, 11:00 hs. •• Vestimenta
 

Aquella mañana como tantas otras había despertado sobresaltada con los ecos de un nombre desconocido desvaneciéndose en los rincones más oscuros y laberínticos de su memoria… un nombre de escasas letras que nunca lograba recordar al regresar a la realidad, su realidad actual; y sin embargo la embargaba una sensación tan angustiante que no habían sido escasas las veces en que había abierto los ojos para sentir como cálidas lágrimas les abandonaban rodando por sus pálidas mejillas. Y allí quedaba solo esa triste sensación de haber oído a alguien llamándole con desespero… y no ser capaz de acudir a su llamado. ¿Acaso alguien en verdad le estaba llamando? ¿acaso alguien en algún lugar esperaba por ella? Parecía haber tenido siempre esa extraña sensación… ese inexplicable sentimiento.

Pero aquel día más que nunca deseaba pintar una bella sonrisa en sus labios, porque aquel día era especial; tanto como esas dos noches que parecían haber sido ellas solas la base de un cambio tan importante en su vida. Lo era, porque le estaba dejando entrar, le estaba permitiendo acercarse como jamás se lo había permitido a alguien más. Él era especial, lo sabía en alguna forma… aquel hombre, aquel joven que compartía una mirada de igual color, podía llegar a convertirse fácilmente en el centro de su mundo. Sí, porque había sido atrapada por esa mirada, si, porque se había visto cautivada por esa voz… si, porque sentía haberse enamorado de aquella sonrisa.

Casi como si contase los minutos, los segundos que faltaban para verle; sentada frente al espejo jugaba con sus largos mechones, trenzándolos en dos pequeñas trenzas de cada lado de su cabeza, uniéndolas con un abrojo en forma de florcilla atrás. Llevaría un vestido blanco y negro con algunos detalles en azul, su atuendo se veía particularmente animado ese día; después de que apenas había podido desayunar correctamente por permanecer tan perdida en sus pensamientos… si, de alguna forma parecía más perdida incluso de lo que resultaba normal en ella. Quería verse bonita para él, quería que él la mirase; solo a ella.

Bajó de autobús llevándose consigo algunas miradas de los pasajeros y de algún que otro transeúnte que pasaba por la zona; ella, que parecía un ente lleno de luz en ese mismo momento. Con su blanca cabellera y sus claras ropas, si las franjas negras de aquel vestido no disimulasen apenas levemente su blancura, su brillo quizás pudiese ser equiparado al de la luna… reflejando la inmaculada claridad del astro sol.

─ Quiero verte… Nathair…─susurró para sí misma mientras se sentaba en una de las bancas de madera y hierro que abundaban en aquel parque, exhalando un tenue suspiro mientras acomodaba tras su oreja un pequeño mechón de cabello, ese que portaba el fresco aroma de las mañanas, su piel olía a rosas esa mañana─ Dime que eres real… dime… que en verdad vendrás…─murmuro entreabriendo apenas sus labios, justo antes de que una fresca brisa le acariciase la nuca provocando que algunos mechones de tan delicada y blanquecina cabellera se elevase en el aire como mantos sagrados. Él vendría, el era real; lo sabía, y esa mañana lo comprobaría… confiando en que la luz del día le dejaría ver las cosas tal y como eran. Confiando en que la claridad diurna le traería la dulce certeza de su existencia. Si, esos pies pisaban la misma tierra.

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Re: The story of Us ─ priv. Nathair

Mensaje por Nathair Blaikovsky el Lun Mar 16, 2015 4:28 pm


Kiah O. Kandel || Parque Central || Domingo; 11:04 hs || Vestimenta


Hoy era un día especial.

¿Hacía cuánto que no se sentía de esa manera?, la verdad lo había olvidado, pero, esa sensación de querer que amaneciera pronto que se manifestaba y permanecía sin que él pudiera controlarla, bueno… eso y sus ansias normales se batallaban. Quería verla a la luz del día, quería saber si no estaba soñando, si aquella hermosa imagen no era producto de su mente necesitada de un algo que él no imaginaba.

Fue por eso que, después de levantarse muy temprano para hacer todos sus pendientes, se preparó para ir a aquel parque donde habían quedado, ¿estaría ella ahí? Era la constante pregunta que se hacía al momento de despedirse de sus compañeros de habitación, de bajar las escaleras y aminar hasta la parada del autobús, de tomarlo y notar como se tomaba de manos, ansioso… no, ese no parecía ser el adjetivo correcto para describir sus actuales sentimientos; él estaba… ¿esperanzado?, por más loco que sonase, aquel adjetivo se ajustaba mucho más a lo que sentía, a eso que se lo estaba comiendo felizmente por dentro.

¿Estaría ella ahí?


Al momento de bajar del autobús comenzó a caminar, entrando al parque con suma calma, después de todo hoy podía gozar de un día libre como los que nunca había tenido, por supuesto, estos años no se había dado el tiempo para comportarse como alguien de su edad, destacando que no tenía citas reales desde hacía más o menos unos seis años, y aquello no había resultado nada bien.

Recorrió un poco el parque buscándole con el mirar, ¿realmente era real?, y dio cuenta de algunos murmullos que le llevaron a un sitio particular, una banca donde, con la acción y ayuda de la brisa, pudo contemplar no nada menos que una hermosa imagen, una hermosa dama que parecía resplandecer con la luz del día. Era ella.

No hizo falta detallar demasiado cuando algo en su pecho se lo dijo, por supuesto. Y caminó directamente hacia ella, deteniéndose al frente, contemplándola, era tan pura, tan inmaculada, tan real. Entonces sonrió de media cuenta y su mirar se suavizó de forma impresionante, estaba emocionado, ¿y cómo no? No era un sueño, no era una alucinación. Kiah era real, tan real como él, como todos, eso solo quería decir una cosa.

Esto no era algo ligero.

Hoy estás… preciosa—, murmuró primeramente porque, en realidad, sele salió, por supuesto, planeaba saludarle primero, mas simplemente no pudo controlar aquel impulso, —disculpa por haberme tardado—, llevó aquello a otro ángulo, — ¿has esperado por mucho tiempo?—, preguntó.

Su tono era tan ligeramente quedo como sus acciones al extenderle la mano para que se levantara… quería verla, quería contemplar su realidad, que su mente aceptara que ella era de verdad, que no era un juego de su psiquis para hacerle parecer tonto, que todo eso que estaba sintiendo ahora mismo, esos retorcijones y lo que le invadía, la emoción, podían ser simplemente por una razón, una que quizá le llevara a transportarse a sus épocas infantiles, pero que, aún de esa forma, recibía con mucha gratitud.



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Re: The story of Us ─ priv. Nathair

Mensaje por Kiah O. Kandel el Lun Mar 23, 2015 12:40 am

Pisaba esa misma tierra, podía respirar el mismo aire… podrían observar el mismo cielo. Lo supo al instante que alzó la vista para verle; el estaba allí, frente a ella, exhibiendo una cálida sonrisa mientras aquel sereno mirar se posaba en su persona. Tan inigualablemente bello, tan único, tan preciado de forma arrebatada… verle con toda la claridad del día le supuso entender que aquel pequeño momento mágico que los dos habían vivido había sido tan real como la brisa que acariciaba sus mejillas en ese mismo instante. Y una pequeña pero dulce sonrisa se dibujo en sus labios en ese instante.

─ Nathair…─su mano se alzó apenas, solo para poder tocar esa cálida mano que caballerosamente le era ofrecida, poniéndose de pie para admirarle largos segundos en silencio─ Apenas he llegado… pero pensando en ti los minutos y los segundos se desvanecen de forma casi imperceptible…─y deposito un suave besito en aquella mano para después alzarse en puntitas de pie en su mismo sitio, estirando los brazos para rodear el cuello ajeno y apegando su pecho al contrario para iniciar un tierno abrazo─… quería verte… tanto…─le sorprendió en un amoroso abrazo mientras apoyaba una mejilla sobre uno de sus hombros, escondiendo su rostro muy cerca de la base del cuello ajeno.

En ese instante como otros a su lado, el mundo que les rodeaba se esfumó ante sus sentidos, si, porque ahora solo le importaba él, solo él y nada más que él… ese pacífico ser que cautivaba todos y cada uno de sus sentidos, que le había robado el pensamiento y todos los suspiros que pudiesen escapar entre sus labios. Él era casi como un regalo del cielo después de tantos años… tantos en los que se había sentido tan perdida, tan sola en un mundo demasiado enorme. Y de alguna forma presentía que él podía llenar ese vacío; porque con él se sentía completa en una forma curiosa pero fascinante.

