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Shopping time ─ priv. Jan Izaak

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Shopping time ─ priv. Jan Izaak

Mensaje por Noelle M. Armstrong el Jue Ago 13, 2015 11:17 pm




Shopping time
Previously │ Alki │ Casilla de autobús │Miércoles,  16:55 hs.


Quizás pudiese Noelle jactarse de su afilado poder de convencimiento, o quizás sólo pudiese ser realista y aceptar que el hombre le acompañaba ahora mismo porque su “madre” se lo había… ¿exigido? Estaba claro que si aquella mujer, fuese quien fuese, se preocupaba por el hombre que caminaba ahora a su lado, haría lo posible para que saliese adelante y se recuperase si es que debía hacerlo. Así actuaba una madre después de todo.

─ Yo también tengo una casi madre… ─comentó mientras caminaban, por la vereda; habían salido de los grandes terrenos de la academia y mientras se dirigían hacia la casilla del autobús que alguna vez había visto ubicada cerca de la esquina, intentaba ella seguir el lento andar ajeno que tan particular parecía resultar─ La esposa de mi padre, se casó con ella después de que mi madre falleció… cuando apenas era una pequeña…─mientras hablaba de aquello, un deje de nostalgia se apoderaba de su mirada, y su sonrisa se hacía más tenue, casi invisible, mientras alzaba la mano que tenía libre para acomodar tras su oreja un mechón de cabello que había sido desordenado por el viento.

─ Mi padre sufrió mucho su pérdida… pero ha conseguido rehacer su vida, se volvió a casar… y tuvo un hijo con su esposa. ¡Tengo un hermanito de cuatro años! ¿Lo puedes creer? ─exclamó con una amplia sonrisa para después observarle con la misma alegría, retomando la vista en su camino segundo después. Pocos metros adelante se divisaba la pequeña casilla del autobús, sencilla, con una banca de madera y un techo trasparente─ Trenton es un niño hermoso… si lo vieras…─al llegar a la parada instintivamente se sentó en el borde de la pequeña banca y depositando las cosas sobre sus piernas dejó escapar un pequeño suspiro─ Claro que tiene su carácter, pero… es un buen niño. ─lo era, Emma había sabido educarlo correctamente, o más bien, lo estaba educando de forma correcta. Era una buena mujer, la mejor que podría haber encontrado su padre.

─ ¿No te gusta conducir? ─preguntó por preguntar unos pocos minutos después de que ambos mantuvieron un agradable silencio, Noelle solía ser una persona elocuente, pero era bien sabido que es difícil sacarle conversación a aquellos que parecen rehuir de ello. En realidad no sabía si es que el sujeto no quería hablar o simplemente era bastante tímido, fuese lo que fuese había prometido a aquella mujer de desconocido rostro que le llevaría con ella. Y así lo haría─ Hace taaaanto tiempo que no me subo a un autobús, realmente… ─comentó alargando la palabra para hacer énfasis en que en verdad había sido mucho tiempo. No es que fuera nada del otro mundo hacerlo sin embargo le había perdido la costumbre─ Iremos al Alki Strai Mall. ─agregó mientras se inclinaba levemente hacia adelante, notando como a lo lejos comenzaba a divisarse el techo de un autobús, entonces lo recordó─ No tengo tarjeta…─menudo problema, y alzó la vista hacia el pelinegro, si no solía usar ese medio de transporte era natural que no llevase consigo una. Y podía resultar entendible también que ese hecho acabase pasándosele por alto.

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Re: Shopping time ─ priv. Jan Izaak

Mensaje por Jan Izaak Warszawski el Vie Ago 21, 2015 4:28 pm

Ciertamente esto no era algo planeado, no, el caminar entre el ambiente frío no era algo que le mantuviera realmente motivado, pero era un asunto del cual no podía rehuir, después de todo era Siena quien había insistido al respecto, ¿por qué no darle un gusto de vez en cuando? Además, tampoco era que esto le representase nada a él, así de simple. Solo que hoy, particularmente, no tenía los ánimos para andar en esto, hoy no.

