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Noruwei no Mori — Tokuro Yaminara

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Noruwei no Mori — Tokuro Yaminara

Mensaje por Shi L'Jon el Sáb Feb 06, 2016 12:16 pm



Noruwei no Mori

W: Tokuro Yaminara | Sábado; 02:17 hs | Konosioni; #207 | Cabello; Audífonos; Teléfono; Novela | Vestimenta



«Durante esos tres meses salimos juntos una vez por semana. Fuimos a muchos sitios, hablamos de muchas cosas. Y empezó a gustarme. A su lado, tenía la sensación de que finalmente la vida volvía a pertenecerme. Cuando estaba con él, me tranquilizaba y olvidaba muchas angustias».

Sus ojos leían aquellas líneas con una calma imperturbable, un poco antes de la mitad de aquella novela, allí estaba… sus orejas estaban cubiertas por unos audífonos, el teléfono móvil al que estaban conectados apenas a un lado, podía verse el reproductor y una línea que marcaba una canción: “06. Hatoku no Kodou”, una de sus favoritas en cuanto al japonés se refería, tenía tantas cosas metidas como el libro que ahora leía.

Shi era un fan empedernido de la lectura, leía en tantos idiomas como los aprendía, precisamente, para no olvidarlos. Hoy leía, bueno, en esta madrugada, “Noruwei no Mori”, que vendría a ser la traducción al japonés de “Norwegian Wood”, canción de The Beatles. Murakami era de sus autores preferidos, siempre tenía cosas complejas e interesantes para mostrar a través de sus letras, sin embargo, hoy, en este momento, Tokio Blues era la que mejor se adaptaba a sus necesidades.

Burdas y malditas necesidades.

¿Cuánto tiempo? Hoy era sábado, de madrugada, lo sabia porque su móvil no había dejado de darle alertas de mensajes ni siquiera ahora, tenía “amigos” que querían sacarle de fiesta, pero él no tenía ánimos de nada, de nada, ¿por qué?, aquel párrafo previamente citado podría ser la respuesta a todas las preguntas del mundo.

Su mundo estaba roto.

No habían sido tres meses, para nada, ¿cuántos?, ¿seis tal vez?, mucho más desde que le conoció, desde que le cautivó, pero, como todo, era dejado en la nada… sin responder a sus llamadas, sin responder a sus mensajes, ignorándole. Ella solo se había ido y le había dejado en el vacío de la incertidumbre. Por eso, en medio de todo, de los kanjis que surcaban sus ojos y encontraban rápidamente significado en su mente, estaba el hecho de que realmente no leía demasiado. No…

Tres libros, este era el tercero, que pasaba de esta forma, medio recostado en la larga cama que se gastaba por su altura, en la soledad de un cuarto que apenas tenía encendida su lámpara de noche para facilitar la lectura; no había compañeros, y quizá agradecía que fuera así. Estaba harto, harto de esto, harto de sentir este dolor desde lo más profundo de su pecho y ser testigo de cómo subía, ¿acaso alguien podía entenderlo? Tal vez ellos, esos que le miraban, podían, pero no decían nada. Y eso le enloquecía más a cada segundo.

El pequeño niño a quien llamó Ren, Hei, ambos de pie al pie de su cama, mirándole y, por más que intentase ignorarles, sus ojos sufridos, sus pieles pálidas, sus ansas de todo le dejaban en la nada. Maldito mundo, malditos sentimientos.

«La nuestra no era la típica relación de pareja.»

Bufó tras leer aquello, por supuesto que no…en su mundo pesaban más las relaciones sociales que los sentimientos, por eso nunca hasta aquel entonces se había dejado seducir por ellos, por eso nunca hasta ahora había abierto su mente tanto a alguien. Y ahora… ahora.

Ahora nada vale, no es nada—, murmuró en tono muy bajo, respondiendo a sus sentimientos internos.

Por conocerse era que había lo que quería hacer… quería destruir, quería drenar, tal vez hasta llorar. ¿Enamorarse era así de complicado? Porque justo cuando descubrió sus reales sentimientos, fue golpeado a morir, el amor era diferente para él, por supuesto, ¿cómo describirlo? Sus sentimientos eran tan escasos como débiles… él podía tardar en saber que sentía por alguien, sin embargo, cuando lo tuviera claro, no renunciaría a esa idea, y ese sería un sentimiento real, complejo, doloroso de maltratar.