Sus labios se alzaron a depositar un cálido beso en una de sus mejillas, permaneciendo en ese contacto unos largos pero agradables segundos, para después separarse y verlo, verlo a los ojos sintiendo una enorme y extraña paz; llevando una de sus manos a acariciar sus suaves mechones castaños mientras les acomodaba… se atrevería a pensar que en ese tiempo había logrado extrañarle, solo por haberse hecho a la idea de que él en verdad estaría ahí para ella.

─ En verdad… has venido…─allí le tenía, y de entender aquello su corazón palpitaba de forma más intensa dentro de su pecho, su rostro se veía más vivo y sus ojos brillaban de una forma especial. Quizás fuese él quien habitase a partir de ahora ese enorme castillo vacío, brindándole luz y color a sus blancas y resquebrajadas paredes…

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Re: The story of Us ─ priv. Nathair

Mensaje por Nathair Blaikovsky el Lun Abr 06, 2015 9:34 pm


Ella era, para él, como el brillante rocío de una mañana… tan cálida, tan refrescante, tan necesaria, tan esperada… todo aquello sin apenas darse cuenta que el tiempo no era un factor, una objeción, tan solo sintiendo al máximo como jamás, jamás, había experimentado; como nunca se había permitido dejar ser, dejar sentir, porque él solo había tenido ojos para el pasado, uno que aún ahora le perseguía. Pero allí estaba ella, altiva y demandante como la más grande de las estrellas, como el más brillante de los satélites, sí, solo le había visto dos noches, pero en esas dos noches solo se había sentido completo a su lado, necesitando de una presencia que no conocía como real; necesitando su mirada, su rostro; imaginando su cuerpo, sus expresiones; reproduciendo su voz, aquella fina, grácil y hermosa voz que podía hacer que sus sentidos se rindieran ante ella.

Así era Kiah, no un fantasma, para nada, sus manos tocaban algo real al sumirse en aquel abrazo, su cuerpo sentía esa presencia a plena luz del día justo cuando en su mente un extraño sentir de felicidad, de alegría, se extendía y amenazaba con colmar todo su cuerpo. Sí aquella felicidad quizá insana peleaba junto al nerviosismo para ver quien ganaba el control de sus expresiones porque… él jamás se había sentido así, una cosa era salir por hacerlo, pero otra muy distinta era cuando sentía tantas cosas juntas e incontrolables por una misma persona, ¿era eso posible? De ser así, ¿cómo debería llamarlo?, ¿estaba enamorado entonces?

Yo estaba tan nervioso… pensando en ti, Kiah—, susurró al tenerle así de cerca, sintiendo como su pulso se incrementaba junto a una irregular respiración.

Claro, era él, aquel capaz de controlar sus emociones, su respiración, su pulso y hasta su sudor de ser necesario con tal de no fallar en un trabajo, en una misión, el mismo que parecía tirar todos esos años de aprendizaje de ensayo y error a la basura con solo un abrazo, uno al que correspondió para también rodearle con sus brazos, sintiendo su esbelta figura dibujarse allí.

Perdona que lo diga así, pero…—, murmuró, separándole entonces un poco de su cuerpo, pero si deshacer el abrazo, —estoy muy feliz de que seas de verdad—, sonrió achicando un poco el mirar para alzar una mano y acariciar una de sus mejillas.

Allí estaba, ese tiempo que le parecía eterno y al mismo tiempo tan amable y deseado, eso que solo sentía con ella y nadie más, esa ansia y necesidad de sonreírle, de mirarle. Estaba convertido en todo un blandengue, pero, ¿qué podía hacer? Se suponía que en estos asuntos debía tener experiencia, pero la verdad es que era todo un novato, tan novato como el más inocente niño al que fácilmente se podía lastimar, por supuesto… estaba siendo como un libro abierto para ella, solo para ella y nadie más. Su corazón no podía a nadie más porque sentía una conexión con ella, algo que no podía ser simplemente descrito en palabras.

Se acercó un poco a ella, para depositar un beso cálido y suave en su frente y tomar su mano entrelazando sus dedos, con aquellos grises ojos marcando confianza, sí, ella podía confiar en él, Nathair la protegería.

Creo que deberíamos comenzar a caminar—, sugirió así como de la nada. Sí, habían venido aquí por alguna razón aunque, el castaño presentía que bien podría estar todo el resto del día tan solo mirándose y no se aburriría, no, era como una joya preciosa y desconocida de la que aún no entendía mucho. Pero quería hacerlo, quería conocerle cada vez más y más, hasta que ya no pudiera más y, luego de eso, ser masoquista y hacerlo todo una vez más.

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Re: The story of Us ─ priv. Nathair

Mensaje por Kiah O. Kandel el Miér Abr 15, 2015 9:10 pm

Podría permanecer allí, todo el día entre sus brazos, lo sabía bien; él la cautivaba con su sola mirada, con su sola voz… con su sola presencia. Sólo sabiendo que estaba allí, respirando el mismo aire; él era real, real como el suspiro que escapó de sus labios al sentir aquellos brazos rodear gentilmente su cuerpo, real como el suave tacto de aquellos castaños mechones que acariciaban sus dedos al recorrerles. Tan real como el susurro que estremeció su cuerpo y el cálido aliento que entibió la piel de su oreja; él había pensado en ella, y su mundo parecía endulzarse a través de aquellas simples palabras.

─ Somos de carne y hueso… y estamos aquí…─susurró entrecerrando levemente los parpados cuando una suave caricia se paseó por su mejilla, y su cabeza se inclino con ligera ansia de aquel rose. Un cálido beso en su frente calmó momentáneamente aquella necesidad, y entonces volvió a besar con ligereza esa mano que se entrelazaba con la propia; esos largos dedos que contagiaban a los propios de una agradable tibieza tan contrastante con lo fresca que su mano solía ser─… y soy tan feliz de que sea así…─sus dedos se cerraron suavemente entonces, aferrándose de forma gentil a aquella mano y tras aquella sugerencia dio un paso hacia adelante para comenzar a caminar, y de alguna forma la vista resultaba mucho más hermosa cuando caminaba tomada de su mano.

─ He venido a este parque antes… pero todo parece diferente ahora que estás aquí conmigo…─confeso, alzando la vista hacia aquel que a su lado caminaba, acariciando levemente la mano que sostenía con tenues movimientos de sus dedos─ Estás muy lindo hoy. ─sentenció con extraña naturalidad, dedicándole una pequeña sonrisilla mientras sus mejillas se teñían de un suave carmesí, ella estaba siendo sincera como no solía ser con nadie más, nadie que no fuese él… con Nathair ella podía dejarse ser, podía ser ella misma. Y eso aunque extraño, era realmente fascinante.

─ Mi querido Nathair… ¿crees en vidas pasadas? ─pregunto en tono suave y ligeramente pensativo, sintiéndose fascinada con el hecho de que él parecía cambiar su mundo en una forma tan drástica como si algo muy superior a ellos hubiese decidido que eran el uno para el otro. ¿Podía ella creer en un Dios? ¿Podía creer en el destino? Siento que te conozco hace tiempo… de otro milenio… de otro cielo…entonó ligeramente las letras de aquella canción que había oído alguna vez, en castellano, un idioma que no dominaba en absoluto, pero que podía imitar por simple fonética. Para él querría cantar, para él querría hacer tantas cosas; porque Nathair simple y sencillamente despertaba su alma, su corazón, salvándolos de ese gris letargo en el que parecían haber estado durmiendo siempre.

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Re: The story of Us ─ priv. Nathair

Mensaje por Nathair Blaikovsky el Vie Mayo 01, 2015 2:40 pm


Poco a poco reposaba en ese sentido, en ese hecho, en el como las cosas se presentaban ante él de una forma tan extraña, no podía sino mirarla, contemplarla tal cual era ahora, de carne y hueso, tal y como ella lo había afirmado justo antes de depositar un suave beso entre sus dedos, aferrándose, sintiendo como todo en su cuerpo sencillamente se removía ante tan simple acto, uno que, a él, le representaba tantas cosas, tantos hechos, ¿tantos recuerdos? No lograba entender esa parte.

Tomaba su mano, sí, ¿qué pensaría si la viera ahora?, pensaba que Iván estaría feliz, así de simple, conocía en extremo los deseos para él de parte de su padre, pero, ¿estaba bien hacerlo ahora?, de alguna forma, al fondo de ese hermoso sentimiento que tenía a flor de piel ahora, se escondía una especie de preocupación desconocida, mientras caminaba sentía eso, raro, pero cierto.

Gracias—, murmuró moviendo el rostro para encontrarse con su mirada, —yo no había venido nunca a este lugar, no suelo tener mucho tiempo libre—, comentó, ciertamente su trabajo y sus obligaciones le quitaban mucho del tiempo que los fuertes estudios le dejaban. —Aunque no es como que me esté fijando demasiado en los alrededores—, confesó tal vez un poco avergonzado, en parte por ese sonroso que notaba en las mejillas ajenas, en parte por admitir una sabia verdad.

