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Could it be a good day? —priv: Asami Ibuki

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Could it be a good day? —priv: Asami Ibuki

Mensaje por Jean Paul David el Mar Dic 27, 2016 7:47 pm



Could it be a good day?

W: Asami Ibuki // Facultad de Astrofísica de la SNA; aula #12 // Viernes; 16:23 hs // Vestimenta & Bolso


Una clase particular en momentos particulares.

Estaban ya a finales de periodo, el tiempo antes de lo que serían las vacaciones de primavera, lo cual se traducía en exámenes intermedios, una etapa difícil, tanto para el profesor, como para el estudiante en cuestión. Fue por esa razón que hoy, a pesar de ser viernes, y de que él no tuviera ni siquiera horas de consulta establecidas para el día en su horario, había decidido dar esta clase de repaso,, con los puntos más importantes para esta segunda evaluación, que sería la semana siguiente.

Como pensó, muchos chicos de ambas secciones de astrofísica I habían venido; Jean había hecho esto en sus primeros exámenes y había funcionado, así que era genial que tantos vinieran. A su juicio, un buen estudiante sabía aprovechar todas las oportunidades que se le presentaban al frente.

Claro, dio algo más de dos horas de clase, terminando a las cuatro en punto de la tarde, pero la charla y las preguntas se habían extendido un poco más, hasta que todos se habían marchado finalmente, menos ella… le había estado mirando gran parte de la clase, debía admitirlo, e incluso ahora creía hacerlo sin ninguna clase de vergüenza, pero algo estaba raro con aquella señorita.

Asami no solía ser así, en sus clases ella siempre ponía toda su atención en comprender y entender,, mas hoy podía decir que aprecia hasta un poco enferma, haciéndole preocuparse algo más, ya que afuera no estaba haciendo para nada un buen tiempo llovía fuertemente y el cielo permanecía encapotado y gris.

Aún sin terminar de recoger todas sus cosas, pero si habiendo guardado el cuaderno de apuntes y su libreta de ejercicios preparados, se dirigió hasta donde estaba la muchacha, con una expresión extrañada.

Asami—se dirigió a ella por su primer nombre, ellos tenían ese nivel de confianza, y estafaban solos, no hacía falta referirse a ella por el apellido—, ¿te sientes bien?—preguntó, estando más cerca, a ciencia cierta, parecía que uno, que era todo lo contrario.

A lo largo de estas semanas, desde que fueran al museo, había comenzado a pensar más seriamente en todas las cosas que esa muchacha despertaba en él, había comenzado a tener en cuenta el hecho de que, realmente, no podría librarse de esta clase de pensamientos de esta clase de sentimientos que ya estaban consiguiendo cortarle el sueño. Y es que… ¿Cómo había podido caer de semejante manera?

Resopló. Estaba llenando su mente de tantas cosas que, al instante, no eran del todo necesarias.

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Re: Could it be a good day? —priv: Asami Ibuki

Mensaje por Asami Ibuki el Jue Ene 12, 2017 7:51 pm


Facultad de Astrofísica de la SNA; aula #12 • Viernes, 16 h • Vestimenta & Bolso


Había estado manteniendo la mirada fija en su cuaderno de apuntes como si no tuviese las fuerzas necesarias para mover los ojos, en su pequeña mano derecha sostenía apenas la lapicera con la cual había logrado garabatear algunos apuntes en una letra un tanto indescifrable hasta para ella misma. Inhaló pesadamente y el aire escapo por sus labios de forma lenta y suave… ese día no se sentía ser ella misma.