Así era su amor y, justo ahora, tan o más grande la amargura que le recorría por dentro.





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Re: Noruwei no Mori — Tokuro Yaminara

Mensaje por Tokuro Yaminara el Lun Abr 04, 2016 4:54 pm



Sábado, 02:25 | Konosioni; #207 | Vestimenta

El firmamento se encontraba lóbrego aquella noche, oscuro como no recordaba haberlo visto antes; vacío… ajeno a toda luz. Las estrellas no brillaban esa noche, la luna había escondido su pálido rostro tras una impertinente marea gris que se paseaba perezosa sobre la ciudad; la brisa helada entumecía sus mejillas y jugueteaba danzarina con su oscura cabellera. Poco le importaba que aquellos largos mechones azabaches entorpeciesen su visión, poco le importaba el penumbroso paisaje que transitaba. Las luces brillaban insistentes aquella noche, sin embargo para él solo había oscuridad; silenciosa y abrazadora oscuridad, porque ahora mismo se sentía caer por un abismo, porque mientras caminaba de forma lenta y apesadumbrada no miraba hacia donde iba; no miraba que dejaba atrás.

¿Acaso había llegado a un punto en el que todo había dejado de importar? Perdido en sus tormentosos pensamientos cruzó una calle sin siquiera mirar si las luces del semáforo le daban paso. Y un coche que se acercaba a toda velocidad estuvo a nada de embestirlo; si no fuese por los buenos reflejos del conductor, y porque seguramente hizo su esfuerzo para no cargar él con la muerte de un desconocido… la bocina de aquel Mercedes AMG rojo, chillando quejosa, no estuvo siquiera cerca de poder arrancarlo de esa abrumadora marea de pensamientos y sentimientos que le hostigaban aquella noche… lo habían estado haciendo los últimos dos días. ¿Es que acaso valía la pena seguir? ¿Porque estaba allí? ¿Porque estaba en este mundo?... y a pesar de todas esas dudas, a pesar de tantas interrogantes seguía ahí, sin poder hacer nada al respecto.

Detuvo su lento andar para dejar escapar un largo y silencioso suspiro; el frío comenzaba a calarle los huesos, pero no tenía ánimos siquiera de abrazarse a sí mismo para intentar al menos ahuyentarlo un poco. Se veía más pálido que de costumbre y sus labios comenzaban a perder el tenue tono rosado suave que solían tener. Sus largos flequillos cubrieron aquella mirada ensombrecida por el dolor en el momento en que la brisa pareció haberle dado una pequeña tregua; sin embargo, una imprevista centella que iluminó los cielos de Alki City, trajo frente a sus ojos el vivido recuerdo de su mejor amigo cayendo al suelo, cubierto en sangre; su propia sangre. Nathair había sido herido en aquella misión, y había sido su culpa, y eso era algo que jamás podría perdonarse. ¿Cómo verle a los ojos ahora? ¿Cómo tener la osadía de permanecer en la misma habitación que él? Las cosas estaban mal, muy mal, demasiado mal. El no había querido eso… no había querido nada de lo que había pasado en su vida. Pero el destino era cruel, y parecía haberse ensañado con su pequeña persona. ¿Acaso servía de algo lamentarse ahora? No, pero en este punto no podría hacer nada más.

Pestañeó cansadamente, y cuando sus labios aún entreabiertos buscaron cerrarse lentamente, una fría gota de agua se poso sobre la punta de su nariz sin pedir permiso alguno; la bóveda celeste ahora ennegrecida comenzaba a gotear, de forma calma pero continua. Alzó su vista un poco más, el agua comenzaba a rodar sobre sus mejillas, recorriendo sus pómulos, muriendo en sus labios; poco a poco el cabello su cabello comenzó a pegarse a su frente y a su nuca, y fue tras uno o dos minutos que decidió retomar camino. No iba hacia ningún sitio en particular, simplemente había decidido salir a dar una vuelta porque el insomnio no le dejaba descansar como se suponía debía hacerse ¿cómo podría dormir con tantas cosas rondando por su cabeza?

