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If you smile, life smiles at you [Arslan ID]

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If you smile, life smiles at you [Arslan ID]

Mensaje por Arslan E. Tiryaki U. el Vie Oct 02, 2015 3:43 pm

Arslan Ediz Tiryaki Uzun

20  años │ Heterosexual │ Turco │ Skull & Bones / Cs. Policiales, 1° año │ Toma Kisaragi / BFF

• Físico: Con una altura de 180 cm, y un peso de 75 kg muy bien distribuidos en su extensión, Arslan exhibe un cuerpo atlético y medianamente musculado; sumamente ágil y veloz cuando se lo propone, y también cuando no. Fruto quizás de ser una persona más bien activa –y quizás un tanto inquieta-. Gusta de entrenar y de tener su cuerpo en movimiento, por lo mismo sabe cuidarlo de forma adecuada, hidratándose y comiendo saludable. Lo cual le permite mantener esa gran energía casi siempre en su máximo, pudiendo dar siempre lo mejor de si en la actividad que se proponga hacer.

Su piel al natural resulta ser bastante blanca, quizás hasta un tanto pálida, lo que se hace más visible en los climas invernales; sin embargo al contrario de lo que pudiese parecer, es bastante resistente, por lo que en los climas estivales suele demostrarse ligeramente bronceada a causa de las actividades al aire libre que el turco suele hacer. No le preocupa broncearse, y tiene a suerte de no padecerlo.

Dueño de una cabellera azabache tan oscura y apiñada que bajo el sol llega a demostrar visibles reflejos azulados, lo cual hace algo indefinible la naturaleza del color natural de sus hebras. Tiene mucho cabello y la realidad es que no soporta que este le moleste en el rostro o en la nuca, por lo que lo mantiene siempre bastante corto y rebajado en capas. Aunque sobre su frente y a los costados de su rostro, algunos mechones más largos le dan un acabado un tanto más rebelde a su aspecto.

Sus ojos, tan claros como podían ser, parecen portar en su iris el dorado del sol por las mañanas; ciertamente uno de los rasgos más llamativos en su persona. Acompañados por un par de finas cejas, una nariz recta y un tabique más bien refinado; posee labios finos y una boca mediana. Una sonrisa agradable. Una risa escandalosa y contagiosa. Algo muy característico en su persona puede llegar a ser el que en más de una ocasión se le puede ver con alguna vendita en alguna parte del rostro; casi como formando parte de su atuendo, a causa de que gusta desafiar al peligro sin medirse realmente.

En cuanto a su estilo de vestir podría decirse que es de lo más normal; como cualquiera. A pesar de que proviene de una familia adinerada y con buena posición económica, a Arslan suele vérsele más bien un estilo sencillo como pudiese llevar cualquier muchacho de su edad.


• Personalidad: Quien a simple vista le conociera pensaría de Arslan que es un joven alegre y despreocupado, que las comodidades que supieron darle sus padres le han criado como alguien que no piensa en nada más que en divertirse. No podrían estar más lejos de la realidad. Arslan es una persona alegre si, activa sí; alguien que no gusta de hacerse problemas por las cosas y que siempre intenta exprimir hasta la última gota de jugo de cada situación, porque tiene energías para ello. Pero no es irresponsable ni mucho menos, tiene los pies bien puestos en la tierra y sabe lo que quiere, al menos la mayor parte de las veces; porque por supuesto, es un joven que aún se encuentra descubriendo la vida.

Ha conocido la más doliente necesidad, la más triste soledad; por eso a pesar de que pueda tenerlo todo él sabe en verdad valorarlo; a sus padres, a sus amigos, a todo lo que la vida quiera darle. Arslan no se sentará en los laureles a esperar a que alguien haga las cosas por él, a que le sean entregadas en bandeja de plata ¡eso nunca! Podría decirse que es alguien que está agradecido con la vida, y con estar vivo, un alma noble que gusta de esforzarse por las metas que quiera conseguir. Vibrante y entusiasta, pareciese siempre estar tan lleno de energía; literalmente lo está. No se dará por vencido si algo no sale bien de buenas a primeras, para nada; y su sonrisa puede brillar lo suficiente como para dar ánimo a almas más apagadas.

Cree firmemente en los buenos valores y en la amistad; es capaz de darlo todo por aquellos que le importan, incluso su propia vida. No dudará en ayudar a quien sea siempre que pueda, y es de los que pueden iniciar una conversación con toda la facilidad del mundo, sin avergonzarse de ello o de decir alguna tontería. Sociable por naturaleza, por lo general suele estar rodeado de amigos; y así le gusta estar. No juzga no recrimina, no desprecia a ningún tipo de persona por cómo es o por como se ve, por eso sus amigos y conocidos pueden llegar a ser de los más extraños y variados que pueda haber. Para él la extrañeza es agradable y divertida, por supuesto, ¡si todos fuésemos iguales sería muy aburrido! Un ser tan humilde como puede ser. Tanto que los lujos de los que sus padres insisten en rodearle, a veces le resultan un tanto ridículos o exagerados; un ser sencillo en vista y forma. Pero jamás llegando a rozar la vulgaridad.