Tenía las manos entremetidas en los bolsillos delanteros de su pantalón mientras caminaba, era un varón que percibía demasiado más rápido los cambios en la temperatura, era sensible a eso quizá, y por eso ahora se sentía tan apagado, más que antes, especialmente por las cosas que este clima –que tanto le agradaba- le hacían recordar. Resopló, estaba escuchando a la señorita felicidad abrirse un poco ante él, aunque claro, Jan pensaba que eso, para ella, no era nada complicado ni difícil de conseguir.

De algún momento a otro no pudo evitar pensar en el padre de esta chica, él podía entenderlo, claro que sí, lo que se sentía pasar por eso era terrible, sin embargo, y por las palabras de la muchacha, el pelinegro pensó que era quizá por esta misma hiperactiva chica que aquel hombre había decidido rehacer su vida, por lo que vivió hasta ese momento. Era complicado, algo demasiado extraño incluso si hablábamos de su taciturnidad normal.

¿Qué edad tendrían ahora? Probablemente cumplirían dos años dentro de algunos días, pero no había podido ser.

Siena es… la madre de mi esposa—, le dijo con calma pues así era, una mujer a la que amó por toda su vida, a la que aún innegablemente amaba y entendía y sabía perfectamente que jamás dejaría de querer, ¿cómo podría?, ¿cómo haría algo así con quién había sido su luz? Y al momento de irse lo había dejado todo en una temible oscuridad.

Miró al frente al momento de detenerse y, acto seguido, negó con la cabeza, la verdad era que contestar con cosas simples, gestos o señales, era parte de él y no podría ser cambiado, no quería que eso cambiase.

Solía tener un auto… pero prefiero viajar a pie por ahora—, fue lo único que dijo respecto al tema, la verdad es que la ciudad no le era ajena, tenía mucho tiempo andando por estos lugares, varios meses, y, ahora que debía perfilarlo a una parte más de su trabajo real, entonces se complicaba.

Echó la vista al horizonte, ahí donde no podías ver a muchas personas, donde el frío era medianamente visible, y donde un autobús hacía su triunfal llegada, bien, usualmente debía esperar más dependiendo de la ruta. Ladeó la cabeza al escuchar sus palabras y dejó ir un ligero y casi imperceptible bufido.

Tengo una—, murmuró, esperando un par de segundos, tal vez más, hasta que el bus se detuvo en la parada, notando como un par de personas, unos chicos que tal vez eran estudiantes, se bajaban del mismo, entonces llevó la mano al bolsillo trasero para sacar la cartera y buscar la tarjeta, todo esto mientras subía el escalón y tenía de frente al chófer, a quien se la entregó segundos después, —dos, por favor—, dijo, este era un chófer ya conocido suyo, dado que cubría una ruta que tomaba a diario dos veces al día durante los últimos dos años, así que le saludó luego de eso y recibió un cálido saludo en forma de sonrisa y una palmadita en el hombro luego de que le regresasen su “pedazo de plástico” para seguir caminando por el pasillo en busca de asientos, que al parecer no habían, pero siguiendo el movimiento para acercarse lo más posible a la puerta de salida. Habían al menos unas diez personas de pie y él presumía entrarían más en la próxima parada, después de todo era un día importante del año y las horas se acercaban a lo crucial.

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Re: Shopping time ─ priv. Jan Izaak

Mensaje por Noelle M. Armstrong el Mar Sep 15, 2015 8:50 pm

Mantuvo su mirada al frente en lo que duraba aquel corto camino, no evitando observar solo de reojo a quien caminaba a su lado. Varón de altura medianamente pronunciada y oscura cabellera azabache, sus finas hebras parecían acompañar la danza del viento de forma grácil y despreocupada; un par de apagados ojos verdes se escondían tras el marco de aquellos pequeños lentes con diseño ejecutivo. Noelle había llegado a preguntarse, solo efímeramente, la razón de que su figura completa pareciese tan apagada… casi como si se tratase de una sombra que se desdibuja en el ambiente, dentro de aquel cafetín y ahora mismo a su lado; tanto como si al dejar de prestarle la debida atención, podría sentir que realmente no estaba acompañada por más que su propia sombra. Verdaderamente un muy curioso ser, que aún así era capaz de hablar, oh sí, lo era; no se negaría a si misma que se llevó una pequeña pero grata sorpresa cuando le oyó pronunciar apenas unas pocas palabras acerca de si mismo. Era casado. ¿Cómo sería su mujer? De alguna forma aquella pregunta dio vueltas en su mente produciéndole una cierta curiosidad. Pero ahora podía anoticiar a su amiga la razón de porqué el no parecía mirar a nadie más.