La lluvia arreciaba incesante sobre la academia y sobre la ciudad, en la entrada le esperaba su paraguas negro acorde al color de las vestimentas que solía llevar. Sentía frío… el día estaba muy frío, y a pesar de que pareciese estar bien cubierta y abrigada, las telas que esculpían aquel vestido al estilo lolita japonesa –como todo lo que solía usar- no parecían estar abrigándola como esperase. Un ligero escalofrío le recorrió el cuerpo, naciendo en su espina dorsal y provocando que se estremeciese ligeramente, casi como si pegase un pequeño sacudón; entonces la lapicera que sostenía con poca firmeza rodo por sus dedos, por el borde de la mesa y cayó al suelo, justo al lado de su pie. Vaya que contratiempo, ella hubiese deseado prestar a aquella clase la real atención que se merecía, porque era lo que tanto le gustaba a fin de cuentas y allí adelante estaba quién tanto le gustaba… a fin de cuentas.

Se inclinó lentamente hasta que las puntas de sus finos dedos alcanzaron aquel delgado objeto, incorporándose con lentitud en su sitio, apoyo la lapicera al lado del cuaderno y tuvo el deseo de alzar la vista hacia él, por supuesto quería verle; su figura delante de los pizarrones era uno de los pequeños deleites que podría ofrecerse en la academia. Pero no pudo alzar la vista, sentía sus parpados demasiado pesados, apenas podía mantenerlos abiertos y se estaba esforzando en ello. Escuchaba su voz, clara y grave como solía ser; adoraba esa tonalidad, la forma limpia y correcta en que siempre pronunciaba las palabras, incluso las pausas que tomaba para respirar. Quizás fuese un capricho muy propio esperar cada semana con ansia las pocas clases que con él cursaba, pero a fin de cuentas no era algo que nadie pudiese reclamar.

Se encontraban a finales del periodo lectivo, eran las últimas clases antes de las vacaciones de primavera, lo que suponía a su cierre una maratón de exámenes de todo tipo y de los más difíciles; aquella clase era prácticamente como un pequeño repaso de todo lo que se había estado viendo durante las clases y una instancia para aclarar dudas o asuntos que hubiesen quedado incompletos. Ella no necesitaba nada de eso en realidad; quizás fuese la única para quién aquellas clases realmente no eran necesarias, pues era quién tenía el mejor promedio de todos en la materia que Jean Paul David impartía. Podría haberse retirado más temprano si así lo desease, podría estar ahora descansando en su habitación puesto que la clase anterior ni siquiera había sido dada. Pero no, ella había elegido esperar, a pesar que desde la mañana no había estado sintiéndose muy bien, se sobre exigía a sí misma para cumplir lo que consideraba correcto y ahora mismo, por sobre eso, para tener una última oportunidad de verle, de escucharle, de llenarse con la satisfacción que le daba el solo escucharle hablar con tanto conocimiento. Ella apreciaba y admiraba ese saber, la forma en que lo transmitía y la pasión con que lo hacía, haciendo frente a aquellos alumnos que delineaba el desinterés en sus rostros; su decisión parecía inquebrantable.

—Solo… un poco más…—murmuró en un ligero susurro que solo ella misma debió ser capaz de escuchar. En ese mismo momento la clase llegaba a su fin y el murmullo se hacía un tanto más presente; algunos huían como ganado puesto en libertad, otros se acercaban a su docente con las últimas dudas que pudiesen exponer. Ella por su parte intentaba guardar en su pequeño bolso los pocos útiles que había atinado a sacar para aquella clase.

Su dedo viajo con lentitud hacia la pantalla de su teléfono móvil, en el cual detuvo el correr de los segundos en aquel programa que había escogido para grabar su voz, sabía que eso particularmente hoy le sería de mucha utilidad, porque no había podido tomar más que escasos e indescifrables apuntes, tal y como si su mano no tuviese la fuerza suficiente para escribir. Sentía como si fuese a quedarse dormida en cualquier instante y eso no parecía bueno.

No notó cuando fue que todos se habían marchado, no notó en qué momento se quedaron solos los dos en aquella aula vacía. El murmullo de quienes salían de las últimas clases se intensificaba en los pasillos, el aula donde ambos permanecían aún se vio sumida en una agradable calma. Entonces su voz sonó cercana, pronunciando su nombre, estremeciendo aquel pequeño cuerpo de forma irremediable; su nombre en aquellos labios, sonaba tan melodioso, tan agradable, que a pesar de sentirse un tanto fuera de sí misma fue capaz de alzar la vista hacia él. Una mirada extrañada se posaba sobre su persona.

