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Have a good night —Piv: Tokuro Yaminara

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Have a good night —Piv: Tokuro Yaminara

Mensaje por Andrew E. Graham el Vie Oct 23, 2015 3:54 pm


Have a good night

W: Tokuro Yaminara | Auto | Vestimenta

Jueves; 22:40 hs

Poco o nada, todo, por supuesto, en muchos aspectos aquellos adjetivos recordaban fácilmente ciertas facetas de su vida.

Aquel había sido un día duro, vaya que sí: un difícil caso que había estado llevando por casi cinco meses finalmente había entrado en juicio y apenas esa mañana todo había sido un correr de emociones, normalmente un abogado de una sociedad –y ciertamente no uno de su edad- no entraría a ser parte de algo así, pero aquel hombre que había sido acusado de asesinar a su esposa y a sus dos hijas le había implorado que encontrara al verdadero asesino cuando le enviaron por tratarse de un “caso perdido”. Por supuesto… había examinado las pruebas y, a primera vista, parecía eso. Pero no era así.

Cinco meses, dedicó cinco meses a investigar cada posible aspecto, a desmontar cada posible objeción de la defensa y a señalar al verdadero culpable. Y allí estaba, esa mañana lo había preparado, tendría a los testigos de la defensa y a aquel para el que su intuición señalaba completamente culpable. Le interrogó, siendo delicado, pero sin evitar poder sumirse en el ambiente del juicio y, al cabo de una serie de esas preguntas había confesado, ¿ahora? Ahora se montaba en su auto luego de haber ido a beber algunas copas con el resto del equipo de abogados y el hombre que había salido en libertad. Una victoria llena de pesar, vaya que sí.

Comenzó a manejar, la verdad no había bebido mucho porque sabía perfectamente que tendría que manejar de regreso a casa y, transitando entonces la pequeña vuelta que rodeaba al bar para salir del estacionamiento vio un tumulto bastante raro de gente, más específicamente de unos chicos que al parecer esperaban rodear algo, vio a alguien quizá sentado en el suelo y la curiosidad y un raro sentido le hicieron detenerse al lado de la acera, justo al lado de ellos, se bajó llaves en mano y fue apartando a las personas.

Al llegar a la especie de centro, donde le pareció ver a uno chiquillos mal intencionados, pudo ver una cara medianamente conocida, claro, ya se habían presentado antes: él era un chico pelinegro que yacía en el suelo al parecer dormido, o desmayado… el olor a alcohol se lo confirmó, debía ser la segunda, pero, ¿qué hacía Tokuro en un lugar así? Le había conocido en medio de una clase de ética que compartían, una de las veces en las que asistió y le vio en medio de una exposición que, ciertamente, había captado su atención completa… no parecía ser el tipo de persona que se emborrachara hasta caer, no por las palabras y la conversación que pudieron compartir una vez. Arqueó una ceja y se agachó a un lado suyo para tocarle el cuello, estaba frío, y no era de extrañar porque esta ciudad de noche era helada.

Chascó con la lengua.

Hey Blanquito, ¿lo conoces?—, le preguntó uno de los que estaban a su alrededor.

Así es—, contestó para luego exhalar y comenzar a buscar entre las ropas del pelinegro a ver si encontraba algún teléfono móvil. Nada. —Tokuro… ¿qué cosas puedes tener en la cabeza?—, murmuró, ciertamente su imagen de este chico era radicalmente diferente al paisaje que se le presentaba en frente.

Sin teléfono, realmente no conocía a nadie que pudiera hacerse cargo del otro porque tampoco es que pasase demasiado tiempo en la universidad, tenía un calendario bien estipulado de los días de las evaluaciones y otros días importantes a los cuales debía ir para cumplir con el mínimo de asistencia permitida para cada materia. Resopló ligeramente justo antes de darse por vencido con cualquier alternativa inmediata y entonces optó por lo único que se le vino a la mente luego de desechar lo demás.

Lo tomó en brazos dándose cuenta de que poseía un cuerpo mucho más ligero de lo que hubiera creído y le llevó hasta los asientos traseros de su camioneta, recostándolo allí justo antes de cerrar y volver a su lugar para emprender marcha hasta su casa.

Jueves; 23:15 hs

Le bajó del auto llevándole en la espalda al momento en el que pasó de la cochera a la cocina y, lentamente, subió las escaleras con él a cuestas hasta llegar a la puerta de una de las habitaciones que había acondicionado para las visitas, abrirla y dirigirse directamente a la cama, dejándole caer en primera instancia para poder quitarle los zapatos y las medias y dejarlos a un lado, luego le acomodó moviendo las sábanas de mejor manera, quitando los anteojos de su rostro y dejándolos en la mesa. Fue hasta un lado de la puerta para encender la luz y solo pudo darse cuenta de cuan pálido estaba.