─ Oh ya veo, en realidad es magnífico tener una relación tan buena con los suegros… ─sonrió cordialmente mientras una nubecilla de vapor blanquecino se esfumaba frente a su rostro; estaba haciendo bastante frio en verdad. Por supuesto, ella habiendo contado con que viajaría en automóvil, no había traído gran cosa para protegerse de las bajas temperaturas─ Pocas personas pueden jactarse de ello… felicidades Jan Izaak, he de suponer que su esposa es una mujer muy afortunada. ─concluyó en voz alta mientras frotaba las manos frente a su boca, exhalando sobre ellas un poco de su cálido aliento; no parecía realmente útil para mitigar el frío, pero nada más podría hacer. Llegaría el autobús, y sabía que dentro el calor humano sería de gran ayuda. Había pasado por cosas como esas, tiempo atrás.

Una amplia sonrisa se instaló en su rostro cuando el hombre accedió a pagar el costo de su boleto, le estaría debiendo algún favor, por supuesto, lo tendría bien en mente; pero por el momento solo lo dejaría estar. Entonces se puso de pie con sus cosas en mano, sujetándose del pasamanos se alzó para subir al primer escalón, divisando el rostro del conductor al término de la pequeña escalerilla; el interior estaba bastante poblado, pero aún había sitio en donde poder acomodarse.

─ Aunque ya no te guste conducir, quizás quieras dar un paseo alguna vez… ─comento tras pasar en medio de la gente, abriéndose paso con respeto para llegar hasta él, deteniéndose a su lado mientras buscaba de donde sostenerse─ Puedes contar conmigo para eso. Creo que… algún día recuperaré mi automóvil de las garras del mecánico. ─dejó escapar una pequeña rosilla para después centrar su vista en la acera que comenzaba a desplazarse lentamente a medida que el autobús retomaba su marcha─ ¿Y cómo se llama ella? ─pregunto volviendo a mirarle con ligera curiosidad─ Tu esposa. ¿Llevan mucho tiempo casados?... me imagino que ha de ser una hermosa familia. ─sonreía, de forma suave y amena; Noelle querría formar una bonita familia algún día, quizás más pronto que tarde… aunque ciertamente estaba olvidando un detalle… uno que quizás después de tanto evadir había pasado a las penumbras en una relación que ella consideraba perfecta en todo sentido.

─ He visto a los padres de mi novio solo algunas veces, ellos viven muy lejos. Pero a cambio Shane pasa mucho tiempo con papa y con su esposa. Ambos lo adoran, incluso Trenton…─su rostro parecía iluminarse cuando hablaba de ellos, en verdad ella consideraba que todos juntos eran una familia feliz, y que seguramente muy pronto todo eso se vería aún más fuertemente consolidado─… suele llamarlo tío. A Shane le gusta eso… verás…─y le miró nuevamente, buscando una mirada ajena que quizás tenía muy vagas intenciones de posarse sobre ella─ Él es pediatra… ama los niños… ─por supuesto, y de esa forma le había conocido, y de esa forma había quedado fascinada con él. Cuando hablaba de aquel hombre su mirada parecía brillar, había soñado tantas cosas, demasiadas, a su lado.

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Re: Shopping time ─ priv. Jan Izaak

Mensaje por Jan Izaak Warszawski el Miér Sep 16, 2015 2:25 pm


Escucharle hablar era extraño, no era simple, no, a sus ojos no era simple pensar seriamente en sus palabras, considerar lo que por la mente de alguien así estaba pasando, especialmente por un factor. Ignorancia… hermosa y vergonzosa virtud que algunos tenían hasta su cierto tiempo.