—Estoy… bien… —pronuncio apenas, hubiese deseado en ese instante dibujar en sus labios una pequeña sonrisa para él, era lo que se merecía y mucho más, pero a cambio intentó ponerse de pie para ofrecerle una pequeña reverencia, misión que se vio interrumpida puesto que el simple hecho de posicionarse sobre su propia base parecía estársele dificultando demasiado. ¿Cuándo fue que las cosas habían empeorado tanto? Las fuerzas parecieron abandonarle en ese momento, sus piernas se doblaron y perdió por completo el equilibrio; sin buscarlo y mucho menos premeditarlo, terminó aferrándose a él en un intento de no caer al suelo de forma abrupta, estrujando entre sus manos temblorosas aquel sweter gris que el mayor portaba. Respiraba de forma agitada y había comenzado a temblar…

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Re: Could it be a good day? —priv: Asami Ibuki

Mensaje por Jean Paul David el Vie Ene 13, 2017 5:04 pm


Poco a poco los sentimientos comenzaban a colarse en su día a día, su vida privada era eso, sus problemas eran suyos y, desde hacía u buen tiempo, se había hecho a la idea de que no necesitaba de la ayuda de nadie para resolver sus problemas personales, más que nada porque a nadie le importaba realmente lo que le pudiera o no estar pasando. Los golpes dolían, pero vaya que enseñaban los condenados.

Ante la presencia de la jovencita frente a él muchas cosas se le venían a la mente, cosas con las que había aprendido a lidiar. Jean era un hombre en todo el sentido de la palabra y tenía muy claro cómo le gustaban las cosas en todas las direcciones, y ese era uno de los principales problemas en este preciso instante. Resopló sonoramente, prestaba toda su atención a ella y a sus movimientos, sin embargo, estaba ida, su cuerpo se movía de manera diferente, las palabras que pronunciaba lo habían sido en un tono diferente y, cuando se levantó y tambaleó, cuando, prácticamente, se guindó a su suéter para no caer al suelo.

Por reflejo el rubio le abrazó, bajo su centro de gravedad y le sostuvo en eso para enderezar la postura de la menor, notó algo más extraño aún.

Estás temblando—murmuró—, ven, siéntate un momento—le mantuvo con una mano mientras rodaba la silla con la otra para llevarle a sentarse sin que la pelinegra se moviera demasiado.

Se agachó, quedando casi igual en la altura que Asami tenía sentada, se veía realmente pálida, lo había notado a lo largo de toda su clase, pero nada podía hacerse en esos momentos. Colocó su mano izquierda sobre la frente de la muchacha y la derecha sobre la suya, su madre, como enfermera que era, le había enseñado muchas distintas maneras de tratar y detectar diversas cosas, le había servido mucho a lo largo del tiempo en el que había sido molestado en el pasado.

Tienes fiebre—dijo en voz baja, sabía que ella le escucharía—, ¿por qué no te quedaste descansando en cama?—le preguntó, ella no tenía obligación de venir a esta clase, y tampoco necesidad; Asami, de entre las dos secciones de astrofísica I, era quien tenía las mejores notas y observaciones de progreso.

De nuevo tocó su cuello, el vestido que ella llevaba puesto tampoco ayudaba demasiado, pero había aprendido que, como su forma de ser, Asami tenía una peculiar forma de vestirse; sin embargo, eso no ayudaba para nada considerando toda la lluvia que estaba cayendo fuera.

¿Has tomado algo para la fiebre o el malestar?—le preguntó de nuevo.

Aún estaba en una posición cercana a ella, había tomado su mano y era testigo de esos temblores, que bien podían ser a causa de una fiebre media y larga o una fiebre bastante alta. En todos los casos, ante los ojos del inglés, no era nada que debiera tomarse a la ligera: una fiebre, considerando el clima y la época, podía traer grandes consecuencias.