A ver…—, murmuró más para sí mismo sabiendo que no sería escuchado por otra persona.

Lo tomó por uno de los brazos y sacó la gabardina que llevaba, haciéndose de la fuerza que tenía para quitar el pullover y dejarle caer un instante para salir se de la cama a la cual había entrado sin darse cuenta, respiró hondo y fue a quitarle la correa, enrollándola para dejarla junto al reloj y la pulsera que también llevaba el varón. Todo apestaba a bar, le daría una lavada más tarde.

Bueno… no creo que sea muy cómodo dormir así—, murmuró, no era su idea ir más lejos que eso, pero, bueno, habían cosas que debían hacerse.

Fue por ello que regresó a su habitación y trajo uno de los juegos de ropa que usaba para dormir, un pijama de fácil colocar.

Terminó entonces por ir desabotonando su camisa poco a poco desde un lado, encontrando un pecho frío, pero de respirar calmado por el cual bajó sin dar demasiada cuenta su mano, preguntándose si quizá cuando despertara el rebullicio de cosas que le deben haber hecho beber de esa forma se calmarían un tanto.

Procedió a sacar sus pantalones, un acto gracioso de ver desde fuera, pero bastante complicado por la tela y la fricción con la cama. Los bajó poco a poco intentando que los bóxers no se vinieran con ellos y, luego de algunos minutos de esfuerzo, finalmente lo consiguió.

La delicadeza no era exactamente uno de sus puntos más fuertes, pero intentó serlo cuando sus manos tocaron las caderas ajenas. El cuerpo del pelinegro tenía buena forma, no debía dudar que entrenaba para eso, así como tampoco dudó demasiado en acariciar ligeramente con las yemas de los dedos la piel desnuda de su torso, bajando hasta encontrar la tela de la ropa interior. El ligero deje de la tentación se dibujó en el fondo de su mente al colocar la mano y acariciar sobre aquel bulto dormido, pero, como si fuera un acto reflejo, sacudió su cabeza.

No era momento de pensar en cosas inútiles.

Por eso terminó por colocarle el pijama, le acobijó y se llevó toda la ropa consigo para meterla a lavar, mañana le mandaría a dar una buena ducha para quitar ese olor a licor que muy poco, personalmente, parecía quedarle al otro varón, subiendo de regreso a su cuarto a fin de darse una buena ducha.

Estaba cansado, realmente agotado, más mental que físicamente, claro está.

Jueves; 23:52 hs | Pijama

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Re: Have a good night —Piv: Tokuro Yaminara

Mensaje por Tokuro Yaminara el Jue Jul 27, 2017 6:27 am



Jueves 22:30 h │ Clima: despejado │ Vestimenta



Desaparecer… era lo único que deseaba en ese mismo momento; pero parecía portar la suficiente cobardía como para no ser capaz de conseguirlo por sus propios medios. ¿Qué lo detenía? Ni él mismo lo sabía. Caprichos de la vida, que todo tuviese que continuar igual.

Aquella noche, como muchas otras, había salido a caminar por la ciudad; intentando aclarar su mente… sin obtener resultado alguno… como era costumbre. ¿Cómo podría deshacerse de esos pensamientos… esos recuerdos que tanto le atormentaban? No podía, simplemente no podía, estaban grabados a fuego en su alma, en su pecho.

¿Y si tan solo hubiese tenido la oportunidad de elegir? Aquella pregunta había estado rondando incómodamente por su mente en los últimos días. Por supuesto, no tenía respuesta, pero esto no evitaba que siguiera allí, como una implacable tortura…

Caminaba sin rumbo alguno, dejando que la fresca brisa despeinase caprichosamente su lacia cabellera; ahora mismo solo deseaba la soledad. No se sentía capaz de permanecer en compañía de nadie; no estaba cómodo con nadie, ni en ningún lugar… la culpa no le dejaba en paz. Llevaba más de cinco días sin poder dormir, dando vueltas en su cama, pensando y pensando, viéndose atormentado por la misma serie de imágenes, una y otra vez. ¿Acaso llegaría a él ese anhelado sosiego? Parecía muy lejano en realidad. Tanto como se veía él mismo en ese momento, como se había visto todo ese tiempo, después de aquella noche… su cuerpo estaba allí, pero su mente no, su mente estaba lejos… muy lejos.