Para alguien como el pelinegro contestar sus preguntas resultaba un poco complicado al momento en el que se encontraban, estaban en un autobús medianamente lleno en realidad, habían personas, pero no era solo eso, el hecho resultaba en que no solía hablar de esto, para nada, quizá los únicos sobre los que hacía mención de ella era con Arthur y Siena, pero no era como si Sophie hubiera sido una mala persona, para nada.

Ellos… son buenas personas—, murmuró extremamente calmado, con un tono de voz quedo, y varios segundos, quizá minutos, después de que ella decidiera formular todas sus palabras. El autobús se detuvo y entraron más personas, no tenía certeza completa de cuantas paradas faltaban para llegar al destino, —y no… soy yo el afortunado—, completó para inhalar ligeramente, por supuesto, él tenía mucha suerte de poder llamar a los Gallagher como si fueran su familia.

Aligeró la vista para, con una mano, quitarse algunos cabellos que le picaban en una oreja, dejándoselos hasta atrás de las orejas, ¿sería curioso poner punto a todas las perforaciones que tenía?, la verdad el código de vestimenta poco le tenía, pero tampoco quería exagerar, eran muchas, o eso le habían dicho, poco importaba. Las tocó, incompletas al fin, y lo pensó un instante.

Resopló, Shane, así era como se llamaba el hombre que tenía que soportar esto todo el día, todos los días… era un hombre valiente, paciente, claro, de cierta manera Jan pensaba que debía serlo si era capaz de tener una especie de relación con esta señorita que hablaba hasta por los codos y con tantas libertad. Un hombre valiente, vaya que sí. Bufó, su solo pensamiento era un poco gracioso, sin embargo, no servía para matizar del todo el pensamiento que las mismas palabras de la rubia le hicieron llegar.

Tienes suerte, supongo—, murmuró levemente fijando la vista al frente luego de haberla puesto en ella solo un segundo o dos, —mi esposa… su nombre era Sophie, estuvimos casados dos años…—, sus palabras se fueron al aire por un instante, recordar se hacía inevitable, pero debía hacerlo, debía confrontar la realidad –eso decía el terapeuta-, —pero ella murió hace dos años, exactamente—, soltó aquello mirando por la ventana, sí, pero no estaba viendo aquella escena que bien podría marear por la velocidad que el vehículo manifestaba, él solo pensaba en ese nubarrón que se le cernía, que temía, por el que, desde aquella mañana, había decidido irse a casa a penar y vagar hasta que con eso mismo no tuviera ganas de nada más. Exhaló, decirlo dolía, lo haría mil veces más, pero ahora estaba mejor, claro, había hecho algún progreso… o eso le gustaba pensar a él.

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Re: Shopping time ─ priv. Jan Izaak

Mensaje por Noelle M. Armstrong el Vie Nov 27, 2015 3:16 pm

No hay peor ciego que el que no quiere ver… se solía decir. Quizás Noelle no desease ver que las cosas en realidad no eran tan perfectas como ella misma se empeñaba en asegurar; como si viviese en una fantasía perfecta, allí donde todos sus sueños podrían hacerse realidad. ¿Y es que acaso era tal su nivel de terquedad? ¿O quizás muy alto su nivel de inocencia? Sin embargo ella lograba ser feliz, y esa felicidad tan anhelada y que había parecido tan lejana por muchos años resultaba muy difícil de dejar ir. No es como si tuviese que hacerlo realmente, pero quizás simplemente estuviese demasiado cómoda en cómo estaban las cosas en la actualidad, sin siquiera pensar una sola vez que para alguien más podría no ser lo mismo.

─Realmente así parece ser. ─tras darle la razón una pequeña sonrisa se dibujaba en sus labios; en su caso, la realidad es que no había tenido la suficiente relación con sus suegros como para saber si se llevaba bien o mal con ellos. Les había visto muy pocas veces en algunas reuniones familiares o en alguna aislada ocasión en que habían viajado para visitar a su hijo. Pero no más que eso. Aún así siempre había tenido la impresión de que eran buenas personas, quizás un tanto calladas, pero buenas personas; debían serlo, si habían sabido criar un hijo como Shane.