Fue entonces que le escuchó hablar sobre algo parecido a la fantasía, y algún verso en español del cual podía entender de buena manera su significado, no lo hablaba demasiado, pero, como agente, debía preocuparse por conocer y dominar las lenguas más habladas en el mundo.

No creo en vidas pasadas—, murmuró con calma y normalidad, —tampoco en el destino, al menos no tanto, no realmente—, continuó en su hablar mientras caminaba con un paso lento para su zancada, pero constante, —desafortunadamente, soy un hombre de ciencia—, afirmó, esperando quizá una reacción de su parte, en cierta forma tenía esa ansia, dado que tenía la necesidad de que ella supiera más acerca de su vida.

Apretó ligeramente la mano de la dama, sopesando un poco más su paso, llevando sus orbes grises al frente, al amino.

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Re: The story of Us ─ priv. Nathair

Mensaje por Kiah O. Kandel el Lun Mayo 11, 2015 9:20 pm

Si quisiese ella escribir un libro acerca de cómo podría pensar y sentir esa pequeña historia que ahora era tan suya, tan de ellos, posiblemente la escribiese como una tierna historia de amor… un par de amantes que se reencuentran en el tiempo; a pesar del paso del tiempo, de las eras. No es como si fuese así realmente, pero de alguna forma ella sentía las cosas con tal intensidad, ¿acaso eso significaba estar enamorada? Ciertamente, sintió su corazón vibrar tras aquella afirmación ajena, pero lejos de parecer más tímida a causa del impacto que aquello producía, Kiah sentía mayor necesidad de apegarse a él.

— Así que hombre de ciencia… mi querido Nathair, pero entonces… ¿qué es esa fuerza tan natural que nos ha traído hoy aquí? —pregunto apoyando la cabeza en el hombro ajeno apenas por unos segundos, sin dejar de caminar a paso lento y acompasado— Me encargo de estudiar los procesos mentales de las personas, esos que los hacen lo que son… pero aun así, de alguna forma siento que puede haber algo superior… algo que no entendemos. Encontrarte a ti me ha dejado ver eso…—una dulce sonrisa se dibujó en sus labios en ese momento y desviando la mirada hacia un costado de su camino se detuvo fascinada con una fábrica de esponjosas nubes de colores que exhibía sus más apetitosas creaciones.

— ¡Algodón de azúcar! —exclamó con cierto brillo en la mirada, tirando de la mano ajena que sostenía para llevárselo con ella hasta aquel puesto ambulante en donde un hombre de cabello cano y expresiones gentiles atendía con moderado entusiasmo— Cuéntame… cuéntame cómo es que acabaste en Alki…—sugirió cuando se detuvieron en la pequeña fila de espera para acceder al esponjoso dulce— Eres Ruso, pero provienes de Escocia… ¿alguna razón especial que sumar a las tretas de este no-destino? —pregunto mirándole con una gentil sonrisilla, ella por su parte no querría hablar de sus razones iniciales, aunque sabía que mientras más cercanos ambos se hiciesen, más cerca acabarían de la posibilidad de revelar aspectos oscuros de su pasado ¿Cómo sería el de él? No podía dejar de sentir curiosidad sobre todo lo que de Nathair se tratase.

— Deseo saberlo todo de ti… todo…—agregó tras una pequeña pausa, aferrándose al brazo ajeno hasta el punto de abrazarse a él cálidamente— Que te gusta, que no te gusta… como es tu familia, como son tus amigos… hasta cuál es tu color favorito, tu comida favorita, tu canción favorita. —todo, absolutamente todo de él deseaba saber de pronto ¿acaso estaría dispuesto? De alguna forma no podía dejar de inquietarse con ello; ambos habían caído presos de una fascinación mutua que les había llevado hasta donde estaban, con ese deseo de compartir su tiempo juntos de conocerse. Pero aun así, ¿hasta cuándo podrían dejar ver el uno y el otro?

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Re: The story of Us ─ priv. Nathair

Mensaje por Nathair Blaikovsky el Vie Mayo 15, 2015 10:56 pm


El solo hecho de escuchar sus palabras le llenaba completamente y sí, tenía su cera razón, él tampoco podía comprender mucho todo esto, pero los sentimientos y las sensaciones que experimentaban las personas eran algo que la ciencia no podía explicar con ninguna lenguaje, no, los sentimientos nunca pueden ser completamente explicados con palabras y esa era la verdad, sin embargo, él mantendría su punto, no le gustaba extralimitarse en cosas que, en su momento, podrían tener una cierta explicación creíble.

No es que lo entienda… tampoco es que tenga una respuesta para eso—, dijo en respuesta a las poéticas palabras y frases de la rubia, —simplemente no me gusta sentir que no puedo controlar mi propia vida—, alzó ligeramente los hombros, podía ser así de simple, así de complicado, cuando algo, un pensamiento, le invadió, cuando una palabra le tocó, una frase.

«Algodón de azúcar»

Con otro acento, pero igual emoción, había escuchado esa misma frase antes, con un timbre que pareció helarle el cuerpo, dado que se quedó inmóvil un segundo hasta que se sintió presa de una fuerza de tensión que le llevó a moverse en el sentido en el que esa fuerza le llevaba y sacaba de su aspecto inerte, de su impresión, de ese parón repentino de todo su cuerpo que le había tomado por sorpresa.

Cuando se detuvo encontró la pequeña fila de espera, la verdad no podía comer de esos y… si pudiera quizá no lo haría, sinceramente sentía que todo se le había cerrado por dentro, pero podía observarle hacerlo, eso seguramente sería un encanto, o eso pensaba. Sin embargo solo rió, contemplarla mientras hablaba le hacía sentir ligeramente contento, ella se veía tan viva a plena luz del día, era como si sus baterías estuvieran completamente cargadas, completamente diferente a la noche. Sonrió.

Estoy aquí por un trabajo, y aprovecho terminar mi carrera—, comentó, realmente no era tan complicado contestar ciertas preguntas, siempre y cuando no se mezclaran demasiado con la verdadera razón por la cual estaba en esta ciudad, sintió su abrazo y tan solo lo disfrutó, ¿para qué mentir? Ella podía ser comparada, a tan leve altura, con Tokuro, en el punto en el que sentía que, por más que lo intentase, no podría recriminarle nada de lo que hiciese con él, —um…—, murmuró escuchando toda aquella curiosidad junta, —si puedo responder en orden sería… el helado de uva, la comida rápida, medianamente normal, unas cosas extrañas, gris, pan casero y… son muchas—, atinó decir algo rápido para respirar hondo, como simulando que era necesario recuperar el aire, justo cuando hubo llegado su turno en la fila, —uno, por favor—, pidió al encargado y movió la manos para buscar su cartera, —¿y qué hay de usted, señorita?, ¿hay algo que pienses que debería saber y que puedas decirme?—, cuestionó con delicadeza merándole y haciendo un ligero juego con su tono, divirtiéndose un poco, realmente le pareció que si los chicos le veían ahora pensarían que estaba haciendo un excelente papel de novio. Pero no era así, para nada.



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Re: The story of Us ─ priv. Nathair

Mensaje por Kiah O. Kandel el Dom Jun 07, 2015 8:44 pm

Apegarse a aquel cuerpo, sentir su calor, el aroma que desprendía su piel, uno que no era específicamente la colonia que pudiese haberse puesto antes de salir… a pesar que ésta le agradaba bastante. Su aroma, masculino más tenue al punto de no llegar a ser desagradable, tal y como si fuese gentil; tal y como si pudiese de esta forma leer su esencia. Le gustaba todo de él, cada mínimo detalle; hasta la pequeñísima y apenas visible ondulación de la puna de sus cabellos.

— Entonces sólo déjate llevar por esto, no le busques una explicación…—sugirió mientras se sujetaba de aquel brazo con una mano, y mientras la otra le recorría desde el hombro hasta la palma dejando un suave camino de caricias para después buscar enredar sus dedos de forma suave—… a veces es bueno solo dejarse llevar…—agregó en un tenue susurro— Yo estaré a tu lado, podemos perdernos juntos…—aquellas palabras quedaron en el aire cuando los ojos grises de la muchacha divisaron aquella fábrica de nubes ambulante.

Y apretó su mano con mayor intensidad, y frente a la emoción que divisar el esponjoso dulce le producía, lo llevó con ella hasta la corta fila que deberían esperar; una lluvia de preguntas envueltas en ese alegre tono denotaba su casi palpable felicidad. Solo estar con el parecía ser lo que le daba color a su día, solo por tenerle a su lado se sentía más competa y más viva de lo que se había sentido en mucho tiempo.