No supo en qué momento fue que piso la entrada de aquel bar, olía a alcohol y a cigarro, poco importaba, si no podía dejar de pesar, si no podía dejar de torturarse por cuenta propia, quizás el alcohol fuese su única salvación aquella noche. Y tan silencioso como había estado esos días su teléfono celular que descansaba apagado en un cajón de su mesita de noche, pareciendo casi un ente sin vida se sentó en la banquilla, y pidió lo más fuerte que en aquel sitio se le pudiese ofrecer; el Whisky escocés Bruichladdich X4 Perilous. Ya no quera pensar, ya no quería recordar; ya no quería seguir auto-culpándose por todo… porque si, a fin de cuentas era el mismo que se culpaba, que se torturaba, cuando nadie había dicho nada, cuando nadie le había culpado en realidad. Ni siquiera el mismísimo Nathair. Y aún así Tokuro no podía con su existencia.

“Lo siento…” parecía tener aquellas palabras atoradas en su garganta, interponiéndose en su normal respiración, su corazón latía con fuerza, su garganta dolía; pero su rostro frío y sereno apenas demostraba un ápice de emoción humana. Sus manos habían comenzado a temblar y su visión estaba borrosa aún con los lentes puestos.

─Disculpe señor, pero ya no le puedo ofrecer más tragos. ─el cantinero le llamó la atención cuando notó que aquel sujeto de oscura cabellera y rasgos orientales que tenía en frente, apenas podría mantenerse en pie para pedir un taxi. Pero la realidad es que poco le importaba la suerte de aquel desconocido, simplemente quería ahorrarse problemas con la policía si es que algo llegase a sucederle dentro del establecimiento.

Se puso en pie apenas siendo capaz de mantenerse erguido sobre sí mismo; todo le daba vueltas, sus piernas perdían fuerza y no fue capaz de dar ni un solo paso sin apoyar como mínimo una mano sobre la pared. Atrás quedaba el cantinero con una mirada extrañada, no es que no viese escenas como esas de vez en cuando, o quizás más seguido de lo que pudiese desear, pero en aquel trabajo aquellas cosas debían pasar por alto ¿verdad? Simplemente lo siguió con la mirada hasta que hubo cruzado la puerta del lugar y una vez afuera, estaba bajo su propia responsabilidad… sin embargo, el mayor de los Yaminara no parecía ser capaz de hacerse cargo ni siquiera de sí mismo en ese momento.


“¿Tokuro?… mira cómo estás… te ves terrible…”


Una dulce voz parecía reprocharle su lamentable estado ¿Quién era? ¿Quién estaba a su lado?... no había nadie allí, absolutamente nadie. Solitario como solía estar, se detuvo para observar las luces de la ciudad desdibujarse delante de los cristales de sus anteojos. No había nadie más allí, solamente su lamentable figura siendo ignorada por los pocos transeúntes que, muy metidos en sus propios mundos, pasaban por aquel lugar.


“Estas dudando de nuevo de ti mismo… ¿verdad? Cuantas veces debo repetirte que tu eres capaz de grandes cosas, estas en este mundo para hacerlo un mejor lugar… Tokuro”


Y en ese momento sintió un nudo en la garganta, una asfixiante opresión en el pecho que le hizo perder todas sus fuerzas al fin; desmoronándose sobre el suelo. Sus ojos se tornaron más vidriosos mientras entreabría sus labios con miedo. Conocía aquella voz, no era su madre, ni siquiera Eireen; mucho menos Elizabeth. De entre las pocas mujeres que habían entrado a su vida, cada una especial a su manera, ella destacaba… por la sola y única razón de que ya no estaba en este mundo.

─Ni... mue… ─murmuró apenas tan débilmente que apenas él mismo fue capaz de escucharse. ¿Por qué volvía ella a su mente ahora? Porque ella le había enseñado a aceptarse a sí mismo, a pensar que las cosas suceden por una razón; ella le había dado una esperanza…

Pero ahora se estaba rindiendo, quizás una vez más… quizás para siempre.

Ni siquiera notó en qué momento llegó a perder por completo el conocimiento; ahora solo podía escuchar aquella voz, buscándola en la oscuridad, siguiéndola sin poderla encontrar… porque ella no estaba allí. Ella se había ido, le había abandonado, llevándose consigo esa alegría con la cual inundaba sus días… ella se había ido… como todos lo harían tarde o temprano.