Y en los segundos de silencio que siguieron un par de pensamientos relacionados con el tema se pasearon por su mente. Sin embargo, en algún momento sus ojos volvieron a posarse sobre quien a su lado permanecía de pie; mientras el rodado se detenía para juntar un mayor grupo de personas, observo algo bastante particular en una de las orejas ajenas. Una serie de perforaciones la decoraban casi siguiendo un patrón; quién diría que aquel hombre sería de esos que gustan de agujerear sus orejas, las personas siempre podían llegar a sorprender. Y fue en ese mismo momento que bajando la mirada hacia la mano con la cual se sostenía, notó el oscuro color de sus uñas. Sonrió, de alguna forma este sujeto no hacía más que producirle una picosa curiosidad de la cual desconocía su origen.

─Así que Sophie… ─sonrió, por supuesto no se esperaba las palabras que siguieron a esas; cuando le vio posar aquella apagada mirada efímeramente en su persona, para después volverla a perder en un sitio inespecífico… en ese momento entendió el porqué de todo, de esa tristeza que manifestaban sus ojos, de esa nube oscura que parecía permanecer siempre sobre su cabeza. Ya había visto algo como eso, tiempo atrás, y le había dolido demasiado; había deseado tanto ser capaz de mitigar ese dolor, de desaparecerlo. Pero sus manos se habían visto atadas, no había nada que ella pudiese hacer.

─Lo siento mucho… ─bajó la mirada mientras un par de personas empujaban desde atrás buscando acomodarse en un mejor sitio─… en verdad…─no sabía muy bien que decir, por supuesto la situación era muy distinta a cuando su padre había tenido que pasar por ello; este hombre a su lado era un completo desconocido, pero no podía pasar por alto su dolor. Fue entonces que entendió el ruego de aquella mujer, y que entendió todo en realidad; ellos eran sus suegros, pero le querían como a un hijo, y a pesar de haber perdido a su querida hija, se preocupaban por la salud de aquel al que consideraban ya parte de su familia.

Sin siquiera notarlo, llevo una mano a posarse sobre la ajena, acariciándola suavemente quizás en un intento inconsciente de hacerle ver que podía entender, aunque fuese un poco, todo lo que él podría estar sintiendo. Ella no había pasado por algo como eso, pero lo había visto desde muy cerca, y sabía muy bien cuánto podía llegar a doler una pérdida como esa. Más aún, para aquel hombre las cosas eran muy recientes, él aún estaba en medio de esa tormenta de dolor.

─Estoy segura que ella siempre está contigo…. ─agregó después de largos segundos de silencio, alzando su mirada hacia el paisaje que pasaba del otro lado del vidrio, tomando de pronto la mano ajena para despegarla de donde estaba y llevárselo consigo hacia la puerta trasera del autobús─ Ven, caminemos lo que queda del camino. No es mucho. ─eran un par de cuadras, no más que eso; prácticamente deberían bajar en la parada siguiente, que se encontraba justo en frente del centro comercial. Y no soltó su mano, aún habiendo descendido, casi como si no quisiese dejarle ir.

─  ¿Quieres hablarme de ella? ─pregunto, deteniéndose frente a una tienda de flores para observar el colorido espectáculo natural que estas ofrecían─ ¿Podrías compararla con una de estas flores? ─no había algo que ella pudiese hacer por él, pero tampoco podría ignorar esa pequeña confesión que sabía que para aquel hombre era demasiado importante. Si el necesitaba hablar, si necesitaba desahogarse en alguna forma… y se inclino para aspirar suavemente el delicado aroma, aún sin soltar la mano ajena, ¿Qué podía hacer? Nada más que sonreír por el momento, después seguramente intentaría distraerlo tal y como Siena se lo había pedido.

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Re: Shopping time ─ priv. Jan Izaak

Mensaje por Jan Izaak Warszawski el Lun Dic 07, 2015 10:16 am


Acomodándose en el centro de ese pasillo le escuchó disculparse y negó brevemente con la cabeza, era consciente de no solo ser escuchado por ella, después de todo, gente chismosa o solo casual en este mundo habían por cántaros.