Cuando finalmente hubo pisado las escaleras que llevaban a la entrada de los dormitorios de Konosioni estaba completamente empapado; la lluvia parecía caer con mayor insistencia con el paso de los segundos y los estruendos en el cielo parecían hacerse más recurrentes de igual forma. Había comenzado a temblar, pero haciendo caso omiso de ello caminó cual alma en pena hasta la puerta de su dormitorio, la cual abrió con desgano; podría no haber nadie allá adentro, parecía ser eso lo más esperable; sin embargo tras percibir una suave claridad su mirada apagada se alzo hasta encontrarse con la figura de uno de sus compañeros de habitación descansando sobre su cama. Por supuesto sería Shi, quién más. Nathair aún seguía en el hospital.

─Ah… buenas… noches…─murmuró apenas, con el volumen justo y necesario para ser oído, aunque el otro tuviese un par de grandes auriculares cubriendo sus orejas, carecía de importancia en realidad. No tenía ánimos de decir palabra alguna, y en realidad se había esforzado en pronunciar un cordial saludo al otro que nada tenía que ver ni saber de sus pesares.

Tras los cristales mojados de sus lentes observó la calma que reinaba en aquella habitación ¿Qué hacer ahora? No podía dormir, pero tampoco tenía ánimos de nada más; ni siquiera de leer como su amigo estaba haciendo en ese instante… él que siempre había sido un amante empedernido de los libros y la literatura en especial, ahora parecía un ente que simplemente estaba ahí porque debía seguir existiendo y nada más. Quizás eso no estuviese muy alejado de la realidad después de todo, y no podía hacer nada al respecto.

Observó la puerta del baño, aun con miles de cosas dando vueltas por su cabeza podía decidir por voluntad propia el tomar una ducha caliente o quizás mejor un baño… sí, eso estaría bien, quería relajarse, aunque sabía que eso sería difícil; no había dormido en dos días seguidos; aunque no era la primera vez que pasaba tanto tiempo en vela, por supuesto los motivos habían sido muy distintos con anterioridad. Y de pronto extrañaba su perfume, ella, ¿Qué estaría haciendo en estos momentos? Seguramente descansando como cualquier persona estaría haciéndolo a esas horas, ella… que daría por un abrazo suyo en esos momentos; pero él mismo la había alejado, y se había arrepentido un millón de veces. Sin embargo más allá de saber que no había vuelta atrás, simplemente porque no debía haberla… era mejor así, no quería siquiera pensar en la idea de que ella pudiese salir lastimada por su culpa, no podría perdonárselo jamás. Así mismo como no podía perdonarse ahora.

Se quitó los lentes dejándolos con cuidado sobre la mesita de noche que acompañaba su cama, luego se encargaría de limpiarlos con cuidado cuando tuviese el mínimo deseo de hacerlo. Dejó lo zapatos cerca de la puerta, no importaba pisar el suelo con sus pies descalzos, así como tampoco comenzar a quitarse la camiseta que cubría su torso sin importar que quién estaba allí podría verle. Normalmente hubiese sido más cuidadoso con eso, sobre todo porque Shi pues… era Shi, sin embargo aquella noche no estaba siendo él mismo; a pesar de lo tranquilo que pudiese verse por fuera, la procesión iba por dentro.

Y se detuvo para acercarse nuevamente a la mesa de noche y apagar su teléfono celular, no revisará la lista de llamadas perdidas ni los mensajes que allí pudiesen esperar ser leídos; ahora solo buscaba relajarse, alejarse de todo y de todos, sumergirse en otro mundo ¿en otro ser? si eso fuese posible… si pudiese cambiar las cosas… si tuviese ese poder. Pero todo pasa por una razón ¿no? o al menos eso le habían dicho siempre, al menos eso había querido pensar… había un porqué, había una razón para las cosas… y ¿Cuál era la suya? ¿Cuál era su razón de existir, de estar hoy ahí? Un pesado suspiro se entremezclo con el lejano sonido de la lluvia, debía dejar de pensar, lo sabía bien, pero cómo hacerlo, cómo lograrlo… simplemente no podía…

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Re: Noruwei no Mori — Tokuro Yaminara

Mensaje por Shi L'Jon el Miér Abr 06, 2016 9:57 pm


Si estuviera en aras de ponerse sentimental, que a juzgar por sus pensamientos así parecía, tal vez pensaría demasiado en las cosas, ¿a quién iba a engañar?, como un idiota, así había quedado luego de tanta galantería, de intentar ser él mismo con alguien que él pensaba, en su momento, podía llegar a entenderlo… ¿ella tendría miedo tal vez?, ¿pero miedo de qué?, si apenas había alcanzado conocer solo una mínima parte suya, ella no sabía nada, él quería decírselo, pero nunca pudo, ¿era eso lo mejor? A estas alturas, en este preciso momento, no podía asegurar ni negar nada, no se veía con esas potestades, mucho menos cuando parecía que algo le quemaba por dentro.