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Re: Could it be a good day? —priv: Asami Ibuki

Mensaje por Asami Ibuki el Sáb Feb 25, 2017 6:13 am

Quizás su conciencia se encontrase zigzagueando en el fino límite entre la conciencia y la inconciencia; no podría decir que fuese del todo dueña de sus actos en ese momento, simplemente porque su cuerpo no respondía como se supone que debería hacer. Y un escalofrío algo más remarcado invadió su tembloroso cuerpo al sentir aquellos brazos rodearle… el calor que emanaba su cuerpo, ese aroma tan único que le caracterizaba… un tenue sonrojo se instalaba de forma, quizás, apenas perceptible en su pálido rostro, y simplemente se dejó llevar por él, permitiendo que le guiase hasta aquella silla en donde se sentó nuevamente con pesada lentitud; el solo hecho de doblar sus rodillas para hacerlo parecía fatigarla aún más.

—Y-Yo… —verlo frente a ella de esa forma logró silenciar su voz, no podía hacer más que observarle y sus ojos se deleitaban con esa figura. El rubio puso una mano en su frente y la otra en la propia, pero ante todo esto ella no hacía más que verle, casi sin pestañear, respirando un poco más agitadamente cada vez, hasta que sin saber cómo reunió las energías necesarias para pronunciar unas pocas palabras—… q-quería verle… —sus cejas bajaron levemente, casi como si quisiese dibujar en su rostro una pequeña preocupación; ¿Cómo perder la oportunidad de verle una vez más? Si verle era a todo lo que podía aspirar, si con verle, con escucharle, aunque fuese a lo lejos, llenaba esa necesidad de él, de su presencia. Tan humilde, tan sumisa ante sus propios tiernos deseos… y sus labios temblaron ligeramente: de ellos escapaba un suave y apenas visible vaporcillo, que en contraste con la temperatura más baja del ambiente, dejaba ver que algo no estaba bien.

Ante la última pregunta del mayor negó con un leve movimiento de cabeza. En ese mismo instante no podía dejar de pensar en que él estaba sosteniendo su mano, en que él estaba allí, frente a ella, pendiente de su estado. Él la estaba viendo, pero no como siempre… él la estaba viendo solo a ella, y saber esto aceleraba un poquito más su corazón. Ya no era capaz de razonar cuerdamente. Sus finos dedos se afirmaron un poco más a los del mayor sin siquiera notarlo, y en un impulso de su cuerpo que no midió ni restringió, dejó aquella silla para inclinarse hacia él de forma lenta pero progresiva; aprovechando quizás el desconcierto ajeno para alcanzar su rostro y sus labios… esos que rozó apenas de forma suave y ligera, tan delicada que duro solo unos pocos segundos antes de que perdiese la conciencia por completo, cayendo en sus brazos presa del malestar que invadía su cuerpo. Se veía cansada y el temblor en su cuerpo no cedía a pesar de que permaneciese ajena a la realidad…

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Re: Could it be a good day? —priv: Asami Ibuki

Mensaje por Jean Paul David el Dom Mar 05, 2017 1:35 pm


Resopló, escuchar esas palabras de parte de la pelinegra abría una disyuntiva ante él; una parte del rubio parecía estar medianamente contenta por escucharlo, otra se recriminaba por eso y por originar semejantes pensamientos en una jovencita.

Cuando se desmayó, Jean no se volvió loco al respecto, estaba preparado para estas cosas mentalmente, el problema era saber qué hacer en estos momentos respecto a dónde debería dejarla.

Lejos del salón de clases no conocía nada de la vida de Asami, y es que se suponía que así debía ser, una sana distancia entre el profesor y la estudiante… el problema era que conocía cosas que no debía, y sentía cosas que no debería estar sintiendo, incluso ahora.