— ¿Un trabajo? ¿Qué tipo de trabajo? —inquirió sin mirarle directamente, fijando más bien sus ojos en aquella espuma que daba vueltas a gran velocidad, formando las grandes nubes de dulces que el vendedor entregaba. Sin embargo volvió a mirarle tras las respuestas que dio a sus preguntas, y una pequeña risilla escapo de sus labios— Eres bastante estructurado ¿verdad? —pregunto para después alzar la vista al cielo de forma algo pensativa y mover en un suave vaivén junto con su mano, la mano ajena que aún sostenía— Me gustan los libros, la literatura… amo el helado del sabor que sea… me gustan los peluches, probar comidas de distintos países… me gusta Nathair…—sonrió y le miró entonces— Detesto la goma de mascar, el cigarrillo… no fumas ¿verdad? No… no hueles a cigarrillo… me gusta tu aroma. —le dejó entonces hacer el pedido, asombrándose ligeramente de que solo pidiese uno, quizás las cosas tan dulces no eran para chicos o algo por el estilo, Tomo el fino palillo con una de sus manos y le dio una pequeña mordida al dulce.

— Delicioso. —apenas pronuncio para volver a morder una vez más, saliéndose dando unos pasos a un costado para retomar camino con quien tenía al lado— ¿No quieres? —pregunto ofreciéndole la nube rosada que cargaba ahora en su mano— Podemos compartirlo… eso me gustaría aún más…—sugirió.

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Re: The story of Us ─ priv. Nathair

Mensaje por Nathair Blaikovsky el Dom Jul 05, 2015 7:05 pm


Existían ciertas cosas que para él mismo no podía creer, una de ellas era algo como esta situación, muy simple, ciertamente no estaba acostumbrado a esto, a sentir esa clase de tacto en su mano y mucho menos las sensaciones que eso le provocaban, para nada, ¿nunca se había enamorado? El amor no era algo realmente ajeno a él, no, su madre, su padre y su hermana menor le habían amado y le amaban enormemente, pero, si nos trasladábamos al lado más personal, más íntimo, de una pareja, esa clase de afecto en su caso no había tan siquiera pensado en existir, no, estaba centrado en cosas distintas. Así de simple.

Y mucho menos teniendo en cuenta lo primero que había pensado al escuchar su pedido. No…

Resoplo con ligereza escuchando sus preguntas y palabras, ciertamente a la luz del día era una real y muy curiosa damita, no solo en el aspecto de las preguntas, sino porque le parecía así en muchos más sentidos de los cuales le gustaría admitir. Armó una ligera sonrisa al escuchar su nombre y de nuevo exhaló.

Me gusta poder encontrar todo cuando lo busco—, contestó a aquello de su singular y estructurada respuesta, —y no, no fumo… aunque creo que he probado el cigarrillo un par de veces hace años—, se sinceró en ese sentido, —aunque soy ruso, así que bebo vodka como el agua—, ironizó en plan de suavizarse un poco y luego ladeó la cabeza, —bueno… no así, pero si me gusta—, le regaló una leve mueca sonriente cuando por fin fue entregado el pomposo y afelpado dulce a la señorita y se encargó de pagarlo, abandonando la fila y comenzando a caminar, —um… no me encantan este tipo de dulces, pero puedo hacer algo con eso—, rió un poco para echar el rostro ligeramente al frente y tomar un pequeño bocado del dulce, luego usando su mano para emparejarlo completo, —hace mucho que no veía uno de esos—, señaló el dulce, sinceramente no tenía mucho tiempo para nada.

Se dejó llevar un instante y luego reorganizó los puntos en su mente, quizá era ordenado, pero le prestaba serlo cuando solía dormirse donde menos lo esperaba, y eso era algo que rara vez podía controlar cuando estaba demasiado agotado. Quizá era suerte el que hoy no fuera un completo caso de esos.

Investigación—, contestó calmado por completo, —soy un hombre de ciencia—, se alzó un poco de hombros y sonrió, con eso esperaba contestar a su pregunta y nada más.

Tomó ligeramente su mano libre y siguió en un suave caminar en los derredores, la verdad era que experimentar la cotidianeidad en este sentido era algo nuevo, pero agradable, sí, debía admitirlo y confesarlo sin nada más. Sus ojos se fijaron al frente por un instante y una carcajada pequeña se quedó entre su garganta y sus labios, para regresar la atención a donde debía estar.

Así que te gusta mi aroma—, divagó por un instante chascando con la lengua, —entonces… ¿A qué huelo?—, preguntó con simpleza, para él saber una opinión representaba algo normal, pero de esta damita de infinidad sorprendente, pues, no estaba al completo seguro de lo que debía esperar o no.

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Re: The story of Us ─ priv. Nathair

Mensaje por Kiah O. Kandel el Sáb Jul 11, 2015 11:59 pm

Algo tan sencillo como salir a caminar, pasar tiempo juntos… no era algo que hubiese hecho antes en realidad, no. Había tenido viajes y paseos con su familia pero no más que eso; Kiah había pasado demasiado tiempo sola en realidad, pero aquello había sido por elección propia, quizás a causa de que siempre se había sentido incompleta, desde pequeña, sin poder entender el origen de aquel sentir.

Pero este hombre había llegado a su vida, una noche como cualquier otra que de un segundo a otro se había convertido en una noche mágica; porque quizás fuese capricho del destino que ambos hubiesen estado en aquel mismo sitio a la misma hora, porque quizás hubiese estado escrito en los designios del Señor que aquel ruso debía darle su primer beso… quería verlo de esa forma, porque él le había robado tantos suspiros como nadie más le había robado antes, porque con él quería sentirse como cualquier jovencita enamorada. Y no más que eso, solo pasear a su lado, con un delicioso dulce entre las manos, escuchándole hablar de cosas simples pero tan importantes para ella a fin de cuentas. Solo porque era él, solo porque se trataba de él. Con él quería olvidar su pasado, con él quería sentirse como una persona nueva. Como si fuese capaz de irradiar su propia luz.

— Entonces dime de que tipo te gustan… y los prepararé para ti…—sonrió dulcemente cuando le vio inclinarse sobre la rosada nube para robarle un bocado; le observó embelesada, tal y como si esa sencilla imagen fuese más dulce aún que el azúcar que se deshacía fácilmente en la boca—… me agrada la idea de hacerlos para ti. —ciertamente, hacer algo pensando en él parecía un buen plan para una tarde en la cual no tuviese mucho que hacer. Y pasar la tarde pensando en él era un buen plan, lo era sí.

— ¿Y mi hombre de ciencia ha desarrollado algún proyecto? ¿Ha construido algo interesante? —pregunto mientras retomaba el ritmo sincronizado de sus pasos, y tras tomar un pequeño bocado más de aquel dulce, enlazó sus finos dedos entre los de la mano que le había tomado sin avisar. El calor, el tacto de su piel, era tan agradable; sus mejillas se tiñeron de un ligero y apenas perceptible carmesí. Frente a ellos sus sombras unidas parecían simbolizar el inicio de algo nuevo, lo era… porque él no lo decía, ella no lo decía, pero ambos estaban allí por una razón; quizás ella acabase deseando luego oír aquella simple pero maravillosa petición de sus labios.

— Supongo que alguien que se especializa en lo que tú, puede resultar muy requerido desde los primeros años de la carrera. En mi caso necesito instruirme más, adquirir más y más conocimiento para ser un confiable agente de salud como se supone que debo ser…—comentó desviando después la mirada hacia una madre que sentada en una banca, movía acompasadamente el carrito en el cual descansaba su pequeño hijo; y frente a aquella imagen permaneció en silencio durante varios segundos. Ella… su querida madre, procuraba visitarla cuantas veces le fuera posible, aunque a pesar de que pasase el tiempo no demostraba mejoría ni cambio alguno… ella ya no parecía estar en este mundo.

La suave carcajada que estale recordó que ese día no debía centrarse en el pasado, ni en pensamientos tristes, ese día irradiaría luz, porque así le hacía sentir. Le miró y sonrió, alzando su vista al cielo con una ligera expresión pensativa. ¿A que olía Nathair? No estaba segura de que era algo que pudiese describir exactamente con palabras, pero si buscase acercarse al menos lo suficiente, debería decir…

— A hogar… galletas con uvas pasas… recién horneadas…—curiosa comparación, pero su aroma era peculiar, un aroma que sentía haber percibido tiempo atrás, un aroma envolvente y embriagante—… agridulce…—se detuvo entonces para verle, y llevándole a detener su paso se valió de aquella mano que sujetaba para alzarse en puntitas de pie hasta alcanzar mínimamente aquellos labios. Sobre ellos deposito un cálido roce, un delicado beso. Nathair sabía a uva, y le gustaba, le gustaba su aroma, le gustaba su sabor.

