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The hunter and his quarry. ─ priv. Xavier L. Spell

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The hunter and his quarry. ─ priv. Xavier L. Spell

Mensaje por Michael Baker el Dom Ago 09, 2015 4:39 pm



The hunter and his quarry.
Velvet Bar │ Viernes 21:30 hs. │ VestimentaAmbiente


Exhaló una larga bocanada de humo que escapo entre sus labios formando un perfecto círculo grisáceo en el aire, deshaciéndose después, perdiéndose en el ambiente; un sabor concentrado y exquisito, aquella mesa humeaba el aroma de los habanos de la mejor calidad existente. Michael disfrutaba de su aroma, pues éste sumado al sabor dulce-amargo de aquel Nebiollo, eran la combinación perfecta para soportar al grupo de vejetes que le acompañaban aquella noche. Ellos, negociantes del bajo mundo con quienes los Baker solían tener asuntitos de vez en cuando… no era algo que le resultase de particular interés ni mucho menos, pero como líder de B&B, era algo que debía hacer; entre sus muchas otras tareas poco gratas para él.

─ ¿Entonces estamos de acuerdo en este punto, señores? ─una media sonrisa se pintaba en sus labios, arqueando la comisura que no estaba siendo ocupada por el cuerpo cilíndrico y regordete de aquel habano. El grupo de viejos carcajeaba animadamente mientras a simple vista parecían un grupo de clientes más en aquel antro, sin embargo por lo oscuro todos ellos tenían el alma más sucia que el mismísimo Michael. La diferencia radicaba en que él no era bueno en aparentar algo que no era; al menos no algo tan drástico como lo era la esencia misma de su persona. Si de demostrar distintas facetas de su personalidad se trataba, en eso resultaba ser si, cómodamente más diestro.

Sin embargo, bajo un fuerte presentimiento había estado teniendo mayor cautela aquella noche… algo le decía que había otro par de ojos puestos sobre él, ojos que no pertenecían a ninguno de los tipos que le acompañaban en aquella mesa redonda ubicada llamativamente sobre un par de escalones. ¿Se trataba acaso de pasar desapercibidos? Por supuesto que no, intentar confundirse con la oscuridad del ambiente siempre les haría ver más sospechosos que si pasaban abiertamente como personas aburridamente normales… aunque claro, particular grupillo conformaban los viejos y él.

─ Por mi parte, acuerdo hecho. Como siempre un gusto hacer trato con ustedes. ─comentaba uno de los sujetos para callar inmediatamente que el mesero llegaba con una bandeja repleta de aperitivos que habían pedido para acompañar aquella bebida. Y tras un leve movimiento de cabeza el rubio separaba aquel Cohiba Behike de sus labios para dejarlo exhalar una vez más y tomar con su otra mano la alta copa de cristal que contenía uno de los mejores vinos que había tenido el gusto de probar. Solo por eso había valido la pena aquella “velada”, cada sorbo resultaba más embriagante y cautivador que el anterior.

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Re: The hunter and his quarry. ─ priv. Xavier L. Spell

Mensaje por Xavier L. Spell el Miér Ago 19, 2015 2:37 pm



VELVET BAR \\ VIERNES 21:37 HS \\ NERY \\ VESTIMENTA

Bastaba decir que no estaba habituado a estos asuntos…

El día de hoy, o la noche, estaba en este sitio extraño con compañía ligeramente conocida… ella era Nery, una chica un par de años mayor que él… aunque lado con lado podría decirse que ninguno de los dos rondaba siquiera los veinte años, prueba de ello que el vigilante de la entrada les pidiera sus identificaciones al momento de querer entrar a este sitio, pero, ¿por qué estaban aquí? Pues era simple, tenía órdenes de vigilar algunas cosas, operaciones, relacionadas con los Baker en la ciudad, particularmente con alguien que… sí, ahora podía darse el lujo de reconocer temerariamente, era aquel chico que se había encontrado en la piscina, que le había dado una temible mala espina.

Él era un Baker, peor aún, era Michael Baker, uno de los nuevos líderes del grupo. Resopló… con él Nery venía hoy por dos cosas: ser su coartada, aquello que no le hiciera ver raro, y recabar su propia información sobre los vejetes que se condensaban en aquella mesa junto al rubio, todos tenían sus asuntos y, en medio de aquel lugar, de la mesa que ambos compartían mientras la dama bebía soda y él hacía lo propio con un Bellini, con la espumosidad de la champagne y el picor, extrañamente dulce, del licor de durazno, -bastante fresco a su paladar realmente no habituado a las bebidas alcohólicas, solo lo necesario para momentos como este- estaba un ambiente al que solo acudía para las cosas del trabajo.