“¿Acaso esperas reprochar algo?”


La voz de su hermano se hizo también presente en aquella oscuridad; sentía su cuerpo temblar, no solo por el frio, sino por el dolor, un dolor que quizás no era físico; un dolor… que estaba mucho más allá.


“Si ella ya no está aquí es por tu culpa. Tú la dejaste morir.”
“Tú la mataste”

¡No! no fue así ¡jamás podría!

“¿Por qué niegas la verdad? Ella murió por tu causa, tu y nadie más tiene la culpa. ¿Cómo puedes atreverte a negarlo?”

“Tokuro, ¿me has asesinado?... eras la persona más importante para mí en este mundo, pero me dejaste morir… dejaste que me alejara de esa forma. Es tu culpa.”

“Nimue…”

“Me has asesinado, a mi… y a Nathair. Hemos muerto por tu culpa”

“No…”


“Por tu culpa.”


“Por tu culpa.”



“Por tu culpa.”



Un sonido ensordecedor sobrepaso las voces que le acusaban en ese momento, todas ellas, todas de sus conocidos. Su propia madre llamándole asesino. Era un completo inútil; incapaz de proteger a sus seres queridos, por eso alejarlos resultaba ser la mejor opción, por eso la había alejado de si…

A Eireen… solo quería verla sonreír…

Cuando volvió a despegar sus parpados pudo sentir el fresco en sus pestañas; sus ojos habían estado goteando quizás por mucho tiempo; sentía su rostro algo frio, sin embargo su cuerpo se encontraba cómodo y cálido. La luz del día que se colaba por aquella ventana lo enceguecía, provocando que frunciera el entrecejo de forma remarcada; su cabeza dolía de forma profunda y punzante, y esa luz realmente no era de mucha ayuda. Se removió en aquella cama si siquiera ponerse a pensar si era la suya o como es que había llegado allí, o principalmente ¿dónde estaba?

Como le era de costumbre estiro su mano para atrapar sus lentes entre sus finos dedos, esperando que se encontrasen sobre la mesita de luz; y efectivamente, allí habían estado. Fue cuando se puso aquellos lentes que pudo notar que estaba en un sitio completamente desconocido para él, con un pijama que jamás había visto y un aroma en el… que ciertamente no era el propio. Resultaba embriagante de una extraña forma. ¿Qué había pasado? ¿Alguien le había llevado hasta allí? Todo parecía indicar que así había sido, y que además de esto aquella persona había tenido la delicadeza de acomodar sus pertenencias sobre aquella mesa de luz, así como también proveerle de ropa cómoda para dormir. ¿Cómo es que debería actuar en esa situación? No es que le hubiese pasado antes algo semejante, y ciertamente no sabía nada de quien le había salvado, ni siquiera le había visto aun… mucho menos podía recordar cosa alguna. Solo permanencia allí ese dolor en el pecho y en la sien.

Intentó primeramente sentarse en la cama, deslizando los cobertores lentamente, sacando sus piernas afuera para después permanecer allí, sintiendo como, a causa de un par de botones desabrochados, la camisa de aquel pijama se deslizaba dejando al descubierto su hombro derecho. Claramente no era de su talla. Fue entonces que sintió unos pasos afuera de aquella habitación, se sentían serenos; por alguna razón no sintió ningún tipo de temor, quizás más bien una ligera expectativa. Pero aun así comenzaba a pensar que debería abandonar muy pronto aquel lugar…


Viernes  7:30 am │ Clima: nublado

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Re: Have a good night —Piv: Tokuro Yaminara

Mensaje por Andrew E. Graham el Vie Ago 04, 2017 1:31 pm

Esta casa era demasiado grande para él, ¡rayos!, estaba seguro que esta casa sería incluso demasiado grande para una familia de cinco personas, pero sus padres habían insistido en que viviera aquí por algunas razones, porque ellos querían eso para él y otras cosas... tal vez estaban esperando que consiguiese una esposa y que iniciase una familia grande. Exhaló.

Luego de ducharse y vestirse pasó de nuevo por el cuarto donde había dejado al pelinegro durmiente, dejó una muda de su ropa para él, le revisó la temperatura, su posición en la cama y subió un poco las sábanas para dejarle estar, bajó a la sala, vio un poco de televisión y luego se fue a dormir. Era un hombre bastante simple la mayoría del tiempo.