Resopló notablemente teniéndole entre sus brazos y dejó ir su cuerpo hacia atrás, dejando que su espalda chocara con el respaldo de la silla, inhalando y exhalando, observando la situación, contemplando las posibles opciones. Fue por esto que salió al pasillo y caminó un poco, pero no encontró a nadie… en el fondo no era ninguna sorpresa, considerando el clima, la hora y el día, era normal que el lugar se hubiera quedado desierto a estas horas.

Regresó al salón de clases, rascándose la cabeza en el camino, había una opción… ella tenía fiebre y podría volver a convulsionar en cualquier momento, por lo que él tomó la única opción que le pareció viable y, de forma bastante rápida, terminó de guardar sus cosas y sacó un paraguas y la llave de su camioneta, se acomodó el bolso y, luego de guardar las cosas de la muchacha, también se acomodó su bolso también y buscó la mejor manera de levantarla-a Asami-, sin que fuera demasiado incómodo para ambos.

De esa forma la cargó “como una princesa”, verificando que ella era tan liviana como él pensaba; apagó las luces y pasó el seguro para cerrar la puerta con alguna dificultad… en sí era una escena que pintaba graciosa, pero hacia su mejor esfuerzo con la misma y llevando a la señorita a través de los pasillos, bajando las escaleras y caminando hacia la puerta que conducía a los estacionamientos. Afuera estaba lloviendo mucho, mucho más que cuando había llegado esa mañana, por lo que, como pudo, abrió el paraguas y lo acomodó de forma que ella no se mojara, sin importar si él se mojaba un poco, eso era lo de menos.

No había casi nadie alrededor, y quedaban muy pocos autos en el sitio, por lo que encontrar su camioneta había sido realmente sencillo; en estas circunstancias había sido acertado tomar un crédito ofrecido para adquirirla, también le aseguraba que, más tarde, debía llamar a Jared para ir a buscarle, pues su hermano tampoco podía mojarse y, a pesar de que podría ser sobreprotector, era mejor prevenir que lamentar, especialmente porque no quería escuchar a nadie replicarle que no cuidaba lo suficiente a su hermano pequeño quien, como él, aún en esta edad, tenía una constitución bastante débil y propensa a enfermarse. Estaba bastante grandecito para la cuestión.

Llegó al auto y le subió a ella primero al asiento trasero, se estaba mojando todo, pero luego solucionaría eso, la acomodó de manera que no se lastimara y le colocó el cinturón de seguridad. Dejó los bolsos del otro lado del asiento junto al paraguas y corrió para subirse al auto del lado del piloto. Cerró la puerta, se acomodó el cinturón, encendió el auto y partió.

El complejo donde vivía estaba a unos diez minutos en auto y, gracias al cielo, tenía estacionamiento en el sótano, lo que le daba la facilidad de no tener que dar carreras cuando llegase, y evitaría muchos comentarios innecesarios a estas alturas.

Llovía copiosamente, por lo que tardó algo más de diez minutos, pues la visibilidad era limitada. Estacionó en uno de sus lugares y repitió el proceso de sacarla del auto, esta vez con mucha más calma que anteriormente.


Edificio Beltown #76 // Viernes; 16:55hs


Al cerrar la puerta del departamento caminó para dejar a la muchacha en el mueble que estaba junto a uno de los ventanales, era realmente grande, por lo que ella no caería. Verifico su temperatura y fue a su habitación para buscar su botiquín de primeros auxilios y una toalla y, en cuestión de segundos, estar frente a ella.

Tenía el cabello y la ropa mojada, pero la damita era lo importante ahora; ella tenía los pies y las pantorrillas mojadas, por lo que no dudo en quitarle las sandalias y secar sus piernas y pies, dejando la toalla a un lado para proceder a abrir el botiquín, que era uno bastante completo en realidad-gracias a su enfermedad cardiaca en primer lugar- y buscar el termómetro digital que tenía, a fin de conocer con certeza qué tan alta era la fiebre que ella tenía.
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