Leo… ¿crees que mañana podamos ir a desayunar juntos?—, escuchó la pregunta de parte de la pelinegra, dejó su bebida de lado y entonces ladeó la cabeza, estaban a unas cuatro mesas atrás de aquellos que parecían destacar entre todos los presentes, muy a parte de que él presumía que muchos aquí no andaban reunidos por cosas lícitas, ni siquiera los jovencitos universitarios que andaban ligando.

Claro, ¿a dónde quieres ir?—, le preguntó, debían aparentar buena conversa y era lo que llevaban haciendo todo el rato, ciertamente ella terminaría por irse primero o eso era lo que habían acordado en un inicio, —puedo terminar por tu casa más tarde si quieres, la noche es joven—, le dijo armando una sonrisa un poco pícara, que no le era ajena, pero que, como muchas cosas, no solía usar demasiado.

Claro… puedo esperarte en casa esta noche si quieres… o podemos seguir por ahí—, le notó acercándose y le dejó, después de todo esto era solo una especie de teatrillo, —después del trabajo—, murmuró en su oído, sintió la mano en sus muslos y el soplido a su oreja que le hizo tensarse solo un poco, para reír –él- un poco.

Estás siendo muy buena hoy—, se burló haciendo las veces de intimar en aquel aspecto, no quería armar demasiado espectáculo, dado que eso les haría resaltar casi tanto como si se conservasen taciturnos en el lugar toda la velada.

La dama se separó de él y, con una simple mirada, pareció entenderlo todo, era momento de finiquitar todo este montaje entre ellos dos. Ella tomó su mano para levantarse e impulsarle a hacer lo mismo y le pegó a su cuerpo, “espérame afuera, iré al tocador”, le murmuró, por lo cual le miró ironizando, pero aceptó, caminando de la mano con ella hasta separarse casi a la entrada, pasando al guardia para estar entonces en plena calle, calle que estaba bastante bulliciosa pues era temprano, muy temprano, por lo que solo caminó algunos pasos y se recostó en la pared cerca de una vereda a esperarle, cosa de poder irse por ahí cualquier cosa, se había recorrido las calles con el fin de entenderlo todo y no perderse, después de todo ya tenía el tiempo suficiente en el lugar para ser “ducho” en ciertas cosas.
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Re: The hunter and his quarry. ─ priv. Xavier L. Spell

Mensaje por Michael Baker el Vie Ago 21, 2015 12:37 am

Podía él verse tan fácilmente ajeno a lo que ocurriese a su alrededor; podía aparentar que muy centrado estaba en sus negocios y en mantener una buena imagen con sus contactos. En parte lo estaba, pero en parte también, sus sentidos seguían bien atentos de lo que sucediese alrededor. Le había visto, por más que intentase disimular y mezclarse con el ambiente; su teatrillo de pareja filtreando no estaba mal… nada mal si quería ser justo. Fácilmente pasaba por un cliente más, una parejilla más, como tantas otras que aparentaban normalidad a su alrededor; pero Michael había puesto su mirada crítica sobre ellos, particularmente sobre él… poco le importaba la tipa aunque sabía que seguramente estaba ahí con alguna misioncilla de esas que solían tener. Michael había centrado su atención en él, ese rubio de facciones angelicales al que había tenido el descaro de besar apenas haberle visto aquella noche. Y vaya que le había gustado ese beso, y el agri-dulce sabor de sus labios.

Había tomado los recaudos de investigar, de saber más de él; porque ciertas cosas no cuadraban, no. Él se había visto muy distinto a lo que tenía en mente, a lo que esperaba encontrar… él tenía otro semblante… tan particular y extraño como ser el mismo rostro, con una mirada completamente distinta. Una que al rubio atraía de forma curiosa. Ese no era Minato Hamilton, ahora sabía la verdad… y esa verdad resultaba deliciosa en cierto punto.

Se despidió del grupo de vejetes cuando hubo finiquitado el contrato hablado, más adelante se reunirían seguramente para formalizar en papel las pautas que cada quien quisiese agregar. Él por su parte estaba ansioso por salir de aquel antro, no quería pasar allí el tiempo suficiente como para que se le pegase el olor a viejo; porque claramente en su compañía no podía dejarse ser… y la noche era joven, muy joven aún, quizás sería bueno dar vueltas por la ciudad en busca de alguna mujerzuela con la cual entretenerse, o quizás podría hacerle una nueva visita nocturna a su querido Ishi-tan. Aquel tipo era una joyita que se había encontrado en una noche cualquiera.