Viernes 07:00 hs

Era día de semana, el comienzo del fin de semana, pero, a partir de hoy, tenía hasta el martes o miércoles algo de libertad, por lo que estaría en casa haciendo cualquier cosa. Al despertar esa mañana recordó entonces que, a diferencia de las muchas otras mañanas en las que había despertado desde que vivía en esta gran casa, no estaba solo, lo que le llevó a ir bastante temprano a la habitación de las visitas y contemplar el estado del otro varón, uno que aún dormía, pero parecía haberse movido un poco en la noche, parecía haber estado llorando.

Exhaló, estas cosas siempre pasaban.

Por el momento, como el otro no parecía querer despertar todavía, bajó las escaleras y fue hasta la cocina para sacar las cosas que usaría en el desayuno, encendió la cafetera y dejó correr el aroma por todo el lugar. Le encantaba el aroma a café por las mañanas.

Entonces comenzó a trabajar en el desayuno; en sus días libres le gustaba dedicar tiempo a sus comidas, menos a la cena, por lo que, siendo temprano en la mañana, no dudaría en dedicar algo de sus minutos para el desayuno, especialmente teniendo en cuenta que hoy no estaba solo. Hoy haría pan de queso, relleno de queso; huevos y jamón, y café, eso no podía faltar, claro que no.

Comenzó a trabajar en la masa y, en cuestión de veinte o veinticinco minutos, ya la tenía montada, lista para que reposara el tiempo suficiente para que suavizara más, separando cada pancito para colocarlo en la bandeja y dejarlo reposar, debía hacerlo por, aproximadamente, media hora, por lo que dejó un temporizador corriendo y, al notar que eran un poco más de las siete treinta, tomó un par de tazas-pocillos-, y las llenó hasta la mitad de un café con buen equilibrio entre amargura y dulce, porque así solía beberlo; subió las escaleras y se acercó a la habitación de las visitas, aún vestía pijamas y estaba descalzo, le gustaba estar así tanto como pudiera en las mañanas, después de todo, su casa estaba limpia y era fresca.

Abrió la puerta, presumiendo que estaba durmiendo y él, realmente, iba a despertarlo para que tomase café; sin embargo, la imagen que encontró fue un tanto diferente: un varón sentado al costado de la cama, con las gafas puestas y un aire distante.

Buenos días—murmuró, estaba siendo observado—, es bueno ver que has conseguido despertar—continuó, entonces caminó hasta él y se sentó algo distante en el colchón, ofreciéndole una de las tazas de un humeante café—, esto puede ayudar a que tu cabeza se serene—decía en tono sereno, sin ánimos de importunar.

Le dio un par de sorbos a su taza con café, tomando las cosas con calma.

No estoy seguro de que me recuerdes—soltó entonces, mirándole directamente—, soy Andrew Graham, vamos juntos a Ética—continuó, identificándose, no estaba seguro si él ya se encontraba en sus cinco sentidos o no, pero aún desprendía un ligero aroma a alcohol—, anoche estabas algo rodeado y desmayado frente al bar, así que decidí traerte aquí—explicó las cosas—, tus cosas están allí en la mesa de noche, y tu ropa está secando, porque apestaba muchísimo a alcohol—fue sincero, no es que no le viniera el olor, pero todo en exceso era malo.

Volvió a beber de su taza con café y soltó una exhalación, mirando al frente, y luego al varón de cabellera negra y facciones notablemente asiáticas.

No sé exactamente qué te pasó, pero, si necesitas hablar, o algún tipo de ayuda, estoy disponible para eso—su tono era ligero, casi fresco, a pesar de que su voz era, naturalmente, algo ronca, especialmente por las mañanas—, allá hay una muda de ropa para que te cambies, aunque es algo grande—dijo, volteando el mirar para señalar una peinadora que estaba al lado de la puerta—, puedes darte una ducha también, el baño es la última puerta al final de este pasillo, a la derecha, hay de todo ahí—aclaró.

No iba a preguntar mucho ahora, porque no le conocía en exceso, porque conocía estas cosas, estos momentos en las personas donde tocaban fondo, porque eran terribles, eran sensaciones terribles que podías vivir solo o acompañado. Resopló, volviendo a beber café, realmente le gustaba.

Inhaló con paciencia y dejó salir el aire.

Y puedes bajar también, estoy preparando el desayuno—no intentaba ser el Señor Amistoso, pero, como conocía esas cosas, estaba consciente de que lo que necesitaba el otro seguramente era que quien le había sacado de estar desmayado en un bar, un desconocido, tuviera un rostro de cascarrabias apenas despertaba sin saber en dónde estaba.

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Re: Have a good night —Piv: Tokuro Yaminara

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