«El pobre bicho tuvo una mala experiencia con un gato, y ahora les tiene pánico»

Estaba sensible, si se quiere tratar de esa manera, porque todas las letras de este libro entraban como estacas a su pecho, como si se estuviera lanzando dagas a sí mismo en una diana de su justo tamaño. Chascó con la lengua, estaba demasiado metido en esto, era terrible, ¿por qué rayos se había enamorado, por qué precisamente de ella?, no podía comprender sus propios sentimientos, como muchas veces antes no había podido, pero esta vez era mucho peor, esta vez el dolor era presente y no había nadie alrededor para obligarle a ser una piedra, porque claro, él no sentía de la misma manera que todos, él no podía mitigar su dolor como todos, él no podía dejarse llevar como todos y eso lo había entendido desde que era muy niño, no por etiqueta, sino por personalidad, o ni siquiera por eso, sino por cuestiones de su propia mente.

Ahora era como un niño a quien le regalaron el mejor juguete y, luego de jugar con él solo una vez, se lo arrebataron de las manos sin explicaciones, dejándole desolado, triste y solo, así se sentía, así era en su interior… aunque en el exterior solo se viera impasible leyendo aquella novela hasta que, de un segundo a otro, no lo escuchó, pero detectó un movimiento que le hizo alzar la vista.

Un aura tan oscura como la suya, eso fue lo que encontró.

En otras circunstancias, al ver ese rostro sumergido en negrura y todo mojado, hubiera soltado una o dos bromas, pero hoy no se sentía de precisos ánimos ni siquiera para eso. Leyó el movimiento de sus  labios  dando un corto saludo y ladeó la cabeza.

Buenas noches, Blacky—, murmuró, de seguro él le escucharía, aunque, en esos momentos, pensó que eso era lo último que pasaba por aquella cabeza. Exhaló regresando a las letras de su libro, cada una de ellas, cada una tenía un nombre propio, un agobio profundo que le estaba volviendo loco… ¿por qué a pesar de sentirse tan dolido, tan molesto, no podía sacarle de su mente, por qué estaba ella en sus pensamientos al punto de no dejarle rendirse? Cerró el libro con ligera fuerza y exhaló para mirar al techo y luego a un costado, él se quitaba la camisa sin cuidado, cosa que no sucedería si estuviera en sus cinco sentidos, porque Shi siempre había tenido claro un pensamiento sobre el de cabellera azabache, al menos hasta hacía un tiempo. Chascó con la lengua.

Desolación… al frente de él, ojos llenos de dolor, de nada, de todo.

”Bebamos algo”, me gustaría decir—, murmuró sin mucho sentido, si no fuera, básicamente, un drogadicto recetado, hacía mucho se hubiera bebido quien sabe que cosas para ser como todo el mundo y dejarse ir en alcohol, pero tenía, dentro de todo eso, un sentido común establecido que pasaba sobre todos los conflictos. Dejó el libro a un lado y se quitó los audífonos para ponerlos junto al celular en su mesa de noche. Se sentó en la cama, tan solo mirándole, su cuerpo estaba pesado, por puro reflejo pudo notar eso en sus músculos, su mente estaba ida, tal cual la suya.

¿Qué sería de él si cayera de nuevo en tales predicamentos? Si a la mujer que amaba tan solo había podido tocarla una vez, y ella había temido, se había marchado, le había dejado y le había visto la cara de idiota, eso lo tenía claro, ¿de qué otra manera podría explicar esas imágenes, ese sentimiento de ignorancia? No la odiaba, solo no podía comprenderlo, como muchas cosas de su propia mente.

Se levantó para ir hasta una pequeña nevera que estaba en la habitación, él la había puesto ahí, ya que debía prepararse sus cinco comidas diarias y necesitaba refrigerar los vegetales y las frutas que compraba para la semana. La abrió y de allí sacó un par de botellas, de unos trescientos mililitros cada una, eran trasparentes y el contenido de un color amarillo naranja.

