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— Amazing Grace — Prv: Brandon E. Wingfield

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— Amazing Grace — Prv: Brandon E. Wingfield

Mensaje por Abel B. Caulfield D. el Mar Oct 27, 2015 2:43 pm



— Amazing Grace

W: Brandon E. Wingfield × Jardines del HCASC × Martes; 14:21 hs × Vestmenta; Bata


Era un sitio lleno de pequeñas y buenas cosas, donde alguien como él había sido fácilmente aceptado, donde quizá no era tan vulgarmente juzgado. Era un sitio agradable para trabajar donde, tranquilamente, podías hacer tu trabajo ayudando a las personas, donde alguien como él –de nuevo- podía actuar con total naturalidad ante su “publico” más apreciado. Los niños.

Por ellos se levantaba cada mañana, bueno… decirlo de esa forma podía ser bastante exagerado, pero, ¿no debe sentir un doctor suma pasión por su trabajo para poder llevar la calma en medio de la tormenta a unos seres tan sensibles y místicos como lo eran los infantes? Las cosas habían sido difíciles, vaya que sí, pero, de alguna forma, podía seguir esparciendo esa sensación, por más que a veces la adversidad fuera tan grande. Perder a un paciente dolía, más cuando tu motivación para esto era “salvar un futuro” de esos que no llegarían jamás.

Resopló, el día pasaba ya su catorceava hora, pero, para él, en este hospital habían pasado cerca de veintiséis o veintisiete, mentiría si no dijera que estaba cansado, pero, al momento en el que dicen que no hay demasiados pediatras, realmente tienen razón. Bueno, tampoco es como si tuviera una esposa e hijos esperándole en casa, ni siquiera un perro o alguna mascota a quien tuviera el deber de alimentar, en parte eso era bueno… estar solo a veces traía sus ventajas.

Además… ¿cuán frío estaría su departamento cuando llegase? La calefacción estaba apagada, él había dejado todo bien cerrado y esa noche había helado como los demonios. Lo esperaba, lo ansiaba, el solo pensar en su cuerpo envuelto en las suaves sabanas y el cobertor grueso y esponjoso, no iba a mentir, le ponía.

Resopló para soltar un corto bostezo, si las cosas iban bien podía ir a casa esta tarde, claro, luego de hacer sus rondas y terminar su guardia. Ahora mismo se suponía que era hora de visitar a los niños en el área de observación, la mayoría de ellos había recibido radioterapia o quimioterapia la pasada semana, por lo que aún estaban un poco convalecientes. Era su deber cambiar esa tristeza y dolor por una sonrisa. Los niños no deberán sufrir.

Pasó frente a la recepción de esa área saludando a la enfermera, portaba su maletín de siempre, de donde sacaba cualquier cantidad de cosas para hacer reír a los pequeños, pero, ¡oh!, ¡sorpresa!, al llegar a la sala no encontró a nadie, de verdad, todas las camas estaban vacías, y eso realmente le preocupó, es decir, hacía un par de horas todos estaban allí comiendo su almuerzo como podían. Sus pulmones se inflaron y, básicamente, pegó una especie de salto para ir hasta la recepción a preguntar por ellos.

“En el jardín”, dijo la enfermera, lo cual era raro, vaya que sí, pero no dudó en moverse hasta ese lugar, que quedaba básicamente cruzando el pasillo luego de esa sala, era el jardín para los niños y los padres y familiares de estos, para que se despejaran un poco cuando podían salir.

Aunque claro, ¿qué iba a pensar él que, tras semejante jornada y con tal noticia, se iba a encontrar con algo así de frente? Tan…

Que hermoso—, murmuró entrecerrando el mirar en la escena de un muchacho pelinecastaño frente a muchos infantes, —así que aquí estaban—, una ligera sonrisilla se dibujó en su rostro para apoyar su peso en la pared y mirarle, metiendo la mano izquierda en uno de los bolsillos de su bata y sacando un paquee de mini malvaviscos, abriéndolo, tomando un y llevándoselo a la boca “Amazing Grace” era lo que sus oídos escuchaban, con lo que muchas cosas en su mente se deleitaban. ¿Y él? Lo dejaba ser, por supuesto, la visión de aquel muchacho al frente, por un instante, le dejó perturbado, sí, sin embargo… habían cosas que, simplemente, no tenías la posibilidad de ignorar.

Vaya… ¿quién lo diría?