Puede resultar imprudente tantas veces, porque a diferencia de que suele ser más cuidadoso con los demás, consigo mismo resulta ser más arrojado e inquieto. Buscando siempre dar lo mejor de sí mismo puede llegar a sobre esforzarse hasta límites que su cuerpo no es capaz de soportar. Defensor de la justicia, no dudará de meterse en una riña si ve que hay desigualdad para alguna de las partes, y por lo general suele ponerse del lado de los más desvalidos o victimas de alguna injusticia, Es algo que no puede evitar, muy a pesar de la preocupación que puede generar en quienes le aprecian.

Puede resultar bastante aniñado e infantil en más de una ocasión, puede tener gestos un tanto inmaduros, o actuar de forma exageradamente alegre para un muchacho de veinte años; el que dirán los demás no es algo que le preocupe realmente. Cuando Arslan se pone serio verdaderamente resulta claramente visible, pues su característica sonrisa –que a algunos puede resultar tonta o exagerada- desaparece por completo, es totalmente capaz de demostrar seriedad en los momentos necesarios. Por otro lado, si bien es una persona a la cual cuesta mucho hacer enojar, cuando esto sucede podría decirse que este joven se transforma; no es una emoción que le embargue muy a menudo por lo que no sabe lidiar con ello, la rabia lo descoloca volviéndolo bastante volátil y quizás hasta bastante impredecible; cegándolo. Solo quienes en verdad le conocen saben cómo calmarlo, y quizás en momentos como esos quizás solo a sus seres más queridos es capaz de escuchar. Una de las cosas que más pueden llegar a descolocarlo es que se metan con sus seres queridos.

En cuanto al amor… podría decirse que está algo verde aún ene se asunto. Si bien es una persona sociable, para una relación como esas Arslan por lo general necesita establecer un vínculo; por lo que a pesar de que le han gustado alguna que otras mujeres, no es que haya conocido a muchas en realidad. No en ese ámbito. Pero si algo tiene de bueno este chico es que no suele fijarse en el aspecto físico para juzgar a las personas; alguien cuya personalidad le conquista en primera instancia, puede ser alguien a quien de una oportunidad, aun si no ha sentido una atracción física inmediata.

• Historia: El mar danzaba amenazante y bravío aquella tormentosa noche en Kemer; agraciada localidad costera de la provincia de Antalaya, Turquía. Un pequeño de ojos dorados llegaba al mundo, dejando escapar un brioso primer llanto que entremezclaba su escandalosa melodía con los tambores de las centellas que amenazaban sobre el techo de paja de aquella vieja y oscura cabaña. No había nadie más allí… nadie más que ella; mujer de oscura cabellera azabache que exhalaba su último aliento tras cortar el cordón umbilical de aquel su primogénito y único retoño, ella entregaba la vida para traerle al mundo. Un mundo del que aquel pequeño nada conocía y que expondría ante sus inexpertos ojos parte –quizás- de la crueldad de la cual era capaz.

Ella había sido olvidada por todos, por el mundo; pero aún así había querido verle nacer, a pesar de que incluso sus propios padres se hubiesen desentendido del vínculo filial que les unía por la sencilla y escandalosa razón de que ella había quedado embarazada… sin un marido que se hiciese cargo del tal asunto. Allí descansaba ella, con una sonrisa dolorosa en los labios, cerrando los ojos con el pequeño en brazos mientras le alimentaba por primera y única vez de su pecho. Ella se durmió para ya no despertar.

Fue el mismo poderoso llanto del pequeño, que tras haber pasado casi un día completo en soledad sobre el cuerpo inerte de su madre; que llamó la atención de una anciana lugareña que se paseaba por las orillas de la playa como solía hacer. El mar estaba calmo aquella mañana. Y la anciana mujer abrió los ojos con sorpresa ante la pequeña vida que sostenía en sus arrugadas manos; una sonrisa tierna dibujaba aquella solitaria mujer que decidía cuidar aquella vida con lo poco que ella tenía. Ella le dio un nombre “Arslan” porque su llanto, decía ella, recordaba al veros rugido de un león; pero su mirada era pura. Pura y amable.

La anciana mujer le dio todo lo que pudo darle, de entre lo poco que ella misma tenía, pero cariño nunca iba faltarle… o al menos eso había sabido prometer a un pequeño que había adorad desde el primer instante. Ella partió una mañana, cuando el pequeño cumplía apenas 4 años de vida, sin ser capaz de entender la dura realidad de las cosas… hacia un extraño y sombrío sitio fue llevado por personas que no conocía, que no había visto jamás. Y Arslan tuvo miedo.