Es zumo de durazno, sin conservantes ni químicos—, sonrió, había caminado hasta donde Tokuro estaba y le ofrecía una de las botellas. Se veía realmente mal, realmente ido, tal cual el mismo L’Jon se sentía por dentro… pero, ¿qué más da?, siempre había sido famoso por sus capacidades para fingir que todo estaba bien, incluso lo había hecho en el funeral de su padre y en los días siguientes, fingiendo que no estaba muriendo y volviéndose loco por dentro.

El problema era que, hasta ahora, nadie le conocía lo suficiente como para darse cuenta de su teatro.

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Re: Noruwei no Mori — Tokuro Yaminara

Mensaje por Tokuro Yaminara el Sáb Abr 16, 2016 4:43 pm

Demasiado ajeno al mundo, tantas cosas podrían pasar a su alrededor y posiblemente no se enterase de ello. Estaba demasiado metido en sus pensamientos, en su dolor; en su propia tortura. Quizás una parte de si creyese fervientemente que él merecía eso; quizás sintiese que era necesario pagar en alguna forma. Pero la verdad era que ni aún bajo aquella tortura auto-infringida sería capaz de estar en paz.

─Beber… quizás… ─ahogar sus penas en el alcohol ¿sería acaso esa una salida? ¿Salida a qué? No había salida, no parecía haber más opción que solo estar allí, que aceptarlo; amargándose con lo irremediable… porque no podía volver el tiempo atrás; porque si pudiese elegir, no habría elegido nada de eso. Tantas veces se había preguntado como hubiesen sido las cosas si su vida no hubiese estado decidida ya por terceros; si él mismo hubiese podido elegir, si hubiese podido tomar su propio camino… quizás todo hubiese tenido otro color. Pensó en ello mientras clavaba su mirada en el líquido anaranjado que contenía aquella botella.

Con exagerada lentitud giro la tapa de la botella haciendo solo el mínimo esfuerzo necesario para abrirla; aunque algo de trabajo le llevo desbaratar el abrojo natural. Bebió un pequeño sorbo; sintiendo como el frio liquido bajaba por su garganta hasta perderse en el inicio de su estómago. Su piel estaba fría y húmeda, y ahora su interior parecía enfriarse un poco más, el temblor en su cuerpo se hizo más remarcado, y sin que pudiese evitarlo, un repentino escalofrío recorrió toda su espalda provocando que se estremeciese de forma visible.

─No deberías… estar despierto… ─pronunció muy suavemente mientras bajaba un poco la botella, alejando el pico de sus labios─…a estas horas…─aunque tampoco él era quién para decir nada en realidad─ Crees… ¿que todo pase por una razón? ─soltó aquella pregunta, aunque no esperaba una respuesta en realidad. Un largo sorbo más y acabo cerrando los ojos con fuerza cuando un nuevo escalofrío le recorrió de forma más intensa que antes─ Gracias. Tomaré una ducha ahora. ─agregó con aparente calma, dejando la botella casi llena sobre una cómoda que tenía cerca, y con calma y lentitud comenzó a desabotonarse el pantalón, bajando después el cierre; pero se detuvo tras esto permaneciendo pensativo unos segundos; girándose hacia el de ahora cabellos coloridos para observarle con detenimiento.

─ ¿Estás bien, Shi? ─quizás pareciese estar muy metido en su mundo, en realidad lo estaba; sin embargo si de algo había servido pasar tanto tiempo con aquel peculiar ser, había sido para aprender a entenderlo, aunque fuese un poco. Shi se veía calmo ¿Cómo siempre? No, era precisamente esa calma la que podría indicar, quizás, que algo estuviese sucediendo. Aunque no podía saber más que eso. No era un adivino, pero al menos podía analizar las cosas… ¿profesionalmente? Quizás si le prestase atención a su amigo ahora, pudiese olvidarse un poco de todo, olvidarse un poco de si.

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Re: Noruwei no Mori — Tokuro Yaminara

Mensaje por Shi L'Jon el Dom Abr 17, 2016 10:37 pm


Sinceramente el mundo parecía ser nada más que una porquería justo ahora. Ante sus ojos habían dos sujetos que le volvían loco por el simple hecho de que jamás decían nada, le hartaban, le ponían de los nervios muchas veces, muchísimas más de las que le gustaba admitir al público, ¿qué público?, hasta ahora tan solo sus compañeros de habitación conocían un poco su situación, y Remy, por supuesto, qué sería de su vida ahora, se preguntaba sin sentido.