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Re: — Amazing Grace — Prv: Brandon E. Wingfield

Mensaje por Brandon E. Wingfield el Lun Nov 16, 2015 1:37 pm


Jardines del HCASC • Martes, 14:21 h • VestimentaCanciónVozGuitarra

No era la primera vez que estaba en un sitio como ese; por supuesto que no. Él como pocos podía entender ese dolor, esa incertidumbre, y la desesperanza que la vida diluyéndose entre sus dedos podía generar. Ellos que apenas estaban dando sus primeros pasos en el mundo… esas tiernas sonrisas que se habían visto opacadas, apagadas por el dolor. ¿Cómo no saberlo? ¿Cómo no entenderlo? La vida había querido que aquel día se encontrasen allí; pero quizás todo fuese parte de algo más grande… aunque tantas veces pudiese llegar a pensar que el mundo era cruelmente injusto. Que alguien como él tuviese que transitar por tal camino de espinas no parecía nada tan fuera de lo común; pero no era fácil, no, para nadie. Y ver aquellos bracitos tan llenos de agujas, sus cuerpos tan inmóviles y apacibles, sus rostros pálidos y desganados; lo sabía, por más fuerte que uno pudiese ser, había momentos en que podía llegar a derrumbarse sin más.

¿Y qué podía hacer alguien como él por aquellas jóvenes vidas? No mucho realmente. Sin embargo, algo tan simple como una sonrisa podría cambiar un día ¿cierto? Verles sonreír, y ver esos ojos llenarse de un brillo particular… de alguna forma era reconfortante. Si, Brandon lo entendía muy bien, aunque pudiese negarse infinitamente a ello; saber que alguien estaba a tu lado siempre hacía bien, muy bien. Y hasta la persona más fuerte puede llegar a convertirse en una existencia tan frágil, y su vida apagarse con la misma sencillez que se apaga la llama en una vela. Endeble como una ramita seca partiéndose bajo los pies al caminar.

Una melodiosa esperanza, un canto a la vida. Sus dedos se movían lenta pero acompasadamente; en aquellas doradas cuerdas creaba una conocía melodía que su voz acompañaba, fundida con las pequeñas voces de aquellos niños que ahora le rodeaban casi por completo en aquel verde jardín. Bajo la sombra de un gran árbol, con la brisa acariciando gentilmente sus rostros. Si es que parecía pequeños ángeles… comenzaba a llenarse de ternura; sana y pura, tanto que sencillamente… no pudo evitar sonreír; como pocas veces solía hacerlo. La sonrisa más sincera y más pura que pudiese demostrar; sentía que habían creado una mística conexión; una que quizás, al fin y al cabo, le diese fuerzas a él mismo las fuerzas para seguir adelante.

Verse allí, rodeado de tan jóvenes vidas y de las enfermeras que les cuidaban, le dejaba entender que no estaba solo, que muchos otros estaban pasando por lo mismo, y que debía ser fuerte. Porque si él flaqueaba, si él se dejaba caer ¿Qué quedaba para aquellos pequeños? Simplemente impensable; quizás todo tuviese una razón de ser. La última nota de aquella canción acababa para seguirse de un calmo silencio, tras el cual algunos pequeños empezaron a aplaudir.

─ Ya deben regresar niños, es hora de la revisión. ─una de las enfermeras alzó su voz. Y en realidad todo aquello había empezado por mera casualidad, el día en que había sentido la curiosidad de pasarse por aquel sitio. Un gesto tan sencillo como ese, llevaría su guitarra y su voz para acompañarles siempre que le fuese permitido, compartiendo con ellos algo que amaba─ Ahh ¿tan pronto? ─se quejó uno de ellos, naturalmente sentían deseos de permanecer allí─ Volverás ¿verdad? ─pregunto una pequeña desde su silla de ruedas, parecía verle con tanta esperanza. ¿Cómo negarse a ello?

─ Siempre que me lo permitan, vendré a visitarlos. ─respondió, y su sonrisa se hizo más cálida aún. No podía evitarlo, quizás aquellos ojos inocentes sacasen lo mejor de su persona sin darle chances a ocultarlo como solía hacer. Y así se despidió de ellos, revolviendo los frágiles cabellos de algunos para después comenzar a guardar la guitarra en su estuche del mismo color negro; sin embargo, una brisa un poco más brusca provoco que cierto polvillo estorbase en su ojo derecho, por lo que se detuvo para tallarlo con cuidado. Y fue entonces que le vio; una blanca figura parecía brillar en el sol de la tarde, allí contra aquella pared del mismo color… ¿un ángel? Su visión algo borrosa por las lagrimillas que habitaban sus ojos no le dejaban ver con claridad, por lo que le llevo unos segundos más darse cuenta de que aquella figura traía una bata blanca y un maletín.