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Re: The story of Us ─ priv. Nathair

Mensaje por Nathair Blaikovsky el Jue Jul 16, 2015 2:49 pm



Sonrió sin poder evitarlo –y sin querer hacerlo realmente- ante las palabras de Kiah y cabeceó un poco pensando en el asunto, realmente aquello no era para nada complicado si se ponía a ver como era él.

Me gustan los dulces rusos, cualquiera de ellos—, comentó con una parsimonia que ya era común en su castaño ser, —me recuerdan un poco mi hogar—, completó. Sí, por hogar no solo se refería a una casa situada en cualquier sitio, no; su hogar era su familia: su fallecida madre, su padre y su perdida hermana; la nostalgia lograba invadirle cuando comía esa clase de cosas de “la casa” y eso tal vez era algo que le gustaba, porque raía recuerdos bonitos, de esos que rara vez se dignaba a rememorar en circunstancias comunes y normales.

Pensó un poco sobre aquellas dos grandes frases e incluso la pregunta y rió por lo bajo, al vez con algo de “vergüenza deportiva” o algo así, quién sabe, el punto es que agradeció tomar la delicadeza de esos dedos y, en cierto sentido, asintió ante lo que la damita le comunicaba.

La verdad sí—, fue lo primero que dijo en eso, —he hecho varias cosas…—, dejó al aire por un instante, sintiendo el compas de los pasos relajadamente, —entre maquinas, estructuras y compuestos… creo que tengo un buen numero de proyectos terminados, y otros que vienen—, sonrió ligeramente, la verdad era que siempre andaba pensando en algo, porque disfrutaba enormemente de las explosiones, ¿eso tiene algo de malo? La verdad sí, es horrible que alguien ame las explosiones, pero es algo simplemente inevitable.

Entonces dedicó la vista hasta el punto en el que ella le pareció distraerse, tomando un punto en común: una madre que mecía a su pequeño, aquella imagen era ciertamente algo considerado normal, pero en cada persona, según las circunstancias, ciertas escenas se interpretaban de diferente forma. Apretó ligeramente su mano, había muchas cosas que no conocía de ella, demasiadas, y viceversa… pero le haría saber su curiosidad cuando fuera el momento.

Olía a galletas, eso era raro… solía comer de esas galletas que ella había mencionado cuando era niño, su padre las horneaba tanto para él como para su hermana y los tres veían la televisión los fines de semana, recordaba eso con recelo, cuando los días eran felices, cuando era hermoso, tan hermoso y tan ruin que aquello quedase solo como un pasado. Y sintió la fuerza hecha por la damita para acercarse a su altura, y no negó aquel roce en sus labios que le dio algo de ese sabor dulce –seguramente del algodón- que la rubia degustaba. Sonrió con cierta picardía mirándole con los ojos ligeramente entrecerrados, sin perder detalles.

Así que uvas pasas—, murmuró no queriendo romper ese momento, bajando un poco su postura y apretando la mano que aún sostenía, en un tono quedó y algo profundo, —eso es interesante—, recitó haciendo que –muy adrede- su nariz chocase con la ajena para depositar un beso suave, sí, pero algo más marcado en los delineados labios de la muchacha, —eres extraña—, comentó como un dato curioso al separarse, solo para volver a besarla, —en este tiempo he hecho cosas que jamás pensé hacer con nadie, nunca—, de nuevo se separó, —he dicho cosas raras, he sentido cosas aún más extrañas, que me gustan, pero que pensé haber olvidado—, resopló, subiendo su mano libre para acariciar la blanca y nívea piel de la mejilla de la señorita y sonreír, —gracias—, una sola palabra que, al menos para él, encerraba otra gran cantidad de esas cosas que le sonaban a extrañeza. Apretó nuevamente su mano y esta vez sonrió algo más pronunciado, más sincero, sin ser una mera mueca, solo para ella, separando sus presencias y regresando al caminar lento.

Realmente, realmente, sentía cosas extrañas en un sentido de rapidez. Demasiado pronto, por supuesto… demasiado pronto para pensar en algo más.


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Re: The story of Us ─ priv. Nathair

Mensaje por Kiah O. Kandel el Lun Jul 27, 2015 7:21 pm

Quizás ella también terminase embobada y embelesada con el solo recuerdo de su hombre, así como siempre había visto a las protagonistas en las películas o en las historias que había tenido oportunidad de leer; no era para nada desagradable aquella idea. Todo lo contrario, le fascinaba el pensar que podría hacer cosas pensando en él, y lo que él diría cuando le fuesen entregadas. De pronto pensaba en cosas de cocina y hasta en pequeñas prendas de vestir ¿sabía tejer? Quizás era bueno momento para aprender; se daría la maña necesaria.

— Priánik… —murmuró mientras centraba su vista en la esponjosidad rosada, sin saber cómo es que aquella palabra había escapado por sus labios sin tener la impresión de haberla escuchado antes ¿o quizás sí? Pensando en aquello le dio un mordisco más, saboreando lentamente, dejando que el azúcar se disolviese lentamente en su boca— Lo haré para ti. —agregó, de alguna forma sabía de lo que hablaba, el priánik era una de las golosinas rusas más antiguas a base de harina de centeno, miel y especias… y por supuesto, podía llevar uvas pasas, nueces o mermelada. ¿Acaso lo había hecho alguna vez? De alguna extraña forma sentía que en verdad tenía conocimiento acerca del preparado de aquel dulce.

— Mmm… eso suena muy interesante… —comentó mientras terminaba de degustar aquel bocado que se había diluido pasivamente en su boca— Quizás algún día quiera ver algo de eso que construyes. —agregó mientras movía su fino dedo índice acariciando lo que alcanzaba a tocar de la piel de la mano ajena. Su querido Nathair portaba un aroma peculiar, uno que resultaba dulzón pero no en exceso, atrapante, atrayente, le gustaba sentirlo cerca, por su aroma, por el calor que emanaba de su cuerpo. Porque más cerca su voz bajaba un par de tonos, y así todo se sentía más íntimo, y sentía unas curiosas cosquillas invadir su estómago al oírle susurrar.

Simple y sencillamente le gustaba demasiado tenerlo cerca, por eso mismo quizás fuese legal aprovechar cada oportunidad para robarle un beso, una caricia. Sus labios eran dulces, tan dulces como la miel, y sin embargo podría probarlos una y otra vez sin cansarse o sentir que se estuviese excediendo en dulce. Suaves roces deposito con sumo cariño en sus labios y sintió como le correspondía de la misma forma, apretando  un poco más aquella mano para entreabrir sus párpados cuando le sintió alejarse solo levemente.

— Tu eres extraño… —y recibió un suave beso más—… me agrada esa extrañeza… —sus labios se deslizaron sobre los ajenos hasta que se hubieron separado al fin, y su cabeza se inclinó suavemente hacia la cálida mano que acariciaba su mejilla— ¿Gracias por qué? —preguntó embelesada en el color metálico de sus ojos, sin embargo volvió a caminar en el momento en que él retomaba el paso— A decir verdad no había esperado estar así con alguien… quizás era una de esas cosas que no veía hechas para mi… —confeso mientras retomaba el ritmo de su andar y en silencio volvió a probar un bocado más del dulce— Vine aquí para empezar una nueva vida… y sin embargo… —dejó al aire aquellas palabras, ciertamente su vida había cambiado desde que había tomado aquella decisión, porque había pasado de estar siempre encerrada en su casa a trazarse una meta que le suponía exponerse a ese mundo al cuál extrañamente había estado rehuyendo. Aunque aun así no se sentía completa… o quizás sí, solo cuando él estaba a su lado. Por eso parecía otra estando cerca de él, por eso podía sonreír.

— Cuéntame, ¿en qué ocupas tu tiempo libre? —pregunto finalmente tras una larga pausa de silencio en la que se dedicó solo a saborear más aquel algodón de azúcar— ¿Amigos?... ¿familia? —apretó los labios tras aquella pregunta, si él respondía seguramente debería hacer ella lo mismo, lo cual llevaría a revelar su real situación de estar prácticamente sola en el mundo. Sin embargo si era él… si era Nathair, Kiah sentía que podía confiar.

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Re: The story of Us ─ priv. Nathair

Mensaje por Nathair Blaikovsky el Mar Ago 04, 2015 10:23 am


Aquella simple palabra que abandonó la boca de la dama le sorprendió; estaba dicha en su lengua materna, pero su significado era profundo, claro, su padre decía que su madre solía hacerle aquel dulce mientras estuvo viva, y luego fue ella, claro, ¿cómo olvidarlo? Su pequeña hermana, a quien atesoraba como a nadie, quien aprendió a hacerlos, él los comía, supieran bien en aquel entonces o no, ahora solo eran nostalgia acumulada en forma de hermosos recuerdos.