Exhaló con fuerza para tomar dos sorbos grandes de aquel zumo de durazno, el durazno en juego era su favorito por muchas razones incomprensibles. Rio, una risa tan tosca como llena de un dolor terrible.

Habla por ti, Blacky—, murmuró, estaba siendo un poco irónico, porque por dentro tal vez solo quería destruir cosas… ese era su instinto, su instinto asesino, sus ganas de matar, de destruir, de romperlo todo a su alrededor para ver si, al menos con eso, lograba sentirse un poco mejor, —hace mucho que no consigo conciliar el sueño—, sus palabras se dieron en un tono tosco y bajo.

En contraste con su cabello, que era muy colorido, sus ánimos estaban por el suelo.

Le observó, moviendo la cabeza con lentitud, hoy todas sus acciones se habían realizado con una calma enfermiza, incluso al leer, al escuchar música, todo eso le infundía un dolor profundo, un sentimiento tan hondo que se afirmaba en lo profundo de su pecho. Exhaló, la pregunta tocaba un punto tan sensible como problemático justo ahora.

Un segundo sientes que por fin algo valió la pena dentro de este basurero…—, susurró audible, apenas, —al siguiente te das cuenta que es solo una ilusión—, dejó salir fuertemente el aire de sus pulmones tras decir eso, y tomó otro par de tragos del zumo, —no creo en el destino… a veces solo… tal vez, no estamos hechos para otras personas, o esas personas no están dispuestas a afrontarnos a nosotros—, su mirar bajó, en sus pensamientos tan solo había un rostro, una voz, unas palabras, gestos, miradas, sonrisas. Cerró los párpados, no quería romperse, no quería romperse por una mujer.

No… él era una roca, había sido contantemente entrenado para soportar cualquier clase de dolor, constantemente presionado para soportarlo todo con un rostro taciturno, para no demostrarle a nadie su muerte interna… su familia se había encargado de creer que todo eso era cierto, sin embargo, allí estaba todo; él era diferente, y siempre lo había sido.

”Soy una roca”, debería decir—, dejó salir el aire de sus pulmones, mirando al pelinegro mientras seguía intentando desvestirse, en otra ocasión tal vez no habría dudado en acosarle, meterse por sus bajas y así, mas hoy era diferente, o eso pensaba el varón de pintoresca cabellera, —pero… a veces todo pierde el sentido—, se quedó quieto por un momento, dejando la botella a medio tomar de zumo a un costado cerca de la nevera, y caminando hasta llegar a su cama y dejarse caer hasta atrás, era bastante alto, por lo que su cabeza quedaba en el aire, del otro lado del colchón.

Tenía arcadas, dolor de cabeza, y estaba escuchando muchas cosas que no quería… se estaba volviendo loco, nadaba en su locura, era su día a día. Cerró los párpados.

Todo era una maldita porquería.




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Re: Noruwei no Mori — Tokuro Yaminara

Mensaje por Tokuro Yaminara el Jue Jul 27, 2017 6:17 am

Le vio dejarse caer sobre aquella cama y solo le observó en silencio por largos segundos; procesando, quizás, las palabras que el otro había dejado salir con desgano. No reprocho nada a las primeras frases, podía entender que hablaba con la verdad, porque en más de una ocasión le había sentido ir y venir a altas horas de la noche. Era fácil de suponer, y  lo sabía en verdad, él como todos, tenía sus propios tormentos, pero estos a veces parecían intensificarse… un poco más.

─Quizás simplemente… no estemos hechos para determinadas situaciones de la vida…─y con aquellas palabras, por supuesto, se refería a algo en particular; esa cosa llamada felicidad que no parecía haber sido hecha para él,  para personas como él… aunque posiblemente en realidad eso fuese más algo personal que otra cosa─ Siempre quise pensar que las cosas… que todo… sucede por una razón… ─rodó sus ojos recorriendo aquella habitación en penumbras por unos segundos, para volver al cuerpo del otro justo cuando una centella colaba su luz por la ventana, iluminando efímeramente esos rincones que se afanaban por permanecer en la oscuridad. Entonces dio unos pocos pasos y al pie de aquella cama se puso en cuclillas frente al rostro ensombrecido del otro─ ¿Quieres… hablar? ─pregunto muy suavemente; una fría gota de agua se desprendió de sus cabellos mojados para caer sobre la mejilla ajena y rodearla con desgano. Estaba dejando de lado el frio que aun calaba sus huesos, y el temblor exagerado en su cuerpo que parecía intentar remediar eso con muy pocos resultados favorables.