En aquel sitio se encontró con muchos otros niños de distintas edades, todos ellos con una mirada triste… todos ellos tan apagados. Pero allí se quedo ¿Qué más podría hacer? Y los años simplemente pasaron, como una hoja que viaja con el viento… solo dejándose llevar.

Arslan había visto a otros niños abandonar aquel sitio, adoptados por nuevas familias que les darían un hogar… pero parecía que él no estaba destinado a esa suerte. El tiempo seguía pasando, y las personas dejaban de verle; con 8 años de vida había perdido ya la esperanza, había olvidado ya aquella ilusión. Simplemente existía por existir, y fortaleciendo su carácter en un mundo que había resultado ser curiosamente hostil había aprendido malas mañas de sus mayores. Otras niños que como él no consideraban un futuro afable; dedicándose a la delincuencia para poder cumplir aunque fuese algunos de sus caprichos infantiles. No importaba el sin fin de castigos que tuviesen que recibir en silencio después.

Una tarde; el mismo día que cumplía sus nueve años de vida, olvidado realmente por todos… Arslan vio una “presa” fácil en un verde parque de la ciudad. Un joven hombre de lacia y brillante cabellera castaña alimentaba las palomas que merodeaban a su alrededor, con una sonrisa gentil en sus labios; expresaba en toda su postura ser dueño de una vida tranquila y sin preocupaciones… o al menos eso el pequeño había llegado a pensar. Sin dudarlo siquiera un segundo se acercó por atrás. Al lado del hombre un bolso descansaba, presumiendo ser el portador de todas sus pertenencias y quien sabe que riquezas…. Descaradamente la pequeña mano se introdujo de forma hábil en una pequeña ranura. El hombre parecía estar en su propio mundo; no fue él quien le tomó del brazo con fuerza y con rudeza, no. Sino otro hombre que exhibía una mirada severa, un miedo que calaba los huesos se apoderó del pequeño entonces, y sus claros ojos se llenaron de lágrimas ante la mirada sorprendida de aquel castaño de ojos almendrados.

Arslan fue devuelto al hogar con una queja más que sumar a su prontuario; por supuesto, había perdido ya la esperanza de tener una familia, no había razón alguna para hacer un buen papel. Fue castigado, como tantas otras veces, una y otra vez aquello posiblemente se repetiría hasta que cumpliese la mayoría de edad y fuese responsable de su propia vida; de sus elecciones… y sus errores.

Sin embargo una curiosa sorpresa se llevó una tarde, poco tiempo después volvía a encontrarse a aquel joven hombre pero ahora detrás de las bardas de madera que rodeaban aquella casa hogar. Él sonreía con ternura, con una ternura que había visto solo una vez… en los labios de aquella anciana. El hombre le regaló un dulce y acarició sus azulados cabellos con complacencia cuando, tras la duda, el pequeño hubo aceptado su presente. El hombre se presento como Minoru, exponiendo ante el pequeño el deseo de seguirle visitando… curioso deseo que Arslan no fue capaz de entender pero que aún así acepto. Una y otra vez Minoru se paró detrás de aquella barda con una sonrisa amable; hasta que un día la visita se hizo más personalizada… él había pedido para verle, a las autoridades de orfanato.

No pasó mucho tiempo hasta que los dos hombres se hicieron presentes nuevamente ante él, aquel que le había mirado tan severamente ahora parecía curiosamente más apaciguado; aún así si su mirada azulina parecía exhibir cierta desconfianza, el hombre se acercó a él; presentándose como Ozan. Vaya sorpresa, aquel hombre era turco como el mismo Arslan, y no solo eso, oriundo de la misma ciudad.  Ellos estaban allí visitando unos parientes… eso fue lo que le contaron, pero más que eso; aún más… ellos querían adoptarlo. Arslan no supo como tomar aquella noticia, pero en el fondo, muy en el fondo… una pequeña luz de alegría embargó todo su pequeño ser… ¿sería que acaso podría tener él un hogar como todo esos otros niños que solía ver?

Aquellos hombres estaban dispuestos a adoptarle, eso habían dicho, aunque había algo extraño en todo eso; después de todo ellos eran… ¿dos hombres? Una curiosa cuestión se presento entonces ante los ojos inexpertos del pequeño; y algunos detalles le fueron informados de la fuerte lucha que aquel hombre de mirada azulina y azabache cabellera lacia estableció para hacerse con su custodia. Ellos se amaban, y por eso Ozan haría todo lo que estuviese a su alcance y aún mucho más, para cumplirle el deseo a Minoru.