De alguna manera se quedó metido en ese pensamiento, en la sorpresa, por un par de segundos, pero luego volteó para mirarle, tal vez con demasiada suavidad, esa que pensaba dedicar solo a su amada Anya si un día podía encontrarla, y asintió.

Puedo enseñarte cuando quieras—, murmuró como respuesta a su segunda referencia, de alguna forma no podía dejar de pensar en el sentimiento que aquella simple palabra provocaba. Eso estaba mal, muy mal, no podía comenzar a ablandarse por cosas como esa.

Pero escuchó sus palabras, palabras llenas de emociones, de cosas ocultas, claro, no hacía falta ser genio para entender aunque fuera un poco algunas cosas de algunas personas; en ella podía detectar tristeza, una tristeza quizá solo comparable a la majestuosidad de una tétrica y madrugadora escena de una dama de aspecto fantasmagórico tocando un piano, sí, aunque, a sus ojos, aquello no era más que único, verdadero y, podía atreverse a decir, salvador.

Yo… no tengo razones reales para estar vivo—, murmuró, de alguna forma era algo que debía decirle, era su verdad, ella había contado la de ella, entonces él también debía hablar aunque fuera solo un poco, —o eso pensaba…—, se quedó en el aire por momentos, —no… creo que aún pienso así, es complicado dejar de hacerlo—, fue sereno en aquello, no estaba divagando, pero Nathair tenía una forma quizá demasiado rara de decir las cosas a otros, por eso casi nadie solía entenderle, —nunca tengo tiempo libre, siempre es trabajo, incluso ahora, no sé cuando se volverá trabajo—, comentó, estaba metiendo cosas que Kiah no conocía, por supuesto, pero… en fin, —y me gusta lo que hago, en cierta manera, me ayuda a no pensar—, apretó aquella mano que sostenía, aún caminaban y su hablar era bastante sereno y elocuente, con mucha sapiencia y serenidad, —mi madre murió al dar a luz a mi hermana, cuando tenía yo tres años—, fue lo primero medianamente con sentido que dijo entre todo aquel fraseo, —mi hermana… la verdad no sé dónde está—, ladeó su cabeza brevemente, —no sé si está viva, o si no lo está… aunque quiero creer que sí—, tragó e inhaló, —mi padre… es un gran hombre, hacemos trabajos similares, así que no puedo verle mucho—, finalmente aclaró, deteniendo un poco su andar, haciendo el paso constante más lento, pausado. —Y tengo amigos, compañeros… son como mi familia, para uno de ellos soy como un abuelo o padre, para una es como si fuera mi hermana y para otro soy como su hermano gemelo-no-gemelo, es gracioso—, matizó ese último punto soltando un ligero bufido, abandonando las tensiones, —él logra entenderme, deberías conocerle—, volteó el mirar a ella, a sus ojos grises que parecían tan calcados, pero tan diferentes, y le sonrió, no quería que se sintiera mal, tampoco presionada, para nada.

Dejó entrar de forma considerable y sonora aire en sus pulmones y, de la misma forma, lo dejó salir, moviendo su cuerpo quizá para estirarlo, pero cuidando no soltar la mano de la dama.

Y… me has hablado de una nueva vida—, comentó luego de algunos segundos, —si no quieres hablar de eso puedo entenderlo—, murmuró, dedicando un nuevo mirar a ella, —estaré ahí cuando quieras hacerlo—, le sonrió y, nuevamente, fijó la vista al frente, hacia el camino que ambos recorrían.

Era así, él mismo no sabía en qué se estaba metiendo, su mente le traicionaba, el raciocinio le decía que cayera, pero algo dentro de él, en lo profundo, dudaba, a pesar de que había caído rendido ante ella desde el primer momento, desde el primer segundo en el que le miró, desde el primer beso en el que se cuestionó tantas cosas.

Ahora no podía explicar nada, no podía explicar por qué se sentía así de rendido, así de dejado, así de ido por una sola persona, por una damita a quien apenas, ciertamente, acababa de conocer.



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Re: The story of Us ─ priv. Nathair

Mensaje por Kiah O. Kandel el Sáb Sep 05, 2015 12:47 am

Muy lejano era posible oír aún el murmullo de una ciudad muy viva a esas horas; sin embargo la espesa naturaleza que encerraba aquel espacio verde en medio del cemento parecía transportar a quienes por allí circulaban a otro sitio, uno más alejado y tranquilo. Uno en el que el alma pudiese hacer conexión con la naturaleza para sentirse en paz, lejos de las preocupaciones mundanas. Al menos así quería verlo ella, porque se sentía muy en paz en ese momento; aunque quizás la sola naturaleza no fuese la única razón de que su alma se sintiese tan apaciguada en ese mismo instante. Esa mano cálida que sujetaba con dulzura pero con firmeza, parecía ser el pilar que podría sostenerle y brindarle seguridad aún en medio de la más grande tormenta.

Una suave sonrisa se ensanchó en sus labios con aquella respuesta mientras no hacía más que probar un bocado más de aquel dulce que sorprendentemente llevaba ya por la mitad. Sin embargo sus siguientes palabras borró la sonrisa de su rostro, no de forma brusca, sino más bien diluyéndola lentamente. Aquellas palabras sonaban tan tristes… poco y nada sabía de él, sin embargo quería saberlo todo; todo completamente, sus alegrías y sus tristezas… sus cielos y sus infiernos. Por esto mismo escuchó con atención sin interrumpir, de alguna forma sus palabras le dolían a ella también, y despertaban muy en su interior una curiosa necesidad de envolverle en sus brazos y protegerle de cualquier dolor, cualquier tristeza… aunque sabía que ella no era lo suficientemente fuerte para lograr algo como eso. Apenas podía con su propia vida. Quizás había llegado el momento de crecer un poco más.

Con su lengua retiró suavemente del palillo el último trozo de algodón de azúcar que saboreo en silencio con una expresión neutra, depositando el palillo en un cesto de basura con el que se cruzó después. Mientras sus pasos se hacían más lentos por guía de él, tiró ligeramente de su mano para obligarle a desviar camino hacia un pequeño puente de madera que se encontraba muy bien construido sobre un lago de agua cristalina; sobre esta algunos patitos nadaban presurosos por alcanzar las migajas de pan que unos niño arrojaban desde la orilla.

─ Me gustaría conocer a tu familia… ─comentó finalmente, alzando la vista hacia él mientras le sonreía suavemente─… a toda tu familia. Ya verás que cuando ese día llegue, tu hermana estará ahí. ─al pronunciar aquellas palabras su mano se afianzó un poco más a la ajena ¿Qué más podía hacer? Solo eso, hacerle ver que las cosas saldrían bien sin importar lo que pudiese suceder; aunque ella realmente no sabía casi nada acerca de las circunstancias que rodeaban su vida. Ahora comenzaba a conocerle más profundamente, y si bien eso la asustaba un poco, estaba dispuesta a enfrentarlo; lo que él tuviese para entregar, ella lo aceptaría. Pensando en eso comenzaba a entender un poquito más la razón de la profunda tristeza que había sabido encontrar en sus ojos cenizos.

Con su mano libre recorrió el contorno de aquel rostro en el momento en que se hubieron detenido tras pisar el primer madero, le acaricio con ternura y afecto; acomodo suavemente unos cortos mechoncitos de cabello detrás de su oreja y llevando la mano que sostenía hasta su pecho acorto distancias hasta poder recostarse en él, cerrando los ojos mientras suspiraba ligeramente. Ella sabía de tristezas, ella tenía un pasado muy distinto pero seguramente igual de gris… quizás por eso ellos dos habían acabado en ese mismo sitio, quizás el universo hubiese confabulado caprichosamente para dejarles entender que no estaban solo en el dolor. No, al parecer el ya sabía eso… le llevaba cierta ventaja.

─ Me gustaría conocer a ese amigo del que hablas… ─agregó tras unos cuantos segundos de silencio, llevando la mano ajena hasta sus labios para depositar en ella un cálido roce─ También me gustaría… ser parte de esas personas importantes para ti… ¿sería mucho pedir? ─sus párpados se entreabrieron dejando ver unos ojos más apagados, de alguna forma el brillo que había estado irradiando hasta el momento se disipaba lentamente; recordar las circunstancias de su vida que la habían traído hasta ese punto no era para nada agradable. Pero sentía que él tenía el derecho de saberlo; si bien con medias palabras y frases confusas Nathair le había dejado saber algo de su pesar. Su vida era todo menos normal, ahora podía saberlo… y no le quedaba más que rogar que pudiese tener un tiempito para estar con ella, para que aunque fuese en pocos minutos ellos pudiesen curarse el alma, mutuamente.