No debes disculparte, no has hecho nada—, comentó pues era la verdad, al menos su verdad… —ciertamente nunca he entendido porque la gente siempre dice eso—, se alzó de hombros, los hombres eran raros, ¿cómo podías sentir realmente la muerte del ser más querido de alguien a quién ni siquiera conoces? Al menos él no tenía esa capacidad, si el caso hubiera sido contrario, tal vez solo reaccionaría con la obvia sorpresa que eso le daría, pero nada más. Sin embargo, en el minuto y medio que llevaban aquí arriba, había captado que, desde su mundo, y desde el mundo de esa rubia, las cosas se veían completamente distintas.

No hacía falta ser un genio para darse cuenta.

Sin darse cuenta, sino algunos segundos después, aún teniendo su mirar fijo en el vacío, notó una mano apretando ligeramente la suya, por lo cual –tal vez por reflejo- su vista entre cristales bajó a este hecho. Escuchó sus palabras y volvió a negar, las cosas eran así.

No… si fuera así sería malo—, murmuró, —es mejor que ella sea libre—, sonrió apenas, quizá esto era lo más a lo que podía aspirar desde ese momento, desde ese treinta de diciembre hacía dos años exactamente cuando, en plena tarde, su vida se había ido en su sangre, en sus llantos, en esas pequeñitas. Exhaló siendo jalado, él no había podido hacer nada, ni aunque tuviera el conocimiento, no había nada que pudiera hacer… y eso le pegaba en lo más profundo.

Al bajar se vio caminando, según había podido escuchar faltaban un par de cuadras para llegar al lugar, pero, quizá con razón, ella había decidido caminar el resto junto a él. Resopló… se habían detenido frente a una tienda de flores, por lo que se vio rodeado de un colorido bastante raro a estas alturas de su vida, no estaba para nada acostumbrado a tantos colores, nunca, mucho menos últimamente.

Ella…—, murmuró mirando la gran variedad de flores que había apenas en la parte de afuera del negocio, —sería una amapola—, continuó, ando algunos pasos hasta encontrar la flor. No exactamente la favorita de su esposa, pero para él siempre había representado eso, —sueño… mi vida… ella tenía muchos sueños, de todas clases—, bufó ligeramente inhalando para mantenerse calmo.

Metió ambas manos en los bolsillos, aún era demasiado débil y lo sabía, aún no estaba preparado para esto o eso era lo que pensaba… los psicólogos, las consultas, las terapias, todas esas cosas le habían enseñado a vivir de nuevo; Arthur y Sena habían representado lo único que le sacó de la oscuridad en ese momento, ellos eran su familia, ellos eran lo único que tenía en este mundo y, lo peor de todo, es que eran algo que ni siquiera le pertenecía, pero necesitaba verlo así.

Egoísta, pero cierto.

Yo… no creo poder hablar mucho… de Sophie—, murmuró con su opaco y habitual tono quedo y solitario.

Miró al cielo, por un instante, siendo presa del ligero frío que invadía a la ciudad en este hermoso y blanco invierno, era inevitable pensar en todo, tan opresivo.

Me quebraré...—, sentenció, una ligera y nostálgica sonrisa se posó en sus labios con suma capacidad, —...si lo hago…—, completó el diálogo y se dejó ir por la falta de aire en sus pulmones para volver a llenarlos y repetir el proceso esta vez con más naturalidad.

Tragó un par de veces y sacó una de las manos del bolsillo del pantalón para llevar a su cabeza y despeinarse ligeramente, estaba bien que su cabello no hiciera gran cosa con la humedad.

Por eso… es mejor que hagamos lo que vinimos a hacer—, comentó para exhalar profusamente y mirarle, comenzando a caminar en la dirección a la cual terminarían por dirigirse, —es mejor así—, culminó, no quería echar a perder el tiempo de nadie, especialmente de la señorita alegría… esa era la diferencia de personalidades, tal vez, porque él, a pesar de ser y parecer alguien más vivo alguna vez, jamás consiguió alcanzar tal grado como el que llevaba al lado.

Disciplina y retención, según su padre, esa era la mejor elección.

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