Al cumplir sus 10 años pudo Arslan ser llevado por la pareja, tras uno de esos tantos viajes, y tras Minoru haberle puesto incluso un profesor particular que le enseñase el japonés que él reforzaba siempre que podía. Ellos vivían en Japón, y hacia allá viajaron para comenzar una nueva vida.

Arslan asistió a un colegio japonés, hablando perfectamente el idioma y conociendo perfectamente las costumbres de su cultura; había aprendido a ser un muchacho respetuoso y bien portado. Algo que sus padres habían sabido instalar a base de amor y buenas enseñanzas; ellos eran todo lo que el joven pudiese desear, poco le importaban las convenciones sociales retrógradas que sancionaban el amor entre dos hombres, para Arslan ellos estaban por encima del nivel de muchas personas que no sabían hacer más que criticar la vida ajena. Por eso mismo supo ser amigo de todo tipo de personas tanto en la escuela como en el instituto; no dudo en defender a quienes no podían hacerlo, y su carácter se forjó firmemente como el de alguien que ama la justicia y toma papel para establecerla.

Al acabar sus estudios medios, se decidió por seguir los pasos de su padre y estudiar las leyes que rigen un país, y al mundo entero, para imponerlas y hacerlas valer… creía él que la abogacía era una buena forma, y estaba medianamente cómodo con esa elección; aunque en el fondo seguía sintiendo que algo faltaba… ¿Sería acaso ese “algo”… un par de hermosos ojos azules que descubrió la primera vez que puso un pie en el comité de alumnos al cual había sido convencido de entrar? Ella, con una actitud reservada y serena… ella que parecía estar a otra altura, pero a pesar de la extraña fascinación que le producía esa figura la trato como a alguien más. Alguien con quien lograba instalar divertidos cruces de palabras y peleas aniñadas que llevaron a que  la mayor parte de la universidad les viese como algo más que amigos.

Sin embargo de extraña forma aquello no alcanzó a florecer… ni siquiera a durar. De un día para el otro ella desapareció, sin decir nada, sin una llamada, sin siquiera un mensaje de texto… nunca más la volvió a ver. Nunca más volvió a saber de ella. Y ante tal decepción decidió centrarse en sus estudios que había dejado, quizás, un poco olvidados. Sin embargo, ese extraño vacío parecía regresar, ahora más tangible que antes. Algo estaba faltando, había algo que no le convencía del todo.

Y fue una tarde, cuando logró ayudar a una mujer a la que un delincuente había robado el bolso, cuando pudo apresar por su cuenta al malviviente y someterlo hasta la llegada de la policía. Fue entonces que lo supo. Arslan había nacido para hacer cumplir la ley, pero no desde atrás de un escritorio ni en los juzgados, no, él sería una parte activa, en las calles, en la ciudad. Poco, muy poco tardó en encontrar una universidad que le diera la enseñanza que él buscaba y necesitaba; aunque estuviese en la otra punta del mundo, la SNA, prestigioso campus de reconocimiento mundial al cual muchos alumnos de distintos países viajaban para estudiar y formarse en busca de un futuro más próspero. No tardó demasiado en convencer a sus padres, quienes accedieron a pesar de la tristeza que les ocasionaría la distancia; el pequeño había crecido, era ya un hombre. Y tomaba sus propias decisiones.

• Datos extra:
• Sabe tocar la guitarra y la batería, tiene buen oído aunque solo lo hace por hobby o entretenimiento muy de vez en cuando.
• Suele salir a correr muy temprano por las mañanas o por las tardes cuando el sol está bajando en el cielo.
• Diestro y eficiente en karate y kendo.
• Practica parkour siempre que puede.
• Tiene una bolsa de box en la cual descarga el enojo o el estrés.
• Posee dos nacionalidades pudiendo así residir en cualquiera de los dos países; ya sea Turquía o Japón. Su nacionalidad Turca es la original.
• Habla perfectamente el turco, el japonés y el inglés (el cuál estudio para viajar a Alki).
• Si bien la academia ofrecía un servicio de habitaciones, sus padres insistieron en que tuviese su propio departamento para estar cómodo. Por lo que reside en uno de los edificios más llamativos de la ciudad.

Gustos
- Los perros, simplemente le encantan.
- Las motocicletas.
- Los videojuegos.
- Los deportes extremos.
- El skate.
- El mar.
- Viajar.
- Los atardeceres.
- El licuado de frutas.
- Ama el soccer.

Disgustos
- Las personas excesivamente soberbias.
- Quienes se creen más que otros a causa de sus bienes materiales.
- Las injusticias.
- La sopa.
- Verduras amargas, por ejemplo espinacas.
- Los reptiles.

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Re: If you smile, life smiles at you [Arslan ID]

Mensaje por Minato Hamilton el Dom Oct 04, 2015 10:50 am




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