─ Como dije antes… provengo de Australia, vivía en una mansión con mi madre y mi padre… siempre fui hija única, pero… nunca fuimos una familia normal, solo a ojos de los demás…─cuando aquellas ideas cruzaron por su mente giro su rostro hasta hundir la nariz en el pecho ajeno, casi suplicante por un abrazo de su parte, de esos brazos; casi como si implorase que no la dejase caer─ M-Mi madre… asesinó a mi padre… f-frente a mi… ─cuando aquellas palabras salieron de su boca su cuerpo comenzó a temblar, rememorar aquello aún le afectaba demasiado─… e-ella… quiso protegerme… ─su voz comenzaba a entrecortarse, sus ojos comenzaban a inundarse su corazón aceleraba su pulso; de forma dolorosa─… y ahora… está en un hospital psiquiátrico… ella e-esta… f-fuera de este mun… do…─mordió sus labios en un vano intento por retener aquellas lágrimas, no parecía posible; aquella profunda herida parecía estar muy lejos de sanar aún.

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Re: The story of Us ─ priv. Nathair

Mensaje por Nathair Blaikovsky el Sáb Sep 19, 2015 4:46 pm


Se dejó ser llevado hacia aquel puente tan destacado en este tipo de parques, tan bonito si se ponía a observarlo desde el ojo de un visitante distraído, claro, este sitio existía para sacar la ciudad de él, para inspirar paz, ese era su objetivo principal y, de alguna manera, lograba conseguirlo, no solo con él, sino con otros. Pero había algo extra, algo que se colaba no solo en él, sino en esta damita de rubia cabellera, algo que no inspiraba más que dolor. Por supuesto, entre dos personas como ellos no todo podía representar la enorme simplicidad.

Al detenerse apenas subiendo a aquel puente pudo entender sus palabras, él quería creer eso, él quería poder encontrar a Anya, era la única razón por la que había permanecido vivo hasta este momento, después de todo, ¿qué ganas pueden quedar de vivir cuando suceden las cosas que les sucedieron a ellos? En el pasado siempre veía esas cosas por televisión y las contemplaba de lejos, pero de igual forma muy temprano descubrió la crueldad del mundo.

Maldita realidad que se había llevado a su amada Anya, a su compañera más preciada.

Pero entonces solo le pudo regalar una mediana sonrisa, nada más que una mera mueca que tal vez no reflejaba todo, no, porque la verdad era que Nathair comenzaba a perder las esperanzas, por supuesto, ya habían pasado nueve años, nueve años desde que no pudo protegerla… la única vez, la única vez en la que él tenía que darlo todo por ella y falló, no pudo sacrificarse, no pudo dejarse por ella y, en consecuencia, ambos se habían roto, ambos habían muerto en ese lugar: sin importar si ella estaba perdida, pero viva; sin importar si él estaba en este lugar ahora mismo frente a la dama, aquel Nathair jamás regresaría.

Y al no poder dejar de mirarle se sentía tan confundido, es decir, estaba pensando en tantas cosas ahora, cosas que antes prefería dejar así, lejos, que no le gustaba recordar, que no se dejaba recordar sino tan solo cuando no podía aguantarlo. Pero había un problema, uno grande: él jamás, jamás, podía sacarse ese pensamiento de encima. Y fue quizá por eso que solo pudo contemplar aquel fino y hermoso rostro que intentaba consolarle a su manera, apoyarle, lo sabía, mientras con una sutileza envidiable acariciaba su rostro y sus cabellos, tragó, cuando ella se recostó en su pecho sitió como si eso fuera un interruptor, algo que le removía todo por dentro, sin embargo, no era ni pretendía que fuera el momento de romperse, no cuando las defensas que se había creado aún permanecían medianamente plantadas en su ser.

Tragó de nuevo, pronunciado al punto en el que claramente aquel acto pudo ser captado por la damita que tenía en frente gracias a su visible manzana de Adán, dejando a libertad lo que ella desease hacer con su mano.

Yo… no lo creo—, murmuró por sus palabras, —me gustaría… que formaras parte de mi vida—, continuó de igual manera, contemplando algo que se vislumbraba como si la vida se escapase de sus ojos, —no puedo explicarlo—, musitó al vez dejando una idea al aire, —pero eres especial, muy especial… quiero seguirte, aunque no comprendo eso completamente aún—, finalizó serenamente esa idea teniendo muy presente la incomprensión de sus propios pensamientos y palabras. Y eso era estúpido, para alguien como él eso representaba algo vacío pues no era científico. Pero vaya que le encantaba.

Sin embargo, la sensación de algo marchándose se intensificó cuando ella comenzó a hablarle de su pasado, por supuesto, él la escucharía como ella lo había hecho ante su extraña forma de explicar las cosas,  pero, lo que escuchó, lo que vio en esos escasos segundos que le parecieron eternidades, realmente no podía decir que no se lo esperaba, mas era grande, sinceramente grande.

Le abrazó con fuerza, casi como si de un arrebato se tratase, le abrazo con todo su cuerpo, no quería que nadie la viera, no quería que nadie se preguntase nada, pero, más que nada, no quería que ella sufriera a pesar de que ese simple pensamiento era imposible. La hundió por completo en su pecho y bajó la cabeza para llevar su nariz a rozar su cabellera platinada.

A partir de ahora… yo te protegeré, a partir del momento en el que nos conocimos fue así—, murmuró sabiendo que ella le escucharía, sabiendo que ella lloraba, —tu madre se sacrificó para que estés aquí ahora porque te ama, sin importar como esté ahora eso nunca cambiará—, no intentaba ser compasivo, no, tal vez veía a su padre en ese espejo, no era lo mismo, pero las situaciones en esta vida no tienen realmente que ser calcadas para experimentar esas sensaciones, —y yo… quiero protegerte, voy a protegerte para honrar lo que ella hizo por ti—, aún le abrazaba en ese momento, pero entonces le llevó a separarse de él, contemplando su rostro inundado en lágrimas, usó sus dedos para ayudar a quitar un poco, —sin importar lo que pase, sin importar si un día llegas a odiarme, y tampoco si yo no logro entender este sentimiento… quiero hacerlo, atesorarte y amarte—, murmuró, ¿qué estaba diciendo? De nuevo aquellas palabras salían por inercia, pero una inercia sustentada por algo firme dentro de él, —hacer que poco a poco ese dolor que te embarga pueda reducirse y llenarte de buenos recuerdos—, por alguna razón sentía un desespero interno por decirle eso, quería que ella lo supiera justo ahora, quería dejárselo claro en ese mismo instante, en ese parque, sin importar las formalidades, no, nada de eso… esto era algo irracional, fuera de la ciencia, fuera de lo clásico, y era algo abrumadoramente bueno para él que lograba tumbarle según la damita del frente lo quisiera; pero le gustaba, le gustaba sentirse así, le gustaba… —porque desde el primer momento en aquel teatro me hiciste sentir vivo sin saberlo…—, ni el ni ella, —yo quiero hacerte sentir lo mismo si así lo deseas—, culminó, enmarcando entre sus manos aquel rostro angelical.

No creía en el amor a primera vista, porque esto no era amor a primera vista, así lo sentía… ¿quién iba a pensar que aquel desbordamiento de sentimientos entonces en su momento podría hacerle sentir el peor destrozo? Nadie, él menos, por supuesto. Pero la vida era así, llena de instantes, de fuego, de momentos, de vida, de muerte, de reencuentro…

Aunque eso no era exactamente lo que –se pensaba- estaba ocurriendo aquí.


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Re: The story of Us ─ priv. Nathair

Mensaje por Kiah O. Kandel el Sáb Dic 12, 2015 11:54 pm

Dejó que la hundiera en su pecho, ese cálido pecho… después de todo era ahí donde deseaba estar en ese momento. Y su voz, su suave voz… y esas palabras; un bálsamo para el alma herida ¿Cómo podía ser? Sin dudarlo se aferró a sus ropas apenándose de mojar la tela con sus lágrimas; esas que no supo contener, no podía; menos si la abrazaba de esa forma. Un simple y cálido abrazo podía decir tantas cosas, un gesto podía hablar más que mil palabras… una mirada el tono de las palabras. Y en ese momento se daba cuenta que adoraría sentir de cerca la ligera vibración de su pecho al hablar, el calor de su cuerpo envolviéndole. Hundiéndola en sí, para alejarle del mundo, quizás, intentando alejarla del dolor…. Pero este seguía aferrado aún muy adentro.