─ Doctor… fue mi idea…  ─por supuesto, si iban a echarle la culpa a alguien debería ser a él mismo, aunque las enfermeras parecían haber accedido sin demasiada insistencia; quizás creyesen también que sería bueno para los pequeños distraerse un poco─ Solo quise… distraerlos un poco. ─agregó lo que era su más pura verdad, terminando de guardar la guitarra para finalmente ponerse de pie, calzándose el instrumento sobre uno de sus hombros. Y mientras los niños y las enfermeras se retiraban, el castaño centro sus ojos en aquella particular visión; nunca había visto una persona tan… blanca; al menos no siendo un hombre joven como aquel parecía ser. En verdad seguía pareciendo un ángel a pesar de que la verdad de las cosas fueran tan obvias…. De alguna forma algo le dejaba saber que aquellos pequeños estaban en buenas manos realmente.

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Re: — Amazing Grace — Prv: Brandon E. Wingfield

Mensaje por Abel B. Caulfield D. el Mar Nov 24, 2015 1:57 pm


Llevó uno de los malvaviscos a su boca y lo dejó deshacerse en su paladar mientras cerraba los párpados y volvía a abrirlos con lentitud, quedar prendado era una cosa que rara vez en su vida había experimentado en cualquier circunstancia, con cualquiera de sus aspectos. Singular, bastante singular. Sonrió, quizá porque no podía evitarlo, o tan solo porque amaba estos dulces que parecían cumplir a cabalidad sus caprichos.

Inhaló, detestaba conocerse tanto a sí mismo en estos aspectos, exhaló, especialmente por lo que eso implicaba, problemas, seguramente, nada raro, eso pensaba el albino mientras discretamente le miraba con el mirar entrecerrado. A nadie le parecería raro si se evaluaba el fondo de estos hechos, por lo cual no escatimó ser en exceso persuasivo. Sin embargo, aquel varón se veía tan… negro, por supuesto, la obvia palidez de su rostro resaltaba aún más con semejantes ropas, pero eso lo hacía interesante.

No te preocupes—, dijo luego de algunos segundos, su voz al hablar normalmente era igual de atrayente que cuando cantaba e instrumentaba aquella negra guitarra que estaba guardando, tomó oro malvavisco y lo llevó a su boca, de nuevo, con pasividad, dejando que se deshiciera en su paladar como tanto le gustaba. El maletín a su lado le aseguraba no tener que trabajar en un rato, vería a los niños ya en un rato, para hacer la particular revisión, así podría estirar sus momentos de diversión, —lo que quieres hacer está bien—, comento luego de hacer una larga pausa y, dejando su maletín ahí donde estaba –en el suelo a un lado suyo- para dar algunos pasos al frente para acercarse, — ¿quieres uno?—, le dijo, estirando el brazo donde sostenía el paquete de mini malvaviscos, —son realmente ricos—, habló.

A simple vista podía pensar de este chico en muchas maneras; por su color podía atinar que sufría anemias crónicas y, s se aventuraba a lo más profundo, podría llegar a decir, por ese mero primer vistazo, que padecía o había padecido algún tipo de leucemia recientemente, ¿por qué?, el color de su piel, la falta de color en sus labios, la textura visual de su rostro… cosas así, pequeños detalles que casi nadie tomaría en cuenta en instancias normales, pero que su profesión le había llevado a destacar casi por reflejo.

Soy Abel Caulfield, oncólogo pediatra y cirujano—, sonrió, aún manteniendo la mano estirada con los malvaviscos, en parte de saludo, en parte porque aún le estaba invitando, — ¿sueles venir mucho a este sitio?—, preguntó, aquella palidez que rivalizaba casi con la suya le tenía intrigado… el albino, para él eso era natural y, sin embargo, seguía siendo tan novedoso a medias tintas, cuando, de la nada, por nada y sin saberlo, sucedían estas cosas.

No se avergonzaba de ellas, eran divertidas además… le darían uno o dos dolores de cabeza tal vez, pero aquel muchacho interesante que tenía en frente, quizá llegase a valerlas, y con creces.

Todo esta en la perspectiva desde la cual se mira.


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