Sin embargo esfumo aquellos pensamientos de su mente cuando al salir al exterior le vio allí, a unos pocos metros recostado en la pared ¿le estaría esperando? No, seguramente esperaba por ella, la tipa de cabello negro no estaba con él. Quizás la farsa no era tan falsa a fin de cuentas, pero no era algo que le importase en lo más mínimo en realidad. Más importante resultaba ser… ¿qué ánimos tenía Baker de jugar aquella noche? Tal y como el felino juega con su presa antes de devorarla sin piedad; ¿Quién era el cazador y quien era la presa? Eso estaba por verse.

Paso una mano por su larga cabellera rubia acomodándola al contorno de su rostro, las finas hebras se deslizaban entre sus dedos de forma dócil, más de lo que pudiese parecer. Inmediatamente sacó el teléfono móvil del bolsillo de su chaqueta e inició camino en dirección hacia donde el otro rubio se encontraba, pero sin mirarle, aparentando no darse por enterado de que él estuviese allí. Si, estaba muy concentrado en esa llamada que resultaba de importancia para él, aquel rubio sabía que así debía ser.

─ ¿Entonces ya tienes lo que te pedí… de Minato Hamilton? ─pregunto muy claramente, en el momento exacto en el que pasaba frente al otro, por supuesto, con toda la intención de que escuchase el menor el nombre que remarco casi con vileza. No estaba seguro si recordaba o no su verdadero origen, pero sabía muy bien que de una forma u otra, por la razón que fuese, aquel rubio no dejaría pasar eso como si nada. Esperaba que se le ocurriera seguirle, por supuesto, era lo que quería lograr con ese andar despreocupado y aparentemente desprevenido.

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Re: The hunter and his quarry. ─ priv. Xavier L. Spell

Mensaje por Xavier L. Spell el Jue Sep 10, 2015 8:00 pm

Dejó ir su cabeza hasta sentirla chocar con la pared y resopló, era complicado… se preguntaba como estaba su familia, los extrañaba, por supuesto, hacía mucho que no podía estar con ellos por el trabajo, porque siempre surgía algo que le hacía tener que ir de un lado a otro, pero, en cierta forma, solo por eso pensaba que estaba bien, ellos debían estar alejados, especialmente porque, últimamente, el rubio no había sabido como ocultar sus malestares.

Malestares… dolor, el dolor de las fracturas regresaba a veces, dolor refrenado a veces en sus entrenos, dolor marcado en sus peores pesadillas de aquel día, de ese que, en su consciencia, quizá no recordaba demasiado, pero que, en el mundo de los amantes sueños, no le era esquivo tan siquiera una noche.

Estar con Nery no era algo nuevo, es decir, le había visto antes y había sido participe de sus jugarretas, ella se dejaba caer en confianza y por eso todo era más fácil, incluso hablar de tonterías o… pasar un buen rato haciendo cualquier tontería de esas. Le vio detenerse en la entrada justo cuando sus ojos captaron a otro de sus problemas, pero regresó a su antigua posición. En un momento así no hacía falta ser un genio para saberse atrapado, pero, mientras estuviera en su propio contexto, nada pasaría, de eso estaba seguro. Por supuesto, hasta que aquel rubio con su afeminada larga cabellera le pasó por el frente diciendo quizá el único par de palabras que, justo ahora, podrían hacerle hacer tonterías.

Mas no sería el día, no, al escuchar ese nombre algo se le movió por dentro, en su cabeza, la sola mención de ese nombre generaba dolor, y eso estaba mal, ¿Minato Hamilton?, ¿él realmente estaba aquí? De alguna forma eso le dio curiosidad, no sabía de ese nombre, para nada –al menos no por trabajo-, pero su mente lo conocía perfectamente y se encargaba de recordárselo cada maldita noche.

Leo… creo que  no podremos jugar esta noche—, escuchó decir a la damita que se detenía frente a él con una pose, cuando menos, provocativa, colocando las manos sobre sus hombros y acercándose, lo cual le hizo bajar el mirar para encontrarse con su rostro.

¿Y eso?—, preguntó, bien sabía que a veces las cosas solían dar su giro.