Y no hubo más que silencio, por largos segundos. ¿Qué más podía hacer? Todo parecía demasiado reciente, demasiado envolvente aún; no era algo sencillo de aceptar ¿Cómo podía serlo?... aun así lo sabía; de alguna forma ella tendría que seguir adelante, de alguna forma tendría que seguir caminando, aunque tropezase una y mil veces. Su madre lo hubiese querido así. Pero era difícil y dolía… dolía por supuesto.

Y dolía su dolor, y dolía el de él… ¿Cómo debió haberse sentido todos esos años? Quien le sostenía, quien le rodeaba con sus brazos, había perdido tantas cosas; había visto su familia destrozada en una forma particular. Distinta pero igualmente dolorosa; sabía que posiblemente hubiese cosas que él no quisiese decir, pero aun así deseaba tanto poder consolarle, contenerle, ¿acaso serpia eso posible? ¿Cómo podría lograrlo si ahora misma ella lloraba en sus brazos? Y a pesar de todo, aquellas palabras traspasaban la esencia de su alma. ¿Qué poder tenía él? ¿Qué poder tenía su voz? Su sola existencia, misteriosa, efímera y conmovedora, había removido todo dentro de su ser con una sola mirada… y ahora parecía capaz de subsanar su mundo solo con sus brazos.

—Se siente tan cálido… —murmuró aún ahogada por las lágrimas, en un suave susurro que se desvanecería en el viento tras escucharlo solamente él y nadie más que él—… dentro de mi pecho…—podría permanecer el día entero allí, resguardada en el refugio de sus brazos; por más egoísta que aquello pudiese resultar. Podría abrázalo el día entero de igual forma, y solo estar allí, y solo quedarse allí, sin prestar atención a sus alrededores, sin reconocer nada más que a él, y a su esbelta figura en medio de la luz.

Observó la imagen borrosa de su rostro tras las lágrimas, buscando esos ojos que tanto podían llegarle a gustar; similares y tan distintos a la vez, ¿Cómo podía dudar de que estuviesen destinados? Quizás en realidad ella desease pensarlo de esa forma, quizás necesitase convencerse de que él era real, de que en verdad estaba allí, de que en verdad aquellas palabras abandonaban sus labios. ¿Acaso era posible amar a una persona solo así? ¿Solo sabiendo que se parecían demasiado y a la vez eran tan distintos?

—Lo sé… ella lo hizo por mi… —intentó sonreír, porque ella se lo merecía, su madre, su preciada madre; a fin de cuentas había sido todo lo que había tenido por mucho tiempo. Y cuando la vida se la había quitado, le había traído a ese hombre a cambio ¿acaso así debían ser las cosas? Quizás la felicidad era demasiado grande como para embargar a un solo ser… solo hubiese deseado que ella no hubiese acabado así. ¿Estaría mejor en ese mundo del cual parecía negarse a volver?

—Mi Nathair… contigo a mi lado… me siento tan viva como jamás me he sentido… —confesó, dibujando en sus labios una tenue sonrisa, él retiraba las lágrimas con sumo cuidado, la sostenía con ligereza; como si se pudiese llegar a romper… pero en realidad ella ya estaba rota— Me entregaré a ti… mi ser completo… —agrego, acariciando suavemente las muñecas de esas manos que le sostenían—… podría dar mi vida por verte sonreír una vez más… por ver que la luz bañe tu mirada… —y giró su rostro para besar una de esas palmas— Por más irreal que todo eso pudiese parecer… lo siento, como si te conociese desde siempre… como si… me hubieses hecho falta… tantos años. Por eso ya no te dejare ir. —se aventuró a asegurar, mientras veía con claridad sus tristes ojos— Déjame cuidar de ti, ahora y siempre… déjame abrazarte cuando tengas frío, acariciarte cuando sientas tristeza… si serás mi luz, déjame ser la tuya… —y alzando las manos hacia su rostro le atrajo hacia si, a bajar hasta su hombro y acomodarse allí cuanto quisiera, acariciando su cabello con dulzura—… déjame amarte como te lo mereces… —sabía que posiblemente para él resultase más difícil expresar sus emociones, más aun si había pasado años creando los suficientes muros para que estas no le embargasen estando desprevenido; eso lo hacía tan humano, tan frágil y tan fuerte a la vez. Sabía que amaría cada cosa suya, por más mínima que fuera.

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Re: The story of Us ─ priv. Nathair

Mensaje por Nathair Blaikovsky el Sáb Dic 19, 2015 2:14 pm


¿Hacía cuanto tiempo no se sentía as?´

En su pecho las cosas parecían ser distintas, ser terriblemente diferentes… y es que ese dolor encerrado en su cuerpo estaba creciendo a tal punto que solo le abrumaba más, que solo tomaba posesión de él como si de un marionetista se tratase controlando a un mero muñeco, era él ese muñeco, moviendo las piezas de su interior con el absoluto interés de volverle loco, de hacerle creer que las cosas buenas no lo eran tanto.

Exhaló.

Conocía la fu ente de este dolor… por mucho tiempo, años ya, se resignó a la infelicidad, se dijo que él no podía ser feliz, porque, aunque nadie lo dijera, el que su amada Anya no estuviera aquí ahora era solo su culpa, porque, a pesar de los arduos entrenamientos, no fue suficiente para protegerla, para conservarla en su abrazo, para mantener lo que quedaba de su familia unida.

Tragó, las suaves apalabras que afloraban de la boca de la rubia dama parecían dar justo en clavos que el varón ni siquiera sabia que tenía, y en otros que había reforzado tan bien… “desde siempre” el pensamiento se esparció en su mente porque era algo que él mismo había logrado sentir desde el primer momento, porque dentro e él las cosas fueron con un desenfreno apresurado y una pasión incomprendida. No lo entendía, muchas veces pensaba que no hacía falta entenderlo… lo importante era sentirlo.

Y comprendía la gran magnitud que aquellas palabras tenían, su entrega, todo eso era real, todo eso era algo que jamás esperó para alguien como él, que había renunciado a un futuro deseado, que había dejado de caminar por el sendero de la normalidad, tan solo para hundirse en las fauces de la auto culpa, que le representaba el recuerdo de aquel día con esa marca que permanentemente tendría en su espalda, prueba de que no era nadie.

Entonces… ¿él le merecía?

Resopló ligeramente, tanto como para calmar esa clase de pensamientos que muchos podrían considerar absurdos, pero ese era Nathair, esa era su esencia, no podía solo renunciar a ella, no tan fácilmente… debía transformarla, pero claro, eso era más sencillo de decir, que de hacer.

Al verse encerrado en eso, al sentir las caricias que ella le brindaba, era como si todo estuviera confabulando, pero, ¿por qué razón? Hasta ahora no se había atrevido a decir alguna palabra, tal vez porque pensaba que, si abría la boca, todo podría salir mal. Sin embargo, luego de algunos segundos más, de repetirse mentalmente que este momento no era adecuado, pareció calmarse.

Quiero… que estés conmigo—, murmuró muy bajo, pero, en esa posición, sería escuchado, —quiero darme a ti…—, continuó, —hasta que ya no se pueda más—, el tenue tono de su voz bajó hasta hacerse casi inaudible y le abrazó.

Le rodeó nuevamente con fuerza, como si se aferrara a ella para mantener la compostura, como si, por dentro, con esa entrega una bola de demolición comenzara a derribar una a una sus grandes, altas y gruesas barreras y soltó una risa algo rara, pero bastante sincera, para dejarle ir tomando ambas manos, en una especie de baile contemplarle de lejos.

Somos dos personas rotas—, dijo luego de algunos segundos de solo mirarle, tan hermosa, —así que, poco a poco… podemos repararnos… juntos—, sonrió, para dedicar una mirada cálida en medio de la ventisca a ella y solo a ella, quien había usurpado sus pensamientos sin ninguna mala intención.

Le atrajo de regreso, pero esta vez se detuvo para soltar una de sus manos y dirigirla –la suya, de Nathair- a despejar aquellos cabellos claros de la frente pálida de la dama, acercando su rostro para depositar un suave beso ahí, en un gesto paternal, por supuesto, pero quería dárselo solo a ella.

Acepto—, murmuró como una clara contestación a todo lo que ella había dicho recientemente y sonrió, para tomar de nuevo su mano y llevarle a dar algunos pasos, retomando el camino que había llevado hasta el instante anterior. Debía disfrutar, sentía que podía hacerlo junto a ella, que podía llegar a ser él mismo junto a ella e incluso dejarse ser con cosas que nadie jamás sabía, ni su padre, ni siquiera Chernny… esa era la magnitud de su pensamiento, de ese que se abría a lo desconocido con una sonrisa en el rostro.

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Re: The story of Us ─ priv. Nathair

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