─Pareciera… que algo no está en su lugar esta noche…─agregó tras su propuesta. Si, definitivamente si se centraba en alguien más podría hacer un bien a alguien y a la vez hacerse un bien a sí mismo. Pero ¿hasta qué punto podía olvidarse de su persona? Permanecer allí mojado, y sin camisa no parecía ser nada saludable, a pesar de que la temperatura del ambiente dentro de la habitación fuese bastante agradable. Por supuesto, como edificio residencial de la academia estaba muy bien ambientado y climatizado, pero el frío que helaba su cuerpo quizás no fuese solo exterior, sino que quizás también proviniese desde muy adentro…. Un alma atormentada, una mirada sombría, un aura muy distinta a la que solía tener; pero esto quizás solo fuesen capaces de notarlo aquellos que le conociesen un poco más de lo que cualquier persona común pudiese llegarle a conocer.

─No sé si exista un destino como tal… pero… si en verdad existiese… podría asegurar que ha sido muy cruel con algunas personas…─pronunció aquellas palabras en un tono muy suave, apenas audible─ No tener la capacidad de decidir sobre nuestra propia existencia… sin caminos alternos… sin mayores posibilidades…─parecía que comenzaba a divagar, atrapado por esos tortuosos pensamientos que no querían dejarle en paz. Sus parpados bajaron lentamente mientras desviaba la mirada hacia ningún lugar; se veía opaca, sin brillo, casi como si su alma no estuviese allí.

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Re: Noruwei no Mori — Tokuro Yaminara

Mensaje por Shi L'Jon el Vie Ago 04, 2017 1:12 pm



"Ha sido muy cruel con algunas personas".

En su mentes esas palabras recorrieron todo, todo en su vida.

En perspectiva, podía poner el ejemplo de un niño que nacía siendo el primer hijo de un rey de un gran país; ese niño nacía con el favor de toda una nación, y de su familia; desde el mismo momento en el que fue concebido ya se estarían haciendo planes sobre él, se estaría planificando sobre su futuro, sobre el lugar donde estudiaría, si debía aprender francés o chino, si debía aprender el piano o el violín, si debía ser buen nadador, o mejor aprender a pelear, pero, sobre todo eso, ese niño tenía que ser el príncipe que guiara a su país en el futuro.

Esa era su vida.

Por supuesto, la vida de un príncipe real, ese cuento, era mucho más sencillo de lo que él había vivido, porque un príncipe no tiene que matar o ver morir a nadie, mucho menos preocuparse por ilegalidades, o pensar que viviría el resto de su vida en medio de eso, sin la oportunidad de ser nadie, de poder ser feliz junto a nadie.

Tal vez, solo tal vez, era cierto que no había nacido para ser feliz, no había nacido para ser amado por otros más que aquellos que, en sí, le obligaban-sabiéndolo o no-, a ser lo que no quería.

Sintió aquella gota sobre su mejilla y arrugó la cara para abrir sus párpados y encontrarle allí: pálido, a simple vista podía darse cuenta de su estado, del tiritar de su cuerpo y el frío. Desvió su mirar...

Algo no está en su lugar desde hace mucho—murmuró—, pero, me atrevo a decir, no soy el único que tiene algo "fuera de lugar"—continuó, esta vez regresándole el mirar desde esa posición en el colchón, subiendo una mano para tocar la frente del otro y sentir el frío, quizá darle el zumo frío había sido un error, resopló—. ¿De qué te apetece hablar?—le preguntó—, tal vez lo mejor sea que te duches antes de eso... o como mejor prefieras—continuó en su hablar bajo.

En otras circunstancias le habría asaltado, habría bromeado y habría rodeado todo como siempre lo hacía, porque así era él "normalmente"; en otro momento hubiera seguido con aquel vago deseo que alguna vez había tenido de hincarle el diente, porque si lo había deseado en el pasado, pero el otro siempre se lo había negado.

Dentro de todo, conocía un poco sobre ese mirar, sobre lo que verdaderamente encerraba. Tokio Blues se adaptaba tan bien al momento en realidad, tanto que resultaba muy asqueroso.




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Re: Noruwei no Mori — Tokuro Yaminara

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