Me han ordenado seguir a uno de los sacos de huesos…—, ella soltó como si aquello de verdad le entristeciera, —yo quería jugar contigo...—, susurró y le sintió jugar con algunos mechos de sus cabellos, —pero… ¿podríamos quedar para otro día?—, le cuestionó

Vaya… si no hubiese sido testigo de cosas así antes, se sentiría nervioso, al punto de no poder ocultarlo. Por lo que solo resopló.

Supongo que no tengo elección—, le dijo y chascó con la lengua.

¡Gracias!—, chilló ella, cambiando de semblante muy pronto, —te prometo que serás compensado—, justo antes de irse besó sus labios, dejando un amargo sabor en ellos, dejando que el varón le viera marcharse poco a poco.

Exhaló, ¿y ahora qué?, había perdido la oportunidad de curiosear en territorio hostil por aquel rubio que se había perdido al cierre de la calle, no tenía chica y aún era demasiado temprano, ¿quizá debería regresar al instituto? Lo de tener que estudiar lo estaba llevando con relativa normalidad, pero supuso que eso sería lo mejor, caminando podría llegar en unos cuarenta minutos, tampoco es que tuviera demasiadas ganas de nada.

Entonces solo metió ambas manos tenuemente en los bolsillos de los jeans y comenzó a caminar en la misma dirección por donde aquel chico se había marchado, después de todo era la única salida real de esta zona de la ciudad. Exhaló, sus planes se habían ido al año, pero bueno, al menos podría ir a jugar un poco antes de preocuparse por si tenía alguna tarea pendiente, sí, en ese orden.

Cruzó al cuadra y continuó, tal vez ajeno a lo que de verdad estaría ocurriendo a su alrededor.
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Re: The hunter and his quarry. ─ priv. Xavier L. Spell

Mensaje por Michael Baker el Vie Oct 09, 2015 5:37 pm

A Michael Baker le gustaba jugar. Por supuesto, sus juegos no eran suaves ni mucho menos inocentes; no podían serlo. No cuando había llevado una vida como esa, y se había formado en un mundo hostil que buscaba la más mínima oportunidad para destruirle a cada segundo. ¿Le echaba la culpa a la vida? No, el rubio no solía tener pensamientos como esos; sencillamente parecía ser más de esas personas que acatan lo sucedido y se desenvuelven a partir de ello. No es como si hubiese tenido escapatoria alguna en realidad. ¿Destino? Quizás… o quizás simplemente había sido la mayor de las malas suertes que una persona puede llegar a tener. Su existencia estaba maldita, pero también la de todos los que le rodeaban.

Había guardado el teléfono móvil nuevamente en el bolsillo de su chaqueta cuando se hubo alejado lo suficiente para perderse del campo visual del otro rubio. No había llamada alguna, por supuesto, ya había averiguado con antelación todo lo que había que averiguar; quizás ya no hubiese nada más que saber. Quizás; después de todo el mundo podía resultar siempre una caja de sorpresas. Pero si de algo estaba seguro era que le gustaba aquello, le gustaban esa circunstancias, porque podía sacar provecho de ellas y al mismo tiempo entretenerse un poco.

─ ¿Vas a decepcionarme? ─murmuró en un tono ronco y apenas audible mientras descansaba su espalda en la pared de un edificio de aspecto algo descuidado, aquella zona era realmente una boca de lobo; pero a Baker no le preocupaba transitar o detenerse en sitios como ese. Fue entonces que escuchó un par de pasos acercarse con toda tranquilidad, un caminar lento y despreocupado. Allí estaba él; y entonces una media sonrisa se pinto en sus labios, los cuales relamió lentamente. Su ágil figura desapareció entre la oscuridad de un callejón estrecho, allí le esperaría, desde allí le acecharía, para cuando sea el momento justo, atacar.

─ Eso es corderito… ven a mi… ─no importaba si le había seguido o no, su andar tranquilo y despreocupado le indicaba que no había sido así; quizás no hubiese logrado en él el efecto que había deseado lograr, sin embargo no por eso dejaría de divertirle. Ese rubio tenía mucho para dar, en más de un sentido; tanto como gemelo de Hamilton al cual podría usar para acercarse a él, como también para disfrute personal. Si, tenía algo que a Michael atraía enormemente, aunque no supiese aún identificar de qué podría tratarse.

Esperó el momento justo, el segundo exacto en el que resultó factible alcanzarlo sorpresivamente; estirando sus brazos se abalanzó sobre él para tomarlo por la espalda justo en el momento en que pasaba frente a aquel callejón, y arrastrarlo consigo hacia la oscuridad. Cubriendo su boca con una mano, mientras que con la otra apretaba su cuello; entonces acercó la nariz a aquella suave y cálida cabellera, olfateándola con gusto, hallando entre los rubios echones el borde de una de sus orejas que mordió sin miramientos.

─ He atrapado… un indefenso corderito… ─susurró en su oído, apegándolo a su cuerpo mientras posicionaba de forma correcta la mano en su cuello, posicionando sus dedos para aplicarle la afamada “llave del sueño” y dejarlo aturdido completamente. Entonces cuando le sintió aflojarse y comenzar a deslizarse entre sus brazos le soltó, calculando el ángulo justo para pegar un certero rodillazo en su barbilla; impulsando así de forma violenta su cabeza hacia atrás y provocando que perdiese el conocimiento completamente─ Todo mío… ─agregó viéndole tirado en el suelo.

Con una expresión ligeramente perversa, se inclino sobre él y acaricio sus rubios cabellos, tomándole después de uno de sus brazos para tirar de él y colocar al chico sobre su espalda, haciéndole saltar un poco sobre esta para acomodarlo mejor y ponerse de pie después. Como si nada camino tranquilamente hacia un estacionamiento pago en donde había dejado su deportivo rojo, y sacando las llaves de otro de sus bolsillos, desactivo la alarma que cedió tras un pequeño “bep”. Entonces le dio la vuelta y acomodo al menor en el asiento del acompañante, cerrando la puerta después, para volver a dar la vuelta y sentarse él en el asiento del conductor.

─ Este fin de semana será… interesante. Ya lo verás. ─dijo al que permanecía inconsciente, colocando las llaves para encender el motor y acelerar de forma descuidada; dejando aquel sitio como alma que lleva el diablo. Le gustaba oír  el rugir del motor, y la libertad que sentía al poder correr a toda velocidad por las calles desiertas. Tenía un destino ya establecido, no de antemano, pero que había trazado durante el poco tiempo que duro el camino hacia el estacionamiento; podía decirse que estuviese, quizás, ligeramente ansioso por llegar. Permanecer lejos de todo y de todos era un lujo que muy pocas veces podía darse, y sin embargo era lo que más parecía ansiar.




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Re: The hunter and his quarry. ─ priv. Xavier L. Spell

Mensaje por Xavier L. Spell el Mar Nov 03, 2015 1:04 pm

Tenía tantas cosas en la mente, tantas…  especialmente ese calambre que se estaba extendiendo en su cabeza, tal vez porque hacía frío, el frío era el enemigo de las fracturas cicatrizadas, de lo que tenía en el cráneo. Resopló, su noche iba a terminar absurdamente más rápido de lo que pudo haber imaginado. No es que fuera un Don Juan, no, pero sus cosas tenía, y no dudaba en manifestarlas. Tampoco tenía completa consciencia de ciertas cosas, de ese nombre, por supuesto, ese nombre siempre causaría un efecto en él, el punto era intentar manejarlo, intentar llevarlo tanto como pudiese, como se le diese.Resopló, pensar tanto en el pasado, meterse en sus recuerdos, no era algo tan grato como le gustaría terminar pensando.

Pero, todo eso, todo eso se volvió nada, cuando su mundo se volvió nada.

Sintió algo arrastrarle y, al momento en el que quiso ponerse a cubierto ya era demasiado tarde, ya tenía un brazo rodeándole el cuello y otro tapándole la boca, ni siquiera podía lograr algo moviéndose, intentando zafarse, no, y se asustó, su asustó al sentir a alguien oliéndole, unos dientes mordiendo su oreja… sus parpados se abrieron a sobremanera al escuchar la voz, la conocía, claramente la reconocía, y eso era malo, muy, muy malo. Los dedos en su cuello, no, no, ¡no!, esto no podía estar pasando.

Pero, casi inmediatamente, su cuerpo pareció perder las fuerzas y, antes de que pudiera tan siquiera procesar eso completamente, sintió algo golpearle fuertemente y todo fue negro. Esto era malo, realmente malo, especialmente por esa voz, la conocía, y no había sido un encuentro demasiado placentero.

El mal presentimiento se difuminó como los vestigios de su consciencia y entonces todo se volvió nada; nada y una imagen, un sueño… nada y un doloroso recuerdo.


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